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Deshaciendo la casa

“Hay que deshacer la casa” es una obra de teatro de Sebastián Junyent, escrita en 1983, que me sirve muy bien para explicar el largo silencio de este blog; en él ya di cuenta en su momento de la muerte de mi madre; lo que no podía imaginar es que deshacer, vaciar la que fuera la casa de mis padres sería tan largo en el tiempo ni tan doloroso. Cada objeto, cada rincón suscitaba un sinfín de recuerdos y, cuando llegaba a la mía, ya no tenia ganas ni fuerzas para nada. Después, con el obligado cumplimiento de la reclusión en la que el maldito virus nos tiene atrapados, cuando he querido retomar “La Estirga” tenía todo bloqueado. Gracias a mi compañero de fatigas y su gran paciencia he podido, por fin, ponerme de nuevo en contacto con vosotros, a los que quiero agradeceros de corazón vuestro interés. Esta pandemia nos remite a otros tiempos, casi olvidados, ahora que parecía que estábamos a salvo de casi todo, que la tecnología nos remitía casi al paraíso, esto tan terrible que nos azota a nivel mundial nos lleva ha reflexionar. Hay una lección que sacar de todo esto que ha puesto patas arriba nuestro vivir cotidiano: la enorme solidaridad que se percibe en los cuerpos sanitarios y de seguridad que, aun a riesgo de sus vidas, están haciendo un trabajo increíble. ¡Mi aplauso para todos ellos!

Albert Camus, su ausencia

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Albert Camus

Ayer hizo sesenta años que nos abandonó; me di cuenta por la noche y sentí la necesidad de recordarlo aquí, porque para mí siempre será el gran Albert, el ensayista, el  filósofo, el novelista. el hombre que nos descubrió al Hombre en sus memorias. Gracias por todos los momentos de feliz lectura, allá donde estés.

¡Feliz Año 2020!

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Foto: Bárbara

¡Feliz Año Nuevo desde el puerto de Cartagena¡ El día era claro, el mar en calma, como un espejo y yo feliz de ver tanto barquito. Ya me veía navegando, yo que soy tan marinera… y como la imaginación es libre, me dejaba llevar.

 

¡Felices Fiestas!

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Foto: Bárbara

Las Fiestas de Navidad están a la vuelta de la esquina. La Estirga y yo os deseamos lo mejor para estas Fiestas, que nos podamos reunir con amigos y familiares, y que el Año Nuevo sea mejor que este, que dicho de paso no se ha portado demasiado bien. Cuando nos van faltando seres queridos, nos queda un regusto amargo, pero hay que ser positivo y mirar lo que venga con alegría. Con mis mejores deseos para todos, mi agradecimiento a los seguidores de este blog.

Moreras teñidas de otoño

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Fotos: Bárbara

Este año, por fin, el Ayuntamiento nos ha dejado disfrutar a los vecinos el ver día a día como las moreras se vestían de amarillo a medida que avanzaba el otoño; otros años las podaban antes, cuando las hojas aún no había cambiado de color. Abrir la puerta de casa y ver como la nueva estación se instala despacito es todo un acontecimiento para alguien como yo que pinto la vida de colores o eso intento.

El silencio dolorido

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Lucia Carpi Cases, mi madre con 18 años

Mi admirado Albert Camus lo expresó así, cuando comienza “El extranjero”, traducido también como “El extraño”: “Aujourd’hui, maman est mort. Ou peut-être hier. Je ne sais pas”…. Esta mañana, cuando me he despertado, he tenido que  preguntar cuándo ha sido, si el día treinta o el treinta y uno. Porque ha sucedido todo tan rápido desde la hospitalización,  han sido unos días tan frenéticos, tan raros que aún me cuesta hacerme a la idea.  El caso es que mamá ha muerto de forma inesperada. El personaje de Camus, ajeno a la vida corriente, pero incisivo, lo expresa como si fuera algo que sucede a su alrededor y que él viese desde fuera: “Pour le moment, c’est un peu comme si maman n’était pas morte. Après l’enterrement, au contraire, ce sera une affaire clasée et tout aura revêtu une allure plus officielle”. Difícilmente se puede expresar mejor la sensación de verlo todo desde fuera como si todo eso de la muerte no fuese realmente con uno… porque uno no se hace a la idea, porque hay que seguir haciendo cosas que nada tienen que ver con el hecho de la desaparición para siempre de esa persona que es tu madre. Nosotros decimos que es como estar en una nube, flotando, que te llevan, pero que sabes que tendrás que aterrizar y que, pasados unos días, es cuando la ausencia será por fin presente. Y ahora es cuando estoy empezando a aterrizar…

