Rosas rosas

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Fotos , Bárbara

Son capullos que acaban de abrirse ahora, me diréis que están algo desenfocadas, pero me gustan así, como si el color se difuminara. Es una manía que tengo que he utilizado mucho en mi pintura; que todo se impregne del mismo color, que se fundan los contornos y que haya una especie de atmósfera alrededor.

El río

El agua llegaba a los lavaderos desde arriba, porque el río circulaba rodeando la montaña y serpenteando hacia el pueblo. Las mujeres llevaban los canastos de ropa de dos en dos. Iban por el sendero de tierra cantando o parloteando; sus risas se oían casi desde las piscinas municipales vacías, ahora, en el invierno. Se había canalizado el río, ordenado y amansada el agua, que desde los caños surgía heladora. Las manos con sabañones, frotaban la ropa con jabón Lagarto, que hacía poca espuma, pero que era el mejor. El cierzo soplaba con ganas y los cantos subían de tono cuando el frío las atenazaba. Había que golpear la ropa con brío, como si su rabia se centrara en ese punto y no en sus condiciones de trabajo. ¡Y menos mal, dijo María, que han techado los lavaderos, que si no…! porque el cielo amenazaba lluvia. “Y si llueve, ¿dónde se secará la ropa? ¡Maldita sea!” . María “La Coja”, a la vuelta, se emparejó con la Marta, que era más o menos de su misma estatura, que cuando iba con Ana “la Larga” todo el peso de la ropa mojada caía de su lado y eso si que no, que luego le dolía la pierna durante una semana. Cuando entraban en el pueblo comenzó a tronar y vieron un rayo encender la mañana que se había enfoscado. Con el peso de la ropa mojada llegaron a punto para tender la ropa en las falsas de las casas de los señores, allí donde se curaban los jamones y los chorizos al lado de las tinajas de las aceitunas y de los queso en aceite. En la cocina, María se untó las manos con manteca de cerdo; los sabañones la martirizaban como si hubiera hecho mucho mal en otras vidas, eso pensó, y cada vez se convencía más de que el purgatorio estaba aquí si es que ese invento de los curas existía.

Asenagawa Toharu, el gran maestro

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Reproducciones: !ª Detalle del panel Pájaros y flores c.1570, Panel completo; 2º Cuervos y garzas, 1605-10, detalle y completo; 3º, Detalle y Panel completo derecho de Pinos.

Toharu, nacido en 1539 y originario de Nanao en la provincia de Noto, fue un pintor que comenzó haciendo pinturas budistas; ya a los veinte años era profesional y a los treinta se fue a Kioto para completar sus estudios en la prestigiosa escuela de Kano, que era conocida por sus murales, que decoraban los castillos y las casas de los más poderosos señores de la guerra. Se trataba sobre todo de tinta sobre papel blanco o bien de paneles de pan de oro que eran ostentosos a fin de mostrar el poder de los señores feudales. Su ansia por saber le llevó a estudiar los pergaminos más antiguos de Song, Yuan y Muromachi durante en su estancia en Kioto, de modo que desarrolló su propio estilo de Sumie y volvió al minimalismo de los antiguos. La influencia de Sesshu es evidente en muchas de sus obras, como su biombo de árboles y flores que fueron declarados tesoros nacionales de Japón. Tras la muerte de Kano Eitoku en 1590, Tohaku se convirtió en el mayor maestro vivo de su tiempo y en su taller se produjeron la obras más grandes y elegantes de algunos templos, que se conservan aún. Fue convocado a Edo y el shogun le otorgó el titulo sacerdotal de hogen. Murió a los 67 años-.

La elegancia, finura y trazos delicados de los grandes maestros japoneses están presentes; son la esencia de su pintura.

Corinne (Michael) West

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Reproducciones: 1º Sin titulo,1970–71; 2º Dancing figure 1962; 3º Santuario Cythera, 1979 ;4º Estudio espacial, 1964; 5º Tótem Cubista 1975

