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Matisse y James Joyce

 

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Para los devotos lectores del “Ulysses” de James Joyce y que al mismo tiempo sientan pasión por el arte, poseer una edición de la novela ilustrada por Matisse debe ser toda una joya. En 1935 el pintor recibió el encargo de ilustrar la novela más famosa y discutida del escritor irlandés que transcurre en Dublín en un solo día. El “Ulysses”, ya lo sabemos, no es de lectura fácil; el caso es que Matisse no quiso leer el libro, por las razones que fuesen y fue directamente a la fuente: la “Odisea” de Homero. Este dato, curiosamente, añade una peculiaridad a esta edición de coleccionista. No era la primera vez que Matisse se volcaba en ilustrar un libro muy conocido; con anterioridad había ilustrado “Las flores del mal” de Baudelaire mas esta vez el regreso a casa del personaje –Stephen Dedalus- parte de un libro clásico de cuya autoría se tienen serias dudas. George Macey, el editor norteamericano que tuvo la feliz idea de unir a Joyce y a Matisse en esta “odisea”, debió prever el precio desorbitado que la edición primera, que constaba de 1.000 copias firmadas por el artista y 250 firmadas por Joyce, alcanzaria en el mercado.

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Matisse y Lydia Delectorskaya

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“Le Rêve”, 1935. Modelo Lydia D.

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“Grand nu couché”, 1935. Modelo Lydia D.

Algunos se preguntarán quién fue Lydia Delectorskaya y qué papel jugó en la vida de Matisse. Fue simplemente una modelo, como Hélène Galitzine, o su amante, como sospechaba madame Matisse, o fue el detonante para que el matrimonio se divorciara. Las cosas a veces son más sencillas de lo que parecen. Lydia, es cierto, acompañó los últimos veinte años del pintor, más concretamente desde 1932 a 1954. En principio Lydia fue su ayudante de taller; después, modelo y secretaria. Emigrante de su Siberia natal, se presenta, en 1933, como modelo y lo fue en más de cuarenta pinturas. Curiosamente, a iniciativa de madame Matisse, es contratada como modelo y ayudante de su estudio. Lydia siempre ha manifestado, no obstante, que su relación con el pintor fue siempre platónica. Lo cierto es que Matisse encuentra en ella la inspiración que plasma desde 1934 en un pastel, “Jeune femme au corsage bleu (Retrato de Lydia)”, después un óleo, “Le Chale écossais”, “Les Yeux  bleus” y una serie de dibujos. Un año más tarde “Le Rêve” inicia el principio de una larga colaboración; durante los últimos meses de ese año hace posar a Lydia y a Hélène juntas. Otra curiosidad es que cuando ella tiene 25 años y él 65, Lydia empieza a darse cuenta de la importancia del trabajo del pintor y comienza a valorarlo. Madame Matisse, con razón o sin ella, se siente traicionada y pide el divorcio en 1939. Cuando Matisse es operado de un cáncer se convierte también en enfermera y se instalan en Vence donde sigue posando para él en: “Nu Rose”, “Interieur Rouge”, “Madame L. D., vert, jaune et bleu”… Una exposición retrospectiva en Filadelfia obliga a Lydia a desplazarse muchas veces; en el año 1949 tiene una entrevista con la secretaria del Museo de Arte Moderno de París a fin de organizar una exposición. De modo que ella se convierte en indispensable y él continua con los trabajos para la capilla del Rosario de Vences y les “découpages de papiers colorés” preparados por ella. Es ella también quien le ayuda a realizar estos últimos grandes trabajos. Matisse muere el 3 de noviembre a los 84 años y Lydia, el mismo día, abandona el Régina y no asiste a los funerales. Posteriormente publica dos obras como testimonio de su colaboración con él: “L’apparente facilité, Henri Matisse”, editado por A. Maeght y diez años más tarde, “Henri Matisse, contre vents et marées: peintures et livres ilustrés de 1939 à 1943”, editado por Hansma, París. Ella repartió las obras que Matisse le había regalado y vendido entre diversos museos, favoreciendo a los rusos. Muere el 16 de marzo de 1998 a la edad de 88 años. Es indudable el gran papel que Lydia jugó en la vida tanto del Matisse hombre como del artista.

