La mano grande de papá me sujetaba del bañador; me cogía por la espalda y yo braceaba intentando aprender a nadar. Por aquellos años el agua del puerto estaba limpia. Recuerdo que el día anterior cruzamos el puerto en una barqueta; el cielo estaba gris, pero luego el sol se hizo presente con rayos-flechas que nos atravesaban. Detrás de nosotros, la casa blanca con el porche desde donde mamá nos miraba. Habíamos bajado la escalera con sus escalones también encalados que mantenía la casa arriba, arriba. Y el agua que me entraba en los ojos y papá. En el cielo patinaban las gaviotas que iban y venían desde la base americana. Cerraba la boca para no tragar agua. Veía todo Mahón en lo alto y el campanario de Santa María cómo se anegaba a medida que yo avanzaba; parpadeaba para limpiar aquel hermoso paisaje, para no perderme aquella visión que después siempre me ha acompañado. Teníamos todo el verano por delante y toda la paciencia de papá, que auyentó mi miedo al agua; y ella fue desde ese verano mi mayor pasión, mi elemento, mi patria allí donde estuviera: Papá y Mahón en lo alto.¡Ah, y los mejillones en las bateas!
El sol de la tarde.
Monumento a Vittorio Emanuele.
El mega monumento a mayor gloria de Vittorio Emanuele en abril de 2024 estaba, como casi toda Roma, rodeado de obras. Dichas obras eran por el metro y, claro, no pudimos subir o simplemente no quisimos, ya no lo recuerdo, pero si que la circulación era un caos como se ve en las fotos. La primavera es una época estupenda para viajar.
Dalias.
Desde siempre las dalias han sido mis flores preferidas y estas de color lila son especialmente bonitas. La primavera nos regala maravillas que por ser habituales no dejan de entusiasmarnos; de frente o ligeramente ladeada esta última ofrece a la vista sus pétalos casi tubulares como un ejercicio de anticipación al cierre que se adivina
Sabor de las Islas Baleares.
La añoranza de la tierra donde me crié la traslado también a la cocina y cuando encontré esta receta me apresuré a probar y el resultado me encantó porque además soy medio italiana.
Ingredientes: tallarines o espagueti, sobrasada ibérica, queso de Mahón reserva Mercadal, 1 botella de Chateau Bonnet, réserve Bordeaux, 1 hoja de laurel, 1 cebolla picada, sal y pimienta negra molida (optativo).
Hacemos la pasta como siempre en abundante agua con sal. Escurrimos y reservamos. En la misma olla podemos sofreir la cebolla muy picada. Y cuando esté muy blandita añadimos un buen chorro de vino y una vez haya evaporado agregamos bastante sobrasada. Mezclamos la salsa con la pasta y cubrimos con el excelente queso de Mahón rallado.
La sencillez de esta receta no resta calidad al resultado que solo dependerá de la superior calidad de sus productos. ¡A disdrutad!
Se le ha quedado pequeña.
Brotando la morera.
Raíces y aspidistras.
Levedad.
La alfarería.
Esta pieza de alfarería me trae el recuerdo de una calle de Úbeda en Jaén, la calle de los alfareros, donde vimos trabajar el barro hace ya bastantes años. La calle así llamada lo era porque toda ella estaba dedicada al noble trabajo del barro. Fue toda una bonita experiencia donde Tito·s, la casa más famosa, que exportaba a medio mundo, nos abrió sus puertas y nos dejó,´por unos momentos, experimentar con la arcilla, sentados frente al torno. Allí pudimos comprobar la dificultad de moldear la materia, la cadencia de los movimientos de los alfareros, que combina las habilidad con las manos sobre la pella y el pie que hace rotar el torno.






