Corinne (Michael) West, fue una pintora que, aconsejada por su amigo y amante Arshile Gorky, firmaba con el nombre de Mikael West, como si se tratara de un hombre. Volvemos a prejuicios sobre las mujeres artistas, poco o nada consideradas, como fue el caso de George Sand y George Elliot, que también firmaban con nombres masculinos. Si no fuera tan dramático, me moriría de risa, porque las obras de las pintoras de cualquier época no tienen nada que envidiar a las de sus homólogos masculinos y en muchos casos les superan, pero seguimos viviendo en un patriarcado realmente devastador en muchos casos. y de eso, no hace nada; solo hay que fijarse en los años en que están fechadas sus obras. El caso de Aurelia Navarro, que puse hace poco, es otro ejemplo sangrante, hasta el punto de terminar en un convento. Nacida en Chicago, West comenzó estudiando música, pero después se pasó a la pintura, estudiando en N. Y. con distintos maestros. Tras graduarse, comenzó a pintar como los cubistas y neocubistas. En 1936 realizó su primera exposición individual; en 1946 expuso en N.Y. en la galería Pinacotheca junto a Mark Rothko y Adolph Gottieb. En 1948 se casó en Manhattan con el cineasta Francis Lee. West fue una de las pocas pintoras mujeres miembros del movimiento de la Escuela de Arte de N.Y. Se inspiró en las teorías existencialistas de Bergson tan en boga en esos momentos sobre la “energía viva”. En los cincuenta se dedicó a la acction paintig como una consecuencia lógica en obras como “Space Poetry” de 1956. Siguió exponiendo en las más prestigiosas galerías de N.Y. Después siguió experimentando con collages, caligrafías y tinción. Murió en 1991 en N.Y. Cinco años después de su muerte se hizo una retrospectiva de su obra en la Casa Pollock- Kresner y con posterioridad en la Galería de Art Resource Group en Newport Beach, California en 2010. Está considerada una de la pioneras de expresionismo abstracto. Afirmó que su pintura fue una respuesta a la destrucción de la bomba atómica y a las tensiones que surgieron de la Guerra Fría.

Macarrones con atún

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He descubierto una bechamel que venden en break que es tan buena y cremosa que paso a de hacerla en casa. Esta receta es fácil y muy rápida de hacer. Hervimos los macarrones; a mi la pasta al dente no me hace mucha gracia prefiero que esté un pelín más hecha, que me perdonen los italianos, pero en este caso como después va gratinada al horno la hago al dente. Una vez hervidos en agua con sal, los escurrimos. Abrimos unas latas de atún en aceite, el break de bechamel y lo mezclamos todos en un recipiente para el horno, Cubrimos por encima con bastante queso rallado y listos para gratinar. ¡Y buen provecho!

La olla

La bandada de mirlos le hizo levantar la cabeza. ¡Los muy ladinos siempre dejaban sus cagadas por el suelo y ahora encima de los cojines de los sillones del jardín! Estaba harta. Un día de estos cogería la escopeta de perdigones y ya verían lo que es bueno. La olla a presión silbaba la monserga de siempre y también estaba hasta el moño de ese aparato que Silvestre le trajo un día como quien regala un abrigo de visón; y es que lo estaba viendo venir, como aquel día, tan ufano, con aquella caja enorme que dejó encima de la mesa de la cocina y, claro, me temí lo peor. Nadie deja un regalo que valga la pena encima de… en fin, se me hace mala sangre y la olla pita que te pita. No si un día de estos la tiraré a la basura, pero no quiero ni pensar la pelotera que me iba a montar. Después de treinta años y me regala ese adefesio que me da cada susto… El otro día sin ir más lejos estuvo a punto de explotar, pero nada, esos aparatos infernales son más duros que los chuscos de pan de la posguerra. Total, que mientras barro los excrementos que los mirlos han dejado en el jardín con la escoba vietnamita, su último regalo, exótico eso sí, decido que me voy a ir a casa de la vecina de palique un rato y que le den morcilla a la olla a presión.

Mary Abbott

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Reproducciones de Mary Abbott: 1ºSin título”; 2º Lucy; 3º “Diamantes y Pájaros2; 4º “Sin título”.

Mary Abbott fue una mujer extraordinaria, que lo mismo hacía de modelo para la revista Vogue que hacía de anfitriona para cenas en su casa de la calle Décima de Manhattan en N.Y. donde reunía a pintores e intelectuales. Nació en el verano de 1921. Esta artista estadounidense fue miembro de la Escuela de Expresionistas Abstractos de N.Y. a finales de los años 40 y 50. Desde muy jovencita, a los doce años, estudió en la Art Students League y más tarde siguió las enseñanzas de George Grosz. Aprendió de grandes maestros como Cimabue y Tintoretto pasando por Delacroix, Cézanne o Matisse. En 1943 se casó con el también pintor Lewis R. Teague. Amante de la obra de Marcel Proust y de la de Picasso. Fue confidente y musa de De Kooning y su obra influyó en la de Willem sobre todo en la década de los cincuenta. El gestualismo, su enérgico trazo arrastrando la pintura, su colorido vivo, su constante exploración lo expresó así: “la intensidad de la Naturaleza Viviente a través de mí misma, utilizando el medio, la pintura, el color, y la línea que definen la poesía del espacio vital”. Después de la Segunda Guerra Mundial se unió al “Grupo del Centro”. Fue una de las tres mujeres miembros del Artist’s Club en N.Y., junto con Perle Fine y Elaine de Kooning. Realizó muchas exposiciones individuales y colectivas en EEUU y en el extranjero, incluida en la The Persistence of Abstraction en el Museo Estatal de Bellas Artes de Pushkin, Moscú. En 2011 recibió el premio Art Hampton Lifetime Achievement Award que galardona la obra realizada por una artista cuya contribución ha sido importante en las artes visuales.

