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Crema catalana

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Crema catalana de la brasería “El Isidro” de Lerida. Foto: Bárbara

La gastronomía catalana, tan rica y variada, nos ofrece postres tan deliciosos como la crema catalana, cuya  dulce cremosidad  contrasta con el azúcar caramelizado; el final feliz de una comida deliciosa basada en los productos de la huerta como la escalibada y los sabrosos embutidos de la zona.

Ingredientes: 1 litro de leche 200 gr de azúcar, 8 yemas de huevo, 25 gr de harina de maíz, piel de 1 limón,  canela en rama, azúcar para quemar, un barquillo para adornar (opcional).

Ponemos en un bol un vaso de leche junto con la harina de maíz y removemos hasta disolver la maicena. Añadimos las 8 yemas de huevo y el azúcar. Batimos bien. Ponemos a calentar a fuego bajo y, en un cazo ancho, el resto de la leche y le añadimos las 2 ramas de canela y la piel de limón. Añadimos a la leche la mezcla de los huevos y el azúcar. Removemos. Encendemos el fuego y lo ponemos al mínimo. Continuamos batiendo la mezcla sin parar para que no se pegue, hasta que empiece a hervir de nuevo y vaya espesando. Cuando hierva, apagamos el fuego y ponemos la crema en recipientes individuales de barro o en una fuente Dejamos enfriar. En el momento de servir la crema catalana, pondremos azúcar por encima y la quemaremos con un quemador o una pala de quemar hasta que el azúcar quede caramelizada.

 

Risotto de setas

 

 

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Risotto de setas. Foto: Bárbara

Una receta fantástica para los amantes de las setas; además de fácil, es sencilla y muy nutritiva. Y para los apasionados del arroz otra manera de disfrutarlo.

Ingredientes: 1 litro de caldo de pollo o verduras, 300 gr. de arroz,  300 gr. de setas, 150 gr. de champiñones, 125 gr. de queso parmesano rallado, 90 gr. de mantequilla, 1 cebolla mediana, aceite de oliva, perejil, pimienta negra molida, sal.

Ponemos a calentar el caldo, que puede ser de los que venden ya hechos. Las setas y champiñones los venden ya limpios y laminados. En una sartén ponemos a dorar la cebolla picada y, cuando esté tomando color, añadimos las setas y los champiñones. Rehogamos. Salpimentamos. Añadimos el arroz y removemos un poco. Agregamos un poco de caldo bien caliente poco a poco y dejamos que se consuma a fuego medio. Agregamos de nuevo dos  o tres cazos y dejamos que se consuma a fuego medio lento.Repetimos la operación hasta acabar el caldo.El arroz debe quedar hecho y cremoso. Cuando esté listo, añadimos la mantequilla y el queso, y mezclamos bien. Añadimos un poco de perejil picado por encima. Servir muy caliente.

 

Algunas direcciones de París

 

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La Tour Eiffel desde el Trocadero. Foto: Bárbara

Descubrir París callejeando, siempre nos aporta sorpresas agradables, pero llevar algunas direcciones en la agenda nos puede resultar muy eficaz, ya que la oferta es infinita. Lo primero que yo apuntaría sería el teléfono de uno de los taxis, ya que a veces resulta difícil o casi imposible que paren (+33 01.2.76.00.40). Hay un café muy céntrico, cercano al Louvre, que adoro, es el Café Ruc al que voy siempre que estoy en París (159 rue St-Honoré) y lugar de citas de periodistas; otro es el Marly con vistas al patio central del mismo Museo. En La Truffière (4 rue Blainville) triunfa la trufa del Perigord; no es barato, pero sirve para darse uno un buen homenaje por la noche. En Montparnasse tenemos Chez Toyo, el menú de mediodía ronda los 35 euros (17 Jules Chaplain), estupendo maridaje de la cocina de Japón y la francesa; pare empezar se sirve una deliciosa mantequilla de algas, y que nadie se sorprenda de su genial paella. Un local que no hay que olvidar es Le Pré Verre, cerca del Panteón (8 rue Thénard); de aperitif sirven un vino espumoso menos caro que el champán, un champalou del Loire estupendo; el menú de mediodía ronda los 13 euros: excelente el cochinillo con canela y anís estrellado.  Si buscamos platos bajos en calorías nada como La Femme Opera (55 rue Saint-Roch). En la terraza Le Mini Palais se puede compartir mesa con famosos diseñadores de moda. Para ir de compras me gusta ir por el Marais y finalmente, si queremos bailar hasta el alba, en Le Pompon (9 rue des Petites-Écuries) lo podéis pasar bomba.

