Ángeles Santos Torroella, pintora universal

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1ªLeyendo en el Jardín; 2ª Niña durmiendo, 1929; 3ª El vaso de vino, 1928; 4ª Autorretrato, 1928; 5ª Naturaleza muerta (Lilas y calavera); 6ª Un Mundo, 1929.

Ángeles Santos Torroella es, sin duda alguna, una importante pintora que nace en Porbou el 7 de noviembre de 1911. Por el trabajo de su padre, funcionario de aduanas, el traslado del domicilio familiar era frecuente por lo que se habituó a vivir y a conocer bien la geografía española y los diferentes ambientes y la idiosincrasia de los distintos territorios; todo lo cual supuso tener una mente abierta y una curiosidad innata. Pronto se inicia en el dibujo y la pintura, y en Valladolid recibe clases del pintor italiano Cellino Perotti. Aunque no nos debe sorprender la evolución y los distintos estilos que su pintura tuvo, algo que es muy común entre los pintores hasta que encuentran el camino propio, su madurez nos muestra que sus principios no son balbuceantes sino que en cualquiera de ellos el dominio de la técnica y la pasión con que afronta cualquier tema es sorprendente. Así, desde un impresionismo sutil y delicado de «Leyendo en el jardín» hasta la impactante obra «Un mundo» de 1929, que se expuso en el Salón de Otoño celebrado en el Palacio de Exposiciones del Retiro de Madrid y que representa un extraño planeta surrealista, parece que todo cabe en su quehacer. Quizás este impulso a la larga la pudo perjudicar, pero por otro lado es el resultado de su inquietud creadora. Esta última obra de marcado carácter surrealista impactó y causó sensación entre los intelectuales del momento, como Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, entre otros. Se casó con el también pintor Emilio Grau Sala, quien se exilia en París cuando estalla la Guerra Civil. Ella se queda en Huesca donde nace su hijo Julián. El matrimonio se reconcilia a partir del 69. Tras diversas exposiciones, su carrera se ve relanzada tras las exposiciones en la galería Dau al Set, la Sala Nonell y en la galería Multitud, que la llevaron a hacer una muestra antológica en el Museo del Ampurdán. También es invitada a participar en la III Bienal Hispanoamericana celebrada en Barcelona. En el año 2003 se le otorgó la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Murió con 101 años en su casa de Madrid, el 3 de octubre de 2013.

Navidad y Lobo Lunar

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Lobo lunar estaba más que arto; en el bosque se había sentido invadido. Cada año era peor que el anterior. La primera señal fueron las marcas en el barro, luego el ruido ensordecedor. Huyó lo más rápido que pudo hacia la cumbre, saltando de risco en risco, sin mirar atrás. De día era insufrible, los árboles caían como heridos por un rayo; la noche le daba un respiro y aun así su sueño era inquieto y sus ojos cerrados se movían dentro de aquella pesadilla. Miraba, en su sueño, cómo los leñadores entraban en su lobera, hasta ahí se sentía vulnerable. Al despertar, angustiado, ponían en alerta todos sus sentidos; olisqueaba el aire que llegaba desde los cuatro puntos cardinales, igual de dañino o más cada amanecer. Desde el valle nevado se iluminaban miles de bombillas pequeñas como luciérnagas intermitentes y esas señales le decían: huye, escapa, corre. Luego veía venir los camiones que subían hasta el bosque como lombrices que serpenteaban por el camino y a los hombres que talaban los árboles sin compasión como cada año por esas fechas. Diciembre era el mes y la nieve su peor pesadilla.

París en fiesta

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Foto, Elena Colomina

La Tour engalanada para celebrar la presidencia de la Comunidad Europea. Bella, eterna, ella símbolo de la Ciudad Luz, nos sigue enamorando; lo mismo de día que de noche. Siempre nos aguarda impasible como el refugio al que nos dirigimos, como el puerto que nos abriga. Eiffel, sin duda un genio, que regaló a las sucesivas generaciones esa estampa de Paris que llevamos dentro aún lejos, aunque pasen los años.

