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Pepe Buitrago, pintor.

Una de las obras de la serie «Tensiones» y fragmentos. La ciudad, la soledad entre los otros, la dureza del asfalto, el vacio, la deshumanización de las calles, la desconexión… todo eso me sugiere la obra de este artista que ha sido todo un hallazgo.

De la serie «Tensiones». Obra gráfica Giclée.

La fuerza que nos transmite esta obra del artista Pepe Buitrago me lleva a estos versos de Federico García Lorca:

GRITO HACIA ROMA

(Desde la torre del Crysler Building)

Manzanas levemente heridas

por los finos espadines de plata,

nubes rasgadas por una mano de coral

que lleva en el dorso una almendra de fuego,

peces de arsénico como tiburones,

tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,

rosas que hieren

… … … … … … … …

De «Poeta en Nueva York».

Nota: Para los que desconozcan esta técnica, la impresión Giclée, también conocida como grabado digital o impresión «Fine Art», es un procedimiento digital que se usa en la edición de obras de arte originales, en formato digital o que se pueda digitalizar, consecuencia de la evolución tecnológica de métodos de reproducción más tradicionales, como el grabado o la serigrafía.

«Azur, pinturas y piedras que hablan», exposición de Juan José Molina Villaescusa.

Fragmento.

Fragmento

Cabeza

Cabeza

Cabezas

De la serie «Arboricultura».

El día 10 de julio se inauguró en el «Ateneo Huertano» una exposición de pintura y escultura del artista Juan José Molina Villaescusa, que permanecerá abierta hasta el mes de septiembre. El lugar, «Los Pájaros», es un espacio de encuentro sorprendente que hunde sus raices en lo local, en lo más entrañable de la huerta; enclave dirigido por un hombre sabio de teatro, que dirije su actividad hacia cualquier manifestación artistica: recitales de poesía, música en directo, exposiciones y todo envuelto en música de jazz, copas y la acojedora atención de los anfitriones.

La pintura elegante, de cromatismo vivo, pero sin estridencias, matizado con sabiduría, de Juan José Molina Villaescusa nos recuerda las sutiles notas de un Zao Wou-Ki, ese pintor chino que desde París, aunque fallecido, aún irradia su arte que tanto nos ha influido. De pincelada larga con materia densa a los lavados suaves, todo un mundo muy personal el de Juan José Molina Villaescusa. De sus esculturas, las cabezas en piedra, nos llegan los ecos del helenismo, Grecia siempre eterna.Y, como siempre, de lo local a lo universal. Y todo con aroma a azahar y notas de jazz.

Bucarofagia en el siglo XVII. Una dieta disparatada.

En el cuadro de «Las Meninas» se representa a una de las meninas, María Agustina Sarmiento, ofreciendo a la infanta Margarita de Austria un búcaro de arcilla roja en una bandeja de plata.. En el siglo XVII se puso de moda una dieta disparatada que consistía en comer fragmentos de arcilla roja a fin de conseguir una tez pálida, adelgazar o no quedarse embarazadas. El propio Lope de Vega en la obra «El acero de Madrid» recoge esa moda diciendo: «Niña de color quebrado o tienes amor o comes barro». A esta ingesta de barro se la conoce como bucarofagia. La palidez del rostro era sinónimo de belleza y por ello las damas de la nobleza lo hacían, aunque ya existían polvos y cremas para blanquear la piel. El efecto de esta costumbre era que se cubría el intestino y como consecuencia se impedía absorber nutrientes, grasas y proteínas. A este fenómeno se le llama opilación: el hierro tampoco se absorbía. Al impedir la menstruación, también se usaba como anticonceptivo. De la bucarofagia también hacen mención Quevedo, Calderón y Cervantes en «El Quijote». La finalidad de los búcaros era similar a la de los botijos, enfriar y conservar fría el agua. Se desconoce a ciencia cierta como se comían los búcaros, unos opinan que se podría moler y que así lo usasen en las recetas; otros investigadores creen que se chupaban los trozos de barro sin cocer, etc, etc.

«Las Meninas» de Diego Velázquez.

