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De la serie Negro sobre Blanco

Foto: Bárbara Carpi

De la serie Negro sobre Blanco, número 2, técnica mixta sobre lienzo. 2013. Foto: Bárbara Carpi

 

Aunque siempre se me ha considerado fundamentalmente colorista, he ido intercalando, en mi trabajo, momentos en que el blanco y negro tomaban protagonismo, excluyendo cualquier nota de color que me apartara del puro gestualismo que estos me brindaban.

Retrato de Aurelio Serrano Ortiz

Bárbara Carpi: "Retrato de Aurelio"

Bárbara Carpi: “Retrato de Aurelio”, Óleo sobre lienzo, 56 X 47.

 

Uno de los pocos retratos pintados al aire libre, mientras mi compañero, de más de cuarenta años de convivencia, Aurelio, estaba postrado en la cama por culpa de las lumbares y alguna que otra cervical díscola. Lo pinté en el balcón, para no molestar su descanso, mientras le observaba por el rabillo del ojo por si necesitaba algo que le pudiera aliviar el dolor. De modo que el retrato tiene su historia… y su cariño.

 

 

Retrato de Joaquín Carpi

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Cuando el retratado es parte emocional importante en la vida del que lo hace es difícil ser objetivo a la hora de enjuiciar el resultado final. Aparte de intentar que el parecido sea evidente, se busca -y lo he buscado- que la mirada, que es por donde eso intangible que llamamos alma se asome, siga transmitiéndonos toda la calidez que trasmitía en vida. Este hermoso ser humano que era mi abuelo, hombre de letras, culto, erudito a la par que bueno, admirador del mundo sensible y de todas las criaturas que forman la naturaleza, me legó lo mejor que un ser humano puede legar, el amor por todo lo que forma el mundo donde habitamos. Amor y respeto y la alegría por sentirnos vivos, solo eso y nada más ni menos que eso.

Bárbara Carpi, autorretrato

Bárbara Carpi:

Bárbara Carpi: “Autorretrato”. 1996. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

Tenía entonces 22 años, todo hay que decirlo, y venía de vivir mi primera experiencia parisina, casi nada. Muy gauguiniano y con acentos vangoghianos, que era lo que entonces me apasionaba. Retratarse a uno mismo tiene la dificultad añadida de no caer en la tentación edonista de embellecer lo que la naturaleza nos ha dado. No era esa, pues, mi intención, pero en todo caso los colores de esos dos pintores, a los que todavía adoro, favorecen a cualquiera. En mi descargo, también, ¿quién no ha tenido unos bonitos 20 años?.

Bárbara Carpi, retrato de Aurelio Serrano García

Bárbara Carpi: "Retrato de Aurelio". Óleo sobre lienzo. 2015.  65 x 54. Foto: Bárbara.

Bárbara Carpi: “Retrato de Aurelio”. Óleo sobre lienzo. 2015. 65 x 54. Foto: Bárbara.

 

Bárbara Carpi: "Retrato de Aurelio". Detalle

Bárbara Carpi: “Retrato de Aurelio”. Detalle.

 

Este retrato de mi hijo durmió durante años en el estudio y, cuando lo retomé hace unos días, lo hice como se hacen estas cosas, por un impulso que no admitía más demora, con pasión y por auténtica necesidad.

Bárbara Carpi: poema

Bárbara Carpi: "Las hoces" (fragmento II). 163 x 98 cm. Óleo sobre lienzo, Colección privada.

Bárbara Carpi: “Las hoces” (fragmento II). 163 x 98 cm. Óleo sobre lienzo, Colección privada.

 

Poemas de Nina

En el quai

 

Te vas y el aire

y la carne dolorida;

dentro de la noche

escucho tus pasos que se alejan

y los míos ya siempre

en otras direcciones.

 

De “Los poemas de Nina”, libro inédito de poemas de Bárbara Carpi.

“Las Hoces” de la exposición “En torno a Zóbel”. 1987.

Henry Miller: “Cartas a Anaïs Nin”

Bárbara Carpi. Oleo sobre papel.

Bárbara Carpi. Oleo sobre papel. Carpeta instrumentos musicales, París 2007.

Imprescindible este autorretrato del propio escritor americano a través de las cartas que durante quince años, los más fructíferos de su carrera, le envía a su amiga, amante y confidente, la también escritora Anaïs Nin. Estas “cartas” escritas en papeles de cualquier tipo -en sobres, en menús…- sin ánimo de ser publicadas posteriormente, nos dan cuenta del Miller ser humano en sus batallas diarias para sobrevivir como escritor en aquel París anterior a la guerra y de ese mundo en lo que todo pasaba en la Ciudad Luz. En ellas nos encontramos con el escritor tenaz, divertido. escandaloso, fascinado por el viejo continente, por su “madre, amante y musa”: Francia. Dos sensibilidades, Anaïs y Henry, unidas por su imperiosa necesidad de expresarse, de publicar sus respectivas obras y el estímulo que ambos artistas se procuran. El excelente escritor cobra aquí una dimensión distinta a la del libertino y escandaloso autor de relatos eróticos que sin duda lo fue para aquellos años en la convencional Norteamérica. Su lenguaje desinhibido, directo, explícito, demasiado explícito para muchos, se nos revela con una personalidad cautivadora y vitalista y cuya receptora, Anaïs, no le anda a la zaga en cuando a sensibilidad y categoría intelectual.

El autor de “Trópico de Cancer” y “Trópico de Capricornio”,  termina con”Primavera Negra”, la trilogía que dedica a Anaïs. La sordidez en las relaciones humanas, la poesía y el sexo se aúnan en estas obras que palpitan de vida. Esta última fue publicada en París en 1936.

Acabo de releer “Días Tranquilos en Clichy” , publicada en 1940 en París y después reescrita en 1956 y finalmente publicada eb EEUU tras muchas vicisitudes, tachada de inmoral. El descaro y, repito, la poesía se enlazan con elementos rabelaisianos; la gran diferencia entre un relato erótico o pornográfico, para mí a estas alturas, estriba en que esté escrito por un mal o por un excelente escritor, ese es el caso de Miller junto con el gran Rabelais.