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Matissse y “Las flores del mal”

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para “El don Juan Tenorio” y “Alicia”, y la “Lisístrata” de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire “Las flores del mal”, que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.

Liubov Popova

 

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“Violín”, 1915.

Liubov Popova fue una se las mas fervientes defensoras del arte abstracto en Rusia, su país. Nacida en Ivanovsko en el seno de una familia acomodada, viaja por Rusia e Italia, tras finalizar sus estudios. Coincide con Vladimir Tatlin y con Grishcheno en Moscú. En París entra en contacto con el cubismo y se interesa posteriormente por el futurismo. Personalmente me entusiasman las obras cubistas de esta artista, de una calidad excepcional. A su regreso a Moscú se une a los suprematistas de Malevich. Entre 1918 y 1919 participa en varias exposiciones estatales. La labor de esta artista abarca desde la docencia en la Escuela de Arte y diversos centros de teatro, al diseño de cubiertas de libros, porcelanas, textiles, escenografía… son de destacar los diseños para las revolucionarias producciones “El cornudo magnánimo” y “La tierra en confusión”. Ella se consideraba una artista cuya condición femenina no afectaba a su práctica artística, y sus contemporáneos también, hecho nada desdeñable que el pensamiento socialista propiciaba al amparo de la independencia de la mujer; sin embargo la mujer aún en muchos casos sigue atrapada en el ámbito privado, doméstico. Su marido, el critico de arte Boris Von Eding, muere de tifus y ella muere de escarlatina a la temprana edad de treinta y cinco años, enfermedad que le contagia su hijo que fallece también. Una vida truncada prematuramente. Ella consideraba que uno de los pocos proyectos constructivistas, el diseño de telas y vestidos que ella realizara, habían llegado a un público verdaderamente popular.

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“Construcción con figuras”, 1914-1915

Fouché, el genio tenebroso I

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Delacroix: La Liberté guidant le peuple

Todos los amantes de la historia deberían leer “Instruction de Lyon” de Joseph Fouché. En un texto magnífico, Stefan Zweig, bajo el titulo de “Fouché el genio tenebroso”, nos disecciona al enigmático personaje que tan decisivamente participó en la política francesa en los años de la Revolución, del Directorio y del Imperio, nacido en la Bretaña en 1759 y fallecido en el Imperio Austriaco, en Trieste, en 1820. Religioso y jacobino, se distinguió por su activismo revolucionario y fue uno de los encargados de implantar el Terror en las provincias; votó por la ejecución de Luis XVI y puso fin a la dictadura de Robespierre  y su Comité. Este político intrigante sumamente hábil, después de pasar por la cárcel, consigue el apoyo de Paul Barras, siendo amnistiado y nombrado agente diplomático del gobierno. Ministro de la Policía, propició el golpe de estado que llevó al poder a Napoleón Bonaparte. Durante las largas campañas napoleónicas, en ausencia del emperador, Fouché controlaba todo el poder creando el llamado gabinete negro, una oficina de censura de prensa. Astuto y maquiavélico conspiró para el retorno de los Borbones y ello no obstante, aceptó el ministerio del interior cuando Napoleón regresa de Elba. Superviviente nato, camaleónico, encabezó el gobierno provisional que se formó tras la derrota de Napoleón en Waterloo y contribuyó al retorno de Luis XVIII; no obstante tuvo que huir de la ley del mismo rey estableciéndose en Trieste donde fallece, multimillonario y siendo Duque de Otranto. De forma muy esquemática y sucinta, esta aproximación al personaje poliédrico de Joseph Fouché me interesa sobre todo por ser el primero que redactó un manifiesto comunista.

Henri Michaux

Henri Michaux:

Henri Michaux: Sin título, 1955. Acuarela y gouache sobre papel Arches, 37 x 56.

 

Henri Michaux:

Henri Michaux: “Composition”, 1959. Tinta china sobre papel japonés, 42 x 58.