Diego Velázquez, el máximo representante del barroco, nace en Sevilla en 1599. A los 24 años fue nombrado pintor de la corte por Felipe IV. Su estilo combina el realismo con un profundo estudio de la luz y de la sombra. «Las Meninas» está considerada la obra cumbre de su quehacer pictórico; mide 318 x 276 cm y está realizada con óleo sobre lienzo. El uso de la luz y del color es notable en tonos dorados y terracotas. Los elementos del cuadro están dispuestos de forma asimétrica. El foco del cuadro es la infanta Margarita, rodeada de dos de sus damas, un perro y la figura del pintor. Son de destacar la complejidad de la composición y la perspectiva, las cuales causan una sensación de profundidad que, junto con la técnica del escorzo, posicionan al pintor en un ángulo como si hubiera una conexión entre el arte y la audiencia. La infanta Margaríta, hija de Felipe IV, en el centro del cuadro, es el nexo de unión de todos los personajes; así, las damas de honor representan el círculo intimo de la infanta; Maribárbola, la enana, representa la diversidad dentro de la corte; el perro a los pies de la infanta representa la lealdad y con las figuras de los reyes reflejadas en el espejo introduce la perspectiva. Lo representado y las miradas son aspectos claves en el significado de la obra. Velázquez es el pintor que crea y a la vez el observador. La influencia de «Las Meninas» a través de los tiempos ha sido y es duradera desde el surrealismo a la abstracción, buscando la atmósfera vibrante que el genio de Velázquez creó. El cuadro fue pintado en 1656 y recrea la pintura en el taller del pintor situado en el Palacio Real Alcázar de Madrid. En la actualidad se encuentra en el Museo del Prado. Después de distintos nombres, en 1843 se registra por primera vez con el nombre de «Las Meninas». La palabra «menina» significa «niña» en portugués y se usaba entonces en nuestro país para nombrar a las cuidadoras de los niños de la familia real.

«Las Hilanderas» de Diego Velázquez.

En primer término, el cuadro como lo concibió Velázquez; en el segundo, los añadidos para ensancharlo cuando pertenecía a las colecciones reales: por la parte superior 50 cm. y por los laterales 37 cm. Se supone que sufrió daños durante el incendio del Alcázar de Madrid en 1734 y que por ello fue montado sobre un bastidor nuevo y ampliado. En 1980 se llevó a cabo una restauración muy minuciosa y laboriosa, pues algunas capas se desprendían. «La fábula de Aracne» o «Las hilanderas», que es como se conoce popularmente el cuadro, es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca española y una muestra clara de la maestría de Velázquez. En 1628 con ocasión de la estancia de Rubens en la corte, en Madrid, que se dilató hasta 1629, ambos compartieron estudio y el sevillano conoció perfectamente los temas mitológicos tratados por este. El tema de «Las hilanderas», hoy, se cree que representa la fábula de Aracne. El cuadro se exibe en el Museo del Prado. Se cree que fue realizado después de su segundo viaje a Italia en 1649, aunque otros consideran que fue pintado en 1659.La obra fue pintada para Pedro de Arce, que era quien organizaba las monterías para el rey Felipe IV. Como pintor de la corte, Velázquez no atendía a encargos privados, pero en este caso hizo una excepción. En primer plano se ve a cinco mujeres que preparan las lanas. Al fondo, detrás de estas mujeres, aparecen tres mujeres ricamente vestidas que contemplan el tapiz que representa una escena mitológica, la fábula de Atenea y Aracne. El tema del tapiz constituye una ofensa a Palas Atenea ya que trata de algunas artimañas que Zeus utilizaba para conseguir los favores sexuales de diosas y mujeres; en castigo Palas va a transformar a la joven Aracne en araña, condenada a tejer eternamente. En el cuadro, Aracne en primer término, con blusa blanca, teje afanosamente; a la derecha la diosa Palas, representada como una anciana junto a la rueca, de la que no vemos los radios por estar en movimiento. Velazquez difumina los contornos de modo que consigue crear una sensación de atmósfera entre los cuerpos. Su pincelada es fina y larga con color diluído en ocres, tierras y óxidos a modo impresionista, con poca materia, dos siglos antes. El mito de Aracne se describe en el libro sexto de «Las metamorfosis» de Ovidio. Aracne, una joven libia, tejía tan bien que la gente comenzó a decir que tejía mejor que la diosa Atenea, inventora de la rueca, según la mitología griega.

