Cesare Pavese, poesía

De la tierra y la muerte

Tú no conoces las colinas donde se derramó la sangre.

Todos huimos,

todos arrojamos

el arma y el nombre. Una mujer

nos miraba al huir.

Solo uno de nosotros

se paró con el puño cerrado,

vio el cielo vacío,

inclinó la cabeza y murió

bajo el muro, callando.

Ahora no es más que un guiñapo de sangre

y su nombre. Una mujer

nos espera en las colinas.

Del libro “Poesías completas”. Edición de Italo Calvino que fue el que ordenó cronológicamente los poemas. Colección Visor.

Espacio Van Gogh, en Arles

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Foto, Bárbara

El espacio Van Gogh en Arles, en la Provenza, contiene el “Autorretrato con pipa” de Vincent Van Gogh y el “Autorretrato con Sombrero de paja” . Pasear por Arles es seguir las huella del pintor y sentirlo en todos los rincones, plazas y callejuelas; es asomarse al Ródano y cruzar a la otra orilla. Es sentarse en la plaza del Ayuntamiento, la plaza de la República, y ver pasar volando a los cuervos. Ir a la plaza del Forum y sentarse en un bar mientras en el café Van Gogh te lo imaginas pintando ” La noche estrellada”. Luego, tras esta parada, subir hasta el anfiteatro romano y descubrir intacta su belleza… Todo esto y más es ir a Arles porque a las afueras te espera “Le pont Langlois” que pintara tantas veces y que sigue igual y si cierras los ojos hasta puedes ver a las lavanderas que hacen su trabajo a la orilla del río.

De película de Hitchcock

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Foto, Jero García

La reunión de pájaros, en este caso palomas, nos evoca la película de Hitchcock en la que dicha reunión nada bueno presagiaba. Si bien es cierto que esa quietud era inquietante porque los pájaros como convocados, por no se sabe que impulso, de repente se volvían furiosos atacantes de los humanos, al mismo tiempo que se precipitaban y chocaban contra los objetos de manera que, a la vez, parecía un suicidio colectivo. La comunicación entre animales de una misma especie es bien sabida como en el caso de los delfines y, me pregunto si sucede en todas ellas. Lo curioso de la película “Los pájaros” es que estos parecen obedecer una orden, pero de quién… o mejor dicho por qué sienten la necesidad de atacar si no son atacados, si no lo hacen como lo harían los depredadores… En fin como diría mi admirado Julio Cortázar: ¡me encantan los puntos suspensivos! Y a ti Jero un sinfín de gracias por tus fotos tan evocadoras.

Los árboles

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Fotos, Bárbara

Esos seres vivos que nos acompañan en cada estación nos muestran su belleza, hasta cuando las podas los dejan desnudos y, son el recuerdo de que nosotros pasamos por las mismas etapas de crecimiento y madurez. Por eso cuando un árbol muere es siempre una pérdida y así lo deberíamos sentir.

El mobiliario de Gaudí, otra maravilla

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Todos conocemos las obras arquitectónicas del genial Gaudí, pero el mobiliario que creara no le va a la zaga. Las sillas, el banco, cualquier objeto del un ajuar doméstico lo trataba como una obra de arte. Así el interior de la casa Batlló igual que hiciera en la Pedrera están tratados con un mimo y una genialidad desbordante; cualquier detalle por nimio que nos parezca están diseñados con esa perfección única. Mi total admiración por este genio universal.

Fotos, Bárbara

Matisse, sus bodegones

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Matisse, bodegón.

Los bodegones de Matisse me gustan muchísimo al contrario que alguno de sus interiores con figura que no me dicen nada, La disposición de los objetos que conforman el bodegón aunque dispuestos de forma aleatoria, consiguen un equilibrio, compensan la composición aunque a primera vista parecen puestos al tuntúm. El color rojo, plano del fondo contribuye a ello y se enriquece con el rojo anaranjado, matizado, de esa bandeja levantada que refuerza el jarrón que tiene delante. Como un prestidigitador juega con nosotros y consigue que el resultados nos deje bouche bée, con la boca abierta. Y nos dan ganas, como si de una pantalla táctil se tratara, de darle de un lado para otro por ver qué más hay. ¡Y todo ello con una simplicidad de líneas pasmosa!

Las vueltas que da la vida.