Matisse. Recortes.

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Henri Matisse: “Zulma”, 1950. Gouache sobre papel recortado 238 x 133 cm. Museo Estatal de Kunst, Copenhagen.

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Henri Matisse: “Memoria de Oceanía”.

A la pregunta de si la pintura al óleo sigue siendo adecuada para el nuevo lenguaje del arte o si la pintura de caballete está anticuada y si la utilización del papel recortado constituye un autentico medio de expresión, Matisse responde: “Este nuevo lenguaje al que usted alude no implica, a mis ojos, la condena de la pintura al óleo ni en consecuencia la de caballete…El papel recortado me permite dibujar en color. Para mí se trata de una simplificación”. Y a continuación:”No es un punto de partida sino una culminación…Exige una sutilidad infinita y un largo trabajo anterior. Así comenzando por el signo se llega muy pronto a una situación sin salida. Personalmente he ido de los objetos al signo”. Para terminar afirmando que  el papel recortado no supone  una reprobación de la pintura convencional al óleo. Era el periodo que abarca desde el 49 al 52 y estas, parte de sus declaraciones contenidas en el interesantísimo libro “Matisse. Recortes”; un libro insustituible para conocer la obra innovadora y renovadora de Henri Matisse, el pintor que, a ojos de Picasso, era el más interesante de su época y el más completo si se analiza el conjunto su obra, que abarca no solo la pintura sino la escultura, el dibujo, el tapiz, de los que hizo espectaculares diseños, y sus famosos recortes.

“Henri Matisse. Recortes.  Dibujando con tijeras”. Editores Gilles y Xavier Néret, editado bellísimamente por Taschen.

Retratos de A. L. Coburn

A. L. Coburn: Matisse

A. L. Coburn: Matisse, 1913

 

A. L. Coburn: Ezra Pound

A. L. Coburn: Ezra Pound, 1913

 

A.L. Coburn: B. Sw

A.L. Coburn: B. Shaw, 1908

 

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

A. L. Coburn: Walt Whitman, 1891

Si magníficas son las fotografías pictorialistas que Coburn hiciera de Londres, buenísimos son sus retratos; el de Walt Whitman es, por la luz y la atmósfera que enmarca el rostro venerable de patriarca, un retrato clásico, como si fuera más el resultado de una obra pictórica; su aspecto me recuerda al dibujo de Leonardo anciano. Muy bello el retrato de Ezra Pound, así como la fuerza magnética del premio Nobel B. Shaw. Respecto al retrato de Matisse paleta en mano y con su pulcra bata, debía ser la pose más natural de un pintor infatigable, pues así ha sido retratado en numerosas ocasiones.

 

 

Matisse, hecho un pincel

Matisse en su taller. Otoño 1909-

Matisse en su taller. Otoño 1909.

 

La expresión “estar hecho un pincel” en España significa estar impecablemente vestido, lo mismo que Matisse trabajando en su taller, con botas, chaqueta y no sé si pajarita. Siempre se ha dicho que el pintor tenía el aspecto pulcro de un profesor de la Sorbona y no de un pintor bohemio. Sea como sea Matisse “está hecho un pincel” y, con ellos en la mano, la frase le sienta muy bien.

Epicuro: Exhortaciones

Matisse:

Matisse

Exhortación 29: “También hay en la frugalidad una mesura. Quien no la considera sufre algo semejante a quien se desborda a causa de su inmoderación”

Matisse reflexivo

Matisse

Matisse.

 

La foto es de Rogi André realizada en 1933. El pintor realiza en 1913 un viaje a Tánger con su mujer Amélie; el exotismo y la luz del norte de África junto con los arabescos y tintes naturales de las telas afectarán no solo el tema objeto de sus cuadros sino al fondo de muchas de sus composiciones. El fondo de la foto de André es también floral  y corresponde a un tapiz o a un kilim… Matisse se piensa sobre un fondo muy querido.