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Picasso autor teatral

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Cuando Picasso se refugia en el sur de Francia, tras el divorcio de su mujer Olga, se dedica a escribir; fruto de esos escritos es esta obra de teatro “Les quatre petites filles” título original traducido por Teresa León, mujer de Alberti, como “Las cuatro niñitas”. La obra se publicó por Gallimard en 1969 y vio la luz en su versión española en 1973 en Aguilar. Esta obra teatral dividida en seis actos es absolutamente surrealista. Los diálogos de estas cuatro niñas y sus juegos son propios del teatro del absurdo; ni unos ni los otros tienen un desarrollo ni un desenlace, son juegos de palabras que forman y conforman, aun así, unas imágenes líricas, las menos, pero siempre con una fuerza visual increíble. La crueldad de los niños es lo que queda patente en estos diálogos absurdos. Obra no obstante curiosa, fruto de la mente de este creador innato que fue Pablo Picasso. La portada fue hecha por él mismo.

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Picasso y el Minotauro

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Reproduccion: “Minotauro y yegua muerta frente a una gruta y niña con velo”, Pablo Picasso, 1936

El Minotauro está muy presente en la obra de Picasso y lo representa en diversas obras, esta en concreto refleja muy bien la fuerza , brutalidad y lujuria del mito del Minotauro que fue concebido por Parsifae, esposa de rey Minos de Creta, cuando esta se apareó con un toro. La consecuencia de esta relación fue un ser que tenía el cuerpo de un hombre y la cabeza de un toro. Para el pintor, el minotauro representaba la naturaleza dual del hombre. La mitología nos habla de que lo mantuvieron en el laberinto y que cada siete años se le ofrecían siete jóvenes y siete doncellas para su sacrificio. Y fue Teseo, el héroe, el que se ofreció como víctima y el que consiguió matar a la bestia consiguiendo escapar del laberinto gracias a un ovillo que le había dado Ariadna, la hija de Minos.

Cuando la esposa del pintor, Olga lo abandona, este se refugia en el sur en Juan les Pins, en la Riviera francesa. Su amante estaba embarazada y la Guerra Civil española le afectaba muy directamente, de modo que durante este periodo se dedicó a escribir poesía surrealista y a pintar escenas brutales, como esta en la que el minotauro, que acaba de dar muerte a una yegua, muestra en su rostro una bondad y una sonrisa que contrasta con el horror de la niña tapada con un velo. Una alegoría más de las que el maestro, a su manera, hace un alegato contra la guerra y la brutalidad d los hombres

Juliette Roche

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Reproducciones: 1º Maceta de yaros (velas del diablo); 2º “Bouquet de lys sur fond rose; 3º Naturaleza muerta con follaje y libros, c. 1930; 4º Naturaleza muerta (Jarra blanca con flores) c. 1930

Juliette Roche nació en París el 21 de agosto de 1884 en el seno de una familia adinerada y vinculada con el mundo del arte vanguardista, la nobleza y con Jean Cocteau, ahijado de su padre. Este, Jules Roche, fue miembro del gobierno francés. Juliette estudió en la la Académie Ranson en París donde entra en contacto con Les Nabis. Su obra no solo se ciñe a la pintura, sino también a la creación literaria, el diseño y la poesía, que combina en sus composiciones. Fue en 1913 cuando expuso en el Salón de los Independientes y comenzó a escribir poesía, insertando eslóganes publicitarios. Su inquietud creativa le llevó siempre a la experimentación, a la búsqueda de nuevas formas y expresiones conforme a su espíritu inquieto y nada convencional. Pacifista convencida, cuando se declaró la Primera Guerra Mundial en 1914 viajó con el cubista Albert Gleizes a N.Y., donde participaron en actividades Dadá con Picabia y Duchamp; a la vuelta pasaron por Barcelona, donde expusieron en la Galería Dalmau, que tan unida estuvo con las vanguardias. Después se casaría con Gleizes, por lo que es más conocida como Juliette Roche Gleizes (lo de siempre o más de lo mismo). Colaboró con Duchamp en la preparación de la primera exposición de la Sociedad de Artistas Independientes de 1917, donde participó con obras Dadá. De nuevo en París escribió La Minéralisation de Dodley Cravin Mac Adam, que se publicó en 1919, donde narra las peripecias de Adam Cravin y otros exiliados en N.Y. Publicó también en la revista de Vicente Huidobro. Junto con su marido fundó una residencia de artistas en Sablons, que ofrecía estudios y talleres. Siguió exponiendo en colectivas hasta su muerte acaecida en noviembre de 1980.