Es una frase hecha, pero a María le salió del alma, cuando en la cola del hambre se encontró con Andrea, una amiga de la infancia cuyos padres nadaban en la abundancia. Se saludaron con cariño, pero se dio cuenta de que frente a ella , su amiga se sentía avergonzada e incómoda. La dejó pasar, porque ella no tenía nada que hacer; los días, desde que estaba en el paro, eran como chicle que se estiraban y se le hacían eternos, si no fuera por la portería. María le comentó, para romper el hielo, que sus padres se habían matado en un accidente y que la pensión de orfandad era una miseria, pero que había conseguido una portería en el barrio de Salamanca y con eso iba tirando, porque tenía que alimentar a cuatro hermanos y no se había casado porque, a consecuencia de aquel accidente, había perdido un ojo y se había quemado media cara, que llevaba tapada por una melena castaña. La cola avanzaba despacio y el sol calentaba que daba gusto. Andrea la escuchaba en silencio, con la cabeza baja. María no quiso preguntar; se veía que Andrea lo estaba pasando mal, pero que estaba procesando todo lo que le había ocurrido a ella, que no era precisamente un camino de rosas. De pronto se echó a llorar y se rompió; su fragilidad la conmovió profundamente. María la rodeó con sus brazos. Con voz entrecortada, Andrea le contó que su padre se había arruinado a pesar de sus chanchullos, de sus negocios negros y que se había pegado un tiro habiendo dejado a su familia desamparada, pero que ella había podido terminar la carrera de derecho y que estaba de pasante en un despacho de abogados, aunque todavía no le pagaban nada porque estaba en prácticas. ¡Mujer, eso es pasajero, ya verás como dentro de nada las cosas cambiarán para bien! Ahora la cola iba avanzando con más rapidez y dentro de nada se despedirían y cada una seguiría con sus vidas. Andrea salió con las bolsas llenas y se despidió con un te llamaré. María le sonrió mientras Andrea pensaba que no tenía derecho a quejarse, que siempre hay gente que lo está pasando peor.

Lobo Lunar

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El calor lo tenía amodorrado. De día salía apenas de la lobera solo lo hacía cuando los rayos del sol declinaban. Era entonces, cuando amparado por las sombras, saltaba entre los riscos buscando algo que llevarse a la boca. Se daba cuenta que ya sus facultades menguaban porque la mayoría de las veces las presas más insignificantes se le escapaban. Los conejos, que no hacía mucho eran su mayor fuente de proteínas, corrían a toda velocidad metiéndose en sus guaridas. Se sentía tan humillado y avergonzado que había días que hubiera preferido seguir durmiendo aunque las tripas le sonaran como una sinfonía dodecafónica. ¡Qué triste llegar a viejo! penaba en esos momentos de tristeza. Ya ni siguiera salir a aullarle a la luna le producía satisfacción alguna.

Los guanches (II)

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La arqueología no tiene todas las respuestas sobre este pueblo que vivió en las Islas Canarias antes de que llegaran los primeros invasores extranjeros. Pero sí se sabe por los estudiosos que la mujer gozaba de gran respeto y preferencia en la sociedad guanche. ¿Se puede hablar de una sociedad matriarcal? Lo cierto es que algunas tenían poderes extraordinarios. Una mujer a la que llamaban Tamonante dilucidaba cualquier tipo de pleitos y otra, Tibiabin, era adivina; se habla de mujeres guerreras que luchaban con piedras y largos bastones. En la Isla de La Palma “una hermosa mujer de elevada estatura” luchó frente a los españoles, según el naturalista francés Georges Marie Bory de Saint. Las mujeres delegaban el poder a los hombres o mencey en Tenerife o guarnateme en Gran Canaria, aunque ellas tenían el poder sucesorio. Los nobles se distinguían de los plebeyos porque llevaban el pelo largo. Las armas estaban fabricadas con piedras, bolas y objetos punzantes, y madera endurecida mediante el fuego. Se han encontrado cráneos trepanados, que dan fe del grado alcanzado en medicina por los guanches. Se sabe que los aborígenes de Tenerife llevaban su ganado a pastar en verano al parque Nacional de Las Cañadas del Teide. Según la leyenda, el volcán del Teide era la morada del demonio Guayota, lo que demuestra su valentía y arrojo. Está documentado que existía, en la sociedad guanche, la figura del momificador. El proceso era laborioso y minucioso; después de lavar el cuerpo le introducían por la boca una mezcla de manteca derretida mezclada con polvos de brezo, de piedra, cáscara de pino y diversas hierbas; el cadáver se exponía al sol durante quince días por ambos lados hasta que quedaba seco. El difunto, al que llamaban xaxo, era llorado por sus parientes. Hay momias guanches dispersas por Madrid y otras capitales del mundo. La gran pregunta es ¿cuál es el grado de parentesco entre los primitivos pobladores y los isleños de hoy? En definitiva, un tema apasionante para los amantes de la arqueología y para los que hemos conocido y vivido en esas paradisíacas islas.

¿Margaritas?

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Fotografías, Jero

Reconozco que de Botánica, como de otras muchas cosas, no tengo mucha idea, pero si sé lo que me gusta que ya es algo. Jero me envía estas dos fotos que yo de entrada pienso que es una variedad de margaritas, pero no puedo afirmarlo por lo que la pregunta queda en el aire. Bonitas si que son. ¡Muchas gracias!