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Lucía Carpi Cases, mi madre con 17 años

In memoriam

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Playa de Bolonia. Foto: Gero

La Estirga está triste, yo estoy desolada. Desde hace tiempo me faltan los irónicos y divertidos comentarios de la dulce Muriel, Candide, que estaba muy enferma, y ayer me llega la noticia de la muerte de Joaquín de Carpi, que con su generosidad me dejaba puntualmente sus comentarios en el blog. Durante meses he sentido su ausencia, que yo achacaba a su falta de tiempo por sus clases en la Universidad… nada sabía de su enfermedad, nunca se quejó ni me dejó ver que estaba muy enfermo. Este blog, como todos, lo hacen las personas que participan y nos acompañan en su andadura. La Estirga y yo estamos desconsolados. Quiero pensar que ahora estarán es esta playa, en este mar bañado por el sol, mirándonos y acompañándonos como siempre. Yo los llevaré en mi corazón, que hoy llora por su ausencia… Hasta siempre queridos amigos.

Notre-Dame y la Estirga

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Vista lateral de Notre-Dame desde el Sena. Foto: Bárbara

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La aguja de Violet le Duc, con los apóstoles y las quimeras. Foto; Bárbara

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La Estirga. Foto: Barbara

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Vista desde las Torres de la punta de la isla. Foto: Bárbara

Ayer muchos parisinos lloraron y los que lo somos de corazón también. Notre-Dame ardía y las imágenes que iban apareciendo ante nuestro ojos nos parecían una pesadilla. Mi querida  Estirga de piedra no podía reflejar lo que sentía entre las columnas de humo, pero sus lágrimas, como las del resto de las quimeras y gárgolas, caían sobre el fuego que, voraz, parecía que iba a destruir el templo más hermoso que hemos visitado tantas veces. Notre-Dame es más que un templo; representa la cultura de Occidente, el patrimonio de todos, el lugar donde creyentes y no creyentes elevan una oración y se inclinan ante la belleza y la armonía asentada en la isla de la Cité como un buque insignia. ¡Cuántas parejas abrazadas la han recorrido y, sentados con las manos entrelazadas, miraban los hermosos rosetones que filtraban la luz! La aguja de madera de Violet le Duc caía ardiendo, el plomo contribuyó también, y parte del techo de la bóveda. El pequeño campanario de madera parece ser que se ha salvado y que las campanas se mantienen es su lugar; si la mayor hubiera caído, el destrozo hubiera sido terrible. Las quimeras y las gárgolas encaramadas, desde las torres no daban crédito. Cuatrocientos bomberos lucharon hasta las cuatro de la mañana, Me dicen que solo uno de los “rosaces” permanece intacto; los otros han estallado por el calor. La doncella de Orleans estuvo allí y todos los reyes franceses han sido allí entronizados. Esta mañana, al ver que las torres permanecían en pie, me he sentido aliviada; la imagen de la Señora sigue, aunque haya que restaurar y curar todas sus heridas. Y el parvis ante la catedral seguirá acogiendo a los innumerables turistas que hacen cola para llegar a las torres y, tras armarse de valor, subir los cuatrocientos escalones… La vista merece la pena… El Sena se desliza arrullándonos como los gorriones que se esconden en el espesor de los setos, cuando comienza a llover con esa lluvia fina tan parisina.