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Saintes Maries de la Mer y Santa Sara Kali, patrona de los gitanos

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Santa Sara Kali. Cripta de la Iglesia de Notre Dame de la Mer

Visitando la Provenza nos contaron la historia de la Santa patrona que veneran los gitanos. Si hay una región francesa donde perviven las leyendas y tradiciones es allí. Regada por el caudaloso Ródano, en su desembocadura en el Mediterráneo, existe un enclave privilegiado donde se sitúa el pueblo de Saintes Maries de la Mer, llamado así,  Santas Marías del Mar, por María Salomé y por María Jacobé, que llegaron en una barca huyendo desde Tierra Santa de la persecución a que eran sometidos los cristianos; en la barca iban también Sara y las santas Marta y María Magdalena. Estas últimas marcharon a evangelizar por otros lugares de Francia. En la cripta de la iglesia, un templo totalmente fortificado, de Notre Dame de la Mer se encuentran los restos de las Santas y una imagen negra de Santa Sara Kali patrona de los gitanos. La región de la Camarga es un hermoso humedad donde se crían toros y caballos blancos llamados caballos blancos del mar. La afición por los toros en la Camarga es bien sabida y realmente sorprendente,  prueba de ello es que en Arles, situada al norte, existe la mejor plaza de toros de toda Francia. La historia de Sara está envuelta en el misterio, unos dicen que ayudó a desembarcar a las Marías y otros que iba en la barca y que lanzó su velo o pañuelo sobre las aguas, prometiendo que si llegaban sanas no volvería a quitarse el pañuelo de la cabeza-se dice que por ello y por devoción las gitanas llevan esta prenda-. También la santa está relacionada con la fertilidad y los buenos partos. Santa Sara es la patrona de los gitanos y la veneran en la última semana de mayo llegando de todas partes del mundo y el día grande, el 24 de mayo, la sacan en procesión hasta el mar; el día siguiente sacan a las Santas Marías y las llevan también al mar. El último día de peregrinación está dedicado al Marqués de Baroncelli, quien consiguió que la Iglesia Católica autorizara la procesión en honor de Santa Sara, que no ha sido santificada por la Iglesia Católica; sin duda pesa el hecho de que Sara sea considerada por muchos como la hija de María Magdalena y Jesucristo.

Visitando Arles, sorprende la cantidad de carteles taurinos, la pasión por la fiesta y el regusto español reflejado en múltiples locales. En Saintes Maries de la Mer además se celebra a mediados de julio una Feria del Caballo.

Ahora me viene a la memoria el viaje a pie que hizo Van Gohg por toda la Provenza y, cómo no, visitó esta pequeña localidad costera.

Todo esto, unido al hecho de que durante la Segunda Guerra mundial la Provenza fuese refugio de pintores de primer orden, donde instalaron sus estudios, y de otros que posteriormente hicieron de la luz de la Provenza un elemento imprescindible, hace que esta zona merezca un viaje reposado.

La Dama y el Unicornio

 

 

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“Á mon seul désir”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

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“La Vista”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

En el Museo de la Edad Media de Cluny en Paris se encuentran los seis tapices que forman la serie conocida como la Dama y el Unicornio; fue en 1882 cuando los tapices se ubicaron allí de forma permanente y donde se pueden admirar hoy día. Los bellísimos tapices fueron encontrados en el castillo de Boussac. Y fue Prosper Mériée, que era inspector de monumentos, el que dio con ellos. En el Museo de la Edad Media situado en el Barrio Latino se exponen en una sala circular con una iluminación tenue para mantenerlos en las mejores condiciones;  un sencillo banco en medio de esa estancia permite al visitante detenerse, sumergirse en esas escenas que nos transportan al universo medieval: una maravilla que hay que disfrutar sin prisas y a lo que contribuye sin duda la estudiada iluminación. La extraordinaria oferta museística de París a veces hace que el pequeño museo de Cluny pase desapercibido, no obstante no hay que perderse esta joya. Los tapices se atribuyen a los artesanos flamencos de finales del siglo XV y estos están elaborados con lana y seda siguiendo una ornamentación al estilo denominado como “mil flores” En los años veinte del siglo pasado A. F. Kendric vio en los tapices una alegoría de los cinco sentidos y en años posteriores fue asumida esta interpretación por el director del Museo A. E. Branderburg y sirvió de guía para la disposición que tienen en la actualidad. Los cinco sentidos representados en sendos tapices concluyen en el sexto, que sintetiza el conjunto, y que contiene la siguiente enigmática divisa: ” A mon seul désir”.