En sus cuadros de flores, Juliette, crea formas y pinta flores “inventadas”, algo que me toca muy de cerca, porque yo hago lo mismo. Es la revancha inconsciente, en mi caso así lo es, porque se asocia a las mujeres y las flores a “lo femenino”. Quizás por eso he tardado treinta años en pintar flores, me asqueaba que identificaran o calificaran mi pintura con el hecho de ser mujer. Nada más injusto y contra lo que las artistas en general han tenido que luchar. Todavía no he oído que alguien diga de la obra de un pintor: ¡qué obra más masculina!. Las obras son malas o buenas y punto.

Kenzo Okada

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Reproducciones: 1º Screen I (díptico), 1955; 2º Young bamboo (díptico); 3º No. 3, 1953; 4º Blanco y oro, 1961

Kenzo Okada, nacido en septiembre de 1902 en Yokohama, tuvo que esperar a que su padre, que se oponía a que su hijo se dedicara al arte, muriera para poder dedicarse a su verdadera vocación. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Tokio, pero al igual que su compañero Fujita marchó a París en 1942. En aquella época, ya lo he dicho en varias ocasiones, el centro del mundo artístico estaba en París. En 1927 expuso en el Salon d’Automne y regresó a Japón el mismo año. En 1936 obtuvo un premio del Nikai Group de artistas contemporáneos, pasando a formar parte del mismo de forma vitalicia. Enseñó en la Universidad de Nihon y en la Universidad de Arte de Musashino. Su pintura realista realizada en Japón evoluciona al ir a N.Y. hacia la pintura abstracta, siendo el expresionismo abstracto imperante lo que le sedujo; no obstante, su sensibilidad oriental le hace ser distinto, con una fuerte personalidad que modula las formas y colores con una sutileza propia. En 1952 comienza a exponer en N.Y. en la galería Parsons. Su lirismo y reinterpretación de los efectos decorativos de la pintura tradicional japonesa lo hacen único. La neblina que envuelve sus obras, como sumergidas en agua, prestan a sus pinturas una atmósfera poética más propia del lenguaje escrito. Okada trabó amistad con Mark Rothko y especialmente con los amantes del color. Es un colorista nato. Murió en Tokio el 24 de julio de 1982.

Frantisek Kupka y el Orfismo

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Reproducciones: 1º “Retrato de su mujer”; 2º La escala amarilla (autorretrato), c. 1907; 3º “Discos de Newton, estudio para fuga en dos colores”, 1911; 4º “Estudio para el lenguaje de las verticales”, 1911; 5º “La catedral”, 1912-1913.

Nunca de forma más clara se puede ver por las reproducciones la evolución de su pintura; desde el retrato de su mujer clásico, por cierto muy bueno, a la creación y estudio de la relación entre los colores. Kupka, nacido en la actual República Checa en 1871, estudió y se formó en Praga y expone por primera vez en Viena en 1894. En la primavera de 1896 se establece en Puteaux, en los alrededores de París, donde tiene como vecinos a Duchamp, Apollinaire, Léger, Metzinger y Gleizes. y, aunque expone en el Salón de Otoño en la sala de los cubistas, nunca quiso que se le encuadrara en dicho movimiento ni en ningún otro. A partir de 1911 se pasa a la abstracción, realizando formas circulares organizadas según una disposición rítmica. Se forma el grupo de Puteaux y acude a varias de sus reuniones. A principio se dio a conocer como ilustrador de libros, carteles y como caricaturista. Agrupó su obra artística en cinco categorías: círculos, verticales, verticales y diagonales, triángulos y diagonales. Expuso con otro excelente pintor checo, Alfons Mucha en el Jeu de Paume de París y en el MoMA de N.Y. Se hizo una retrospectiva de su obra en la Galerie Mánes de Praga en 1946 y en el mismo año en el Salon des Realités Nouvelles, donde expuso con regularidad hasta su muerte acaecida en Puteaux en 1957. Kupka se centró en sus teorías del color, que le llevaron a realizar discos que llamó de “Newton”, porque con anterioridad había explorado sir Isaac Newton y Herman von Helmholtz. Su objetivo se centraba en liberar los colores de asociaciones descriptivas, reflejando sus teorías de movimiento, color y la relación entre la música y la pintura (orfismo).

