Lobo Lunar

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Lobo Lunar encendía la noche con sus aullidos; a su alrededor el mundo  enpequeñecia, y cuando salia solo de la lobera, cuando la manada dormia, era un rehén  de su propio miedo. Sobre el peñasco habitaba el azul y mientras la luna se recortaba, él veía mundos gigantes que se aproximaban a la tierra. Era el sueño que despierto le perseguía, que le mantenía no obstante aferrado a la tierra, paralizado, pero lúcido añorando esas otras lunas que jamás visitaría; ellas flotaban a su alrededor como globos gigantes y el eco de sus aullidos resonaban en un espacio cada vez más finito. Sentía que a medida que envejecía su tiempo menguaba, que él se enfriaba como un río de lava y que solidificado no podría presenciar tanta belleza

Tortilla de cebolla

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Tortilla de cebolla. Receta y foto: Bárbara

Aunque se me ha tostado un poco, el resultado al probarla ha cumplido todas las expectativas. Me habían hablado mucho sobre lo buena que estaba la tortilla de cebolla, pero nunca la había hecho ni probado. Ya sabemos que se pueden hacer tortillas de casi todo, de lechuga, de patatas, de guisantes, de sobrasada, de atún… Debo decir que a mí la cebolla me gusta mucho tanto cruda, en ensalada, como en estofados, de modo que al que no le guste la cebolla mejor abstenerse. En estos días en que todos pretendemos que nos traigan la compra a casa por aquello de evitar el contagio del virus “coronado”, (hay que jorobarse con el nombre super monárquico), resulta que los supermercados están desbordados. Todo esto viene a cuento porque tenia bastantes cebollas en casa, de manera que me dije: voy a probar a hacerla y veremos como sale.¡Y salió buenísima!

Ingredientes:  2 cebollas grandes  (eso dependerá del tamaño que queramos hacerla), 2  o 3 huevos, sal, aceite de oliva, (pimienta negra, optativo)

En una sartén grande, ponemos  2 cucharadas de aceite de oliva, mejor si es virgen extra. Cortamos finamente en palmera la cebolla, bajamos el fuego y dejamos que se vaya pochando, y la salamos. No se trata de que se frían, sino de que poco a poco se pochen. Una vez bien pochada, la retiramos. Batimos los huevos y mezclamos (si queremos añadimos un poco de pimienta negra), y la cuajamos como es habitual, dándole la vuelta como si se tratara de una de patata. Como la cebolla contiene mucha agua, y aunque esta se pierde en el proceso, queda muy jugosa. Os la recomiendo

La plaza del Ayuntamiento de Arles

 

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El Ayuntamiento con la bandera francesa y S. Trófimo

 

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Fotos: Bárbara

En el centro de Arles se encuentra la plaza del Ayuntamiento con San Trófimo a la derecha, que estaba en obras y cubierto de andamios, una pena, y en medio de la plaza está ubicada esta fuente con varios caños y unos leones de piedra que suelen gustar a las palomas. La fuente termina en un monolito que se eleva hacia el cielo como esperando  sobre las siete de la tarde a una bandada de cuervos que pasa inexorablemente todos los días. Cuando estudiaba historia del arte en la carrera me imaginaba que S. Trófimo sería grande, más monumental y resulta que tiene tanto de hermoso como de pequeñas proporciones.

El desconocido

La miró desde lejos sin reconocerla. La luz del mediodía, filtrada como  a través de un papel japonés, era suave. María se dio la vuelta. La vio correr entre los árboles y como se giraba de vez en cuando como huyendo de algo o de alguien. Ahora, ella dio un traspiés y pensó que se caería, pero se apoyó con fuerza contra un tronco, abrazándolo. Encendió un cigarrillo, pero sin dejar de observarla. El viento susurraba entre las hojas y le enredó el cabello que le tapaba la cara. Corría y corría asustada. Él pensó que sentía miedo, un miedo irracional. Desde donde estaba, podía mirarla sin problema mientras hacía aros con el humo, que se iban desvaneciendo en el aire. Por un instante se olvidó de ella, que seguía corriendo como poseída. Después ella se enredó con algo parecido a raíces vegetales que se ocultaban entre la hojarasca del suelo; un hombre al que no reconoció la tomó entre sus brazos. Entonces María despertó y él se desprendió del sueño.

Marina de Lucía Carpi Cases

 

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Marina de Lucía Carpi Cases. Fotografía: Bárbara

Esta marina ha estado siempre en casa o por lo menos desde que tengo memoria. Mamá ha pintado desde siempre, porque entonces, cuando las niñas iban al colegio, generalmente de monjas, se les enseñaba sobre todo dibujo, pintura, música, a bordar y a ser buenas futuras amas de casa. Mamá tocaba el violín y pintaba, pero nunca pensó en exponer, porque en su época era casi impensable y seguro que a ella esa idea no le pasó jamás por la cabeza. Y cuando tuvo a sus hijas, mientras pintaba, mecía el capazo suavemente con el pie. Esta marina, de pequeño formato, siempre me ha gustado y ahora la tengo colgada en casa; me gusta su composición equilibrada y posiblemente el hecho de que me sugeriría viajes y aventuras cuando era niña y sobre todo porque el mar es mi gran pasión. Uno de sus hermanos fue capitán de la marina mercante y recorrió medio mundo; si hubiera nacido en otra época, me hubiera gustado seguir sus pasos… y sus aventuras marineras que él, ya jubilado, me contaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deshaciendo la casa

“Hay que deshacer la casa” es una obra de teatro de Sebastián Junyent, escrita en 1983, que me sirve muy bien para explicar el largo silencio de este blog; en él ya di cuenta en su momento de la muerte de mi madre; lo que no podía imaginar es que deshacer, vaciar la que fuera la casa de mis padres sería tan largo en el tiempo ni tan doloroso. Cada objeto, cada rincón suscitaba un sinfín de recuerdos y, cuando llegaba a la mía, ya no tenia ganas ni fuerzas para nada. Después, con el obligado cumplimiento de la reclusión en la que el maldito virus nos tiene atrapados, cuando he querido retomar “La Estirga” tenía todo bloqueado. Gracias a mi compañero de fatigas y su gran paciencia he podido, por fin, ponerme de nuevo en contacto con vosotros, a los que quiero agradeceros de corazón vuestro interés. Esta pandemia nos remite a otros tiempos, casi olvidados, ahora que parecía que estábamos a salvo de casi todo, que la tecnología nos remitía casi al paraíso, esto tan terrible que nos azota a nivel mundial nos lleva ha reflexionar. Hay una lección que sacar de todo esto que ha puesto patas arriba nuestro vivir cotidiano: la enorme solidaridad que se percibe en los cuerpos sanitarios y de seguridad que, aun a riesgo de sus vidas, están haciendo un trabajo increíble. ¡Mi aplauso para todos ellos!