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Siempre nos quedará Paris

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Paris y su gran icono, la Tour. Precioso cielo también; preciosa foto que me envía ma belle nièce avec une petite pensée; ella es así de encantadora y sabe lo mucho que me gusta la ciudad luz. Gros bisous.

París otoñal

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Hoy comienza el otoño, y estoy feliz porque es la estación que más me gusta. Un nuevo ciclo se inicia, se amarillean las hojas, por fin el calor nos va dejando, cambia el paisaje y se va sintiendo en el rostro ese airecillo fresco que tanto vivifica. También echaba ya en falta los días grises que han de venir y poder pasear bajo la lluvia… Ya sé que para la mayoría el verano es signo de alegría, pero también a algunos pocos nos gusta la gabardina, las boinas y pasear bajo la fina fina lluvia parisina…

Fotos, Bárbara. Notre Dame y el Sena.

La Estirga y D. Francisco Torres Monreal

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La Estirga, foto Bárbara

La Estirga, que suele escribir en verano sobre todo, me acaba de mandar saludos para el catedrático de francés de la Universidad de Murcia D. Francisco Torres Monreal. Ella, que tiene un oído muy fino, sabe quién habla de ella y de que manera; le resuenan  sus hermosas palabras y, como cualquiera, es sensible a los halagos y frágil a pesar de su corazón de piedra. La Estirga, no nos equivoquemos, atesora la sabiduría que, como centenaria, le otorgan el tiempo y el ser testigo de la condición del hombre. Desde arriba nos contempla, nos escucha y sopesa su evolución consciente de que, a veces, no somos todos lo suficientemente sensibles como para saber toda la sabiduría que atesoran las criaturas que no son como nosotros. ¡¡¡Gracias!!!

 

Un Hotelito con encanto, “Le Clos Medicis” (París)

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Fotos: Bárbara

Aunque ya puse en su momento la dirección de este hotel con encanto en pleno Barrio Latino, me he encontrado con estas fotos que pueden dar una idea más completa de como es: bonito, confortable y muy bien situado. Tiene, además de unas habitaciones que están muy bien, una pequeña terraza donde se puede desayunar si el tiempo lo permite. Nosotros fuimos en mayo y nos hizo un tiempo espléndido. Está también al lado del Luxemburgo, donde muchos estudiantes y personas de todas las edades, a mediodía, toman su baguette de jambon y se tumban sobre el césped o bien se sientan en las sillas alrededor de la gran fuente de los jardines.

Café “Le Rostand” (París)

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Fotos: Bárbara

Le Rostand, café situado frente a los Jardines de Luxemburgo, es un lugar ideal para quedar con amigos y, sentados ante los minúsculos veladores, dejar pasar el tiempo o bien filosofar a cubierto de la fina lluvia tan parisina. Le Rostand es un clásico, esos lugares que permanecen inmutables como parte del paisaje y al que acudimos sabiendo que estarán allí, que no habrán desaparecido por la especulación inmobiliaria como sucede en otras ciudades. París guarda sus lugares icónicos y es un alivio saber que cuando uno vuelve se encontrará como en su casa, porque todo lo que ama sigue igual y en su sitio.

Jean Metzinger

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“La femme au cheval”. 1911

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“Nature morte”. 1911-1912

Jean Metzinger  que tuvo una instrucción clásica en la Académie des Beaux Arts de Nantes, ciudad donde nació en 1883, a través de su profesor Hippolyte Turon, pronto se interesó por las nuevas tendencias; de manera que experimentó con el neoimpresionismo, el fauvismo, el divisionismo y el puntillismo, para después dedicarse a obras más personales como por ejemplo el retrato de Guillaume Apollinaire de 1910. En 1903 envió tres obras al Salón de París y con las ganancias se fue a París con la intención de estudiar medicina, idea que pronto abandonó. Ese mismo año expuso en el Salón de Otoño y en una colectiva con Raoul Dufy y Lejeune y Torent. Al año siguiente volvió al Salón de Independientes y en el de Otoño.  Y en 1905 expuso en la galería de Berthe Weill con Robert Delaunay con el que tuvo una gran amistad. Esta galerista fue decisiva a la hora de mostrar y apostar por las nuevas tendencias y por pintores como Pablo Picasso, el mismo Metzinger, Matisse, Derain, Utrillo… y ella le presentó a Guillaume Apollinaire, personaje importantísimo en ese circulo de artistas. La influencia de Picasso en Metzinger fue considerable hasta 1923. Este artista en los años sucesivos expuso con todos los que tenían algo que decir en el arte moderno: Braque, Sonia y Robert Delaunay, Dufy, Brancusi, Leger, Van Dongen… A partir de 1910  comenzó a publicar artículos sobre pintura contemporánea y siguió publicando con el fin de difundirlo. Para ello fue decisivo el libro que publico junto con Albert Gleizes. Según él Braque y Picasso: “se habían despojado de la perspectiva tradicional y se habían tomado la libertad de girar alrededor de los objetos, lo cual les permitía hablar, por primera vez de totalidad”. En 1911 expuso en la sala 41 del Salón de Independientes que sería la primera exposición formal de pintores cubistas con  Robert Delaunay y Léger. siguio exponiendo en los salones y en las mejores galerías de París y en 1916 expuso en N.Y. en la galería Montross, en la Der Sturm de Berlín. Participó en la I Guerra mundial y cuando regresó ya no abandonó su residencia definitiva en París. En años posteriores expuso en Londres en la galería Hannover y en la Leiscester y en el Arts Club de Chicago en 1953. Fue un asiduo del famoso Bateau Lavoir. Su obra se clasifica dentro del cubismo analítico. Murió en París el 3 de noviembre de 1956.

