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La Dama y el Unicornio

 

 

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“Á mon seul désir”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

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“La Vista”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

En el Museo de la Edad Media de Cluny en Paris se encuentran los seis tapices que forman la serie conocida como la Dama y el Unicornio; fue en 1882 cuando los tapices se ubicaron allí de forma permanente y donde se pueden admirar hoy día. Los bellísimos tapices fueron encontrados en el castillo de Boussac. Y fue Prosper Mériée, que era inspector de monumentos, el que dio con ellos. En el Museo de la Edad Media situado en el Barrio Latino se exponen en una sala circular con una iluminación tenue para mantenerlos en las mejores condiciones;  un sencillo banco en medio de esa estancia permite al visitante detenerse, sumergirse en esas escenas que nos transportan al universo medieval: una maravilla que hay que disfrutar sin prisas y a lo que contribuye sin duda la estudiada iluminación. La extraordinaria oferta museística de París a veces hace que el pequeño museo de Cluny pase desapercibido, no obstante no hay que perderse esta joya. Los tapices se atribuyen a los artesanos flamencos de finales del siglo XV y estos están elaborados con lana y seda siguiendo una ornamentación al estilo denominado como “mil flores” En los años veinte del siglo pasado A. F. Kendric vio en los tapices una alegoría de los cinco sentidos y en años posteriores fue asumida esta interpretación por el director del Museo A. E. Branderburg y sirvió de guía para la disposición que tienen en la actualidad. Los cinco sentidos representados en sendos tapices concluyen en el sexto, que sintetiza el conjunto, y que contiene la siguiente enigmática divisa: ” A mon seul désir”.

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“El Gusto”. La Dama y el Unicornio. Museo de Cluny

5 rue Lagrange

 

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5 rue Lagrange. París. Foto: Bárbara

En este edificio rosa, el número 5 de la rue Lagrange, viví en París en el año 1972. Entonces todo el edificio era una residencia para chicas, que llevaban unas monjas que por cierto solo exigían que se cumplieran los horarios de modo que, si a las doce no entrabas, ya no lo podías hacer hasta el día siguiente. Y, claro, más de una noche nos quedamos a dormir “à la belle étoile” bajo los puentes de París, cantando y disfrutando de la vida. Cuando veo esta foto, vienen a mí muchos recuerdos y añoro a todas las amigas que compartimos esa experiencia inolvidable; teníamos todo el día por delante para recorrer los museos, sentarnos en los cafés del Barrio Latino, para recorrer Montmartre, para buscar las librerías de Montparnasse, para visitar la Cinemateca, recorrer en los cementerios las tumbas de nuestros poetas preferidos, escuchar música en les caves… celebrar en las calles la fiesta del 14 de julio… buscar gangas en el mercado de las pulgas… Me acuerdo de ti, Manola, Toñi, Mamen, Cari y sobre todo de Julia, que se marchó demasiado pronto. La rue Lagrange está al lado de Notre Dame, solo nos separaba de ella el pequeño puente metálico, “Le pont aux Double”. Para todas ellas, este recuerdo nostálgico. Al cabo de los años, leyendo del maestro Cortázar su novela “El Perseguidor”, me di cuenta de que además esta calle es muy literaria, pues en ella sitúa el domicilio de su personaje principal, Johnny Carter. Y no me extraña nada, pues está en el corazón del Barrio Latino y tiene en su ADN todo el embrujo de la bohemia parisina.

Lugares que amo de París

 

 

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La Maison Rose (Montmartre) Foto: Bárbara

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Le Consulat (Montmartre) Foto: Bárbara

 

Para mí es muy difícil quedarme con unos pocos lugares, pero hay algunos a los que siempre vuelvo. Por ejemplo en Montmartre me encanta la Maison Rose, que fue la vivienda del pintor Utrillo, una casita pintada en rosa, coqueta y pequeña con unos veladores en la calle donde puedes tomar unas cervezas, o Le Poulbot, igualmente habitada por el pintor del mismo nombre, amigo de los niños desamparados del barrio, hoy un pequeño restaurante, o Le Consulat, igualmente bar y restaurante en la misma Place du Tertre, siempre abarrotada de gente. En esta misma plaza se encuentra el Sindicado de actividades de Montmartre. Cuando paseo por el Sena, siempre acudo al Café Esmeralda, detrás de Notre Dame. En su interior la gitana Esmeralda del Jorobado de Notre Dame, baila que te baila tocando la pandereta en el fondo del local, en el mural que hay al lado de la escalera que lleva a los lavabos; desde sus veladores, en la calle, se puede contemplar como discurre el Sena plácidamente y el puente que lleva al Marais. Allí se puede tomar un croquemonsieur o un croquedame divinos. En fin… seguiré hablando de París; es inagotable.

