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Las “grandes” de Montmartre (I)

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Una calle de Montmartre, foto, Bárbara.

En la época dorada de Montmartre también existieron importantísimas mujeres que, como siempre, quedaron eclipsadas por sus maridos, amantes… Entre ellas están Misia Sert, Berthe Weill, Suzanne Valadon y Mary Cassat; no obstante, que sirva esto como un pequeño homenaje a otras tantas que sufrieron su condición de mujer.

Misia Sert fue descrita por Jean Cocteau como una mujer “con talento para reírse y para colocar a cada uno en su sitio”. No parece mucho, pero no deja de ser una opinión masculina, de un amigo, sí, pero sesgada. Porque Misia Sert además, con su mecenazgo, ayudó de forma principal a que alguno de los grandes pintores como Renoir, al que le extendió un cheque en blanco, pudiera realizar su obra. Hija de padre escultor y madre chelista se crió en un ambiente familiar plenamente artístico. Muy joven se fue a Londres; muy inteligente tenía el don de percibir el genio de otros antes de que se abrieran paso en el mundo del arte; ayudó a sus amigos entre los que se encontraban Coco Chanel, Diaghilev y el ya citado Cocteau. Tuvo varias parejas y finalmente se casó con el arquitecto catalán Josep María Sert, cuyo matrimonio fue una relación de mutua admiración y apoyo, y cuando apareció en sus vidas Roussy Madivani, ayudante de Sert, se convirtió en lo que hay llamamos una relación poliamorosa.

Berthe Weill es la primera galerista de la historia; tenía un olfato muy sutil para distinguir las obras falsas de las verdaderas. Su actividad se inicia en una pequeña librería que después le permitió abrir una tienda de arte; su hermano la ayudó económicamente hasta que se pudo independizar de él y abrir su galería, a la que llamó “B. Weill” debido a que en aquella época tan machista no hubiera tenido éxito. Apoyó a Toulouse-Lautrec en sus comienzos y tuvo con Picasso una relación curiosa; ella le vendió obras de la época azul, pero como tardaba en pagarle, según cuentan él la llegó a amenazar con una pistola: eran tiempos difíciles. Expone por primera vez a los fauvistas Matisse y Marquet, apuesta por el cubismo y también por las mujeres. Vende por primera vez a los grandes pintores,es ella quien los lanza a la fama. Otros marchantes, hombres más poderosos, le chafan el negocio hasta que descubre y lanza, antes de morir, a Modigliani.

Nota aclaratoria: José María Sert era pintor y el marido de Misia y yo lo he confundido con el arquitecto José Luis Sert, pido disculpas por el error.

Aurelio Serrano Ortiz, escultor

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Escultura en madera, sin titulo

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Escultura en piedra, sin titulo

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Torso. “Homenaje a Elisa Séiquer”, escultura en piedra.

Expuestas en el Colegio de Arquitectos de Murcia, en 1987, en la exposición colectiva “Pintura y Escultura”, subvencionada por la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad. Los trabajos de Aurelio, tanto en piedra como en madera, se ciñen al material que trabaja en función de los objetivos que persigue; de modo que mima la superficie de la madera, puliéndola como una piel que se adapta a las volúmenes que va creando. y su tacto es como una caricia que invita a recorrerlas con las manos. La piedra la trabaja sin obviar las propias características de rugosidad y rudeza volumétrica que potencian las propias características del objetivo de fuerza que pretende y consigue.

Una fachada preciosa de la Catedral de Murcia por la noche

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Fotografía de Jesús Juárez Torralba.

Esta fachada barroca de la Catedral de Murcia es sin duda lo mejorcito que tenemos en la ciudad; ubicada en la plaza del cardenal Belluga es el epicentro, el eje, el corazón de la misma. Personalmente me recuerda a una plaza italiana; las terrazas llenas de gente que toman el aperitivo en este escenario tan bello o bien una copa al atardecer, cuando las luces doran la piedra, o por la noche, iluminada como en la fotografía, en cualquier momento, es un escenario que nos trasporta a otros tiempos, que nos reconcilia con el mundo tan convulso, a veces, como ahora, en el que la pandemia nos tiene acongojados. Tengo ganas de volver a sentarme en una de esas terrazas o bailar al son de los músicos callejeros en este escenario único. ¡Muchísimas gracias, Jesús, por esta instantánea tan bella!

