Las lechuzas

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Desde la tumbona, el cielo, por la contaminación lumínica, es una masa difusa. Solo a lo lejos se veía el resplandor de la ciudad causante de esa carencia a la que estamos acostumbrados. Hacía solo unos días que habíamos vuelto de Lanzarote, donde por primera vez en toda mi larga vida había asistido al resplandor de la oscuridad, al hecho asombroso de ver el cielo tal como es: un tapiz cuajado de estrellas que titilan sin parar. Íbamos andando por una carretera desierta desde la urbanización al pueblo costero más cercano con idea de cenar allí; el campo era un desierto de lava volcánica sin ningún signo de civilización en kilómetros a la redonda, nada ni una casa, solo cielo y tierra y al mirarlo me sentí tan abrumada por aquella inesperada belleza que rompí a llorar; el corazón me latía con fuerza, hipnotizada no podía apartar la vista hasta que sentí dolor en el cuello. Y ganas de caer de rodillas y rendir así mi homenaje al espectáculo más hermoso que nunca había visto. ¡Qué pequeños somos, pensé!, al tiempo que me invadía un extraño sentimiento de serena felicidad. Después, fue una borrachera de sensaciones. Sabía que nunca podría olvidar esa noche en la que descubrí el firmamento. Ahora, observo desde la terraza del ático el mismo cielo, pero al que hemos tapado en pago por la “civilización”. Aun así la noche es tranquila; en la terraza y en silencio miramos sin ver más que eso que se parecía al cielo, pero que no es más que un remedo. De pronto, desde detrás de una de las chimeneas del tejado, dos lechuzas pasaron por encima de nuestras cabezas en un vuelo rasante que nos dejó sin palabras.¡ Qué hermosas eran! Sin duda era un regalo de la diosa de ojos glaucos, Atenea, que se repitió varias noches seguidas.

Las rocas y el mar

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Fotografías, Jero

La generosidad de los amigos es inagotable. Magníficas estas de Jero, que combina dos de las cosas para mi más inspiradoras, la piedra y el mar. Viéndolas solo falta oír el sonido de las olas rompiendo contra ellas, nos falta el olor a salitre y casi el canto de las sirenas… Muy sugerentes para este domingo soleado que invita a ir a la playa. ¡Gracias mil, querido Jero!!!

La primera

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Foto, Bárbara

La primera rosa de esta primavera ya está aquí. Este año le ha tomado el puesto al rosal rojo que eran las que primero salían; ha sido trasplantarla a otra maceta más grande y se ha esponjado de satisfacción. Y ya hay dos más a punto de abrirse. Presiento que los rosales amarillos van por el mismo camino.

Amanecer

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Fotografía, Jesús Juárez

No hay nada como tener buenos amigos que saben de mi pasión por la fotografía y tienen el detalle de enviarme fotos como esta. Un cielo de ensueño que despierta el día con estas galas. Será para invitarnos a enfrentarnos con alegría al trabajo o al dolce farniente. ¡Mil gracias!

El sombrero

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Foto, Jero

Otra excelente fotografía que Jero me envía desde Ceuta. Ya he dicho en alguna ocasión, que la fotografía es un gusanillo que cada vez me atrae más y que ya lo llevo en la sangre. Por eso mismo agradezco tanto que entre nosotros, que nos unen lazos familiares y de simpatía mutua, se produzca ese trasvase que me alegra el día; al igual que la de algún amigo que me regala fotografías muy bellas. ¡Solo me queda dar las gracias!

Las “grandes” de Montmartre (I)

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Una calle de Montmartre, foto, Bárbara.

En la época dorada de Montmartre también existieron importantísimas mujeres que, como siempre, quedaron eclipsadas por sus maridos, amantes… Entre ellas están Misia Sert, Berthe Weill, Suzanne Valadon y Mary Cassat; no obstante, que sirva esto como un pequeño homenaje a otras tantas que sufrieron su condición de mujer.

Misia Sert fue descrita por Jean Cocteau como una mujer “con talento para reírse y para colocar a cada uno en su sitio”. No parece mucho, pero no deja de ser una opinión masculina, de un amigo, sí, pero sesgada. Porque Misia Sert además, con su mecenazgo, ayudó de forma principal a que alguno de los grandes pintores como Renoir, al que le extendió un cheque en blanco, pudiera realizar su obra. Hija de padre escultor y madre chelista se crió en un ambiente familiar plenamente artístico. Muy joven se fue a Londres; muy inteligente tenía el don de percibir el genio de otros antes de que se abrieran paso en el mundo del arte; ayudó a sus amigos entre los que se encontraban Coco Chanel, Diaghilev y el ya citado Cocteau. Tuvo varias parejas y finalmente se casó con el arquitecto catalán Josep María Sert, cuyo matrimonio fue una relación de mutua admiración y apoyo, y cuando apareció en sus vidas Roussy Madivani, ayudante de Sert, se convirtió en lo que hay llamamos una relación poliamorosa.

