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«Puesta de sol en Montmajour» de V. van Gogh

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«Puesta de sol en Montmajour» de Vincent van Gogh

Esta pintura que está sin firmar fue autentificada tras un exhaustivo estudio de la obra y materiales utilizados por el pintor en el periodo en que fue pintado, concretamente en julio de 1888 durante su estancia en Arles, en la Provenza francesa. Fue pintado posiblemente el 4 de dicho mes, según las propias palabras del pintor. Fue autentificada en 2013 por el Museo van Gogh después de dos años de verificación y análisis minucioso. La mejor prueba sin duda es la descripción que de ella hace el propio Vincent en una carta a su hermano Theo: «Ayer, al atardecer, yo estaba en un brezal pedregoso donde crecen muy pequeños y retorcidos robles, en el fondo de una ruina en la colina, y campos de trigo en el valle. Era romántico, no podía ser más, a lo Monticelli, el sol se derramaba con sus rayos amarillos muy por encima de los arbustos y el suelo, absolutamente una lluvia de oro».

Quien haya estado en la abadía de Montmajour reconocerá la silueta de la misma apenas esbozada en la parte superior izquierda del óleo. Es realmente una construcción soberbia desde donde el pintor hizo muchos dibujos, pues desde allí se contempla todo el valle. La abadía está a pocos kilómetros de Arles y Vincent iba y venía andando. La mayor y la mejor producción del pintor la realizó en Arles. La pintura mide 73cm x 93,3cm y se encuentra, en la actualidad, en el Museo van Gogh en Amsterdam; antes había pertenecido a la colección de Theo y fue vendida en 1901 al empresario noruego Nicolai Mustad, quien la tuvo almacenada hasta su muerte; en 1990 el cuadro fue mostrado al personal del Museo, quien en principio la rechazó por estar sin firma, mas el avance de las distintas técnicas han podido demostrar finalmente su autenticidad. Quizás, esta es una opinión mía, lo que más nos choca de esta pintura son las pinceladas de un cielo poco o nada vangoghiano.

Hammurabi

Le Louvre 9

Foto Bárbara. Código de Hammurabi, Museo del Louvre, París.

Hammurabi

Mientras tú girabas

en torno al código

yo me instalaba junto a uno

de los toros alados

empequeñecida, asombrada;

veía nuestros respectivos vuelos

¿porqué no? a través de

Mesopotamia.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi.

Helene Schjerfbeck III

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1821

!) Rosas en un jarrón 2) Bodegón con limones3) Narcisos

Hace unos días vi en Filmin una extraordinaria película sobre la mejor pintora finesa de todos los tiempos. Con anterioridad ya había puesto dos entradas sobre su obra y ahora vuelvo a recrearme con la figura de Helene, una mujer fuera de lo común, movida por su vocación-pasión: la pintura. El filme, que recomiendo, «Helene», por su enorme calidad, está dirigido por Antti Jokinen y comprende el periodo de 1915 a 1923 de la actividad de la artista. La película nos muestra a Helen viviendo en el campo con su anciana madre, dedicada a la creación artística y a Einar Reuter, con el que mantiene una relación amorosa frustrada que la marcará para siempre. El matrimonio de este con otra mujer es un hecho del que no se repondrá. No obstante él será su biógrafo, su confidente y el que le presenta al marchante que lanzará su carrera mediante una exposición antológica de sus 229 obras. Su fama no dejará de crecer. Cada plano y encuadre de la película de 2020 es de una belleza inusual, realmente son cuadros auténticos, pero no de ella, sino del relato de su quehacer. La cámara no nos enseña lo que está pintando, nos enseña su tenacidad, su obstinación, su lucha, su destino hecho pintura. Ni siquiera la presencia de su madre la distrae, la aparta de su quehacer hasta que consigue quedarse sola por que ella, su madre, no entiende el significado de lo que hace. Helene sola, Helene ante el caballete. Ella y la pintura. Si podéis, no dejéis de ver este filme imprescindible.

Grace Hartigan

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1) Girasoles, 1952; 2) The Grecks, 1957; 3) Bodegón español

Encuadrada en el «expresionismo abstracto» de segunda generación, Grace Hartigan buscó un equilibrio entre lo figurativo y la abstracción. Nacida en Nueva Jersey en 1922, estudió durante cuatro años con el pintor Isaac Lane Muse. Se casó con diecisiete años y al poco se quedó embarazada, dejando a su hijo al cuidado de padre en California. Su marido fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Muse se mudó a N.Y. ella hizo lo mismo. En 1947 visitó el estudio de Pollok, quedó impresionada por su pintura y pronto trabó amistad con él y su esposa Lee Krasner y, a través de ellos, a otros expresionistas abstractos, como Franz Kline y Willem de Kooning. Charlotte Rubinstein en su libro «Mujeres artistas americanas» describe la pintura de Hartigan como «composiciones audaces y cortantes que incorporaban fragmentos de imágenes de la ciudad: escaparates, carros de mano, destellos de figuras, con pinceladas audaces». En 1950 los críticos de arte Meyer Shapiro y Clement Greenberg la seleccionaron para la exposición «New Talent» en la Galería Kootz. Al año siguiente tuvo su primera exposición individual en la Galería Tibor de Nagy. Junto con Jackson Pollock, Willem de Kooning, Franz Kline, Lee Krasner, Mark Rothko y otros , Grace Hartigan es reconocida internacionalmente por llevar la pintura figurativa a la abstracción. Ha realizado al menos dieciocho exposiciones individuales y ha expuesto en el Museo Metropolitano de Arte y en el Museo de Arte Americano de Whitney y otras instituciones prestigiosas.