La Alhambra.

Fotos Noa Serrano Plaza.

El murmullo del agua, los setos recortados, los tulipanes, los dientes de león, los tagetes, la arquitectura nazarí, todo se confabula para crear lo más parecido al paraíso en la Tierra. Los árabes sabían mucho de eso y nos dejaron una cultura y unas obras de arte que hacen de Granada una ciudad imprescindible. Dicen que Boadil el Chico lloró al tener que abandonarla y no era para menos. Conocí, por casualidad, en París a un profesor musulmán que decía sin el menor rubor que «algún día recuperarían Granada». Yo aluciné, pero menos mal que, a día de hoy, sigue siendo muy española. ¡Mil gracias, Noa, por esas fotos tan bonitas!

Monumento a Vittorio Emanuele.

El mega monumento a mayor gloria de Vittorio Emanuele en abril de 2024 estaba, como casi toda Roma, rodeado de obras. Dichas obras eran por el metro y, claro, no pudimos subir o simplemente no quisimos, ya no lo recuerdo, pero si que la circulación era un caos como se ve en las fotos. La primavera es una época estupenda para viajar.

N.Y. Rascacielos.

Fotos Aurelio Serrano García.

Soy de esas personas que no aguanta más de tres horas de vuelo, de modo que a N.Y. no iré nunca. No me da ninguna pena, esa es la verdad aunque si siento no poder conocer alguno de nuestros países hermanos como Argentina. El continente que me apasiona es África y como estamos cerca espero poder descubrir aún, por tierra eso sí, ciertos países cuyo simple nombre pone a volar mi imaginación; un safari por Kenia sería un sueño hecho realidad. Gracias, Aurelio, por esas magníficas fotografías.

Formas increíbles de la naturaleza.

Fotografías Aurelio Serrano García

Del libro «Formas artísticas en la Naturaleza» de Ernst Haeckel (Posdam 16 de febrero de 1834-Jena 9 de agosto de 1919) que fue un zoólogo, naturalista y filósofo alemán, eugenista, biólogo marino y artista. Describio y descubrió y puso nombre a miles de nuevas especies, creó un árbol geneológico relacionando todas las formas de vida y acuñó muchos nuevos términos y conceptos en biología. Promovió y popularizó el trabajo de Darwin en Alemania. Las ilustraciones publicadas de Haeckel incluyen más de cien ilustraciones detalladas de animales y criaturas marinas que habrían de influir en el Art Nouveau. Personalmente me parecen increiblemente bellas y de una ejecución magistral.

Antes que Marco Polo, Egeria, una gallega.

Egeria fue la primera viajera de la historia. Una gallega que vivió en el siglo IV, que viajó por todo el mundo conocido contando todo lo que veía, hablando en primera persona. Un investigador italiano encontró una cartas en las que se contaba un viaje extraordinario a Tierra Santa, un viaje de más de 6.ooo kilómetros desde Gallaecia, Galicia, en los años 381-384, que la convierte en la primera gran viajera de la historia. El texto original sigue en la Biblioteca de Arezzo a disposición de los investigadores. Egeria cuenta su aventura desde Gallaecia, la antigua provincia romana que abarcaba parte de Portugal, Asturias y León hasta Tierra Santa. Se piensa que era una mujer que gozaba de buena posición social para poder afrontar tamaña aventura e incluso que pudo estar emparentada con el emperador Teodosio, pues contó con escolta militar romana en algunos territorios de los que atravesó. Se cree que partiendo de Gallaecia debió atravesar la Via Domitia, cruzar en barco el Mar Adriático hasta llegar a Constantinopla y desde ahí hasta Jerusalén, donde se queda durante tres años; después viaja a Egipto, donde visita Alejandría, atraviesa el Nilo y llega hasta el Mar Rojo. Falta la primera parte y el final del viaje; en la última carta conservada anuncia que intentaría volver a su tierra. El relato se inicia con la ascensión al Monte Sinaí y en su viaje de regreso visitó Mesopotámia y Constantinopla. Al faltar el final, no se sabe si consiguió volver a su tierra.