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Mercado de la Paja (Florencia)

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Mercado de la Paja (Florencia). Foto: Bárbara

Hay dos mercados en Florencia que conviene visitar, al margen de que queramos comprar algo o no. Uno es el que se pone en las calles cercanas a la iglesia de los Medici, San Lorenzo, y este de la foto, llamado el de la Paja, porque antiguamente se ofrecían sobre todo cestería y todo tipo de objetos hechos con fibras naturales. En la actualidad en ambos se encuentra de todo, pero son de destacar los trabajos hechos en cuero. Pasear por estos mercadillos, sin prisa, es  una delicia y un buen lugar de observación, porque no solo lo visitan los turistas sino la gente del país.

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Mercado callejero de S. Lorenzo. Foto: Bárbara

La Casa Museo del Dante

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Casa Museo del Dante (Florencia). Foto: Bárbara

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Casa Museo del Dante (Florencia). Foto: Bárbara

Tengo que volver a Florencia porque todavía tengo mucho que ver y respirar del Oltrarno. Detesto ir corriendo de un lado a otro; me gusta sentarme y sentir el ritmo, el pulso de las ciudades. Florencia, curiosamente, me pareció desde el principio un lugar conocido aún no habiendo estado antes. fue como volver a casa. Esa sensación extraña no me abandonó durante toda la estancia que hubiera deseado fuese más larga.

Interior del Palazzo Vecchio

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Fuera queda atrás el hoy; dentro, un mundo desaparecido que nos asombra por su riqueza y belleza deslumbrante. Después viene la reflexión: ¡tanto para tan pocos! y ¡no obstante, el poder apoyó el arte como en ningún otro momento histórico!

Palazzo Vecchio

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El Palazzo Vecchio visto desde la Piazza della Signoria y desde la  terraza de la cafetería de los Uffizi. Allí me gustaría estar tomándome una cerveza bien fría, observando los escudos y el de la flor de Lis, emblema de los Medici, que se encuentra por toda Florencia; Margarita de Medici lo introdujo en Francia y desde entonces es más francés que el Sena, así son las cosas y allí se quedó como emblema real.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Y aunque uno tenga las ganas de dar el salto y tocar la cúpula del Duomo,  tan a mano, como que no te dejan…

 

En la Piazza della Signoria…

Foto: Bárbara

El rapto de las sabinas de Giambologna. Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Bárbara

Hércules y Caco de Bandinelli. Foto: Bárbara

En la Piazza della Signoria de Florencia, la escultura de Bandinelli acoge siempre a las palomas.

En la Loggia dei Lanzi, que toma su nombre de los lanceros, guardia personal de Cosme I, diseñada por Orcagna, “El rapto de las sabinas” de Giambologna de 1583 nos admira por los pliegues de la tela, por la admirable disposición de los volúmenes y “el barroquismo” de las formas.

¿Qué se puede hacer…?

Palacio de los Medici (Florencia) Foto: Bárbara

Manifestación ante el Palacio de los Medici (Florencia) Foto: Bárbara

Gritar y gritar hasta que los tímpanos de los que se hacen los sordos se queden sin sonido.

¿Se pueden controlar las fronteras ante las oleadas de personas que huyen del hambre, de la represión, de la guerra? Ayer la primera medida a nivel europeo era reforzar las fronteras para evitar el mal llamado “efecto llamada” y por otro lado la no aprobación de mayor presupuesto para la ayuda de los también mal denominados “emigrantes”, es decir, seguir con las políticas de los últimos años cuya eficacia ha sido nula; medidas cicateras y nada solidarias. Lo que se está produciendo en el Mediterráneo es una catástrofe de proporciones inhumanas que va ha aumentar de forma exponencial. Ya no es un problema que afecta solo a Europa, incapaz de solucionar o tomar medidas eficaces, tampoco atañe, por lo visto a Naciones Unidas; ¿a quién entonces? Si estamos metidos hasta las cejas en la globalización que nos hace vulnerables, ¿para qué queremos la puñetera globalización, cuando la vida de miles de ciudadanos importa poco o nada? No se toman medidas a nivel global, sino solo cuando las “mafias financieras” lo consideran oportuno y necesitan espoliar nuestros bolsillos; entonces sí, todos somos ciudadanos de un mundo global. Pero ellos, carroñeros ante la tragedia, miran hacia otro lado mientras las mujeres embarazadas tienen que parir en una patera, cuando los niños se ahogan o mueren de hipotermia… ¡qué más da si son negros y hay muchos! Vergüenza. Y horror.

Hace tres años, frente al palacio de los Medici, en Florencia, un grupo se manifestaba contra la tragedia de Lampedusa; no se hizo nada y ahora son miles los condenados, los que se arriesgan a morir en el mar porque en sus países de origen ya están muertos. Vergüenza, vergüenza e impotencia…, pero algo hay que hacer aparte de indignarnos; como poco, salir a las calles y gritar hasta que los tímpanos de los que se hacen los sordos se queden sin sonido.