Acaba de caer un chaparrón primaveral de esos que ni los de la meteó saben adivinar y me he despertado de un sesteo ligero con la impresión de que íbamos a salir a nado, pero no, la primavera pone tal empeño e ímpetu en lo que hace que duró un suspiro, el tiempo suficiente, no obstante, para llenarlo todo de barro. Y me he quedado pensando en lo que han cambiado las cosas, antes la lluvia refrescaba, limpiaba.Y me he vuelto a dormir pensando en la primera rosa que en el jardín estrena temporada, qué poco tiempo de vida…