Arroz negro con champiñones

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Receta y fotografía, Bárbara.

La cocina es creativa y yo ese día estaba la mar de creativa, qué le vamos a hacer. Tenía la idea de hacer un arroz y me encontré con que en la despensa había caldo de pescado con tinta de calamar y no me lo pensé dos veces. Sabía que el resultado, visualmente, sería oscuro, pero que el sabor estaría muy bueno, porque ya antes lo había hecho, pero con caldo normal. Resulta que tenía champiñones laminados y los hice al ajillo, incluida guindilla. Y los reservé. Hice un sofrito con dos dientes de ajo enteros, una cebolla y dos cucharadas de salsa de tomate…

Ingredientes: 1 cebolla mediana, 2 dientes de ajo enteros con su piel, 2 cucharadas de salsa de tomate, 2 pimientos italianos fritos, 3 pimientos morrones, 300 gramos de champiñones laminados, 2 latas de atún en aceite, arroz redondo, caldo para fideguá negro, cúrcuma y colorante alimentario o azafrán, 1/2 limón. Para los champiñones al ajillo: 1 bandeja de champiñones, limpios y laminados, 4 dientes de ajo laminados, aceite de oliva y una guindilla.

En una cazuela ponemos el sofrito y el arroz, y damos vueltas para que el arroz se impregne. Agregamos el caldo y dejamos a fuego fuerte cinco minutos; después bajamos el fuego, mientras en una sartén freímos en tiras los pimientos italianos y los reservamos. Agregamos la cúrcuma y el colorante. Cuando falte un cuarto de hora para que el arroz esté hecho, añadimos las dos latas de atún en aceite de oliva, los pimientos italianos fritos y los pimientos morrones en tiras, así como los champiñones al ajillo, pero sin la guindilla, que retiramos. El resultado es de día de fiesta y sorprenderá a los invitados.

¡Felices Fiestas!

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Foto. Bárbara

Aunque con muchos días aún por delante, os deseo lo mejor de lo mejor en las fiestas que están a la vuelta de la esquina. Ya sé que el panorama a nivel mundial es desolador, la pandemia no nos da un respiro y los emigrantes de Lesbos, por ejemplo, nos produce una vergüenza tremenda. Así las cosas, de todas maneras, no quiero dejar de felicitaros las fiestas de todo corazón. Y desearos un Año Nuevo diferente, mejor si es posible.

Vieiras al ajillo

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Foto y receta, Bárbara

Una receta muy fácil como aperitivo o entrante en estos días de fiesta que se acercan. Igual que hacemos los champiñones al ajillo o las gambas, se hacen estas vieiras.

Ingredientes: unas vieiras congeladas que vienen ya limpias, aceite de oliva virgen extra (Aove), perejil y 3 o 4 dientes de ajo, 1 guindilla y un poco de pimentón. Yo le añadí un chorrito de vino de Oporto (opcional)

En una sartén ponemos unas cucharadas de AOVE, una guindilla y los ajos fileteados. Doramos un poco los ajos. Añadimos un poco de pimentón, vigilando que no se queme. Agregamos las vieiras y damos vueltas, alrededor de cinco minutos; ponemos un chorrito de Oporto. Cuando veamos que ya están hechas, espolvoreamos con perejil. Y listo, tan fácil como esto y tan rápido.

Las intelectuales de la generación del 27, «Las Sinsombrero».

