“Ausencia” de Jero García

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Foto, Jero García Gázquez

“Ausencia” es el titulo que el autor ha puesto a esta bella fotografía que nos sugiere muchas cosas. El B/N tiene unos matices que a mi personalmente me gustan mucho. Como buena cinéfila que soy, adoro aquellas películas de los años cuarenta, como por ejemplo “El tercer hombre”, que nos asombraba por la riqueza de sus tonos grises y sombras; además de contar con una banda musical de primera y unos actores de categoría; la atmósfera que envuelve a los personajes sin duda se beneficia del B/N. ¿Alguien se imagina esa película en color? Impensable.

Crepúsculo

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Foto, Jesús Juárez

Desde la huerta murciana, este bellísimo panorama al atardecer con esos colores que cualquier pintor retiene en la retina, para no olvidar que la naturaleza es mucho más, mucho mejor que cualquier paleta, por rica que esta sea. ¡Gracias mil otra vez, Jesús!

Último retrato de mamá

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Retrato, Bárbara, óleo sobre lienzo. Fotografía Aurelio Serrano.

Mamá hubiera cumplido en abril de este año los 91. Este fue el último retrato que le hice. Entonces debía tener alrededor de los setenta y cinco años, y recuerdo sus palabras como si la estuviera oyendo: “Cuando me dé el bajón, será de golpe”. Y tenía razón, se conservó estupendamente a pesar de sus años, que no aparentaba. “El bajón” al que ella se refería era aparentar realmente los años que tenía. Y aun así, conservó su belleza en la madurez.

Radiante esta primavera

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Foto, Jesús Juárez

Un esplendido macizo de flores que demuestra que esta región cuando recibe las lluvias necesarias es un vergel. Sonrío al pensar que mi padre siempre decía a este respecto: ¡ Ay, si tuviéramos los ríos de Francia…! Si el clima no cambia para bien, esta zona sufrirá un avance hacia la desertización y no quiero ni pensarlo. ¡Otra fotografía preciosa de Jesús! ¡Mil gracias!

Las “Grandes ” de Montmartre (II)

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Una calle de Montmartre, foto Bárbara.

Como ya dije en un post anterior, hablando de las mujeres importantes que jugaron un papel en el Montmartre de aquellos años dorados de “La Butte”, hay que destacar además a Suzanne Valadon y a Mary Cassatt. Dos fuertes personalidades, cada una en su estilo

De Suzanne Valadon, como ya dije en su momento en un post, comenzó, por su belleza, como modelo de pintores como Renoir, Degas, Toulouse Lautrec…, pero su talento la llevó a realizar su primera exposición en la galería de Berthe Well. Su pintura es fuerte e innovadora, dedicándose con pasión al desnudo sobre todo masculino, algo nada frecuente en aquellos años para una pintora. Se la recuerda así mismo por sus excentricidades, qué menos en aquella época en que las mujeres estaban tan constreñidas. Se dice que tenía una cabra en su estudio y que abandonó a su marido, un rico banquero, para tener una pareja veinte años más joven que ella.

Mary Cassatt por su parte fue una importante mecenas, además de artista. El hecho de que en EEUU haya tantas obras impresionistas, se debe a su labor como intermediaria entre los pintores y las familias adineradas norteamericanas. Su relación con Degas fue clara e importante, pues no solo posó para él, sino que trabajaron juntos intercambiando sus respectivas experiencias como pintores. Está considerada una de las mejores grabadoras del siglo XIX, pero a pesar de ello no pudo entrar en la Academia de Bellas Artes por sus desnudos masculinos, ya que tenían vetadas a las mujeres que pintaban esas “cosas”. Mon Dieu, quel horreur!

Jazmin de la India

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Fotos, Bárbara

En otra ocasión ya puse alguna foto del jazmín de la India que no conocía y cuya belleza me cautivó. Y, aunque este año de pandemia no he vuelto a ir al vivero al que siempre voy y que está relativamente cerca de casa, guardo algunas fotos de cuando se hacía vida normal. Me pregunto muchas veces si, pasado un tiempo, volveremos a vivir como antes. ¡Lo echo tanto de menos!

Restauración de Notre-Dame según Fran Canós

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El 15 de abril de 2019 se produjo el incendio que conmovió a todo el mundo. Tres meses después, la plataforma mundial GoArchitec seleccionó los 50 mejores proyectos para la restauración de la catedral, el monumento más visitado de Europa. Ahora, entre los diez favoritos, se encuentra el de Fran Canós (Nules, Castellón), un joven ingeniero de diseño industrial, según el diario The Independent. Impresionado por el incendio, se puso a trabajar al día siguiente. Según sus propias palabras: “Recuerdo que era viernes, acabé de trabajar por la tarde… y empecé a imaginar lo que debería hacer el arquitecto: atacar los contrafuertes, hacer algún tejido… una armadura de piedra natural que fuera por encima de la cubierta y que simbolizara proteger Notre-Dame… ” Y añade: “Yo prefiero toda la historia de Notre-Dame con aplicaciones que permite la tecnología actual para la piedra y la madera, otros prefieren cristal o aluminio, pero no lo veo oportuno”. Efectivamente, como añade, la catedral y la historia merecen un respeto. Además su idea es hacer la aguja de Viollet-le-Duc tal como era me parece destacable. Ese bellísimo trenzado que lleva su proyecto curvando la piedra ahora se puede hacer, porque él trabaja con una empresa francesa que lo hace, que realiza esta técnica. Para todo ello habría que hacer un análisis de estructuras, siempre según Canós. Este trenzado se ve perfectamente en la primera fotografía, cuyo resultado es muy bello. En Fran Canós Studio creen que la catedral debe ser reconstruida tal y como estaba, utilizando los mismos materiales de madera y piedra, aunque aplicando los avances técnicos y el diseño, como se hizo en 1163 cuando se construyó.. La aguja de Viollet-le-Duc data de 1844.