José Mª Párraga, el amigo de todos.

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José Mª firmaba solamente Párraga y todos los conocían por su apellido y todos le admiraban tanto como lo querían. Se hacía querer solo con su presencia bondadosa y, generoso como era, regalaba su obra al tiempo que creaba sin cesar. Una obra al día, dicen, porque estaba poseído por el arte con mayúsculas y cuando uno nace así es inevitable. Párraga era un volcán, un ser maravilloso que enamoraba a todo el mundo, un encantador de serpientes con su humildad por bandera. Gracias a los hados por habernos permitido coincidir contigo en el espacio y en el tiempo.

Del sombrero de la mujer emerge la figura de la niña que fue. Nuestra pinacoteca familiar está poblada de obras de amigos. Otro inmenso regalo de la vida.

Pedro Pardo, el amigo

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Pedro Pardo, escultor

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Sin titulo, escultura c.a 1986

Esta escultura de Pedro Pardo, que nos regaló, tiene el valor añadido de contener parte de sí, un cálculo biliar que insertó en el centro y nos ofreció junto con su amistad inquebrantable. Pedro era así, basta mirar su sonrisa socarrona y sus ojos de mirada bondadosa que se volcaba en el párpado amigo. Pedro cantaba acompañándose a la guitarra y cuando cerraba los ojos y entonaba «Alfonsina y el mar», nos transportaba y nos emocionaba con el sentimiento que ponía en cada palabra de esa bella y trágica canción. Con Pedro formé parte de uno de los grupos que participamos en las jornadas del Arte en las Escuelas, organizada por la Comunidad Autónoma de Murcia. Una iniciativa fantástica que nos llevó a convivir con los niños de unas escuelas de los pueblos de la Región; durante una semana, los niños no tenía clase, solo talleres de pintura, cerámica, escultura. fotografía… que impartíamos nosotros; recuerdo que un niño con discapacidad no se separó de Pedro en todo el tiempo, se aferraba a él, intuyendo, sabiendo toda la bondad que él encerraba, ese niño fue su apéndice; los niños no se equivocan. Ricardo Zaragoza era el fotógrafo de nuestro grupo, otra bellísima persona con un humor increíble que, junto con Pedro, cantaba todas las canciones del Dúo Dinámico mientras el seiscientos nos llevaba a los pueblos. Fueron unas jornadas maravillosas en Villanueva y en La Paca, un pueblo perdido donde también convivimos con los padres de los alumnos, pues nos abrieron sus casas de par en par. Durante esa semana tuvimos que dormir en las casas de los vecinos, porque estaba el pueblo demasiado lejos para ir y venir todos los días; era maravilloso ver como todo el mundo se volcó con esa iniciativa, que definiría no solo de cultural, sino también y sobre todo de convivencia. Con Pedro solo tengo buenísimos recuerdos, momentos desternillantes, brillantes, hermosos… así son los mejores amigos, los amigos del alma. Allí donde estés Pedro, no nos olvides. Algún día volveremos a encontrarnos y volveremos a oír tu risa, tu fantástico sentido del humor.

Pedro Pardo, maestro de la forma (I)

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1ª Figura; 2ª Figura 2; 3ª Los amigos.

Me cuesta escribir sobre este gran escultor por ser además un gran amigo al que perdimos en noviembre de 1998. Hay amigos insustituibles y Pedro, Perico para los amigos, nos dejó un hueco en el corazón, pero un recuerdo imborrable y cuando su imagen se nos hace presente, su sonrisa, su mirada socarrona y bondadosa pone paz y alguna lágrima inevitable nos traiciona; en estos casos lo mejor es dejarse ir y llorar sin pudor. Perico nació en Cartagena, pero al poco tiempo su familia se trasladó a Murcia capital; allí curso estudios de escultura y cerámica en la Escuela de Artes y Oficios con Juan González Moreno. Su destino estaba en marcha. Se casó con Marisún, emparentando con una saga de artistas, los Gómez Cano, de fuerte arraigo en la capital. Su hijo Carlos Pardo lleva los genes de ambas ramas familiares y es hoy un magnífico pintor. Pedro, junto con Elisa Séiquer, otra enorme escultora, Josemaría Párraga, Antonio Ballester… formaban parte de la vida bohemia de Murcia, se reunían en «La viña» y compartían anhelos e inquietudes. Piedra, aluminio, acero, madera fueron doblegados por sus manos que rompían el aire cuando hablaba con la pasión que le era propia. Después, en los años ochenta, «El Continental» fue otro lugar de tertulias y reunión donde acudíamos artistas, intelectuales y gente del teatro como Antonio Morales y hasta Paco Rabal y Asunción Balaguer. La alegría que trajo la democracia se vivía en aquel lugar de encuentro de grato recuerdo. Pedro Pardo, Perico, era y es insustituible y está ligado a esos lugares hoy desaparecidos también.

