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Albert Camus, su ausencia

CAMUS

Albert Camus

Ayer hizo sesenta años que nos abandonó; me di cuenta por la noche y sentí la necesidad de recordarlo aquí, porque para mí siempre será el gran Albert, el ensayista, el  filósofo, el novelista. el hombre que nos descubrió al Hombre en sus memorias. Gracias por todos los momentos de feliz lectura, allá donde estés.

“Ganancia de lo perdido” de Pedro Villarejo

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Este libro de Pedro Villarejo se presentó no hace mucho, el 13 de septiembre, en el auditorio de Estepona (Málaga). Si la presentación de cualquier libro es un acontecimiento gozoso, este puedo decir que lo fue en grado sumo. A lo largo de mi vida, tengo la suerte de tener muchos amigos escritores, he acudido a muchos de estos actos y puedo afirmar que ninguno ha sido como este. Llenar el aforo de un auditorio para acudir a la presentación de un libro es de por sí un acto insólito, pero es que el libro no es cualquier libro y si además el autor ha hecho amigos, de esos de verdad, por donde la vida le ha llevado, desde su Córdoba natal, pasando por Argentina, Estepona y Nueva Andalucía, esto explica lo que sucedió ese 13 de septiembre pasado. No es casual, pues, que de entre todos los amigos fuera Amancio Prada a deleitarnos con un recital magnífico ni que actuara también la coral Magnun Mysterium ni  que José Manuel Martín Portales escribiera las contraportadas, ni que el ayuntamiento de Estepona se volcará también. “Ganancia de lo perdido” son las memorias de este gran hombre que dejó el mundo para hacerse del Carmelo, carmelita descalzo pues, llevó su palabra y consuelo hasta los exiliados españoles de la república en América. La prosa poética con la que el libro se va desgranando es un puro deleite y una reflexión profunda sobre la vida y el amor por todo lo creado. A Pedro le auguro y le deseo de corazón que siga deslumbrándonos con su prosa poética para poder seguir bebiendo de ese manantial que pocos escritores son capaces de hacer correr con esa mirada limpia de Pedro. Gracias, querido amigo.

Noa-Noa, el libro de Paul Gauguin

 

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Portada del libro de Paul Gauguin

En 1900 apareció publicado en París este libro escrito por el pintor junto con unos poemas de Charles Morice que nada añadían al texto. Con anterioridad estos textos de Paul Gauguin aparecieron en la “Revue Blanche” en 1897, en forma fragmentada. El libro defiende sus teorías sobre el arte y confronta el modo de vida de la sociedad contemporánea y la vida en Tahití. El pintor polemiza en defensa de la vida natural y se le considera en ese sentido como otro Rimbaud. El libro comienza como un diario desde el día que llega a Tahití, su auténtico paraíso. La vida como agente de bolsa en París le ahogaba de tal manera que decide abandonar a su familia y a sus hijos, y embarcarse en cargueros que le llevan primero a la Martinica, en una auténtica huida de Europa. Toda su vida queda atrás. Le asquean  los convencionalismos y los prejuicios. Sin entrar en el valor literario de la obra, la prosa directa y sencilla nos cuenta de las tradiciones y costumbres de aquella sociedad, de su relación con Tehura, una joven indígena durante aquellos años, con apuntes sicológicos muy acertados. Noa-Noa significa muy perfumada.

Albert Gleizes, pintor y teórico cubista

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Retrato de un médico militar, 1914. Guggenheim, N.Y.

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Composición para jazz, 1915. Guggenheim N.Y.

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Retrato de Igor Stravinsky, 1914