Colegas de La Estirga, gárgolas y quimeras

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Creo que ayer hizo un año del incendio de Notre Dame que, retrasmitido en directo, nos helaba el corazón. Seguimos con angustia el desarrollo del fuego y no podíamos creer que algo así estuviera sucediendo. Uno de los más bellos monumentos representativos de París se quemaba; claro que yo pensaba en La Estirga sobre todo y me reconfortaba pensando que la piedra aguantaría. Piel de piedra, lavada por esa lluvia fina tan parisina, garras de piedra bruñida por el viento, toda un arca de Noe De todas me sorprende ese personaje con gorro frigio y barba larga y esa pelícano que escruta el vacío…; abajo, el parvis de Notre Dame, con personas que, horrorizadas, miraban hacia las torres.

Notre-Dame y la Estirga

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Vista lateral de Notre-Dame desde el Sena. Foto: Bárbara

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La aguja de Violet le Duc, con los apóstoles y las quimeras. Foto; Bárbara

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La Estirga. Foto: Barbara

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Vista desde las Torres de la punta de la isla. Foto: Bárbara

Ayer muchos parisinos lloraron y los que lo somos de corazón también. Notre-Dame ardía y las imágenes que iban apareciendo ante nuestro ojos nos parecían una pesadilla. Mi querida  Estirga de piedra no podía reflejar lo que sentía entre las columnas de humo, pero sus lágrimas, como las del resto de las quimeras y gárgolas, caían sobre el fuego que, voraz, parecía que iba a destruir el templo más hermoso que hemos visitado tantas veces. Notre-Dame es más que un templo; representa la cultura de Occidente, el patrimonio de todos, el lugar donde creyentes y no creyentes elevan una oración y se inclinan ante la belleza y la armonía asentada en la isla de la Cité como un buque insignia. ¡Cuántas parejas abrazadas la han recorrido y, sentados con las manos entrelazadas, miraban los hermosos rosetones que filtraban la luz! La aguja de madera de Violet le Duc caía ardiendo, el plomo contribuyó también, y parte del techo de la bóveda. El pequeño campanario de madera parece ser que se ha salvado y que las campanas se mantienen es su lugar; si la mayor hubiera caído, el destrozo hubiera sido terrible. Las quimeras y las gárgolas encaramadas, desde las torres no daban crédito. Cuatrocientos bomberos lucharon hasta las cuatro de la mañana, Me dicen que solo uno de los “rosaces” permanece intacto; los otros han estallado por el calor. La doncella de Orleans estuvo allí y todos los reyes franceses han sido allí entronizados. Esta mañana, al ver que las torres permanecían en pie, me he sentido aliviada; la imagen de la Señora sigue, aunque haya que restaurar y curar todas sus heridas. Y el parvis ante la catedral seguirá acogiendo a los innumerables turistas que hacen cola para llegar a las torres y, tras armarse de valor, subir los cuatrocientos escalones… La vista merece la pena… El Sena se desliza arrullándonos como los gorriones que se esconden en el espesor de los setos, cuando comienza a llover con esa lluvia fina tan parisina.

 

El banco de Manet

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. Manet: The Bench (Mi jardín). 1881

Cuando en 1972 visité por primera vez el pequeño y coqueto museo de los impresionistas en las Tullerías, Le jeux de Pomme, no recuerdo haber visto este cuadro ni lo conocía hasta hoy, de modo que cuando lo he visto  reproducido he pensado con alegría lo mucho que me queda aún por aprender y conocer, por suerte. Porque encontrar algo así es como encontrar un tesoro o un sello extraordinario para cualquier filatélico o para un loco numismático una moneda rara. La siguiente reflexión es que los pintores impresionistas, cuyo apelativo les puso un crítico de arte, me parece perfecto desde aquel cuadro, “L’impression du soleil couchant”, que buscaban el efecto de la luz, la impresión sobre el entorno y el ambiente, la atmósfera en definitiva vibrante, y que tuvieron la enorme suerte de triunfar en vida, de modo que su deseo de pintar al aire libre les permitía tener un jardín como Manet e, incluso en el caso de Monet, permitirse el lujo de hacer desviar un afluente del Ep para poder construir su famoso jardín japonés donde plantar sus nenúfares que él inmortalizara; claro es que además su marchante pagaba sus facturas y hasta el colegio de sus hijos, el chófer y demás servicio doméstico; y además, como era íntimo amigo del ministro Clemenceau, pudo diseñar cómo quería, en su museo, disponer sus ninfeas en salas circulares. Lo dicho: ¡Qué tiempos aquellos!

 

Picasso en Gósol

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Pisasso.” Gósol”. 1908

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Picasso. “Desnudo con las manos juntas”. 1908

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Picasso.”Adolescentes”. 1908

En la actualidad, estas tres obras de Picasso que él pintara durante su estancia en Gósol están en L’Orangerie (París).