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Comer en Galicia

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Bandeja de marisco, fografía de Aurelio Serrano

 

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Centolla, fotografía de Aurelio Serrano

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Cigalas, fotografía de Aurelio Serrano

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Percebes, fotografía de Aurelio Serrano

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Ostras, fotografía de Aurelio Serrano

En este caso sí que una imagen vale más que mil palabras. El marisco del Norte es un bocado di cardinale. En este caso de Galicia, pero puedo asegurar que el pescado de Bizkaia es de lo mejor que he comido nunca. Podemos presumir de tener unos productos frescos fantásticos y que nuestra gastronomía no tiene nada que envidiar a cualquiera de las más importantes del mundo.

La nit de Sant Joan

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Fotografía de Aurelio Serrano García

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Fotografía de Aurelio Serrano García

Ya se pasó la noche de San Juan, la noche más corta del año, la más festiva celebrada en las playas. Todo preparado para celebrar el solsticio de verano. Estas fotos corresponden a A Coruña, pero la fiesta es igual de alegre y festiva en cualquier lugar. En las playas de nuestra geografía, por toda España, esta noche mágica inicia la estación que más forofos tiene en todo el mundo, o casi, porque si estás en la playa de veraneo genial, pero como te encuentres trabajando o en la ciudad sufriendo los horrores de un verano caluroso, solo queda cerrar las ventanas a cal y canto, y poner el aire acondicionado, porque últimamente hasta en los pueblos del Pirineo se pasa calor. A estas alturas, ¿alguien duda todavía del cambio climático? Pienso en las generaciones venideras y en el reproche bien fundado que nos pueden hacer… ¿Cómo consentisteis que se degradara tanto el planeta? De momento la noche de las hogueras sigue alegrándonos el corazón.

El puerto de A Coruña

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Fotografías de Aurelio Serrano García

Preciosa fotografía que recibo de A Coruña, Gracias mil por esta imagen tan veraniega del hermoso puerto gallego. Y a vosotros seguir disfrutando del buen tiempo y del fantástico marisco.

Espárragos trigueros con hummus

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Receta y foto: Bárbara

Los espárragos trigueros están ahora en su mejor momento. Para que salgan tiernos, los hiervo en agua con sal y luego los paso por la plancha. Acompañados del hummus tradicional son una delicia. El hummus, que es un invento maravilloso de los países árabes y que se consume en todo el arco Mediterráneo, desde Líbano a Marruecos, tiene varias versiones, pero la receta clásica contiene garbanzos, aceite de girasol, zumo de limón, aceite de oliva, ajo, sal, sésamo y salsa tahina. Hay otra variedad que se hace añadiendo olivas kalamatas o pimientos del piquillo. El hummus es ideal para untar con crudités, acompañar de verduras cocidas o a la plancha, o incluso en sandwiches. Al clásico se le suele espolvorear por encima con pimentón; yo, ni eso; de cualquier manera es un gran invento absolutamente saludable y que me como a cucharadas, porque me encanta.

 

Museo Departamental de Arles Antiguo (II)

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Barcaza de la época romana

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Barcaza y al fondo típico sarcófago

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Herramientas

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Reproducción de una barca de trasporte.

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El Ródano en la actualidad

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos acerca a la vida cotidiana de un pueblo con una muestra extraordinaria de utensilios de labranza, herramientas, barcazas, ánforas, sarcófagos… la vida y la muerte de los habitantes de esta zona de la Provenza cuyo testimonio es tremendamente semejante a cualquier otro pueblo a orillas del Mediterráneo. Y me estoy acordando del magnífico Museo de Arqueología Subacuática  de Cartagena al que por cierto quiero volver porque Museos así hay que disfrutarlos despacio, sin prisa, y volviendo cuantas más veces mejor.

Ánforas del Museo Departamental de Arles Antiguo

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

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Foto: Barbara

El Museo Departamental de Arles Antiguo nos muestra la importancia que la ciudad tuvo en la época romana y el florecimiento comercial que experimentó y su relación con la metrópolis. La Plaza del Forum y el Circo nos hablan de su condición plenamente romana; el Ródano era la vía fluvial por la que grandes barcazas transportaban grano y aceite. El Museo se inauguro en 1999 y es un bello espacio que bien merece una visita sosegada.

 

Notre-Dame y la Estirga

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Vista lateral de Notre-Dame desde el Sena. Foto: Bárbara

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La aguja de Violet le Duc, con los apóstoles y las quimeras. Foto; Bárbara

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La Estirga. Foto: Barbara

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Vista desde las Torres de la punta de la isla. Foto: Bárbara

Ayer muchos parisinos lloraron y los que lo somos de corazón también. Notre-Dame ardía y las imágenes que iban apareciendo ante nuestro ojos nos parecían una pesadilla. Mi querida  Estirga de piedra no podía reflejar lo que sentía entre las columnas de humo, pero sus lágrimas, como las del resto de las quimeras y gárgolas, caían sobre el fuego que, voraz, parecía que iba a destruir el templo más hermoso que hemos visitado tantas veces. Notre-Dame es más que un templo; representa la cultura de Occidente, el patrimonio de todos, el lugar donde creyentes y no creyentes elevan una oración y se inclinan ante la belleza y la armonía asentada en la isla de la Cité como un buque insignia. ¡Cuántas parejas abrazadas la han recorrido y, sentados con las manos entrelazadas, miraban los hermosos rosetones que filtraban la luz! La aguja de madera de Violet le Duc caía ardiendo, el plomo contribuyó también, y parte del techo de la bóveda. El pequeño campanario de madera parece ser que se ha salvado y que las campanas se mantienen es su lugar; si la mayor hubiera caído, el destrozo hubiera sido terrible. Las quimeras y las gárgolas encaramadas, desde las torres no daban crédito. Cuatrocientos bomberos lucharon hasta las cuatro de la mañana, Me dicen que solo uno de los “rosaces” permanece intacto; los otros han estallado por el calor. La doncella de Orleans estuvo allí y todos los reyes franceses han sido allí entronizados. Esta mañana, al ver que las torres permanecían en pie, me he sentido aliviada; la imagen de la Señora sigue, aunque haya que restaurar y curar todas sus heridas. Y el parvis ante la catedral seguirá acogiendo a los innumerables turistas que hacen cola para llegar a las torres y, tras armarse de valor, subir los cuatrocientos escalones… La vista merece la pena… El Sena se desliza arrullándonos como los gorriones que se esconden en el espesor de los setos, cuando comienza a llover con esa lluvia fina tan parisina.