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Jean Cocteau

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Autorretrato nº 21. El misterio de l’oiseleur.  Galeries des Modernes

Jean Cocteau  fue una figura brillante, polémica y absolutamente polifacética; su trayectoria así lo avala: cineasta, poeta, ensayista, pintor… Su cine, considerado ya clásico,  es una importante aportación del surrealismo al cine francés, especialmente en “La Bella y la Bestia”, “Orfeo” y “Los muchachos terribles”. Nacido el 5  de julio de 1889 en los alrededores de París, comienza su actividad poética siendo muy joven y la publicación de “La lámpara de Aladino” pronto lo convierte en alguien a tener en cuenta. Cuando los ballets rusos se instalan en París colabora con ellos; junto con Picasso, el compositor Erik Satie  y el coreógrafo Massine crean un ballet revolucionario: “Parade” estrenada en 1917 y “Le boeuf sur le toit” con musica de Darius Milhaud.  Durante la primera guerra mundial trabaja en la unidad de camilleros siendo su actividad poética interrumpida solo a medias ya que su relación sentimental con el aviador Roland Garros inspira los poemas de su obra “The Cape of Good Hope”. Todas sus vivencias quedan reflejadas en su novela “Thomas el impostor”. La muerte a los veinte años de su nuevo amor, un joven poeta, incrementa su adicción al opio y debe ingresar en un sanatorio; esta experiencia la describe en “Opio”. Durante la década de los años veinte y principios de los treinta es cuando produce sus mejores obras como son, “La máquina infernal” ,”Orfeo” y “Los muchachos terribles”; en 1930 rueda “La sangre de un poeta”. Fue amigo de Modigliani, Picasso, Max Jacob, Stravinski, Apollinaire…  Fue nombrado miembro de la Academia Francesa y murió cerca de Fontainebleau el 11 de octubre de 1963.

“Los Tres Keaton”

Buster Keaton, niño

Buster Keaton, niño

 

Buster Keaton, niño

Buster Keaton, niño

 

"Los tres Keaton"

“Los Tres Keaton”

 

Por esas casualidades de la vida, ahora que acabo de poner un post sobre el genio de cara de palo, me entero que el día 1 de febrero hace cincuenta años moría Buster Keaton a los setenta años de cáncer. Desde bien pequeño Buster actuó en el teatro con sus padres; el trío se deshizo cuando el padre falleció alcoholizado; de modo que su paso al cine debió de ser un proceso casi inevitable.

Samuel Beckett y Buster Keaton

Buster Keaton , fotograma de la película "Film"

Buster Keaton, fotograma de la película “Film”

 

samuel Beckett  revisando parte del decorado de la película

Samuel Beckett revisando parte del decorado de la película

 

Samuel Beckett y Buster keaton durante el rodaje

Samuel Beckett y Buster Keaton durante el rodaje

 

Por lo visto Buster Keaton no solo encandiló a Buñuel, Lorca, Alberti y  Dalí sino que el premio Nobel de literatura Samuel Beckett lo quería para el único personaje de su única película, llamada curiosamente “Film”. Samuel Beckett siempre había deseado rodar, pero según dicen, pudo más la influencia que sobre él ejercía Joyce y se decantó finalmente por la literatura. Beckett, que fue durante muchos años secretario personal de Joyce, llegó a N.Y. con un breve guión bajo el brazo y solo permaneció en la Gran Manzana dos semanas, el tiempo que duró el rodaje. Keaton, arruinado y alcoholizado, aceptó de mala gana el papel de O (objeto). El guión comienza con una frase del filósofo irlandés George Berkeley: “Ser es ser percibido”. La frustración del personaje es que no puede evitar ser percibido, en definitiva: no se puede huir de uno mismo. El personaje de O, que está en continua huida, es vigilado por E (eye), el ojo que todo lo ve y le persigue. Un guión disparatado que ni el mismo Bekett, según confesó unos años después, entendía. El Film, dura unos veinte minutos y carece de diálogo, pues debía expresar conceptos abstractos a fin de convertirse solo en pensamientos sin apoyo alguno en la narrativa.Un dato curioso es que años atrás el actor rechazó interpretar “Esperando a Godot” en un teatro de Greenwich Village por encontrar que la obra era ininteligible. Keaton no era precisamente muy sociable y se comunicaba por monosílabos; de él dijo Beckett:”Tenía cara de póquer y también mente de póquer”. Beckett y Keaton, una extraña pareja en una disparatada película; en cualquier caso todo un documento para la historia del cine.

 

 

Los surrealistas españoles y Buster Keaton

Buster Keaton posando como la Venus de Milo (retrato de promoción de 1938)

Buster Keaton posando como la Venus de Milo (retrato de promoción de 1938)

 

Buster Keaton en "El maquinista de La General"

Buster Keaton en “El maquinista de La General”, 1927.

 

¡Irresistible e irrepetible esa imagen de Buster Keaton de Venus de Milo!

