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Dos edificios que me encantan

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En la plaza de las Flores. Foto: Aurelio Serrano

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Edificio Cerdán. Foto: Aurelio Serrano

En la Plaza de las Flores, lugar de encuentro recoleto, y bullicioso en días de fiestas, es imprescindible degustat las famosas marineras que en Murcia es la reina de las tapas junto con el pulpo al horno. Otro lugar imprescindible es la Plaza de Santo Domingo y sus terrazas.

Pablo Picasso y sus hijos

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Picasso con Jacques Cocteau y su hijo viendo una corrida de toros

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Picasso trabajando con su hija Paloma

En la primera fotografía la emoción del momento se ve reflejado en el gesto de los tres, incluido el dedo que el hijo de Picasso mete en la boca de su padre. En la segunda, padre e hija afanados en la pintura y el dibujo.

Oscar Wilde, vestido como Salomé

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La foto no tiene desperdicio, es muy divertida. En la época victoriana una persona como él tuvo que sufrir humillaciones que hoy nos parecen increíbles. La inteligencia y sentido del humor,  la  sutil ironía que tenía le permitió enfrentarse a las mentes retrógradas de su época. Si no recuerdo mal hubo un juicio por su condición de homosexual que tuvo mucha repercusión. Menos mal que los tiempos cambian las cosas aunque aún hay muchos países donde son perseguidos e incluso condenados a muerte; es una barbaridad que debería hacer reflexionar a todos. La condición sexual de cada uno debe ser respetada por encima de cualquier otra consideración, porque cada ser humano es libre para vivir su sexualidad como quiera.

Más tortugas

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Foto: Gero

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Foto: Gero

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Foto: Gero

Nuevas y preciosas fotos de tortugas que me envía Gero  y que le agradezco mucho porque él sabe lo que me entusiasman esos animales que van despacito con su casa a cuestas. De ellos deberíamos aprender que viviendo sin prisas, sin estrés, se consigue vivir muchos años, siguiendo el dicho italiano: “qui va piano va lontano…”

 

La bola de cristal

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Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Preciosa y curiosa foto de una bola de cristal que desde hace unos días preside una mesa baja que tenemos delante de uno de los sofás del salón. Desde hacía años Aurelio tenía ganas de tener una, no por que jugara a ser pitoniso ni adivino, sino por el objeto en sí, que es realmente muy bonito. Fue una sorpresa, algo que no se podía ni remotamente imaginar, de modo que esta vez acertamos de pleno. La cara de sorpresa que puso fue todo un poema. Creo que es el regalo que más nos ha gustado hacer y el mejor recibido. Así da gusto; en el fondo todos llevamos dentro el niño que fuimos.

Tortugas, esos animales increíbles

 

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Foto: Gero

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Foto: Gero

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Foto: Gero. “Reunión o acto social”

Daría lo que fuera por tener una; desde pequeña me entusiasman, con ese andar tan pausado y peculiar. Ya sé que la mora está superprotegida, lo cual me parece muy bien, pues quedan muy pocas. Estas de las fotos no sé si lo son, porque reconozco mi ignorancia tortugil. Hace muchos años tuve una, que la llamábamos Emilia, tal como la bautizó nuestro hijo, que se metía en el comedero de mi perra y la perra le tenía una inquina tal que llegaron a ser incompatibles y, en cuanto nos descuidábamos, la lanzaba contra la pared hasta que un día la tiró por entre los barrotes del balcón a la calle; nos quedamos horrorizados y la fuimos a buscar enseguida, pensando que se habría destrozado; ante nuestra sorpresa, sólo se hizo una pequeña brecha en la concha que le curó el veterinario y se le soldó;  en vista del panorama la dejamos en un refugio. A los pocos meses la vimos por la televisión en un programa que hicieron sobre ese refugio para animales, la reconocimos por esa especie de brecha y estaba tan pimpante y bien que pensamos que habíamos actuado correctamente. Y como a estas, cuyas fotos me manda Gero, le encantaba el tomate y las hojas de lechuga.