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Picasso: sus dos últimos autorretratos

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30 de junio de 1972

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2 de julio de 1972

Picasso tenía noventa años cuando hizo estos dos autorretratos. Sus detractores, que también los tuvo, dirían eso tan manido de: lo podría hacer un niño. ¡Claro, un niño de avanzada edad que seguía jugando a ser él mismo! Porque los años están ahí, sobre todo en el último, donde la línea ya titubea, no es precisa, pero quién la necesita, cuando descarnadamente se retrata como una calavera. Y quien le discute su bien hacer se olvida de su época azul y rosa, de la maestría con la que llenó su siglo. ¡Picasso, genio y figura!

Egon Schiele

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Desnudo, 1913

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“Autorretrato”, 1910

8

“Mujer reclinada con pelo rubio”

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“Autorretrato”, 1912

 

Egon Schiele encarna a la perfección la radicalidad del artista y su sentido de la individualidad por encima de todo. En esto fue un maestro; sus famosos retratos y autorretratos muestran su obsesión por el cuerpo humano, por la sexualidad, que para muchos coetáneos rozaba la pornografía. Admirador de Hodler y discípulo de Klimt lleva el expresionismo a cotas elevadísimas. Distorsiona los desnudos a través de una línea agresiva depurando el dibujo con aristas duras; sus figuras son extremadamente delgadas, con manos deformes y retorcidas; se debaten y recortan en fondos neutros, huyendo de cualquier naturalismo. Usaba sobre todo acuarelas y el fin que persigue y consigue es plasmar la emoción y la soledad del ser humano. Pronto dio muestras de su enorme talento; estudia en Viena, donde tiene como maestro a Klimt, y huye de la rigidez académica formando su propio grupo (Grupo del nuevo arte). Se introduce a través de su maestro en la Secesión vienesa. Lo que hacía, que hoy nos parece admirable, entonces no gustaba a nadie. Abandona Viena y conoce a una jovencita, Valerie Neuzil, que se convierte en modelo y amante. Pasó tres semanas en la cárcel acusado de corrupción de menores; la sentencia además hizo quemar uno de sus dibujos y le raparon el pelo. Se casa con una rica heredera y sigue manteniendo relaciones con su antigua amante. Nacido en 1890, muere junto con su mujer embarazada en 1918, enfermos por la terrible epidemia de gripe española que dejó la cifra de más de 20 millones de muertos. Egon Schiele encarna a la perfección al artista del nuevo siglo y sus obras rayan la genialidad.

Albert Gleizes, pintor y teórico cubista

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Retrato de un médico militar, 1914. Guggenheim, N.Y.

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Composición para jazz, 1915. Guggenheim N.Y.

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Retrato de Igor Stravinsky, 1914

Albert Gleizes sobre todo es conocido como teórico del cubismo y por haber escrito, junto a su amigo  Jean Metzinger, el libro “Sobre el cubismo y los medios para comprenderlo”, obra imprescindible que se publicó en 1912. Estudiante poco aplicado, se alista en el ejército donde estuvo cuatro años, después se vuelca en la pintura de forma ya irrevocable. Nació en París, en 1881, en una época y un lugar que propiciaba, naturalmente, lo que vendría después y, como otros muchos, se inicia en el impresionismo; solo con 21 años expone en la Société Nationale des Beaux Arts  la obra “La Seine à Asnières” de factura claramente impresionista. Al año siguiente expone ya en el “Salón de Otoño” y a partir de ahí su pintura cambiaría con la influencia de Léger, Delaunay y Metzinger. Tras un intento fallido de pintar libremente, sin concesiones comerciales, junto con un grupo de artistas y poetas que se reunían en una casona de Créteil, se instala en una comuna en Montparnasse, La Ruche. En 1910, antes de escribir su famoso libro en colaboración con Metzinger, comienza a pintar como los cubistas y dos años más tarde se une al grupo de Puteaux, conocido como Section d’Or, dirigido por Jacques Villon y su hermano Duchamp. En 1913 expone en varias colectivas en N.Y.. Tras conocer en el frente, durante la primera guerra mundial, a Jean Cocteau, le diseña la escenografía y el vestuario de la obra “Sueño de una noche de verano” de W. Shakespeare. Después de la guerra, se traslada con su mujer y su hija a N.Y. En Barcelona se les unieron Picabia, su esposa y Marie Laurencin; juntos pasaron el verano en Tossa de Mar. En diciembre expuso en la Galería Dalmau de Barcelona. Vuelve a N.Y. y viaja por las Bermudas. Tras regresar a Francia publica “La pintura y sus leyes”. Funda una colonia de artistas en el valle del Ródano. Viajó dando conferencias y, en 1930, Peggy Guggenheim compró muchas de sus obras que forman parte de la colección de la rica americana. Fue galardonado con la Legión de Honor y hoy está considerado un renovador del arte religioso. Murió en Aviñón, departamento de Vaucluse, en junio de 1953.

Edvard Munch

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“Invierno”, 1912. The Munde Museum, Oslo.

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“La tormenta”, 1893.

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“El día después”, 1894-95. Nasjonalgalleriet, Oslo.