Asenagawa Toharu, el gran maestro

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Reproducciones: !ª Detalle del panel Pájaros y flores c.1570, Panel completo; 2º Cuervos y garzas, 1605-10, detalle y completo; 3º, Detalle y Panel completo derecho de Pinos.

Toharu, nacido en 1539 y originario de Nanao en la provincia de Noto, fue un pintor que comenzó haciendo pinturas budistas; ya a los veinte años era profesional y a los treinta se fue a Kioto para completar sus estudios en la prestigiosa escuela de Kano, que era conocida por sus murales, que decoraban los castillos y las casas de los más poderosos señores de la guerra. Se trataba sobre todo de tinta sobre papel blanco o bien de paneles de pan de oro que eran ostentosos a fin de mostrar el poder de los señores feudales. Su ansia por saber le llevó a estudiar los pergaminos más antiguos de Song, Yuan y Muromachi durante en su estancia en Kioto, de modo que desarrolló su propio estilo de Sumie y volvió al minimalismo de los antiguos. La influencia de Sesshu es evidente en muchas de sus obras, como su biombo de árboles y flores que fueron declarados tesoros nacionales de Japón. Tras la muerte de Kano Eitoku en 1590, Tohaku se convirtió en el mayor maestro vivo de su tiempo y en su taller se produjeron la obras más grandes y elegantes de algunos templos, que se conservan aún. Fue convocado a Edo y el shogun le otorgó el titulo sacerdotal de hogen. Murió a los 67 años-.

La elegancia, finura y trazos delicados de los grandes maestros japoneses están presentes; son la esencia de su pintura.

Corinne (Michael) West

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Reproducciones: 1º Sin titulo,1970–71; 2º Dancing figure 1962; 3º Santuario Cythera, 1979 ;4º Estudio espacial, 1964; 5º Tótem Cubista 1975

Corinne (Michael) West, fue una pintora que, aconsejada por su amigo y amante Arshile Gorky, firmaba con el nombre de Mikael West, como si se tratara de un hombre. Volvemos a prejuicios sobre las mujeres artistas, poco o nada consideradas, como fue el caso de George Sand y George Elliot, que también firmaban con nombres masculinos. Si no fuera tan dramático, me moriría de risa, porque las obras de las pintoras de cualquier época no tienen nada que envidiar a las de sus homólogos masculinos y en muchos casos les superan, pero seguimos viviendo en un patriarcado realmente devastador en muchos casos. y de eso, no hace nada; solo hay que fijarse en los años en que están fechadas sus obras. El caso de Aurelia Navarro, que puse hace poco, es otro ejemplo sangrante, hasta el punto de terminar en un convento. Nacida en Chicago, West comenzó estudiando música, pero después se pasó a la pintura, estudiando en N. Y. con distintos maestros. Tras graduarse, comenzó a pintar como los cubistas y neocubistas. En 1936 realizó su primera exposición individual; en 1946 expuso en N.Y. en la galería Pinacotheca junto a Mark Rothko y Adolph Gottieb. En 1948 se casó en Manhattan con el cineasta Francis Lee. West fue una de las pocas pintoras mujeres miembros del movimiento de la Escuela de Arte de N.Y. Se inspiró en las teorías existencialistas de Bergson tan en boga en esos momentos sobre la “energía viva”. En los cincuenta se dedicó a la acction paintig como una consecuencia lógica en obras como “Space Poetry” de 1956. Siguió exponiendo en las más prestigiosas galerías de N.Y. Después siguió experimentando con collages, caligrafías y tinción. Murió en 1991 en N.Y. Cinco años después de su muerte se hizo una retrospectiva de su obra en la Casa Pollock- Kresner y con posterioridad en la Galería de Art Resource Group en Newport Beach, California en 2010. Está considerada una de la pioneras de expresionismo abstracto. Afirmó que su pintura fue una respuesta a la destrucción de la bomba atómica y a las tensiones que surgieron de la Guerra Fría.

Mary Abbott

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Reproducciones de Mary Abbott: 1ºSin título”; 2º Lucy; 3º “Diamantes y Pájaros2; 4º “Sin título”.

