Las intelectuales de la generación del 27, «Las Sinsombrero».

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El término generación del 27 lo acuño Dámaso Alonso integrada por personalidades como Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Manuel Ángeles Ortiz… Una generación donde las mujeres artistas, escritoras, pintoras, filósofas, poetas, actrices, feministas, ocuparon por derecho un lugar durante la Segunda República. Sin embargo la historia las ha olvidado, como si sus respectivas obras no hubieron existido, aunque su importancia es tanta o mayor que la de sus compañeros de generación; nombres como María Zambrano, María Blanchard, Remedios Varo, Ángeles Santos, Zenobia Camprubí, Carmen Conde, María Teresa León, Rosa García Ascot entre otras forman un grupo cuya valía e importancia hoy ya nadie pone en duda. Hago un inciso para comentar una anécdota que me hizo feliz. Allá por los años ochenta se me encargó por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia la realización de un cartel para una obra de teatro que había escrito el dramaturgo murciano y profesor de la escuela de arte Dramático Antonio Morales, que versaba sobre la escritora de Cartagena y primera académica de la Lengua Carmen Conde y su obra, llamada «El mundo de Carmen Conde». La realización de este cartel me proporcionó la oportunidad de hacer algo sobre una gran mujer a la que admiraba y me dio la oportunidad de conocerla personalmente el día del estreno de la obra en un teatro de su ciudad natal y de la mía. Y también la suerte de conocer a la actriz que daba vida a la escritora, la gran actriz Carmen Bernardos. No me he olvidado de ese encuentro ni de sus cariñosas palabras ni de su bondadosa e inteligente mirada. Me felicitó por el cartel, que no era más que las olas del Mare Nostrum, el mar de nuestra tierra,

Dicho lo anterior, vuelvo a la otra anécdota, el porqué a este grupo de mujeres tan notables se las llamó las Sinsombrero, esto se debe a que en la Puerta del Sol de Madrid, Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, se quitaron el sombrero como gesto de rebeldía ante la sociedad encorsetada del momento. Después, unos productores de cine en el 2015 acuñaron este nombre al narrar el talento de estas artistas. Estas mujeres reivindicaban que se las incluyeran en las antologías del 27 en la generación a la que pertenecían y cuya exclusión dejaría incompleta, coja, la historia, nuestra historia en ese apasionante periodo.

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Federico García Lorca, María Teresa León y Rafael Alberti

Tortugas

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Fotos, Jero García

Las tortugas me parecen unos animales preciosos. No tienen prisa, van despacito y a su aire. Parecen imperturbables y tranquilos, y eso me gusta. Tuve una, hace muchos años, que se llamaba Emilia; a ella le gustaban mucho el tomate y la lechuga. Un día se cayó desde la terraza de un tercer piso y no se hizo nada, en realidad no se cayó por que fuera torpe, resulta que se metía en el comedero de la perra y esta le cogió ojeriza y un día le dio un golpe tan grande que la lanzó contra la barandilla de la terraza con tan mala suerte que se coló entre el espacio que quedaba, cayendo desde un tercer piso a la calle. Cuando veo una me acuerdo de ella, siempre con su casa acuestas; esa es una gran ventaja que nosotros no tenemos porque la roulotte no forma parte de nosotros. Si el tiempo cambia, pues para adentro y listo; que llueve, pues lo mismo. Así es y me parece envidiable. De pequeña quería ser tortuga como Emilia. Tras ese incidente decidimos que no podía convivir con la perra y la llevamos a un refugio para animales. Un día, viendo la televisión la vi, y estoy segura de que era ella porque como Emilia dormía en mi estudio llevaba en el caparazón una manchita de pintura…

Retrato de Mónica Carpi

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Retrato de Mónica Carpi, de Bárbara Carpi. Óleo sobre lienzo.

Siempre digo que hacer el retrato de alguien supone, por lo menos para mi, un esfuerzo no por el trabajo en sí sino por la carga de cariño que te nueve al hacerlo. Y si esa persona además es de la familia y a la que se le quiere mucho con doble motivo. Porque no se trata de hacer algo bonito, la dificultad está en plasmar la esencia de la persona, lo que esa persona es, su personalidad. Y si la persona retratada se ve, se identifica, entonces es que no lo has hecho tan mal.

Maurice Utrillo, el pintor de Montmartre

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nº 1) Place des Abbesses, 1931; nº 2) Place de Saint Pierre bajo la nieve, 1935; nº 3) Casa Berlioz, 1914; nº4)Le Moulin de la Galette bajo la nieve, 1933-35; nº5) Le Lapin Agile, 1936-38; nº6) Retrato de Maurice Utrillo hecho por Suzanne Valadon, 1921; nº7) Catedral de Chartres, 1913.