Perle Fine y el expresionismo abstracto americano

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Reproducciones: 1ª, “Una quietud persuasiva”; 2ª “Surge, 1960; 3º, Sin título, 1946; ª, 4º, ” Figura descendiendo una escalera”, 1960

Perle Fine es otra pintora unida al expresionismo abstracto americano relativamente poco conocida a pesar de su gran categoría. Sigo pues tratando de dar voz a tantas magníficas artistas que, unidas a grandes pintores y coincidentes con estos en vida, en el tiempo, se vieron y aún se ven eclipsadas para el gran público, que no, por supuesto, para los estudiosos y críticos de arte ni para los artistas con los que se rodeó. Nacida en Boston en 1908 se mudó a N.Y. donde se fraguaba, por entonces, toda actividad creativa. Hasta 1930 estudió y se formó en distintas academias de N.Y. y Massschussetts. En 1950 fue propuesta por Willen de Kooning para formar parte del 8th Stret “Artiss Club” ubicado en el número 39. Participó durante la década de los cincuenta y durante siete años en las muestras anuales de Pintura y Escultura de N.Y. De todas las publicaciones anuales y de un total de 256 artistas de N. Y., Fine estuvo entre los 24 que aparecieron en todas ellas, dato importante por el hecho de que eran los propios artistas quienes hacían la selección. También en los años cincuenta vivió en Long Island, donde Jackson Pollok y Lee Krasner, Willem de Kooning y otros miembros de la Escuela de N.Y. fijaron su residencia de modo permanente. Murió en 1988. Podemos ver en su pintura, en distintos momentos evolutivos, elementos mironianos e incluso de Rotko, con esas superficies monocromáticas. que lo definen.

Pierre Bonnard

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Mimosa, 1915

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Autorretrato, 1889

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Jardín en Vernonnet, 1915

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Autorretrato

Polifacético Pierre Bonnard, fue pintor, fotógrafo y litógrafo francés nacido en Fortenay- aux-Roses en 1867. Unido al grupo de los nabis evolucionó a un estilo personal cercano al impresionismo. Cursó los estudios de Derecho y ejerció la abogacía, pero comenzó a tomar clases de pintura y dibujo en la Académie Julian. Allí entró en contacto con Mauricie Denis y Paul Sérusier cuyo cuadro, hoy en el Musée d’Orsay, “El talismán” le causó una fuerte impresión; esta obra, siguiendo el sintetismo de Gaugin y el simbolismo, la aplicación del color sobre todo y el arte japonés, tan en boga en aquellos años, le empujó a dedicarse plenamente a la pintura. Son años de gran efervescencia en el mundo del arte. Van Gohg llega a la Provenza en 1888. En su primera exposición colectiva expuso junto a Sérusier, Denis, Xabier Roussel, Edouard Vouillard… y, decidido plenamente a dejarlo todo por el arte, alquiló un taller en Montmartre. El grupo de los nabis, muy unido al teatro, le llevó a realizar decorados y vestuarios para obras de teatro como “Ubu roi” de Jarry en 1896. Asimismo diseñó vidrieras, tejidos, muebles e ilustró revistas como “la Revue Blanche”, periódicos y libros. Su actividad se puede decir que lo abarcó todo. Y, como a tantos, la luz del Midi le influyó de modo bien claro y le llevó a reinterpretar el impresionismo de Renoir y Monet. En las dos últimas décadas de su vida realizó muchas exposiciones y fue reconocido por artistas como Matisse, Signac o Rouault.

