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El banco de Manet

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. Manet: The Bench (Mi jardín). 1881

Cuando en 1972 visité por primera vez el pequeño y coqueto museo de los impresionistas en las Tullerías, Le jeux de Pomme, no recuerdo haber visto este cuadro ni lo conocía hasta hoy, de modo que cuando lo he visto  reproducido he pensado con alegría lo mucho que me queda aún por aprender y conocer, por suerte. Porque encontrar algo así es como encontrar un tesoro o un sello extraordinario para cualquier filatélico o para un loco numismático una moneda rara. La siguiente reflexión es que los pintores impresionistas, cuyo apelativo les puso un crítico de arte, me parece perfecto desde aquel cuadro, “L’impression du soleil couchant”, que buscaban el efecto de la luz, la impresión sobre el entorno y el ambiente, la atmósfera en definitiva vibrante, y que tuvieron la enorme suerte de triunfar en vida, de modo que su deseo de pintar al aire libre les permitía tener un jardín como Manet e, incluso en el caso de Monet, permitirse el lujo de hacer desviar un afluente del Ep para poder construir su famoso jardín japonés donde plantar sus nenúfares que él inmortalizara; claro es que además su marchante pagaba sus facturas y hasta el colegio de sus hijos, el chófer y demás servicio doméstico; y además, como era íntimo amigo del ministro Clemenceau, pudo diseñar cómo quería, en su museo, disponer sus ninfeas en salas circulares. Lo dicho: ¡Qué tiempos aquellos!

 

Picasso en Gósol

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Pisasso.” Gósol”. 1908

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Picasso. “Desnudo con las manos juntas”. 1908

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Picasso.”Adolescentes”. 1908

En la actualidad, estas tres obras de Picasso que él pintara durante su estancia en Gósol están en L’Orangerie (París).

 

Paris la nuit

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La Tour Eiffel. Foto: Elena  C.

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Pont d’Alexandre III. Fotografía: Elena C.

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L’Ôpera Garnier. Fotografía: Elena C.

Mi querida “corresponsal” parisina me ha enviado estas tres fotos de Paris la nuit. Están sacadas desde un coche y se lo agradezco de corazón. Ella sabe de mi debilidad por la ciudad de la luz. Espero ir pronto, ya tengo “morriña”. Hay ciudades que te atraen, te atrapan como un imán o como una droga y a las que vuelves irremediablemente una y otra vez. La Tour en las noches de verano arde a lo bonzo y es un espectáculo fantástico. El puente de Alejandro III es, de los treinta y tantos que tiene París, el más bonito. El edificio de la Ópera Garnier es precioso por dentro y por fuera, con una gran escalinata que ofrece, a modo de bienvenida toda la riqueza y belleza del repertorio operístico mundial. Recuerdo cuando fui a ver “La Walkiria”, a deleitarme con Wagner que, por cierto no es una ópera fácil, yo soy más verdiana; como entonces yo era estudiante fui al gallinero y lo que se me ha quedado grabado es la enorme araña de cristal y los techos pintados por Chagal: una maravilla. La otra ópera de París no la conozco por dentro, pero, quién sabe, a lo mejor programan “La Traviata” y cumplo mi deseo, porque ir a la Fenice no creo, aunque sería también un sueño.

 

 

La Dama y el Unicornio

 

 

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“Á mon seul désir”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

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“La Vista”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

En el Museo de la Edad Media de Cluny en Paris se encuentran los seis tapices que forman la serie conocida como la Dama y el Unicornio; fue en 1882 cuando los tapices se ubicaron allí de forma permanente y donde se pueden admirar hoy día. Los bellísimos tapices fueron encontrados en el castillo de Boussac. Y fue Prosper Mériée, que era inspector de monumentos, el que dio con ellos. En el Museo de la Edad Media situado en el Barrio Latino se exponen en una sala circular con una iluminación tenue para mantenerlos en las mejores condiciones;  un sencillo banco en medio de esa estancia permite al visitante detenerse, sumergirse en esas escenas que nos transportan al universo medieval: una maravilla que hay que disfrutar sin prisas y a lo que contribuye sin duda la estudiada iluminación. La extraordinaria oferta museística de París a veces hace que el pequeño museo de Cluny pase desapercibido, no obstante no hay que perderse esta joya. Los tapices se atribuyen a los artesanos flamencos de finales del siglo XV y estos están elaborados con lana y seda siguiendo una ornamentación al estilo denominado como “mil flores” En los años veinte del siglo pasado A. F. Kendric vio en los tapices una alegoría de los cinco sentidos y en años posteriores fue asumida esta interpretación por el director del Museo A. E. Branderburg y sirvió de guía para la disposición que tienen en la actualidad. Los cinco sentidos representados en sendos tapices concluyen en el sexto, que sintetiza el conjunto, y que contiene la siguiente enigmática divisa: ” A mon seul désir”.

