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Matissse y “Las flores del mal”

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para “El don Juan Tenorio” y “Alicia”, y la “Lisístrata” de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire “Las flores del mal”, que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.

Dalí y Lewis Carol

 

 

 

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Para celebrar el 150 aniversario de la publicación del libro “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carol se hizo una edición muy especial, que contaba con ilustraciones de Salvador Dalí;  la iniciativa partió de un editor de Random House e impresa por Princeton University Press en los años sesenta. Cada uno de los ejemplares fue firmado por Dalí y venía con una introducción de Marcos Burstein, presidente de la Sociedad Lewis Carol de América del Norte y del matemático Thomas Banchoff. Sin duda es una edición muy codiciada por los coleccionistas.

André Lhote

 

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“Bañistas en el bosque”,1911

 

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“El árbol rosa”, 1908

 

 

 

 

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Paysage Fauve à l’Estaque, 1909

Contemporáneo de los maestros del cubismo, se vinculó al mismo con pasión. Y aunque la crítica no lo alinea al mismo nivel de un Braque, Gris, o Picasso, su trabajo como divulgador, analista, enseñante y crítico le otorgaron una gran popularidad y renombre internacional, sobre todo por las traducciones de su libro “Tratado del paisaje”. Su obra, bien construida, sólida, formalmente correcta y sin romper moldes, conviene tenerla en cuenta a la hora de examinar el cubismo. Personalmente me encantan sus cuadros de paisajes, que tienen algo de cezanescos, y el primero de ellos me lleva en particular, sin duda, a las bañistas del mismo pintor.

 

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André Lhote impartiendo clase.

Mary Cassatt

 

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“Mujer joven con sombrero negro y verde mirando hacia abajo”, c. 1890. Pastel sobre papel vitela. Princeton University Art Museum

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Retrato de Madame Sisley, 1873

Mary Cassatt es una pintora americana unida al círculo impresionista de París. Nacida en Pensilvania en 1844, estudió en la Academia de Bellas Artes de Filadelfia contra los deseos de su familia; su empeño la llevó a viajar a París donde continuó sus estudios y  por distintos países europeos para copiar las obras de los grandes maestros. En España, en Madrid, se alojó en un hotelito de la Puerta del Sol, registrándose como copista en el Museo del Prado; allí la pincelada suelta de Velazquez y la forma de contar la realidad de Goya influyen grandemente en su manera de tratar la pintura y cambia su formación clasicista por una técnica más libre y de fuertes contrastes tonales; su pincelada se vuelve ágil, con empastes gruesos y su estilo se vuelve directo. Después de su estancia en Madrid se instala en Sevilla donde monta su estudio en la Casa de Pilatos propiedad del duque de Medinaceli. Sevilla le va a permitir el estudio costumbrista de unos tipos que plasma en el cuadro “Torero y muchacha” que envió al Salón de París en 1873. En su viaje a Parma copia los frescos de Correggio; todas esas enseñanzas van construyendo su estilo que se acerca al quehacer de los impresionistas. Durante años Mary sufrió la oposición de su padre y la incomprensión de maestros dentro de la Academia, pero gracias a su tesón y a su decidida voluntad decide prescindir de todo y aprender directamente de los grandes maestros, de ahí sus viajes a Europa. De regreso a Estados Unidos su obra no recibe la atención ni el reconocimiento esperado; fue Degas el que la animó a exponer con los impresionistas y su apoyo fue decisivo. Desde entonces hasta 1886 su obra permanece ligada a los círculos impresionistas. Durante la última década del siglo XIX, Mary Cassatt expusó con éxito en París y en N.Y. Murió el 14 de junio de 1926 en el castillo francés de Beaufresne y fue enterrada en la Picardía francesa.

¡¡¡Doscientas mil vistas!!!

Notre-Dame Les Tours-Chimère 1

La Estirga, Notre Dame. París

Gracias, gracias, gracias a los amigos de la Estirga Burlona por su generosidad. Nunca pensé ni me planteé ponerme metas, pero esto supera lo que esperaba cuando empecé esta travesía incierta. En mi cuaderno de bitácora, tendré que anotar que bien temprano, mi querida Estirga, desde Notre Dame, me ha hecho llegar una nota en la que dice textualmente: “Si algo me debes es una visita, porque perdida la noción del tiempo desde los años en que mi padre Violet le Duc me creó, te espero cuando la lluvia y el viento azotan mi piel, cuando el sol implacable reseca mi lengua, en todas las estaciones en que los hombres parados en el Parvis hacen cola para subir a las torres; sabes que lo único que te pido es que me acaricies el lomo y me digas al oído aquello por lo que tú y yo estamos unidas para siempre. Debes recordarme lo más secreto de nuestra alianza; la memoria me falla, porque la piedra es voluble e inestable a pesar de su condición de roca imperturbable. Nada me debes; lo que te pido es lo que debe de ser, lo correcto”. No viene rubricado; las quimeras no ponen su sello como los hombres, lo ponen en las noches estrelladas cuando sobrevuelan el Sena y los puentes de París; solo entonces se convierten en seres vivos que pueblan nuestros sueños.

Degas y Monet

 

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Degas a la edad de 78 años, marzo de 1912. Fotografía de su amigo Albert Bartholomé, coloreada.

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“Monet ante sus pinturas”. Fotografía de 1923, coloreada por Dana Keller.

 

Miró en su estudio.Y cómo le conocí.

 

 

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Joan Miró en su estudio de Son Abrines, 1977.

Tuve la suerte de conocer a Joan Miró y a su mujer a finales de los sesenta. Fue una mañana de domingo a la salida de una misa de doce; yo estaba pasando unos días en casa de unos familiares en Palma de Mallorca, que vivían en La Bonanova. Mis parientes, de edad avanzada, eran católicos practicantes y me pareció lo más correcto acompañarles; a la salida de la misa saludaron muy cordialmente a un señor mayor muy risueño y a su mujer, los dos de pequeña estatura y de aspecto encantador. Nos paramos y estuvimos un rato intercambiando impresiones sobre la salud y el buen tiempo que hacía. Era una radiante y soleada mañana de verano; de él me llamaron la atención sus pequeños ojos azules, vivos y risueños. La misa se celebró en una pequeña ermita de la Bonanova, situada en la parte alta de Palma desde donde se ve el mar. Los ojos del pintor eran como aquel mar que se divisaba a lo lejos. El matrimonio Miró vivía muy cerca de nosotros, también en la Bonanova. Cuando nos despedimos me dijeron que era Joan Miró. No me lo podía creer; luego, con los años, he constatado que los grandes hombres suelen ser los más sencillos, los más humanos, los que no tienen que presumir de nada.