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“El Gusto”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

Fuente Caputa II

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Fotografías: F. Torres Monreal

Sorprende en un paisaje bastante árido encontrar de repente, como surgido de la nada, este nacimiento de aguas cristalinas. Encontrar el lugar no era fácil, pero a la vista de las fotografías mereció la pena y si, además, se hizo en compañía de amigos entrañables, el resultado fue un día para recordar.

A orillas del río Bernesga II

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Río Bernesga. Foto: Bárbara

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Río Bernesga. Foto: Bárbara

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Río Bernesga. Foto: Bárbara

A su paso por la ciudad de León, el río Bernesga deja rincones que el paseante recorre sin dificultad, disfrutando de sus recodos llenos de flores, escuchando el ligero susurro de sus aguas tranquilas.

 

5 rue Lagrange

 

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5 rue Lagrange. París. Foto: Bárbara

En este edificio rosa, el número 5 de la rue Lagrange, viví en París en el año 1972. Entonces todo el edificio era una residencia para chicas, que llevaban unas monjas que por cierto solo exigían que se cumplieran los horarios de modo que, si a las doce no entrabas, ya no lo podías hacer hasta el día siguiente. Y, claro, más de una noche nos quedamos a dormir “à la belle étoile” bajo los puentes de París, cantando y disfrutando de la vida. Cuando veo esta foto, vienen a mí muchos recuerdos y añoro a todas las amigas que compartimos esa experiencia inolvidable; teníamos todo el día por delante para recorrer los museos, sentarnos en los cafés del Barrio Latino, para recorrer Montmartre, para buscar las librerías de Montparnasse, para visitar la Cinemateca, recorrer en los cementerios las tumbas de nuestros poetas preferidos, escuchar música en les caves… celebrar en las calles la fiesta del 14 de julio… buscar gangas en el mercado de las pulgas… Me acuerdo de ti, Manola, Toñi, Mamen, Cari y sobre todo de Julia, que se marchó demasiado pronto. La rue Lagrange está al lado de Notre Dame, solo nos separaba de ella el pequeño puente metálico, “Le pont aux Double”. Para todas ellas, este recuerdo nostálgico. Al cabo de los años, leyendo del maestro Cortázar su novela “El Perseguidor”, me di cuenta de que además esta calle es muy literaria, pues en ella sitúa el domicilio de su personaje principal, Johnny Carter. Y no me extraña nada, pues está en el corazón del Barrio Latino y tiene en su ADN todo el embrujo de la bohemia parisina.

Cabo de San Antonio

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Cabo de San Antonio (Denia) Foto: Bárbara

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Cabo de San Antonio (Denia). Foto: Bárbara

Si hay algo que echo en falta todos los días es el mar. El hecho de haber vivido en dos islas durante años y haber nacido en un puerto de mar me ha condicionado de tal manera que cuando vuelvo a estar cerca de él siento que hasta respiro mejor; ese olor a salitre que todo lo impregna crea adicción. Y en ese sentido me siento totalmente dependiente.

Ventanas y contraventanas en Florencia

 

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Foto: Bárbara. Florencia

Cuántas vidas, cuántas personas hay detrás de las ventanas, no solo de los palacios, de las antiguas logias, sino en las casas habitadas por personas normales y corrientes. La ventana que nos abre, amplía la mirada al exterior, qué gran avance.  Y qué decir del gran invento árabe de las celosías, que te permiten observar sin ser visto. Este fundamento de la privacidad, ha tenido, gracias al ingenio, otros modos de ver sin que el observado se dé cuenta; las mirillas de las puertas sin ir más lejos. En algunos lugares, el derecho de admisión se fundamenta hoy en la mirilla y los habitantes abren la puerta al intruso según les venga en gana. Pero hay muchas formas más de observar sigilosamente, detrás de un tapiz estratégicamente situado, lo hemos visto en celuloides añejos de aventuras… Yo recuerdo que de pequeña me apasionaba tirar del separador de unos libros del despacho de mi abuelo, detrás de los cuales había una ventanita desde donde se veía el hall de entrada y desde allí el abuelo decidía si recibía al intruso o no. Fantástico invento que hacía volar mi imaginación.

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Foto: Bárbara. Florencia

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Foto Bárbara. Florencia