Berthe Weill es la primera galerista de la historia; tenía un olfato muy sutil para distinguir las obras falsas de las verdaderas. Su actividad se inicia en una pequeña librería que después le permitió abrir una tienda de arte; su hermano la ayudó económicamente hasta que se pudo independizar de él y abrir su galería, a la que llamó “B. Weill” debido a que en aquella época tan machista no hubiera tenido éxito. Apoyó a Toulouse-Lautrec en sus comienzos y tuvo con Picasso una relación curiosa; ella le vendió obras de la época azul, pero como tardaba en pagarle, según cuentan él la llegó a amenazar con una pistola: eran tiempos difíciles. Expone por primera vez a los fauvistas Matisse y Marquet, apuesta por el cubismo y también por las mujeres. Vende por primera vez a los grandes pintores,es ella quien los lanza a la fama. Otros marchantes, hombres más poderosos, le chafan el negocio hasta que descubre y lanza, antes de morir, a Modigliani.

Nota aclaratoria: José María Sert era pintor y el marido de Misia y yo lo he confundido con el arquitecto José Luis Sert, pido disculpas por el error.

Alcachofas en escabeche

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Foto y receta, Bárbara.

El mundo del escabeche es realmente interesante, porque te permite escabechar cualquier producto; el límite lo pones tú. Normalmente se escabechaban sobre todo pescados para evitar que se estropearan, poder hacer mayor cantidad y dejarlos preparados durante días. Y, a medida que pasa el tiempo, mejor está. Ahora me interesa preparar así las pechugas de pollo y pavo, que son las partes más secas, para que queden jugosas. Las alcachofas quedaron estupendas, riquísimas y sin duda las volveré a hacer.

Ingredientes: Alcachofas congeladas, una o dos hojas de laurel, pimienta negra en grano, cebolla, vinagre de manzana y zanahoria, pero como no tenía no las puse, y dos dientes de ajo enteros y con su piel, que también doramos.

Tenía dos bolsas de alcachofas congeladas que vienen ya limpias y cortadas en cuartos, de manera que hacerlo fue coser y cantar. Una vez descongeladas dentro de la nevera las alcachofas que saco del congelador la víspera, las pongo a hervir con sal. Mientras, cortamos en palmera una cebolla grande, que vamos rehogando en aceite de oliva sin que se doren. Si tenemos, cortamos en rodajitas las zanahorias y los rehogamos también. En una cazuela, si es de barro mejor, añadimos la cebolla, los ajos, la zanahoria, las hojas de laurel, un puñados de pimienta en grano y vinagre de forma generosa y las alcachofas ya tiernas y hechas. Dejamos macerando en ese recipiente tapado y os aseguro que de un día para otro el resultado es fantástico. Si no queréis que el escabeche salga demasiado fuerte, lo podéis rebajar con agua; eso ya depende de como lo queramos y al gusto de cada uno.

Cómo desgrasar el chorizo

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Fotos, Bárbara

Hoy no tocaba nada de gastronomía, pero como estamos medio de fiesta y estaba un poco gandula, se me ha ocurrido, para los que el tema del colesterol les preocupa, poner esta manera de quitar la grasa. La primera vez que lo hice me quedé pasmada de ver como quedaba el cazo, a la foto segunda me remito. A mí las legumbres me encantan y el otro día hice lentejas con chorizo, pero mientras se iban haciendo desgrasé el chorizo de la siguiente manera. Puse un cazo con agua a hervir y, mientras se calentaba el agua, con una puntila pinché los trozos de chorizo por varios sitios. Cuando el agua estaba ya caliente introduje el chorizo et, voilà, mirad como se queda el cazo lleno de grasa. Saqué el chorizo así desgrasado y a la olla con las lentejas. Algunos pensaréis que pierde sabor, pues para mí nada de nada y le ahorra a tus arterias toda esa grasa. ¡Y las lentejas estaban para chuparse los dedos!

La Primavera, por fin

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Foto, Jero

Otra de las preciosas fotografías que me llegan desde Ceuta. La primavera ha venido en este año tan raro de restricciones y limitaciones, pero el tiempo, ajeno a cualquier circunstancia, sigue su curso al margen de cualquier tipo de miserias que constriñen al ser humano; la naturaleza, ajena a todo, sigue su curso tan espléndida como si nada. Ella permanece inalterable y es adonde deberíamos aferrarnos para sentir que los ciclos de la vida siguen con o sin nosotros. Ella es grande y nosotros estamos de paso, pero mientras, disfrutemos de la vida, de todo lo hermoso que ella nos brinda.

Gracias mil, Jero.