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Los troncos secos

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Los nudos de la madera son como señales de tráfico, redondas ellas, para que las plantas se paren justo ahí o para seguir creciendo a su aíre según les venga en gana: son, la verdad, bastante anárquicas.

La higuera

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Me han regalado esta higuera verdal, esa que da higos y no brevas, y desde que llegó no paro de mirar los higos, que se asoman por la ventana del comedor; por la noche, con la fresca -es un decir-, desde la tumbona la observo y me siento como una niña con zapatos nuevos. Los árboles, esos seres vivos que nos acompañan, son el mejor regalo que una puede recibir.

¡Rebasadas las 100.000 vistas!

Foto: Bárbara

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La hoja del plátano, así ondeando al viento como una bandera vegetal para saludar y dar las gracias a todos los amigos y seguidores de la Estirga Burlona que lo han hecho posible. Sé de buena tinta que ella, subida a una de las torres de Notre Dame, está muy contenta observando a los miles de turistas que en el Parvis esperan su turno para subir hasta lo alto. Y desde allí os manda un beso y yo, emocionada, un millón de gracias.

Lo que nos acompaña…

Foto; Bárbara

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Foto: Bárbara

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Lo más natural para que nos acompañen durante el verano son los materiales que la naturaleza nos brinda, las fibras vegetales y la madera de los troncos de viejos árboles que han cumplido su ciclo vital. Nada como ellos para no sentirnos tan urbanitas y recobrar el latido que nos ata a la tierra.  Se inaugura el mes de junio y el día 21 a las 6:38 de la tarde,  el solsticio de verano nos llama a la fiesta.

Plateándose al atardecer

Foto: Bárbara

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Estar agazapada buscando un tono, según las horas, no es nada nuevo ni original pero es cuanto menos muy entretenido y el tiempo pasa volando.

Violetas africanas… y la fiebre pictórica

Foto: Bárbara

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Cuándo subo una foto es que no tengo tiempo para nada, la cosa es así y para qué disimular. Oigo estornudar a la vecina por aquello de las  alergias o de la fiebre del heno y pienso en mi afección: «fiebre pictórica o de estudio» con el pincel en la mano… causa los mismos estragos y remite a su voluntad… , me digo resignada.

Foto: Bárbara

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Me invade la primavera… y me sorprende.

Foto: Bárbara-

Foto: Bárbara

 

No sé si porque este invierno ha sido raro, muy lluvioso para estas latitudes o si yo tengo un año más, el caso es que encontrarme por primera vez con esta Nepenthes Alata, planta carnívora procedente de Borneo, Sumatra, Australia o Nueva Guinea, me alegra como si esto fuera una fiesta. Las variedades gigantes pueden llegar a engullir hasta pequeños monos, prefiero no pensarlo y contemplar la belleza y curiosidad de las «jarras» donde los insectos atraídos por el perfume y el néctar se adentran en la capucha sin posible retroceso…

 

Foto: Bárbara

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De la maceta cuelga la Nepenthe, que necesita un sustrato liviano y que drene bien, si no las raíces se pudren. Me voy del vivero, tras este hallazgo, más contenta que unas pascuas.