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Un piquito

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Foto Jero

Dos palomas haciéndose arrumacos y dándose un piquito como dos tortolitos. ¡Ya no podría prescindir de tus magníficas fotos, Jero! Muchísimas gracias.

Nadando la gaviota

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Foto Jero García

Preciosa fotografía que me envía Jero desde Ceuta. El mar es para muchos de nosotros algo imprescindible; los que hemos vivido siempre cerca, despertándonos cada mañana con el azul por horizonte, cuando por circunstancias nos alejamos de él, sentimos su ausencia de forma muy intensa, como si nos faltara el aire. Y esa carencia está siempre presente, Por eso esta imagen tan marinera me encanta y quisiera ser gaviota y chapotear junto a ella y disfrutar del mar sin prisas.

Mariposa

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Foto Jero García

Recuerdo que, cuando iba al instituto de Mahón, el profesor de dibujo nos hacía copiar unas láminas de mariposas que me gustaban mucho; los ocelos eran distintos y me llamaban mucho la atención; lo curioso es que todas las láminas eran en blanco y negro y yo pensaba: «con la variedad de colores que hay en la naturaleza…»

Tomando el sol al atardecer

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Foto Aurelio

Y aunque ya no les dé el sol directamente siguen tan tranquilos subidos en el muro, quizás observando como van saliendo las nuevas hojas de la bignonia. Lo bueno de esta época es contemplar los brotes con ese color fresco y tierno tan primaveral.

Tortugas

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Fotos, Jero García

Las tortugas me parecen unos animales preciosos. No tienen prisa, van despacito y a su aire. Parecen imperturbables y tranquilos, y eso me gusta. Tuve una, hace muchos años, que se llamaba Emilia; a ella le gustaban mucho el tomate y la lechuga. Un día se cayó desde la terraza de un tercer piso y no se hizo nada, en realidad no se cayó por que fuera torpe, resulta que se metía en el comedero de la perra y esta le cogió ojeriza y un día le dio un golpe tan grande que la lanzó contra la barandilla de la terraza con tan mala suerte que se coló entre el espacio que quedaba, cayendo desde un tercer piso a la calle. Cuando veo una me acuerdo de ella, siempre con su casa acuestas; esa es una gran ventaja que nosotros no tenemos porque la roulotte no forma parte de nosotros. Si el tiempo cambia, pues para adentro y listo; que llueve, pues lo mismo. Así es y me parece envidiable. De pequeña quería ser tortuga como Emilia. Tras ese incidente decidimos que no podía convivir con la perra y la llevamos a un refugio para animales. Un día, viendo la televisión la vi, y estoy segura de que era ella porque como Emilia dormía en mi estudio llevaba en el caparazón una manchita de pintura…

Rana europea

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European edible frog amongst duckweed, the Netherlands

Rana europea

Supongo que debo tener un gusto por ciertos animales que a la mayoría no les agrada. Lo digo porque a mí las ranas me encantan; las veo muy graciosas. Lo mismo me pasa con los caracoles. ¡Qué le vamos a hacer cada uno es como es!

Así de guapa se ve la rana europea común, un anfibio que se encuentra en cualquier hábitat donde haya estanques de reproducción cerca. Tuvimos una que tal como vino se fue. Un día la encontramos apoyada en una hoja de nenúfar, cuando teníamos un macetón con una planta que había llenado la superficie. Parecía que estuviera asomada a una ventana. Era preciosa, pero un buen día desapareció. ¡Una pena!

De película de Hitchcock

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Foto, Jero García

La reunión de pájaros, en este caso palomas, nos evoca la película de Hitchcock en la que dicha reunión nada bueno presagiaba. Si bien es cierto que esa quietud era inquietante porque los pájaros como convocados, por no se sabe que impulso, de repente se volvían furiosos atacantes de los humanos, al mismo tiempo que se precipitaban y chocaban contra los objetos de manera que, a la vez, parecía un suicidio colectivo. La comunicación entre animales de una misma especie es bien sabida como en el caso de los delfines y, me pregunto si sucede en todas ellas. Lo curioso de la película «Los pájaros» es que estos parecen obedecer una orden, pero de quién… o mejor dicho por qué sienten la necesidad de atacar si no son atacados, si no lo hacen como lo harían los depredadores… En fin como diría mi admirado Julio Cortázar: ¡me encantan los puntos suspensivos! Y a ti Jero un sinfín de gracias por tus fotos tan evocadoras.

EL vuelo de la gaviota

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Foto, Jesús Juárez.

¡Qué ganas ya de mar, de aire que sabe a sal, de olas y de pájaros marinos que planean sobre las olas! Todo esto me sugiere esta preciosa foto de Jesús, mil gracias, como siempre. Si es verdad que una imagen vale más que mil palabras, sobra lo que pueda decir, ella lo dice todo.

LA SALAMANQUESA

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Fotos Bárbara

Sé que por el jardín de casa hay varias salamanquesas que de vez en cuando se dejan ver como esta. Y ahora debe ser época de cría porque las he visto muy pequeñitas. En Aragón las llaman dragones y eso me hace mucha gracia. Guapas, lo que se dicen guapas no son, pero si muy majas porque se comen mosquitos y otros bichejos desagradables. A mi desde siempre me han gustado mucho, pero son tan rápidas y se esconden al menor ruido, que no me da tiempo de poder contemplarlas como quisiera. Creo que les encanta tomar el sol, lástima que sean tan vergonzosas.

El desconcierto de Lobo

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Lobo se encontraba en una situación inusual. El tiempo pasado en la lobera cuando el frío invadía la tierra dejaba paso a una primavera inaceptable. Jamás había vivido algo parecido. Sus pezuñas se hundían en el barro y notaba que en el aire, a veces, olía diferente; constató que ya no nevaba y que las tormentas invernales habían desaparecido para dar paso a otra estación. Y su memoria animal o su instinto le empujaba a subir a los riscos en busca de presas. Lobo se despertaba con un rugir de tripas que le anunciaba algo inevitable e ineludible: tenía un hambre canina que tenía que saciar. Y menos mal que, ya viejo, no tenía alrededor pequeños lobeznos que alimentar. Por un instante añoró tiempos pasados, pero recordó que entonces las estaciones se sucedían de forma regular. Hacía tiempo que no aullaba a la luna y ahora, que ya era el momento, sucedía algo que no sabía explicar. Un día notaba calor y al siguiente una lluvia torrencial que salpicaba hasta su guarida le dejaba inerte en el fondo contemplando con asombro esa tormenta propia de los trópicos. Su pensamiento, entonces ensimismado, le llevó a la conclusión de que el tiempo se había vuelto loco o que él estaba como una cabra. ¡Y esto último si que no!