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Remedios Varo, dibujos

 

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“Naturaleza muerta resucitando”, 1963

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“La calle de las presencias ocultas”, 1956

 

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“Ritos extraños”, 1959

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“Exploración del río Orinoco”, 1959

La pintora Remedios Varo preparaba de forma muy minuciosa, con unos dibujos precisos y con toda clase de detalles, las obras que luego llevaba al lienzo. Sus cuadros, de un surrealismo muy personal, combinan una concepción vanguardista no exenta de sentido del humor. Estudió en la Academia de Bellas Artes de S. Fernando de Madrid, donde tuvo de profesor a Julio Romero de Torres y conoció a Salvador Dalí. Se casa con el pintor Gerardo Lizárraga y viven en París durante un año. Regresa a Barcelona y allí conoce a Esteban Francés, un vanguardista con quien comparte estudio, y se divorcia de su marido. Esta pintora nacida en Anglés (Gerona), republicana, marcha a París con el poeta Benjamín Péret, donde permanecen hasta la invasión nazi. Remedios, con su nueva pareja, permanece en Marsella hasta obtener el visado que les permita partir hacia México, donde fijan su residencia hasta su muerte, como tantos exilados republicanos españoles. Su odisea personal termina en el año 1941 en México, donde encuentra refugio. Su obra tuvo reconocimiento póstumo y se caracteriza por representar lo sobrenatural, la magia, la alquimia, el mundo de los sueños y sus personajes son andróginos y rodeados de misterio.

Retrato de Noa

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“Retrato de Noa”. Retrato y fotografía de Bárbara Carpi, que es como firmo mis obras.

 Al abordar el retrato de alguien a quien quieres mucho, siempre se ha de tener presente, yo por lo menos lo intento, de no tratar de idealizar, más bien todo lo contrario, hay que ajustarse a lo que esa persona es, lo que transmite, y es en los ojos sobre todo, en la mirada, donde se encuentra la esencia, el espíritu de lo que la hacer “Ser”. En ese sentido, sin falsa modestia, creo que he conseguido captar la viveza, la alegría que ella, mi niña preciosa, nos da todos los días; en definitiva, la inteligencia de alguien que tiene una gran curiosidad por todo lo que la rodea, por la vida.

Las flores de Egon Schiele

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“Girasol”, 1916

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“Crisantemo Rojo”, 1910

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“Campo de flores”

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“Girasol”

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“Flores estilizadas frente a un fondo decorativo”, 1908

La acusada personalidad de Egon Schieler, que difícilmente se confunde con otros artistas, sobre todo en el tratamiento de la figura,  quizá por su dureza, nos sorprende en este apartado donde afronta su acercamiento al mundo vegetal con una delicadeza, belleza, armonía y originalidad en ciertos casos que emociona y conmueve. Personalmente me entusiasman todos.

Museo Departamental de Arles Antiguo (II)

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Barcaza de la época romana

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Barcaza y al fondo típico sarcófago

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Herramientas

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Reproducción de una barca de trasporte.

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El Ródano en la actualidad

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos acerca a la vida cotidiana de un pueblo con una muestra extraordinaria de utensilios de labranza, herramientas, barcazas, ánforas, sarcófagos… la vida y la muerte de los habitantes de esta zona de la Provenza cuyo testimonio es tremendamente semejante a cualquier otro pueblo a orillas del Mediterráneo. Y me estoy acordando del magnífico Museo de Arqueología Subacuática  de Cartagena al que por cierto quiero volver porque Museos así hay que disfrutarlos despacio, sin prisa, y volviendo cuantas más veces mejor.

Ánforas del Museo Departamental de Arles Antiguo

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos muestra la importancia que la ciudad tuvo en la época romana y el florecimiento comercial que experimentó y su relación con la metrópolis. La Plaza del Forum y el Circo nos hablan de su condición plenamente romana; el Ródano era la vía fluvial por la que grandes barcazas transportaban grano y aceite. El Museo se inauguro en 1999 y es un bello espacio que bien merece una visita sosegada.

 

Madame Cézanne

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“Madame Cézanne dans la Serre”

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“Madame Cézanne”

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“Madame Cézanne cheveux denoues”

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“Madame Cézanne”

La mujer de Cézanne debía tener una paciencia infinita pues, su marido, dedicaba para cada retrato alrededor de unas cien horas. Y eso que el retrato, ya de por sí difícil; lo es en menor medida si se conoce perfectamente a la modelo y aun así, si el retrato es tratado, no como la imagen fidedigna del que posa, sino como un todo, es decir, como una obra en la que cada elemento es parte esencial del conjunto y tiene la misma consideración que los elementos de un paisaje o de un bodegón; entonces el retrato se convierte en una obra de arte cuando, como en el caso de Cézanne, cada pincelada tiene su razón de ser. Así, en el primer retrato, en el que el fondo comparte con el rostro de Madame Cézanne los mismos colores y que se considera inacabado, en mi opinión se adelanta a obras posteriores, pongamos por ejemplo a las de periodo azul de Picasso, porque fondo y forma son la misma cosa armónica. En el segundo, las rayas, aun siendo horizontales, de la falda dan sensación de cubrir una volumen rotundo. En el tercero, la inclinación de la cabeza con el óvalo de la cara perfectamente delineado muestran una tristeza o melancolía infinitas, con los labios apretados. Y, por último, el rostro inexpresivo de la modelo, como una máscara, contrasta con la viveza de la camisa azul que parece tener vida propia.