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Picasso antes de Gósol

Picasso y Fernande Olivier

Picasso y Fernande Olivier

 

Esta foto tan conocida de Picasso tiene la curiosidad de ser del día anterior al viaje de la pareja a Gósol; junto a ellos está Ramón Raventos y está fechada el sábado, 26 de mayo de 1906 y la firma Joan Vidal Ventosa.

Picasso en Gósol y después…

Picasso

Picasso: “Desnudo de Fernande Olivier”, 1906. Gouache sobre papel Ingres. Museo de Arte de Cleveland

 

Picasso

Picasso: “La dona dels pans (Fernande Olivier)”

 

Picasso

Picasso: “Fernande Olivier con pañuelo”.

 

Picasso

Picasso: “Josep Fontdevila”

 

La gran aventura de Picasso, el paso de su pintura hacia la modernidad, se produce después de su viaje a Gósol; es en este pequeño pueblo de los Pirineos, al que llega acompañado de Fernande Olivier, donde se gesta el cambio. Entre mayo y agosto de 1906, rodeado de montañas resuelve su búsqueda particular del retrato mediante la cual captará la esencia del personaje. A la vuelta de Gósol, Picasso, que había empezado el retrato de Gertrude Stein el año anterior, y tras más de un centenar de sesiones infructuosas, puede por fin finalizarlo en una sola tarde. En Gósol cambia no solo su paleta, donde predominan los tierras y sienas, sino el tratamiento estilístico que dará paso a los rostros máscara con la geometización de las formas e incluso de la estructura craneal; el cuerpo no se corresponde con la cabeza que es, ahora, una estructura pesada y poderosa. A la vuelta de los Pirineos no solo termina el retrato de su mecenas, sino que, ya instalado en París, comienza “Les senyoretes d’Avinyó”. Son de la estancia en Gósol estas obras con Fernande Olivier como protagonista, pero es en el último retrato, el de Josep  Fontdevila, el propietario de Cal Tampanada, la fonda donde están alojados, donde se aprecia con mayor claridad la simplificación  y el despojamiento del modelo, la resolución a base de planos de la cabeza de este payés y la sintetización de sus rasgos ya como una máscara. Se puede afirmar que el viaje a Gósol es sumamente productivo.  No obstante, en una carta a Apollinaire, fechada el 21 de junio, Picasso se queja del tiempo, del frío que hace y que cuando llueve se inunda todo y, de esta manera, también se queja de la comida: “Res de tomàquets, ni pebrots, ni olives, ni res del que s’assenyala com a molt espanyol… de fruites res de res”.

 

Picasso en “La Rotonde”

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling.

Jean Cocteau: Picasso, Pâquerette y Moïse Kisling, 1916. París.

 

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling y Max Jacob

Jean Cocteau: Picasso, Pâquertte, Kisling, Max Jacob y Manuel Ortiz

Picasso, con gorra de visera a cuadros en la primera foto de Jean Cocteau que, sentado en la famosa “La Rotonde”, sita en el 99 del Boulevard de Montparnasse, comparte mesa con el también pintor Kisling y con Pâquerette su amante de turno. En la segunda, de la misma fecha, aparecen también Max Jacob y Manuel Ortiz.

Marc Chagall y Picasso

Marc Chagall y Picasso

Marc Chagall y Picasso

 

Desconozco quien es el autor de la fotografía, pero lo que es indudable es que se lo están pasando muy bien y se ríen a mandíbula batiente; muy “coleguillas” y cómplices ellos.

Le Lapin agile (Le Lapin à Gill) II

Interior de "El Lapin agile". Escuchando al Père Frédé, Midigliani, Francis Cascs, Paul Fosrt y Gaston Conté

Interior de “Le Lapin agile”. Escuchando al Père Frédé, Modigliani, Francis Casco, Paul Fort y Gaston Conté

La historia del más famoso cabaret de Montmartre, “Le Lapin Agile”, se remonta al año 1872 cuando el lugar se llamaba “À ma campagne” y su propietaria era una antigua bailarina de cancan llamada Adèle. En 1880 se conocía como “Cabaret des assassins” y su propietario encargó al caricaturista André Gill un cartel para la fachada de su local; el artista pintó un conejo escapándose de una cazuela. El cartel tuvo tanto éxito que se empezó a conocer como “Le Lapin à Gill” (El conejo de Gill) que con el transcurso del tiempo se convirtió en “Le Lapin agile” (El conejo ágil).

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Monmartre.

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Montmartre.

A principios del siglo pasado, el matrimonio Berthe Sébource y Frédéric Gerad, apodado Le Père Frédé, se hacen cargo del cabaret. Le Père Frédé, personaje pintoresco, reunía en el local a artistas como Braque, Modigliani, Max Jacob, Picasso, Utrillo, Apollinaire… junto a su fauna particular, una corneja amaestrada, el mono Théodule, la cabra Blanchette, un perro, varios ratones blancos y, el más famoso de todos, el asno Lolo, nombrado el pintor Boronali por un grupo que frecuentaba el local; al burro le ataron un pincel en el rabo con el que pintó un lienzo que llevaron y se expuso en el Salón de los Independientes, con el título: “Coucher du soleil sur l’Adriatique”, que tuvo un gran éxito de crítica. Le Père Frédé, excéntrico y peculiar, calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, alimentaba a sus artistas a cambio de poemas, canciones, dibujos y cuadros que se colgaban en las paredes del local.

Interior del establecimiento

Interior del establecimiento

En las humildes paredes del local se colgaron cuadros que hoy están en los mejores museos del mundo. Picasso colaboró con dos obras,  entre ellas la excelente “La femme à la corneille”, retrato de Margot Luc, hija de Berthe, y de la corneja amaestrada, a caballo entre la época azul y rosa.

Tertulia en el exterior.

Tertulia en el exterior. Modigliani junto al Père Frédé

En la actualidad está abierto al público, si tienen curiosidad está en el número 22 se la rue des Saules, al lado de los viñedos más antiguos de París.

Picasso: Acróbata y joven arlequín

Picasso: Acróbata y joven arlequín.

Picasso: “Acróbata y joven arlequín.” París 1905. Gouache sobre cartón. 105  x 76. Propiedad privada.

 

 

Reproducida en el periódico “La plume” el 15 de mayo de 1905, esta obra realizada en gouache sobre cartón de Picasso fue confiscada por los nazis en 1937 y puesta a la venta en Lucerna en la Galería Fischer el 30 de junio del 39 en la subasta:  “Vente de tableaux et sculptures de maîtres modernes provenant des musées allemands”.

En 1905 el “periodo azul” ha concluido, el color va imponiéndose, tímidamente al principio, en tonalidades más ricas y variadas. Las figuras son dibujadas con gran precisión y notable es la atención que Picasso pone en las manos, alargando los dedos a la manera de los primitivos catalanes; sus manos son expresivas y se diría que transmiten sentimientos, como si ellas hablaran. En esta obra en concreto no se aprecia ese carácter expresivo de la manos, como es evidente en “El guitarrista ciego” y “La muchacha de la corneja” por ejemplo, de modo que, si rastreamos, se puede ver que es un rasgo común en ambos periodos, general en toda la pintura española.