La vid del Canadá

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Fotos, Bárbara

Estoy pensando plantar, en vez de hiedra, más vid del Canadá en la parte alta del balcón. Ver como cambia de color es una sorpresa agradable cada mañana. La única pega es que, al contrario que la hiedra, que es de hoja perenne, la vid pierde las hojas, pero es lo que digo siempre, no se puede tener todo y además al año siguiente brota que da gusto; de modo que estoy decidida. He visto paredes enteras cubiertas con esta planta que viste el otoño con ese color tan espléndido que merece la pena sin duda alguna.

Aurelia Navarro y Velázquez

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Reproducciones, “Desnudo de mujer” de Aurelia Navarro y “La Venus del espejo” de Velázquez, por este orden.

La vida y, como consecuencia, la obra de esta gran artista granadina estuvo dominada por una sociedad patriarcal que la marcó de forma tremendamente cruel. Y de ello no hace tanto; fue en 1882 cuando nace Julia Navarro en Granada en una plaza situada entre el Generalife y el Albaicín. La belleza de la ciudad que hizo llorar a Boabdil al rendirla dicen los entendidos que rodeó a la pintora, que formó su sensibilidad y la llevó a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios donde Tomás Muñoz Lucena influyó en su quehacer artístico, de manera que marcha a seguir sus estudios en Madrid animada por su maestro. Y es allí donde se presenta a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y obtiene la tercera medalla del jurado. La notoriedad que va obteniendo, sin embargo, fue el motivo por el que su padre la hace regresar a Granada, como narra la doctora Matilde Torres López, para hacerla ingresar en un convento de la orden religiosa de las Adoratrices en 1923, truncando de esta manera su carrera artística, aberración que hoy nos parece impensable. Esta artista se atrevió a firmar sus cuadros, a pensar y recrear su mundo como hoy. puede hacer cualquier artista femenina. Otra cosa es que, como hemos visto en muchos casos, la obra de una mujer casi siempre supone una carrera de obstáculos frente al de sus colegas masculinos. Además tuvo la osadía de pintar este bellísimo desnudo, que se supone fue autorretrato, porque pintar el modelo en vivo también les estaba vedado a las pintoras. Los manuales de historia del arte han borrado su nombre y su familia ha contribuido a todo este disparate. Se calcula que pintó un centenar de obras entre 1904 y 1916. A María López Fernández, que ha investigado la imagen de la mujer en la pintura española, este caso le recuerda al de Camille Claudel (1864-1943); otro caso sangrante, pues terminó ingresada en una institución mental en Mondevergues (Francia). Lo que demuestra que en todo el mundo cuecen habas, como reza el dicho popular. Mujer, feminista y pintora en el siglo XIX y aun en el XX, una osadía y una locura… No sé que hacer: soy mujer, feminista y pintora, y nací en el siglo XX… Mon Dieu, quel horreur!

Santa María Novella II (Florencia)

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Fotos, Bárbara

El interior de la iglesia de Santa María Novella de Florencia me impresionó nada más entrar por la gran cruz de Giotto, que me dejó sin palabras. Después ya me fui fijando en el altar mayor con su fantástico labrado y las vidrieras, esas que filtran la luz de modo que los fieles o no en la época de las grandes catedrales debían quedar fascinados e impresionados. Toda esa magnificencia iba dirigida al pueblo llano, poco letrado e instruido de entonces. Ese ambiente y la grandiosidad de la nave central y las laterales con sus correspondientes capillas con ricos retablos, magníficos, como el de la última fotografía, dan fe de la riqueza de la iglesia y de cómo su poder se ponía de manifiesto. Cierto es que los grandes artistas, gracias al mecenazgo de la misma, pudieron realizar sus obras maestras, que nos han llegado hasta hoy con toda su belleza.

Siento que las fotografías no sean muy buenas, el día era gris y mi máquina muy normalita.