Albert Gleizes sobre todo es conocido como teórico del cubismo y por haber escrito, junto a su amigo  Jean Metzinger, el libro “Sobre el cubismo y los medios para comprenderlo”, obra imprescindible que se publicó en 1912. Estudiante poco aplicado, se alista en el ejército donde estuvo cuatro años, después se vuelca en la pintura de forma ya irrevocable. Nació en París, en 1881, en una época y un lugar que propiciaba, naturalmente, lo que vendría después y, como otros muchos, se inicia en el impresionismo; solo con 21 años expone en la Société Nationale des Beaux Arts  la obra “La Seine à Asnières” de factura claramente impresionista. Al año siguiente expone ya en el “Salón de Otoño” y a partir de ahí su pintura cambiaría con la influencia de Léger, Delaunay y Metzinger. Tras un intento fallido de pintar libremente, sin concesiones comerciales, junto con un grupo de artistas y poetas que se reunían en una casona de Créteil, se instala en una comuna en Montparnasse, La Ruche. En 1910, antes de escribir su famoso libro en colaboración con Metzinger, comienza a pintar como los cubistas y dos años más tarde se une al grupo de Puteaux, conocido como Section d’Or, dirigido por Jacques Villon y su hermano Duchamp. En 1913 expone en varias colectivas en N.Y.. Tras conocer en el frente, durante la primera guerra mundial, a Jean Cocteau, le diseña la escenografía y el vestuario de la obra “Sueño de una noche de verano” de W. Shakespeare. Después de la guerra, se traslada con su mujer y su hija a N.Y. En Barcelona se les unieron Picabia, su esposa y Marie Laurencin; juntos pasaron el verano en Tossa de Mar. En diciembre expuso en la Galería Dalmau de Barcelona. Vuelve a N.Y. y viaja por las Bermudas. Tras regresar a Francia publica “La pintura y sus leyes”. Funda una colonia de artistas en el valle del Ródano. Viajó dando conferencias y, en 1930, Peggy Guggenheim compró muchas de sus obras que forman parte de la colección de la rica americana. Fue galardonado con la Legión de Honor y hoy está considerado un renovador del arte religioso. Murió en Aviñón, departamento de Vaucluse, en junio de 1953.

Matissse y “Las flores del mal”

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En múltiples ocasiones las firmas más reputadas de los pintores se han puesto al servicio de las obras insignes de la literatura; así la pintura y la literatura se alían para producir obras para deleite de todos, aficionados y coleccionistas. Ya hemos visto, en su momento, las ilustraciones de Dalí para “El don Juan Tenorio” y “Alicia”, y la “Lisístrata” de Picasso… Pero ha habido otras muchas, como sucede con la obra de Baudelaire “Las flores del mal”, que ha tenido muchas versiones ilustradas, como la de Rodín o esta de retratos esquemáticos de Matisse desprovistos de todo artificio, donde la línea pura y simple es la única protagonista. Esta versión se publicó en 1947 por la Bibliothéque Française.

Dalí y Lewis Carol

 

 

 

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Para celebrar el 150 aniversario de la publicación del libro “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carol se hizo una edición muy especial, que contaba con ilustraciones de Salvador Dalí;  la iniciativa partió de un editor de Random House e impresa por Princeton University Press en los años sesenta. Cada uno de los ejemplares fue firmado por Dalí y venía con una introducción de Marcos Burstein, presidente de la Sociedad Lewis Carol de América del Norte y del matemático Thomas Banchoff. Sin duda es una edición muy codiciada por los coleccionistas.

Picasso y la Lisístrata de Aristófanes

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En 1934 aparece en N.Y. una versión de la Lisístrata de Aristófanes publicada por la asociación de bibliófilos estadounidenses, ilustrada con seis grabados de Picasso al modo neoclásico del pintor. La edición, como no cabía ser menos, es reducida y exclusiva. Aristófanes estrena su obra en Atenas en el año 411 en plena guerra del Peloponeso entre espartanos y atenienes que venía enfrentando a todo el mundo heleno desde hacía veinte años. El nombre de Lisístrata, que significa “la que disuelve los ejércitos”, ya es toda una promesa de su contenido antibelicista; la guerra parecía no tener fin y las hostilidades entre las dos potencias griegas conllevaba una devastadora destrucción que abarcaba  toda la cuenca oriental del Mediterráneo. Curiosamente esta obra, ilustrada por Picasso, se estrena en vísperas de que estallara en España la guerra civil y en un periodo de entreguerras mundiales. Estos tres primeros grabados, como los otros tres restantes, se caracterizan por la simplicidad de las líneas y el equilibrio en la composición. En el primer grabado aparece Lisístrata convenciendo en asamblea tanto a espartanas como a atenienses para que se abstengan de tener relaciones sexuales con sus maridos hasta que ellos no pongan fin a las hostilidades. En el segundo, aparece un encuentro erótico frustrado, siguiendo las directrices marcadas por Lisístrata. Y en el tercero se muestra la desesperación de los hombres ante una huelga insólita. Toda una solución.