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Las sabinas de la isla de El Hierro

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Las hermosas y espectaculares sabinas rastreras de la isla de El Hierro (Islas Canarias) se encuentran en un Parque Rural, concretamente en La Dehesa. Las sabinas son árboles de lento crecimiento que los constantes vientos alisios moldean en estas formas caprichosas, pero de enorme belleza. Poseen un tronco muy ramificado, grueso y retorcido. Algunos de estos árboles son centenarios y llegan a medir hasta los seis metros. Su corteza áspera de color marrón rojizo, se vuelve pardo oscuro al envejecer. No es de extrañar, pues, que sea la sabina el emblema vegetal de la isla, su símbolo. La belleza de esta pequeña isla del archipiélago canario es bien conocida en el resto de las islas; su capital es Valverde del Hierro. Otra isla de gran belleza es la isla de la Palma, sin olvidar la increíble Lanzarote. Viví durante tres años en otra de la islas, en Tenerife, cuya belleza y variedad paisajística y climática es sorprendente; en la parte norte el clima es frío y brumoso en contraste con las playas del sur, como Los Cristianos y el Médano, idílicas  e ideales para veranear.

 

¡Feliz Año 2020!

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Foto: Bárbara

¡Feliz Año Nuevo desde el puerto de Cartagena¡ El día era claro, el mar en calma, como un espejo y yo feliz de ver tanto barquito. Ya me veía navegando, yo que soy tan marinera… y como la imaginación es libre, me dejaba llevar.

 

Dos edificios que me encantan

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En la plaza de las Flores. Foto: Aurelio Serrano

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Edificio Cerdán. Foto: Aurelio Serrano

En la Plaza de las Flores, lugar de encuentro recoleto, y bullicioso en días de fiestas, es imprescindible degustat las famosas marineras que en Murcia es la reina de las tapas junto con el pulpo al horno. Otro lugar imprescindible es la Plaza de Santo Domingo y sus terrazas.

Otros Joan Miró y su Fundación

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La necesidad de crear la  fundación Joan Miró de Barcelona nace tras la primera gran exposición del pintor en la ciudad en 1968 en el antiguo Hospital de la Santa Creu. La fundación está situada en el barrio del Poble-Sec en el Parque de Montjuïc (av. Miramar, 1) y su diseño y construcción son obra de su gran amigo Josep Lluis Sert, concebida como un espacio con terrazas exteriores e interiores para facilitar la circulación de los visitantes. Fue el primer gran espacio de arte contemporáneo de Barcelona, que no solo alberga la obra del mallorquín, sino también cualquier expresión de arte vanguardista. Recomiendo vivamente la visita porque solo el edificio de Sert merece una atención especial

Paul Klee

 

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Imágenes de peces, 1925

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Los límites del intelecto, 1927

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Jardín botánico, 1926

Paul Klee responde a la idea del artista completo; a los once años era un virtuoso del violín. La música jugó un papel importante en su vida de modo que, cuando tras un viaje a Túnez decide hacerse pintor, comienza por el  dibujo, porque no entendía el color hasta que, y según sus palabras, dijo: “El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre… el color y yo somos una sola cosa. Yo soy pintor”. Sin embargo en sus obras está siempre presente la poesía, la música y lo onírico; incluyendo notas musicales o palabras. La frescura de sus obras hace que estas no se pasen, que estén siempre de actualidad. Suizo de nacimiento, estudió arte en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Terminados sus estudios, completó su formación visitando Roma, Florencia y Nápoles estudiando a los maestros del Renacimiento. Experimentó con distintas técnicas y sus viajes a París, cómo no,  influyeron de manera que pudo encontrar “el estilo que conecta el dibujo y el reino del color”. Él mismo reconoce la influencia de Van Gogh respecto al color, pero fue la luz de Túnez lo que le ayudó a combinar la abstracción al agregar el color a sus dibujos, como en su serie “pinturas operísticas”. Siguió pintando durante la guerra y terminó enseñando en la Bauhaus desde el año 21 al 31; también formó parte de Die Blauer Vier (los cuatro azules) con Kandinsky, Feininger y Jawlensky, dando conferencias y exponiendo en Estados Unidos. Expuso también en París y enseñó en la Academia de Düsseldorf, pero los nazis le acusaron de hacer un arte degenerado, su casa fue registrada por la Gestapo y expulsado de su trabajo. Emigró con su familia a Suiza y después expuso en Londres y París, donde conoció a Picasso al que admiraba. Su producción es ingente. Enfermó de esclerodermia y falleció en Muralto (Suiza) a los sesenta años, siendo enterrado en Berna.

Tarta Tatin de manzana

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Foto y elaboración: Bárbara

 Cuando voy a París siempre tomo tarta Tatin, es absolutamente deliciosa. Nunca pongo dos recetas casi seguidas, por aquello de diversificar los temas y no aburrir al personal, pero como hice mi tarta preferida el otro día, tenía muchas ganas de compartir con vosotros este invento fabuloso de las hermanas Tatin que, como todos los grandes inventos gastronómicos y de otros géneros, son el producto de una equivocación o de un, en este caso, fantástico error. Las hermanas Tatin se equivocaron e hicieron esta tarta de manzana al revés y he aquí el resultado, que dice cómeme. Además de estar buenísima doy mi receta personal, que no tiene muchas calorías. Se toma caliente y acompañando el café, resulta un postre delicioso y, lo mejor, nada pesado.

Ingredientes: podéis hacer caramelo, pero yo lo compro líquido y me ahorro ese paso, manzanas reinetas, una  lámina de hojaldre y un poco de mantequilla (opcional).

Pelamos las manzanas y las cortamos en cuartos y esos cuartos por la mitad. En un molde redondo para el horno, ponemos el caramelo líquido cubriendo toda la superficie; a continuación vamos colocando los trozos de manzana de manera que no queden huecos entre ellas y, por encima, pongo unos trozos no muy grandes de mantequilla. Cubrimos con la masa de hojaldre metiendo los bordes hacia dentro y pinchamos para que no suba. Introducimos en el horno a altura media, precalentado a 200 grados hasta que el hojaldre esté dorado: alrededor de 25 minutos o media hora, según la potencia del horno. ¡Y el resultado es espectacular! Se puede acompañar de una bola de helado, pero yo no necesito nada más.

Se me olvidó decir que hay que darle la vuelta.