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El término generación del 27 lo acuño Dámaso Alonso integrada por personalidades como Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Manuel Ángeles Ortiz… Una generación donde las mujeres artistas, escritoras, pintoras, filósofas, poetas, actrices, feministas, ocuparon por derecho un lugar durante la Segunda República. Sin embargo la historia las ha olvidado, como si sus respectivas obras no hubieron existido, aunque su importancia es tanta o mayor que la de sus compañeros de generación; nombres como María Zambrano, María Blanchard, Remedios Varo, Ángeles Santos, Zenobia Camprubí, Carmen Conde, María Teresa León, Rosa García Ascot entre otras forman un grupo cuya valía e importancia hoy ya nadie pone en duda. Hago un inciso para comentar una anécdota que me hizo feliz. Allá por los años ochenta se me encargó por parte de la Comunidad Autónoma de Murcia la realización de un cartel para una obra de teatro que había escrito el dramaturgo murciano y profesor de la escuela de arte Dramático Antonio Morales, que versaba sobre la escritora de Cartagena y primera académica de la Lengua Carmen Conde y su obra, llamada «El mundo de Carmen Conde». La realización de este cartel me proporcionó la oportunidad de hacer algo sobre una gran mujer a la que admiraba y me dio la oportunidad de conocerla personalmente el día del estreno de la obra en un teatro de su ciudad natal y de la mía. Y también la suerte de conocer a la actriz que daba vida a la escritora, la gran actriz Carmen Bernardos. No me he olvidado de ese encuentro ni de sus cariñosas palabras ni de su bondadosa e inteligente mirada. Me felicitó por el cartel, que no era más que las olas del Mare Nostrum, el mar de nuestra tierra,

Dicho lo anterior, vuelvo a la otra anécdota, el porqué a este grupo de mujeres tan notables se las llamó las Sinsombrero, esto se debe a que en la Puerta del Sol de Madrid, Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, se quitaron el sombrero como gesto de rebeldía ante la sociedad encorsetada del momento. Después, unos productores de cine en el 2015 acuñaron este nombre al narrar el talento de estas artistas. Estas mujeres reivindicaban que se las incluyeran en las antologías del 27 en la generación a la que pertenecían y cuya exclusión dejaría incompleta, coja, la historia, nuestra historia en ese apasionante periodo.

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Federico García Lorca, María Teresa León y Rafael Alberti

Tortugas

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Fotos, Jero García

Las tortugas me parecen unos animales preciosos. No tienen prisa, van despacito y a su aire. Parecen imperturbables y tranquilos, y eso me gusta. Tuve una, hace muchos años, que se llamaba Emilia; a ella le gustaban mucho el tomate y la lechuga. Un día se cayó desde la terraza de un tercer piso y no se hizo nada, en realidad no se cayó por que fuera torpe, resulta que se metía en el comedero de la perra y esta le cogió ojeriza y un día le dio un golpe tan grande que la lanzó contra la barandilla de la terraza con tan mala suerte que se coló entre el espacio que quedaba, cayendo desde un tercer piso a la calle. Cuando veo una me acuerdo de ella, siempre con su casa acuestas; esa es una gran ventaja que nosotros no tenemos porque la roulotte no forma parte de nosotros. Si el tiempo cambia, pues para adentro y listo; que llueve, pues lo mismo. Así es y me parece envidiable. De pequeña quería ser tortuga como Emilia. Tras ese incidente decidimos que no podía convivir con la perra y la llevamos a un refugio para animales. Un día, viendo la televisión la vi, y estoy segura de que era ella porque como Emilia dormía en mi estudio llevaba en el caparazón una manchita de pintura…

Retrato de Mónica Carpi

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Retrato de Mónica Carpi, de Bárbara Carpi. Óleo sobre lienzo.

Siempre digo que hacer el retrato de alguien supone, por lo menos para mi, un esfuerzo no por el trabajo en sí sino por la carga de cariño que te nueve al hacerlo. Y si esa persona además es de la familia y a la que se le quiere mucho con doble motivo. Porque no se trata de hacer algo bonito, la dificultad está en plasmar la esencia de la persona, lo que esa persona es, su personalidad. Y si la persona retratada se ve, se identifica, entonces es que no lo has hecho tan mal.