 

Algunas direcciones de París

 

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La Tour Eiffel desde el Trocadero. Foto: Bárbara

Descubrir París callejeando, siempre nos aporta sorpresas agradables, pero llevar algunas direcciones en la agenda nos puede resultar muy eficaz, ya que la oferta es infinita. Lo primero que yo apuntaría sería el teléfono de uno de los taxis, ya que a veces resulta difícil o casi imposible que paren (+33 01.2.76.00.40). Hay un café muy céntrico, cercano al Louvre, que adoro, es el Café Ruc al que voy siempre que estoy en París (159 rue St-Honoré) y lugar de citas de periodistas; otro es el Marly con vistas al patio central del mismo Museo. En La Truffière (4 rue Blainville) triunfa la trufa del Perigord; no es barato, pero sirve para darse uno un buen homenaje por la noche. En Montparnasse tenemos Chez Toyo, el menú de mediodía ronda los 35 euros (17 Jules Chaplain), estupendo maridaje de la cocina de Japón y la francesa; pare empezar se sirve una deliciosa mantequilla de algas, y que nadie se sorprenda de su genial paella. Un local que no hay que olvidar es Le Pré Verre, cerca del Panteón (8 rue Thénard); de aperitif sirven un vino espumoso menos caro que el champán, un champalou del Loire estupendo; el menú de mediodía ronda los 13 euros: excelente el cochinillo con canela y anís estrellado.  Si buscamos platos bajos en calorías nada como La Femme Opera (55 rue Saint-Roch). En la terraza Le Mini Palais se puede compartir mesa con famosos diseñadores de moda. Para ir de compras me gusta ir por el Marais y finalmente, si queremos bailar hasta el alba, en Le Pompon (9 rue des Petites-Écuries) lo podéis pasar bomba.

La Tour Eiffel: ¡ Felicidades!

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La Tour Eiffel cumple 130 años y quién lo diría, sigue tan esbelta y pizpireta como cuando la inauguraron. La de cosas que ha visto, la de gentes que la han visitado llevándose en la retina las mejores vistas de París, el Sena con las barcazas y los jardines del Trocadero con el magnífico Palais de Chaillot, la cinemateca francesa, donde los enamorados del cine se dan cita… todo un mundo de sensaciones y vivencias que una se lleva en la memoria. París está de fiesta, porque la Tour cumple años y permanece erguida a pesar de los avatares de la historia, a pesar de que los nazis quisieron volarla por los aires. Mas ella, como una jovencita de tan solo 130 años, nos sonríe desde esa atalaya de hierro y tornillos sin mostrar signo alguno de decadencia.

Fotos de la Tour Eiffel y panorámica desde ella: Bárbara

Unas largas vacaciones

El Sena; foto: Bárbara

El Sena, foto: Bárbara

 

La Estirga, encaramada a Notre Dame, me ha dado un ultimátum: después de cinco años de ininterrumpido trabajo, exige unas largas vacaciones; quizás definitivas…en fin no puedo negarle que tiene más razón que un santo. De modo que ella y yo hacemos mutis por el foro; hasta cuándo, no lo sé, depende de que nos pongamos de acuerdo o que la añoranza de los grandes amigos blogueros nos obligue a volver. Y por si no hay vuelta… un millón de gracias a todos los seguidores. Un abrazo grande.

Annie Leibovitz y las quimeras

Annie Leibovitz: " Angejine Jolie"

Annie Leibovitz: ” Angelina Jolie”.

 

Entre las quimeras, la bruma azulada de la noche pinta las piedras como si el lapislázuli se derramase por los tejados y por entre las torres de Notre Dame. París duerme y ellas, las quimeras de Violet Le Duc, son vigías de ese barco fantasma que es la isla y que navega sin rumbo ni destino posible; y esa visión de pesadilla se torna sueño placentero en el que ellas volaban planeando sobre los puentes hasta que las primeras luces del alba se reflejaran en el agua y formaran círculos concéntricos como si un clochard lanzara piedras sobre su superficie verde musgo. Pero mientras, París duerme…