 

Henri Michaux es una figura controvertida de las letras francesas. Aunque nacido belga, obtuvo la nacionalidad francesa en 1954 y, diez años después, es galardonado con el Gran Premio Nacional de las Letras francesas. El mundo de Michaux, poblado de palabras e imágenes, está influido por El Bosco, Lautréamont, William Blake y Goya, además de los surrealistas y de Jarry. Realidad extrema y pesadilla, ironía, sarcasmo y desgarrado lamento son algunos de los ingredientes de su poética, del que ha sido considerado uno de los grandes poetas del siglo pasado. El mundo sensorial experimentado por Michaux en una busqueda interior sin fin se veía potenciado por las drogas, como la mescalina o el cannabis, volcando sus experiencias en libros como “Les grandes épreuves de l’esprit”, “Misérable miracle” y “L’infinit turbulent”. Viajero infatigable, su posición y relación con el mundo físico es igualmente registrado y analizado en una visión paralela. Artista independiente y sin adscripción a movimiento alguno es una nota suelta de absoluta libertad y soledad buscada. Enigma y secreto que él cultivó, presiden su vida, y su primer libro, “Qui je fus”, publicado en 1927, ya desconcertó tanto a los lectores como a la crítica; tuvieron que pasar treinta años para que Gäetan Picon lo considerara uno de los cuatro grandes de la última poesía francesa junto a René Chard, Francis Ponge y Jacques Prevért. Pero Michaux no solo fue un poeta, sino que la pintura forma parte, desde mediados de los cuarenta, de su quehacer, creando un universo que tiene a Miró como inspiración y el automatismo surrealista como un medio para una ejecución rápida, concentrada de signos, manchas que derivarán en la abstracción. No es extraño que admirara la caligrafía japonesa y que inventara su propia caligrafía en un nuevo lenguaje. La poesía deliberadamente prosaica y su combinación con dibujos dieron un impulso renovador al panorama artístico en el que iba alternando sus exposiciones con sus breves “plaquettes” poéticas como esta:

Yo era una palabra que intentaba avanzar a la velocidad del pensamiento.

Las amigas del pensamiento estaban presentes. Ni una quiso apostar por mí, y

eran más de seiscientas mil que me miraban riéndose.

Le Lapin agile (Le Lapin à Gill) II

Interior de "El Lapin agile". Escuchando al Père Frédé, Midigliani, Francis Cascs, Paul Fosrt y Gaston Conté

Interior de “Le Lapin agile”. Escuchando al Père Frédé, Modigliani, Francis Casco, Paul Fort y Gaston Conté

La historia del más famoso cabaret de Montmartre, “Le Lapin Agile”, se remonta al año 1872 cuando el lugar se llamaba “À ma campagne” y su propietaria era una antigua bailarina de cancan llamada Adèle. En 1880 se conocía como “Cabaret des assassins” y su propietario encargó al caricaturista André Gill un cartel para la fachada de su local; el artista pintó un conejo escapándose de una cazuela. El cartel tuvo tanto éxito que se empezó a conocer como “Le Lapin à Gill” (El conejo de Gill) que con el transcurso del tiempo se convirtió en “Le Lapin agile” (El conejo ágil).

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Monmartre.

André Gill. öleo sobre tabla. 151 x 111. Museo de Montmartre.

A principios del siglo pasado, el matrimonio Berthe Sébource y Frédéric Gerad, apodado Le Père Frédé, se hacen cargo del cabaret. Le Père Frédé, personaje pintoresco, reunía en el local a artistas como Braque, Modigliani, Max Jacob, Picasso, Utrillo, Apollinaire… junto a su fauna particular, una corneja amaestrada, el mono Théodule, la cabra Blanchette, un perro, varios ratones blancos y, el más famoso de todos, el asno Lolo, nombrado el pintor Boronali por un grupo que frecuentaba el local; al burro le ataron un pincel en el rabo con el que pintó un lienzo que llevaron y se expuso en el Salón de los Independientes, con el título: “Coucher du soleil sur l’Adriatique”, que tuvo un gran éxito de crítica. Le Père Frédé, excéntrico y peculiar, calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, alimentaba a sus artistas a cambio de poemas, canciones, dibujos y cuadros que se colgaban en las paredes del local.

Interior del establecimiento

Interior del establecimiento

En las humildes paredes del local se colgaron cuadros que hoy están en los mejores museos del mundo. Picasso colaboró con dos obras,  entre ellas la excelente “La femme à la corneille”, retrato de Margot Luc, hija de Berthe, y de la corneja amaestrada, a caballo entre la época azul y rosa.