Olla gitana

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Foto: Bárbara

 

Ola de frío en toda la Península, incluso hoy ha nevado aquí, donde alcanzamos los cuarenta grados en verano sin pestañear. El cambio climático nos proporciona estas sorpresas. Esta receta, como todos los potajes de invierno, son lo mejor que se ha podido inventar. La olla gitana tiene muchos variantes, pero todos, incluso los que aportan proteína animal como el pollo, son una delicia. Esta, siendo solo de verdura y legumbres, es realmente sabrosa y natural, genial para vegetarianos.

Ingredientes: Judías verdes, judías blancas, patatas, 1 pera, unos trozos de calabaza, 1 tomate. 1 cebolleta, 2 dientes de ajo, un puñado de almendras, una rebanada de pan, sal, pimienta, 1 cucharadita de cominos, hierbabuena (fresca y seca). Las cantidades dependerán de los comensales, pero yo pongo para cuatro unos 200 gr. de judías verdes y cuatrocientos gr. de blancas.

Últimamente utilizo las legumbres ya cocidas, que ya sé que no es lo mismo, pero ahorra mucho tiempo. Cuezo las judías verdes, la calabaza, la pera y las patatas juntas. Si a alguien no le gustan las peras, trocearlas en cuartos y luego retirarlas a la hora de servir, pero os aseguro que le da un sabor excelente al conjunto. Juntamos con las judías blancas y dejamos unos diez minutos más. Añadimos la hierbabuena seca sin escatimar, con alegría, y una cucharadita de cominos. Doramos la cebolleta y el tomate natural troceado y pelado, y añadimos al guiso. En el mortero majamos la rebanada de pan frito en aceite de oliva, los dientes de ajo fritos en el mismo aceite, enteros y sin pelar, y un puñado de almendras tostadas. Agregamos este majado a la olla y dejamos hervir. Aunque la foto no es nada del otro mundo, os aseguro que es uno de los guisos más buenos que he probado; el punto que le da la hierbabuena es genial. Adornamos con ramitas de esta hierba fresca.

Comer en Belmonte

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Verduras a la plancha

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Presa ibérica al vino tinto

La cocina del Hotel Infante Juan Manuel en Belmonte hace honor a las bondades del establecimiento. La ensalada de verduritas con jamón en su punto de plancha, crujientes y deliciosas y la presa al vino con berenjenas de Almagro y mostaza a la antigua dejan un buen sabor de boca. El establecimiento, un lugar de absoluto sosiego, tiene todo lo necesario para que la estancia sea muy agradable; un lugar para descansar y cargar pilas a lo que contribuyen las instalaciones de sauna y piscina. La música clásica pone la guinda a este pastel tan recomendable.

El chuletón de Ávila

Este post es solo para los carnívoros; abstenerse los veganos y vegetarianos. Estar en Ávila y no probar su famoso chuletón es algo imperdonable. Al lado de la catedral, en el Palacio de los Velada, se puede degustar lo mejor de la cocina del lugar, como por ejemplo las también famosas judías del Barco de Ávila con su oreja de cerdo, su chorizo y todo lo demás, en un lugar que de por sí enamora: su claustro. En ese ambiente, el chuletón era inevitable y, acompañado por un vino tinto de la ribera del Duero, después de hacer unos cuantos kilómetros, un regalo de los dioses.

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Chuletón de Ávila. Foto:Bárbara

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Guarnición. Foto: Bárbara

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Después. Foto: Bárbara

Y así quedó el chuletón: mondo y lirondo.

Santorini, un “resto” muy mediterráneo

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He descubierto, con la edad, que no hay nada más placentero en un viaje que las paradas que se van haciendo por el camino y por ello no disfruto de los viajes en avión, porque en un abrir y cerrar de ojos ya has llegado a tu destino. El viaje en sí encierra todas las claves de aquello que queremos aprehender: el paisaje, las gentes y la gastronomía, esto último de suma importancia para los estómagos agradecidos como el mío. De camino a Huesca, una parada en Peñíscola, en un hotel de primera línea del mar, me permitió contemplar lo que más me gusta, una playa casi desierta en mayo y descubrir un restaurante, el Santorini, con una estupenda cocina griega e italiana. La decoración de la terraza del “resto” es de lo más mediterráneo, todo pintado en blancos y azules, con unas macetas de geranios sobre unos taburetes de estantes que me recordaban todo el tiempo unos cuadros de Matisse pintados en la Costa Azul sobre todo uno, “Jarrón de capuchinas y la danza”. La merluza al cava con frutos del mar fue toda una experiencia deliciosa; la salsa casera, un acierto consecuencia de saber hacer las cosas bien. Si pasan por allí no se lo pierdan…