La vida y la obra de este pintor francés está unido indisolublemente al barrio de Montmartre al norte de París, el barrio bohemio por excelencia. Hijo de la famosa pintora Suzanne Valadon, que no tuvo una vida nada fácil, y que comenzó posando para pintores como Toulouse Lautrec, Renoir y Degas antes de dedicarse a la pintura, sin padre conocido, fue adoptado por el ingeniero y pintor catalán Miquel Utrillo. Pronto, con 15 años, comenzó a beber hasta convertirse en uno de los borrachos «oficiales» del barrio. La bebida y la pintura van unidos en su vida. Utrillo forma parte de la llamada Escuela de París, cuyos pintores realistas están al margen de los dos grupos que por entonces capitaneaban Picasso y Matisse; esta escuela estaba sobre todo formado por pintores extranjeros como Modigliani, Marinetti, Soutine… en el periodo que va entre las dos guerras mundiales. Utrillo pintó todos los rincones de Montmartre, callejuelas, plazas, casas. Pintaba lo que tenía enfrente, allí donde ponía el caballete. Amante de la vida desordenada y nocturna, frecuentaba los prostíbulos y a las prostitutas cuya ayuda le sacó de más de un apuro. Junto con su madre y su amante, el también pintor André Utter, formaban la llamada Trinité maudite, famoso por sus excentricidades. El conocido cabaret de entonces, Le Lapin Agile, toda una institución, que todavía sigue abierto, no podía escapar de ser pintado por el pintor de Montmartre. Una vida llena de penurias, que su madre intentaba suavizar a sus espaldas. Cambiaba cuadros por comida, hasta el punto de que en todas las tiendas del barrio había utrillos y falsos utrillos, que una vez que este alcanzó la fama inundaron el barrio. Mucho tiempo después, cuando André Malreaux fue nombrado ministro de cultura de De Gaulle, mandó quemar todos los falsos que había en Paris, en la Placita de Ravignan de Montmatre. ¡Todo un homenaje! La vida de Utrillo cambió cuando se casó con una rica aristócrata viuda de un banquero, Lucie Valore. De esta manera terminaron las preocupaciones que tenía su madre Suzanne Valadon sobre el futuro de su hijo el día que ella faltara. Utrillo comenzó a triunfar una vez que pudo exponer en el Salón de Otoño de 1909. Respecto a su pintura hay que destacar un periodo, en el que se dedicó a pintar fachadas de catedrales como la de Reims o la de Chartres, donde se casó, llamado místico, o el periodo más relevante en el que pinta obras de pequeño formato, los cuadros blancos de Utrillo, en el que aplica el emplaste blanco con espátula al que añadía yeso, creando un color vibrante que da a este periodo blanco un aspecto único, como en la casa Berlioz donde destaca el encalado de las paredes con cierto aire cubista.

Arroz con atún y gambones

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Receta y foto, Bárbara

Hay recetas familiares que nos pueden solucionar una comida con algo que solemos tener en casa como son unas latas de atún en aceite de oliva. Esta vez además tenía unos gambones congelados, así que hice este arroz que os recomiendo.

Ingredientes: arroz redondo (una medida por persona), gambones, 1 lata de atún por persona, pimientos verdes italianos fritos, unas tiras de pimiento morrón, unos guisantes, 1 cebolla pequeña para el sofrito, dos dientes de ajo, 2 cucharadas de tomate frito, cúrcuma, azafrán o colorante alimentario, caldo de pescado (venden ya para arroces o fideguá), aceite de oliva virgen extra.

En una sartén doramos en un poco de aceite, dos dientes de ajo con piel a los que les hemos dado un corte y los reservamos. Añadimos aceite de oliva virgen como para freír los pimientos verdes cortados en tiras. En la misma sartén, y una vez que quitemos el aceite de freír los pimientos dejando solo un pelín de aceite, hacemos un sofrito con la cebolla picada a la que añadimos, una vez que esta se haya dorado ligeramente, dos cucharadas de tomate frito. Calentamos el caldo que ponemos en una cazuela con el sofrito y los dos dientes de ajo; cuando esté bien caliente, añadimos el arroz y lo dejamos cinco minutos a fuego fuerte para bajarlo a medio pasado este tiempo. Agregamos un poco de cúrcuma, el azafrán o en su defecto el colorante. Pasado un cuarto de hora bajamos el fuego al mínimo y añadimos el contenido de las latas de atún, los pimientos verdes y los guisantes. Se supone que el caldo ya tiene sal, no obstante probamos y rectificamos si hace falta. Cuando falten cinco minutos más o menos de cocción añadimos por encima los gambones y las tiras de pimiento morrón. Tapamos. Pasado ese tiempo, probamos y apagamos el fuego, dejando que el arroz repose otros cinco minutos. Y listo. Un arroz delicioso al que el atún le da un sabor estupendo. Yo lo he hecho muchas veces sin los gambones y está realmente bueno. ¿Quién no tiene unas latas de atún en casa?