Mary Abbott fue una mujer extraordinaria, que lo mismo hacía de modelo para la revista Vogue que hacía de anfitriona para cenas en su casa de la calle Décima de Manhattan en N.Y. donde reunía a pintores e intelectuales. Nació en el verano de 1921. Esta artista estadounidense fue miembro de la Escuela de Expresionistas Abstractos de N.Y. a finales de los años 40 y 50. Desde muy jovencita, a los doce años, estudió en la Art Students League y más tarde siguió las enseñanzas de George Grosz. Aprendió de grandes maestros como Cimabue y Tintoretto pasando por Delacroix, Cézanne o Matisse. En 1943 se casó con el también pintor Lewis R. Teague. Amante de la obra de Marcel Proust y de la de Picasso. Fue confidente y musa de De Kooning y su obra influyó en la de Willem sobre todo en la década de los cincuenta. El gestualismo, su enérgico trazo arrastrando la pintura, su colorido vivo, su constante exploración lo expresó así: “la intensidad de la Naturaleza Viviente a través de mí misma, utilizando el medio, la pintura, el color, y la línea que definen la poesía del espacio vital”. Después de la Segunda Guerra Mundial se unió al “Grupo del Centro”. Fue una de las tres mujeres miembros del Artist’s Club en N.Y., junto con Perle Fine y Elaine de Kooning. Realizó muchas exposiciones individuales y colectivas en EEUU y en el extranjero, incluida en la The Persistence of Abstraction en el Museo Estatal de Bellas Artes de Pushkin, Moscú. En 2011 recibió el premio Art Hampton Lifetime Achievement Award que galardona la obra realizada por una artista cuya contribución ha sido importante en las artes visuales.

Aurelia Navarro y Velázquez

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Reproducciones, “Desnudo de mujer” de Aurelia Navarro y “La Venus del espejo” de Velázquez, por este orden.

La vida y, como consecuencia, la obra de esta gran artista granadina estuvo dominada por una sociedad patriarcal que la marcó de forma tremendamente cruel. Y de ello no hace tanto; fue en 1882 cuando nace Julia Navarro en Granada en una plaza situada entre el Generalife y el Albaicín. La belleza de la ciudad que hizo llorar a Boabdil al rendirla dicen los entendidos que rodeó a la pintora, que formó su sensibilidad y la llevó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios donde Tomás Muñoz Lucena influyó en su quehacer artístico, de manera que marcha a seguir sus estudios en Madrid animada por su maestro. Y es allí donde se presenta a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y obtiene la tercera medalla del jurado. La notoriedad que va obteniendo, sin embargo, fue el motivo por el que su padre la hace regresar a Granada, como narra la doctora Matilde Torres López, para hacerla ingresar en un convento de la orden religiosa de las Adoratrices en 1923, truncando de esta manera su carrera artística, aberración que hoy nos parece impensable. Esta artista se atrevió a firmar sus cuadros, a pensar y recrear su mundo como hoy. puede hacer cualquier artista femenina. Otra cosa es que, como hemos visto en muchos casos, la obra de una mujer casi siempre supone una carrera de obstáculos frente al de sus colegas masculinos. Además tuvo la osadía de pintar este bellísimo desnudo, que se supone fue autorretrato, porque pintar el modelo en vivo también les estaba vedado a las pintoras. Los manuales de historia del arte han borrado su nombre y su familia ha contribuido a todo este disparate. Se calcula que pintó un centenar de obras entre 1904 y 1916. A María López Fernández, que ha investigado la imagen de la mujer en la pintura española, este caso le recuerda al de Camille Claudel (1864-1943); otro caso sangrante, pues terminó ingresada en una institución mental en Mondevergues (Francia). Lo que demuestra que en todo el mundo cuecen habas, como reza el dicho popular. Mujer, feminista y pintora en el siglo XIX y aun en el XX, una osadía y una locura… No sé que hacer: soy mujer, feminista y pintora, y nací en el siglo XX… Mon Dieu, quel horreur!

Santa María Novella II (Florencia)

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Fotos, Bárbara

El interior de la iglesia de Santa María Novella de Florencia me impresionó nada más entrar por la gran cruz de Giotto, que me dejó sin palabras. Después ya me fui fijando en el altar mayor con su fantástico labrado y las vidrieras, esas que filtran la luz de modo que los fieles o no en la época de las grandes catedrales debían quedar fascinados e impresionados. Toda esa magnificencia iba dirigida al pueblo llano, poco letrado e instruido de entonces. Ese ambiente y la grandiosidad de la nave central y las laterales con sus correspondientes capillas con ricos retablos, magníficos, como el de la última fotografía, dan fe de la riqueza de la iglesia y de cómo su poder se ponía de manifiesto. Cierto es que los grandes artistas, gracias al mecenazgo de la misma, pudieron realizar sus obras maestras, que nos han llegado hasta hoy con toda su belleza.

Siento que las fotografías no sean muy buenas, el día era gris y mi máquina muy normalita.