Picasso autor teatral

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Cuando Picasso se refugia en el sur de Francia, tras el divorcio de su mujer Olga, se dedica a escribir; fruto de esos escritos es esta obra de teatro “Les quatre petites filles” título original traducido por Teresa León, mujer de Alberti, como “Las cuatro niñitas”. La obra se publicó por Gallimard en 1969 y vio la luz en su versión española en 1973 en Aguilar. Esta obra teatral dividida en seis actos es absolutamente surrealista. Los diálogos de estas cuatro niñas y sus juegos son propios del teatro del absurdo; ni unos ni los otros tienen un desarrollo ni un desenlace, son juegos de palabras que forman y conforman, aun así, unas imágenes líricas, las menos, pero siempre con una fuerza visual increíble. La crueldad de los niños es lo que queda patente en estos diálogos absurdos. Obra no obstante curiosa, fruto de la mente de este creador innato que fue Pablo Picasso. La portada fue hecha por él mismo.

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Picasso y el Minotauro

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Reproduccion: “Minotauro y yegua muerta frente a una gruta y niña con velo”, Pablo Picasso, 1936

El Minotauro está muy presente en la obra de Picasso y lo representa en diversas obras, esta en concreto refleja muy bien la fuerza , brutalidad y lujuria del mito del Minotauro que fue concebido por Parsifae, esposa de rey Minos de Creta, cuando esta se apareó con un toro. La consecuencia de esta relación fue un ser que tenía el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro. Para el pintor, el minotauro representaba la naturaleza dual del hombre. La mitología nos habla de que lo mantuvieron en el laberinto y que cada siete años se le ofrecían siete jóvenes y siete doncellas para su sacrificio. Y fue Teseo, el héroe, el que se ofreció como víctima y el que consiguió matar a la bestia consiguiendo escapar del laberinto gracias a un ovillo que le había dado Ariadna, la hija de Minos.

Cuando la esposa del pintor, Olga lo abandona, este se refugia en el sur en Juan les Pins, en la Riviera francesa. Su amante estaba embarazada y la Guerra Civil española le afectaba muy directamente, de modo que durante este periodo se dedicó a escribir poesía surrealista y a pintar escenas brutales, como esta en la que el minotauro, que acaba de dar muerte a una yegua, muestra en su rostro una bondad y una sonrisa que contrasta con el horror de la niña tapada con un velo. Una alegoría más de las que el maestro, a su manera, hace un alegato contra la guerra y la brutalidad d los hombres

Juliette Roche

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Reproducciones: 1º Maceta de yaros (velas del diablo); 2º “Bouquet de lys sur fond rose; 3º Naturaleza muerta con follaje y libros, c. 1930; 4º Naturaleza muerta (Jarra blanca con flores) c. 1930

Juliette Roche nació en París el 21 de agosto de 1884 en el seno de una familia adinerada y vinculada con el mundo del arte vanguardista, la nobleza y con Jean Cocteau, ahijado de su padre. Este, Jules Roche, fue miembro del gobierno francés. Juliette estudió en la la Académie Ranson en París donde entra en contacto con Les Nabis. Su obra no solo se ciñe a la pintura, sino también a la creación literaria, el diseño y la poesía, que combina en sus composiciones. Fue en 1913 cuando expuso en el Salón de los Independientes y comenzó a escribir poesía, insertando eslóganes publicitarios. Su inquietud creativa le llevó siempre a la experimentación, a la búsqueda de nuevas formas y expresiones conforme a su espíritu inquieto y nada convencional. Pacifista convencida, cuando se declaró la Primera Guerra Mundial en 1914 viajó con el cubista Albert Gleizes a N.Y., donde participaron en actividades Dadá con Picabia y Duchamp; a la vuelta pasaron por Barcelona, donde expusieron en la Galería Dalmau, que tan unida estuvo con las vanguardias. Después se casaría con Gleizes, por lo que es más conocida como Juliette Roche Gleizes (lo de siempre o más de lo mismo). Colaboró con Duchamp en la preparación de la primera exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de 1917, donde participó con obras Dadá. De nuevo en París escribió La Minéralisation de Dodley Cravin Mac Adam, que se publicó en 1919, donde narra las peripecias de Adam Cravin y otros exiliados en N.Y. Publicó también en la revista de Vicente Huidobro. Junto con su marido fundó una residencia de artistas en Sablons, que ofrecía estudios y talleres. Siguió exponiendo en colectivas hasta su muerte acaecida en noviembre de 1980.