Etel Adnan, de Beirut al mundo.

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Fôret. 2019, tapiz

1 y 2, óleo sobre lienzo, 1965-66 y 1963-64

Esta artista libanesa nacida en Beirut en 1925 fue, ha sido, descubierta a la edad de 87 años al gran público, gracias a la exposición conjunta con Vasili Kandinsky que se celebró en el Guggenheim de Nueva York. Esta polifacética mujer ha sido escritora, pintora, editora, poeta y tejedora de tapices, además de un ser humano brillante que ha vivido en sus cien años de existencia el desarraigo, la guerra de su país y la guerra de Vietnam, como algo propio, encarnado y transpirado a través de las herramientas que el arte y la literatura han puesto a su disposición. La modernidad de su mensaje rabiosamente actual lo consigue con armoniosos colores y un estilo carente de todo artificio. Es clara, directa y sencilla en una abstracción luminosa. Algo que la define como artista y como persona es su constante preocupación por lo que acontece en el mundo, dado que ella misma es el resultado de un mestizaje que la marcará y enriquecerá para siempre. Hija de madre griega, de Esmirna, y de un alto funcionario del imperio otomano, estudió en escuelas francesas y más tarde, en la Sorbona, filosofía. En 1955 marchó a EEUU para estudiar un post grado en Berkeley y Harvard. En América terminaría impartiendo clases en la universidad de San Rafael, en California. Cuando regresa a Beirut trabaja en dos periódicos como editora cultural. Y estalla la guerra que duraría tres lustros, La dualidad de esos dos mundos, el norteamericano y el libanés, la conforman y lo expresa en sus poemas de manera que las diferencias culturales y el colonialismo están bien presentes en su obra, en su vida. En 1976 regresó a París donde trasladó su residencia con su pareja, la escultora francolibanesa Simone Fattal. Al año siguiente regresa a California. Expone en Kassel óleos abstractos y leporellos ilustrados con sus dibujos y poemas. A partir de esa exposición todos los museos del mundo le abren sus puertas.

París, siempre París

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Para los amantes de París, este recorrido que nos hará soñar. Como si estuviéramos otra vez paseando por sus avenidas, sus calles del Barrio Latino, por Montmartre, por los Campos Elíseos, o comprendo en el Mercado de las Pulgas… y «Las hojas muertas» en la voz de Ives Montand, no se puede pedir más.

El volcán

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Magníficas, espectaculares, bellísimas, no tengo palabras para definir estas imágenes que circulan por la red. Tanta belleza, sin embargo, va unida al dolor, a la angustia, al desarraigo con que todos los isleños viven el día a día. El futuro se les presenta incierto a tantas familias que van viendo como la tierra, su tierra, les deja con lo puesto. Llegan los ferris desde las otras islas y los aviones llenos de gentes que no quieren perderse ese espectáculo de la tierra que se agita, que ruge desde que el volcán comenzó a expulsar lava. Algunos palmeros se ven en la tesitura de emigrar. La isla bonita nos demuestra que la fuerza de la naturaleza es tan imponente que es imposible luchar contra ella. ¡Ánimo a todos los isleños! Y que lleguen pronto las ayudas que tanto necesitan. En mi corazón esa canción que dice: «Palmero sube a la Palma y dile a la palmerita que se asome a la ventana que su amor la solicita…» y de fondo el timple y una isa y una folía.

La platanera, no nos olvidemos de La Palma

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Foto, Aurelio Serrano

En los hermosos jardines del Hotel Huerto del Cura hay además de muchas palmeras de distintas clases, plataneras, un sinfín de especies vegetales que son un regalo para la vista. Allí todo es verde y solo se oye el piar de los pájaros; las palomas torcaces, tórtolas, mirlos y gorriones están es su paraíso particular. Paseando por sus jardines nos encontramos con esta piña de platanera que se iba llenando de frutos. Enseguida pensamos en La Palma y en los días tan dolorosos que están pasando los isleños mientras ven como su medio de vida se degrada, se pierden las cosechas de los agricultores, sus enseres, y sus viviendas. Es desolador, terrible como la peor de las pesadillas. ¡Ayudemos a La Palma!