Tertulia en el exterior.

Tertulia en el exterior. Modigliani junto al Père Frédé

En la actualidad está abierto al público, si tienen curiosidad está en el número 22 se la rue des Saules, al lado de los viñedos más antiguos de París.

Edgar Degas : más que bailarinas

Degas: "La tina", pastel sobre cartón, 1886. Museo d'Orsay, París.

Degas: “La tina”, pastel sobre cartón, 1886. Museo d’Orsay, París.

Edgar Degas (París, 1834-1917) fue enterrado en el cementerio de Montmartre, en el panteón familiar, en la intimidad y alguien del pequeño cortejo, en el que se encontraba su buen amigo Manet,  dijo: “Le gustaba mucho dibujar…”; creo que fue su amigo Forain el que lo dijo, como si resumiera una labor marcada por la línea. Dibujó y dibujó, tal como le había aconsejado su admirado Ingres en 1825: “Dibuje líneas, muchas líneas, ya sea de memoria o del natural”, Y así lo hizo. A Degas se le debe la más exacta y perfecta definición del arte : “El arte es el dominio del dolor por la belleza”. Dedicado en cuerpo y alma a la pintura, tras varios años en Roma, Nápoles y Florencia, copiando y estudiando a los maestros Tiziano, Veronés, Tintoretto, los frescos de Giotto en Asís, Botticelli, Mantegna…, se instala en Montmartre. En aquel momento las tertulias allí se celebraban en el café Guerbois en la avenida Clichy, lugar de encuentro de los impresionistas, entre cuyos contertulios se encontraban Manet, Cézanne, Pissarro, Sisley y los poetas Mallarmé, Paul Valéry…; Degas, como el mismo Manet, mantuvo, no obstante, sus propios criterios, como su rechazo a pintar al aire libre; en ese sentido se les puede clasificar más como pintores de caballete, de estudio.

En 1863, Félix Nadar era el fotógrafo de moda en París; los pintores vanguardistas se dieron cuenta de que la fotografía cambiaría la estética de la pintura; Degas fue de los pocos pintores que así lo reconocieron y pretendió captar la figura en movimiento al darse cuenta de las posibilidades que ofrecía la fotografía, con la que podría investigar la relación entre la figura y el espacio desde otra perspectiva. Con esa mirada nueva abrió puertas a la modernidad, consiguiendo llevar el realismo plástico a su apogeo, siempre desde su particular concepción del impresionismo.  La serie de bailarinas tuvo tal éxito en un París dominado por el baile de la Opera, los cafés-concierto que su marchante, el gran Durand-Ruel, le vendía todo lo que salía de su taller de la calle Victor Massé. La alta burguesía que compraba esos cuadros tenían a las bailarinas como objetos eróticos. En ese sentido sus desnudos causaron escándalo en la crítica más conservadora.

En esta admirable obra, “La tina”, el espectador observa a la muchacha desde arriba, captada en un momento íntimo. El pintor une en este cuadro dos géneros, la naturaleza muerta y el desnudo, con una disposición del espacio magistral, las curvas de la tina y de la mujer, las líneas verticales, la disposición de los objetos sobre esa mesa y el mango del cepillo que sobresale de la cómoda como nexo de unión de los dos espacios.

Manet: retrato de Berthe Morisot

Manet: "Berthe Morisot con sombrero negro"

Manet: “Berthe Morisot con sombrero negro”. Colección privada, París.

Edouart Manet se sirvió de la belleza de su cuñada, la pintora impresionista Berthe Morisot, para realizar unos magníficos retratos dentro del estilo realista; quizás el más conocido de todos sea este de “Berthe Morisot con sombrero negro”. La pintora se casó con el hermano pequeño de Édouart, Eugéne Manet.  Manet, considerado uno de los maestros del impresionismo, no se sentía dentro del movimiento. Fue su cuñada quién le instó a que saliera a pintar al aire libre al modo de estos. Entre ambos pintores se dio una gran complicidad y respeto mutuo. “Berthe  Morisot con sombrero negro” fue pintado en 1872; la pincelada suelta y la factura del retrato le debe a Velázquez parte de su delicado misterio.