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“El Gusto”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

5 rue Lagrange

 

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5 rue Lagrange. París. Foto: Bárbara

En este edificio rosa, el número 5 de la rue Lagrange, viví en París en el año 1972. Entonces todo el edificio era una residencia para chicas, que llevaban unas monjas que por cierto solo exigían que se cumplieran los horarios de modo que, si a las doce no entrabas, ya no lo podías hacer hasta el día siguiente. Y, claro, más de una noche nos quedamos a dormir “à la belle étoile” bajo los puentes de París, cantando y disfrutando de la vida. Cuando veo esta foto, vienen a mí muchos recuerdos y añoro a todas las amigas que compartimos esa experiencia inolvidable; teníamos todo el día por delante para recorrer los museos, sentarnos en los cafés del Barrio Latino, para recorrer Montmartre, para buscar las librerías de Montparnasse, para visitar la Cinemateca, recorrer en los cementerios las tumbas de nuestros poetas preferidos, escuchar música en les caves… celebrar en las calles la fiesta del 14 de julio… buscar gangas en el mercado de las pulgas… Me acuerdo de ti, Manola, Toñi, Mamen, Cari y sobre todo de Julia, que se marchó demasiado pronto. La rue Lagrange está al lado de Notre Dame, solo nos separaba de ella el pequeño puente metálico, “Le pont aux Double”. Para todas ellas, este recuerdo nostálgico. Al cabo de los años, leyendo del maestro Cortázar su novela “El Perseguidor”, me di cuenta de que además esta calle es muy literaria, pues en ella sitúa el domicilio de su personaje principal, Johnny Carter. Y no me extraña nada, pues está en el corazón del Barrio Latino y tiene en su ADN todo el embrujo de la bohemia parisina.

Cuisinière Parisienne

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“Cuisinièr Parisienne”. Éditions Stéphane Bachès, Lyon, 2007.

Precisamente mi parisina preferida, mi querida Elena, me regaló este delicioso libro de cocina comprado en los bouquinistes del Sena. Este libro de viejo está lleno de  las recetas tradicionales francesas como la que aquí reproduzco de la deliciosa y reparadora sopa de cebolla que se servía de madrugada en Les Halles a los trasnochadores, amantes de la noche parisina y a los trabajadores del mercado que terminaban su jornada.

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La sopa gratinada de les Halles

Ocho cebollas grandes partidas, medio litro de caldo de pollo, una nuez grande de mantequilla, veinticinco gr. de gruyère o de comté rallado, cuatro rebanadas de pan tostado y una cucharada sopera de Jerez.

Empezamos por rehogar la cebolla cortada en rodajas finas a fuego lento en una cacerola con la mantequilla, removiendo hasta que la cebolla quede translúcida, apenas dorada. Calentamos  el caldo de pollo, le añadimos el Jerez y la cebolla. Dejamos que borbotee unos doce minutos, el tiempo de preparar cuatro cuencos individuales de porcelana con los trozos gruesos de pan y la sopa de cebolla; espolvoreamos con el queso rallado. Metemos los cuencos en el horno precalentado hasta que la superficie quede gratinada y bien dorada. Esta sopa se servía en todos los bistrots bordeando Les Halles, para reponer a los trabajadores después de una larga noche de trabajo.

Hay que aclarar que Les Halles era el antiguo mercado central de París y que hoy día es un espacio moderno lleno de tiendas, restaurantes, boutiques… En la deliciosa película “Irma la dulce” protagonizada por Jack Lemon y Shirley MacLein, en la que ambos dan vida a un gendarme y a una prostituta, se refleja perfectamente ese ambiente del París canalla y nocturno, alrededor de les Halles. En definitiva un espacio lleno de vida que se ha perdido para siempre; una pena. La vida moderna arrasa con todo y cualquier lugar del mundo hoy se parece tanto a otro, que a veces viajar no cambia tanto el paisaje. Bon appetit!!!

Lugares que amo de París

 

 

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La Maison Rose (Montmartre) Foto: Bárbara

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Le Consulat (Montmartre) Foto: Bárbara

 

Para mí es muy difícil quedarme con unos pocos lugares, pero hay algunos a los que siempre vuelvo. Por ejemplo en Montmartre me encanta la Maison Rose, que fue la vivienda del pintor Utrillo, una casita pintada en rosa, coqueta y pequeña con unos veladores en la calle donde puedes tomar unas cervezas, o Le Poulbot, igualmente habitada por el pintor del mismo nombre, amigo de los niños desamparados del barrio, hoy un pequeño restaurante, o Le Consulat, igualmente bar y restaurante en la misma Place du Tertre, siempre abarrotada de gente. En esta misma plaza se encuentra el Sindicado de actividades de Montmartre. Cuando paseo por el Sena, siempre acudo al Café Esmeralda, detrás de Notre Dame. En su interior la gitana Esmeralda del Jorobado de Notre Dame, baila que te baila tocando la pandereta en el fondo del local, en el mural que hay al lado de la escalera que lleva a los lavabos; desde sus veladores, en la calle, se puede contemplar como discurre el Sena plácidamente y el puente que lleva al Marais. Allí se puede tomar un croquemonsieur o un croquedame divinos. En fin… seguiré hablando de París; es inagotable.