En sus cuadros de flores, Juliette, crea formas y pinta flores “inventadas”, algo que me toca muy de cerca, porque yo hago lo mismo. Es la revancha inconsciente, en mi caso así lo es, porque se asocia a las mujeres y las flores a “lo femenino”. Quizás por eso he tardado treinta años en pintar flores, me asqueaba que identificaran o calificaran mi pintura con el hecho de ser mujer. Nada más injusto y contra lo que las artistas en general han tenido que luchar. Todavía no he oído que alguien diga de la obra de un pintor: ¡qué obra más masculina!. Las obras son malas o buenas y punto.

Kenzo Okada

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Reproducciones: 1º Screen I (díptico), 1955; 2º Young bamboo (díptico); 3º No. 3, 1953; 4º Blanco y oro, 1961

Kenzo Okada, nacido en septiembre de 1902 en Yokohama, tuvo que esperar a que su padre, que se oponía a que su hijo se dedicara al arte, muriera para poder dedicarse a su verdadera vocación. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Tokio, pero al igual que su compañero Fujita marchó a París en 1942. En aquella época, ya lo he dicho en varias ocasiones, el centro del mundo artístico estaba en París. En 1927 expuso en el Salon d’Automne y regresó a Japón el mismo año. En 1936 obtuvo un premio del Nikai Group de artistas contemporáneos, pasando a formar parte del mismo de forma vitalicia. Enseñó en la Universidad de Nihon y en la Universidad de Arte de Musashino. Su pintura realista realizada en Japón evoluciona al ir a N.Y. hacia la pintura abstracta, siendo el expresionismo abstracto imperante lo que le sedujo; no obstante, su sensibilidad oriental le hace ser distinto, con una fuerte personalidad que modula las formas y colores con una sutileza propia. En 1952 comienza a exponer en N.Y. en la galería Parsons. Su lirismo y reinterpretación de los efectos decorativos de la pintura tradicional japonesa lo hacen único. La neblina que envuelve sus obras, como sumergidas en agua, prestan a sus pinturas una atmósfera poética más propia del lenguaje escrito. Okada trabó amistad con Mark Rothko y especialmente con los amantes del color. Es un colorista nato. Murió en Tokio el 24 de julio de 1982.

Frantisek Kupka y el Orfismo

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Reproducciones: 1º “Retrato de su mujer”; 2º La escala amarilla (autorretrato), c. 1907; 3º “Discos de Newton, estudio para fuga en dos colores”, 1911; 4º “Estudio para el lenguaje de las verticales”, 1911; 5º “La catedral”, 1912-1913.

Nunca de forma más clara se puede ver por las reproducciones la evolución de su pintura; desde el retrato de su mujer clásico, por cierto muy bueno, a la creación y estudio de la relación entre los colores. Kupka, nacido en la actual República Checa en 1871, estudió y se formó en Praga y expone por primera vez en Viena en 1894. En la primavera de 1896 se establece en Puteaux, en los alrededores de París, donde tiene como vecinos a Duchamp, Apollinaire, Léger, Metzinger y Gleizes. y, aunque expone en el Salón de Otoño en la sala de los cubistas, nunca quiso que se le encuadrara en dicho movimiento ni en ningún otro. A partir de 1911 se pasa a la abstracción, realizando formas circulares organizadas según una disposición rítmica. Se forma el grupo de Puteaux y acude a varias de sus reuniones. A principio se dio a conocer como ilustrador de libros, carteles y como caricaturista. Agrupó su obra artística en cinco categorías: círculos, verticales, verticales y diagonales, triángulos y diagonales. Expuso con otro excelente pintor checo, Alfons Mucha en el Jeu de Paume de París y en el MoMA de N.Y. Se hizo una retrospectiva de su obra en la Galerie Mánes de Praga en 1946 y en el mismo año en el Salon des Realités Nouvelles, donde expuso con regularidad hasta su muerte acaecida en Puteaux en 1957. Kupka se centró en sus teorías del color, que le llevaron a realizar discos que llamó de “Newton”, porque con anterioridad había explorado sir Isaac Newton y Herman von Helmholtz. Su objetivo se centraba en liberar los colores de asociaciones descriptivas, reflejando sus teorías de movimiento, color y la relación entre la música y la pintura (orfismo).