El proyecto de Canós lo encuentro fascinante y bellísimo, al tiempo que supone un respeto hacia la historia, anteponiéndolo a todo y sin ánimo de dejar “su firma” por encima de cualquier cosa, como pretenderían muchos profesionales. Aplaudo fervientemente su proyecto.

Paris en Primavera

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París en Primavera, con los árboles llenándose de flores y hojas nuevas. En la primera fotografía, Notre Dame, cuyos trabajos de restauración la dejarán como nueva, aunque aún se debe decidir quién se encargará por fin de llevarlo a buen término. De los innumerables proyectos presentados se seleccionaron finalmente cincuenta, entre los cuales se encuentra un ingeniero español, Fran Canós de 30 años, que quiere reconstruir la aguja de Violet le Duc tal como estaba. La segunda se la dedico a otra persona que, como yo vivió, en la casa de fachada rosa, sita en 5 rue Lagrange, va para ti M. Concepción Contel!. Yo estuve en el último piso, en una buhardilla que compartí con otra chica española; la habitación constaba de dos camas y un aseo, pero las duchas y las bañeras estaban en una sala grande en otro piso, igual que los retretes. Todo muy francés. En la Saboya francesa pasaba lo mismo, las duchas, que eran igualmente comunes, estaban aparte; las habitaciones solo tenían un lavabo y un bidet. Yo encontraba todo esto muy chocante, porque en España el cuarto de baño era completo; de modo que allí era frecuente ir con la botella de lejía en la mano. Son anécdotas para contar. La última es igualmente preciosa, con ese cielo tan azul y los típicos edificios del XIX. Lo dicho, París en primavera es como para no perdérselo; a ver si el año que viene y el virus lo permiten.

¡Mi agradecimiento a mi queridísima parisina!!!

La buganvilla

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Foto, Jesús Juárez

El botánico francés Bouganville le dio su nombre a esta especie tan hermosa, cuyas distintas variedades producen flores desde el rojo al magenta en esas cascadas de belleza indiscutible. De pequeña, cuando vivíamos en Ciudadela (Menorca), había una en el jardín de color lila, que caía sobre un banco de azulejos, formando un rincón delicioso donde me gustaba esconderme, eso pensaba yo, porque me sentía segura en aquel espacio que daba alas a mi imaginación de niña. Preciosa foto, donde el contraste de color entre el azul del cielo y las flores es todo un espectáculo que debo a la generosidad de Jesús; mil gracias.

Las lechuzas

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Desde la tumbona, el cielo, por la contaminación lumínica, es una masa difusa. Solo a lo lejos se veía el resplandor de la ciudad causante de esa carencia a la que estamos acostumbrados. Hacía solo unos días que habíamos vuelto de Lanzarote, donde por primera vez en toda mi larga vida había asistido al resplandor de la oscuridad, al hecho asombroso de ver el cielo tal como es: un tapiz cuajado de estrellas que titilan sin parar. Íbamos andando por una carretera desierta desde la urbanización al pueblo costero más cercano con idea de cenar allí; el campo era un desierto de lava volcánica sin ningún signo de civilización en kilómetros a la redonda, nada ni una casa, solo cielo y tierra y al mirarlo me sentí tan abrumada por aquella inesperada belleza que rompí a llorar; el corazón me latía con fuerza, hipnotizada no podía apartar la vista hasta que sentí dolor en el cuello. Y ganas de caer de rodillas y rendir así mi homenaje al espectáculo más hermoso que nunca había visto. ¡Qué pequeños somos, pensé!, al tiempo que me invadía un extraño sentimiento de serena felicidad. Después, fue una borrachera de sensaciones. Sabía que nunca podría olvidar esa noche en la que descubrí el firmamento. Ahora, observo desde la terraza del ático el mismo cielo, pero al que hemos tapado en pago por la “civilización”. Aun así la noche es tranquila; en la terraza y en silencio miramos sin ver más que eso que se parecía al cielo, pero que no es más que un remedo. De pronto, desde detrás de una de las chimeneas del tejado, dos lechuzas pasaron por encima de nuestras cabezas en un vuelo rasante que nos dejó sin palabras.¡ Qué hermosas eran! Sin duda era un regalo de la diosa de ojos glaucos, Atenea, que se repitió varias noches seguidas.