¿Se puede hablar de la influencia de Keaton en Dalí, Lorca y Buñuel? Algo tan aparentemente “poco serio” se puede tener en cuenta sin duda, ya que en sus respectivas biografías así se señala. Frente a lo chaplinianos que eran sobre todo los surrealistas franceses, habría que contraponer a los españoles; a estos tres mosqueteros del surrealismo español (y dado que como se sabe eran cuatro) habría que añadir a Alberti en su predilección por el americano; así, en palabras de Buñuel: “El que menos nos gustaba era Chaplin”. Con estas palabras, define la apuesta por el aséptico Keaton. Durante su permanencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid les gustaba ir al cine para reírse. Buñuel lo cuenta así: “Nos gustaban las películas cómicas norteamericanas. García Lorca, Dalí, Alberti y yo íbamos mucho al cine para reírnos con Keaton, Ben Turpin, Ambrosio. Sobre todo con Keaton. No nos importaba si el cine era arte o no. Eso sí, nos gustaba el humor y la poesía que encontrábamos en él”. Lorca y Alberti hicieron poemas a los cómicos del cine norteamericano. Keaton encarnaba el humor más disparatado, lo insólito y, lo más importante, la descontextualización del objeto. Dalí en un arrebato dijo:” Buster Keaton -¡he aquí la Poesía pura, Paul Valery!” El rostro impasible, deshumanizado del cómico les llevaba a la asepsia que fascinaba a Buñuel que dijo: “Asepsia. Desinfección. Liberadas de la tradición, nuestras miradas se rejuvenecen en el mundo juvenil y temperado de Buster Keaton, gran especialista contra toda desinfección sentimental”. Lo putrefacto que anidaba- según ellos- en las representaciones artísticas sensibleras impregnadas de sentimentalismo con pretensiones trascendentales lo encarnaba Chaplin, mientras que Keaton era el valor anti-artístico, la modernidad. En un artículo en Cahiers d’Art, en 1927, Buñuel elogiaba a Buster Keaton en su película “College” como “gran especialista contra toda infección sentimental”. La influencia de Keaton en la obra de Buñuel se nota en sus dos primeros filmes. Por otra parte “El paseo de Buster Keaton” de Lorca, escrito en 1928, según algunos refleja sus inquietudes personales sobre la homosexualidad. La ambigüedad del cómico hizo que el poeta se identificara con la imagen de Keaton; en esta obra Lorca combina diversos elementos teatrales, poéticos y cinematográficos

 

El “salto” de Halsman que más me gusta

Philippe Halsman: Audrey Herpburn"

Philippe Halsman: “Audrey Herpburn” 

El “salto” que más me gusta de los que el fotógrafo Philippe Halsman hizo dar a los famosos; este es para mí el mejor, inmejorable; toda la frescura y la alegría de la gran actriz se muestra en esta toma tan vital y juvenil, tal como enamoró al público en “Vacaciones en Roma” o en “Sabrina”. Cara de ángel eso es lo que nos viene a la cabeza, fotogenia, o flechazo a la cámara, Audrey era, es insuperable.

“El hombre tranquilo” (“The quiet man”). John Ford, 1952

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara, Café el hombre tranquilo, Cartagena.

¿Quién no recuerda a Michaeleen Flinn? Fue como encontarme con un amigo. Allí estaba detrás de un cristal, mirándome con su sonrisa burlona y esos ojillos picarones el último día del año. Pensé que toda la magia del cine estaba en ese escaparate. Al lado, un bar lleno a rebosar de gente joven con la copa en la mano, que invadía la calle con su alegría contagiosa. Me pareció oír su pegadiza cancioncilla mientras conducía su carricoche. Barry Fitgerald que así se llamaba, dio  cuerpo y forma  en 1958, a uno de los personajes más entrañables de John Ford mientras se enamoraban John Wayne y Maureen O’Hara, teniendo como telón de fondo una Irlanda entrañable con paisajes bellísimos. ¡La magia del cine, que nos permite entablar amistad con gente de todo el mundo, Fitgerald, Wayne, O’Hara… como de la familia! ¡Homérico!

Paseando por el Palais Royal

Palais Royal. Foto: Bárbara

¿Se acuerdan de “Charada”, la magnifica película de Stanley Donen? Durante años, la asociaba a Hitchcock; quizás, aparte de mi ignorancia, porque la factura del maestro del misterio estaba presente en este thriller con tintes de comedia amable, intriga muy bien dosificada y unos actores de primera. La buena química entre el siempre impecable Cary Grant y  la  angelical Audry Hepburn funciona en cada plano, en cada escena. De él se dijo que era ya demasiado maduro para dar la réplica a una deliciosa actriz vestida por Givenchy de manera elegantísima. Como fan de Cary Grant, nunca he estado de acuerdo; un señor así no tiene edad. La espléndida fotografía de Charles Lang Jr. nos regala unas vistas de París impagables lo que, unido a la fabulosa música de Henry Mancini, hace posible un “viaje”  genial a la ciudad desde la butaca del cine o el sofá de casa. El guión, responsabilidad de Peter Stone, es de aquellos en que las palabras tenían fuerza, chispa y en los que se desarrollaban unos diálogos inteligentes (¡qué tiempos!). Walter Matthau, James Coburn y George Kennedy dan vida a sus personajes respectivos con una eficacia rotunda. Una película redonda de esas que una no se cansa de ver, de esas en las que, al contrario, ganan con el tiempo y donde la vis cómica del actor inglés permite momentos muy divertidos.

La foto adjunta corresponde al patio de las columnas del Palais Royal, lugar donde se inicia el desenlace de este thriller tan soberbio y que termina en el interior del teatro de “La Comédie Française”, situada justo al lado del Palais. ¿Se acuerdan del tiroteo entre Cary Grant y Walter Matthau parapetados ambos en las columnas con una Audry Hepburn deconcertada sin saber a quién creer?