Ángeles Santos Torroella, pintora universal

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1ªLeyendo en el Jardín; 2ª Niña durmiendo, 1929; 3ª El vaso de vino, 1928; 4ª Autorretrato, 1928; 5ª Naturaleza muerta (Lilas y calavera); 6ª Un Mundo, 1929.

Ángeles Santos Torroella es, sin duda alguna, una importante pintora que nace en Porbou el 7 de noviembre de 1911. Por el trabajo de su padre, funcionario de aduanas, el traslado del domicilio familiar era frecuente por lo que se habituó a vivir y a conocer bien la geografía española y los diferentes ambientes y la idiosincrasia de los distintos territorios; todo lo cual supuso tener una mente abierta y una curiosidad innata. Pronto se inicia en el dibujo y la pintura, y en Valladolid recibe clases del pintor italiano Cellino Perotti. Aunque no nos debe sorprender la evolución y los distintos estilos que su pintura tuvo, algo que es muy común entre los pintores hasta que encuentran el camino propio, su madurez nos muestra que sus principios no son balbuceantes sino que en cualquiera de ellos el dominio de la técnica y la pasión con que afronta cualquier tema es sorprendente. Así, desde un impresionismo sutil y delicado de «Leyendo en el jardín» hasta la impactante obra «Un mundo» de 1929, que se expuso en el Salón de Otoño celebrado en el Palacio de Exposiciones del Retiro de Madrid y que representa un extraño planeta surrealista, parece que todo cabe en su quehacer. Quizás este impulso a la larga la pudo perjudicar, pero por otro lado es el resultado de su inquietud creadora. Esta última obra de marcado carácter surrealista impactó y causó sensación entre los intelectuales del momento, como Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, entre otros. Se casó con el también pintor Emilio Grau Sala, quien se exilia en París cuando estalla la Guerra Civil. Ella se queda en Huesca donde nace su hijo Julián. El matrimonio se reconcilia a partir del 69. Tras diversas exposiciones, su carrera se ve relanzada tras las exposiciones en la galería Dau al Set, la Sala Nonell y en la galería Multitud, que la llevaron a hacer una muestra antológica en el Museo del Ampurdán. También es invitada a participar en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona. En el año 2003 se le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Murió con 101 años en su casa de Madrid, el 3 de octubre de 2013.

Las intelectuales de la generación del 27, «Las Sinsombrero».

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El término generación del 27 lo acuño Dámaso Alonso integrada por personalidades como Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Manuel Ángeles Ortiz… Una generación donde las mujeres artistas, escritoras, pintoras, filósofas, poetas, actrices, feministas, ocuparon por derecho un lugar durante la Segunda República. Sin embargo la historia las ha olvidado, como si sus respectivas obras no hubieron existido, aunque su importancia es tanta o mayor que la de sus compañeros de generación; nombres como María Zambrano, María Blanchard, Remedios Varo, Ángeles Santos, Zenobia Camprubí, Carmen Conde, María Teresa León, Rosa García Ascot entre otras forman un grupo cuya valía e importancia hoy ya nadie pone en duda. Hago un inciso para comentar una anécdota que me hizo feliz. Allá por los años ochenta se me encargó por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia la realización de un cartel para una obra de teatro que había escrito el dramaturgo murciano y profesor de la escuela de arte Dramático Antonio Morales, que versaba sobre la escritora de Cartagena y primera académica de la Lengua Carmen Conde y su obra, llamada «El mundo de Carmen Conde». La realización de este cartel me proporcionó la oportunidad de hacer algo sobre una gran mujer a la que admiraba y me dio la oportunidad de conocerla personalmente el día del estreno de la obra en un teatro de su ciudad natal y de la mía. Y también la suerte de conocer a la actriz que daba vida a la escritora, la gran actriz Carmen Bernardos. No me he olvidado de ese encuentro ni de sus cariñosas palabras ni de su bondadosa e inteligente mirada. Me felicitó por el cartel, que no era más que las olas del Mare Nostrum, el mar de nuestra tierra,

Dicho lo anterior, vuelvo a la otra anécdota, el porqué a este grupo de mujeres tan notables se las llamó las Sinsombrero, esto se debe a que en la Puerta del Sol de Madrid, Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, se quitaron el sombrero como gesto de rebeldía ante la sociedad encorsetada del momento. Después, unos productores de cine en el 2015 acuñaron este nombre al narrar el talento de estas artistas. Estas mujeres reivindicaban que se las incluyeran en las antologías del 27 en la generación a la que pertenecían y cuya exclusión dejaría incompleta, coja, la historia, nuestra historia en ese apasionante periodo.

27

Federico García Lorca, María Teresa León y Rafael Alberti