Pintor y grabador noruego que nació en Loten en 1873 y falleció cerca de Oslo en 1944. Su sentido trágico de la vida estuvo cimentada en la pérdida de sus seres queridos a temprana edad. Vivió en Berlín y frecuentó París donde toma contacto con los movimientos vanguardistas del momento, sintiendo admiración por Toulouse-Lautrec y Gauguin. Clasificado como simbolista su estilo, sumamente personal, acentúa la fuerza expresiva de la linea, el color no naturalista y el esquematismo. Pronto se relacionó con las esferas políticas y literarias, siendo de destacar su colaboración con el dramaturgo Henrik Ibsen para el que diseña el vestuario y los escenarios de la obra Peer Gynt en 1896. Tras sufrir una enfermedad nerviosa provocada por el abuso del alcohol y por un desengaño amoroso, salió de un hospital siquiátrico en Copenague totalmente restablecido. En 198 vuelve definitivamente a Noruega donde residió hasta su muerte. En 1944 fallece cerca de Oslo y cede a esta ciudad las obras que obraban en su poder. La trayectoria de Munch, como la de tantos pintores, se inicia con obras impresionistas, pero su estilo se va adecuando a su necesidad de expresar la angustia del ser humano y su  vulnerable condición y sufrimiento. “El Friso de la vida” (1893-1918) recoge sus obras más representativas y 22 de estas pinturas se expusieron, en 1902,  con el grupo berlinés Sezessión en las que de nuevo plasma la desilusión del fin de siglo y el hombre como ser sufriente zarandeado por el destino. Las pinturas de Munch decoran el Paraninfo de la Universidad de Oslo; en la Nasjonalgalleriet de Oslo se encuentra “La cámara de la muerte” y “El beso” donde plasma la muerte de su madre y de su hermana. La obra más conocida de Munch sin duda es “El grito”, en la Nasjonalgalleriet de Oslo, donde se refleja la angustia y el horror del ser humano.

Olga Della-Vos-Kardovskaya

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Retrato de Anna Ajmatova, 1914, State Tretyakov Gallery

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Retrato del artista Dimitry Kardovsky, 1913

Pintora y artista gráfica, Olga nació el 2 de septiembre de 1875. Hija de un funcionario, realizó estudios de arte en Karkov y posteriormente, en 1894, en San Petersburgo, en el Instituto de Arte de Superior de Pintura, Escultura y Arquitectura en la Academia Imperial de las Artes. Estudió con Savinsky y en el estudio de Repin donde conoció al que fue su marido, DN Kardosvky. En 1899 el matrimonio se fue a vivir a Munich y con posterioridad a Crimea y a Alupa. El mejor periodo de Olga como artista se produjo entre 1900 y 1910 cuando, bajo la influencia del Simbolismo y del Art Nouveau, su paleta se satura de verdes, rojos y azules, con contornos bien definidos y pinceladas decididas. En 1903 funda con otros colegas la Nueva Sociedad de Artistas y participa en todas las exposiciones hasta 1917 y en las exposiciones mundial de Roma, en la de la Unión de Artistas Rusos y en la de la Asociación de Artistas de Moscú. Realizó distintos viajes por Suiza, Florencia y Roma; fue propuesta como académica, pero los acontecimientos revolucionarios impidieron su realización. En 1923 participó en la exposición de la Asociación de artistas de la Rusia Revolucionaria. Expuso en Nueva York en 1925 en una colectiva de arte ruso. Vivió en Moscú, donde impartió clases de dibujo en los talleres de arte industrial; fue evacuada durante la guerra y finalmente vivió en Leningrado. Sus pinturas y dibujos se pueden considerar lo mejor de la llamada Edad de Plata. Sus obras se encuentran en muchos museos y colecciones privadas, en la Galería Estatal de Tretyakov, el Museo Estatal Ruso y el Museo Estatal de Bellas Artes.

Marie Bradquemond, impresionista

 

 

 

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Paisaje. Camino de jardín. Colección particular

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Dibujo

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Paisaje

Marie Bracquemond, nacida Marie Guiveron, es un caso más de mujer pintora con enorme talento que, como tantas otras, tuvieron que luchar para sobrevivir en unos ambientes predominantemente masculinos y, aun así, tuvo que renunciar a pintar por los celos artísticos de su marido, el también pintor Félix Bracquemond.  Marie nació cerca de Brest en una pequeña localidad francesa y pronto destacó como pintora y dibujante, tomando clases particulares de pintura. Muy pronto, en 1857, una obra suya fue aceptada en el Salón de París, la gran y prestigiada exposición que organizaba la Academia de Bellas Artes. Ingres se interesó por ella y la tomó como discípula, consiguiéndole un empleo como copista de las obras maestras del Museo del Louvre. Allí fue donde conoció a su marido en 1869; se casaron y tuvieron a su único hijo Pierre. En un principio él la animó y seguramente admiraba el talento de su mujer, introduciéndola en los círculos impresionistas; Degas y Monet se interesaron por su obra y la animaron a pintar al aire libre, cosa inusual en una mujer. Expuso con los impresionistas desde 1879 hasta 1886. Gauguin, que estuvo alojado en la casa del matrimonio, dejó su impronta en la obra de Marie. Poco a poco Félix se sintió celoso de la fama de su mujer y ella, abrumada por las discusiones familiares, abandonó la pintura; al mismo tiempo creció el reconocimiento de él con la concesión de la Legión de Honor y la Medalla de Honor de la Exposición Universal de 1900. Un caso tristísimo el de Marie, de la que es difícil encontrar obra suya en las colecciones públicas; solo la labor de su hijo permitió recordar el talento de su madre. Marie murió en 1916.

Preciosa la cabeza de mujer en ese magnífico dibujo.

Matissse y “Las flores del mal”

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para “El don Juan Tenorio” y “Alicia”, y la “Lisístrata” de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire “Las flores del mal”, que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.