Yaacov Agam II

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La fuente de la Defense de Agam. Paris 1975

En sus cuadros polifónicos de 1953, que vimos en el apartado anterior, el espectador puede observar, a medida que se mueve, distintos cuadros. Se trata de cuadros basados en figuras geométricas elementales que cambian  según sea la posición frontal o lateral del que lo contempla. Agam pintaba sobre unas planchas de aluminio plegadas en zig-zag como se puede ver en la obra del Centre Pompidou de París. Sus figuras geométricas y abstractas se mantienen a lo largo de toda su trayectoria. De la connivencia con el espectador pasará a utilizar mecanismos que ponen las obras en movimiento, cinéticas, y pinturas que se transformaban por la manipulación del espectador. Las nuevas tecnologías son utilizadas por Agam: holografías, vídeo arte, cibernética, arte electrónico, ondas electromagnéticas… esta obsesión  suya le hace hermanarse con las obras móviles de Calder, cambiantes continuamente y sin embargo siguiendo un plan riguroso. Conceptualmente el op -art es una corriente paralela al arte cinético en su relación con los avances técnicos y la participación del espectador. Breton, ya anciano, quedó impresionado con sus obras. La gran aportación de Agam, ya lo dijimos, es haber introducido el factor tiempo en las obras de arte, superando la segunda y tercera dimensión. Y me atrevería a decir que durante el siglo XX muchos artistas han trabajado buscando, desde diversos enfoques, el cambio o la observación desde distintos ángulos; sin ir más lejos, el cubismo.

Arte cinético, Yaacov Agam

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YAACOV AGAM, “Doble metamorfosis III”. Centro Pompidou, 1968-69. París

 

Yaacov Agam es el máximo representante del llamado arte cinético y activo defensor del Op Art o arte Óptico. Nacido en una ciudad de Palestina en 1928, este pintor y escultor israelí fue pionero en la investigación de nuevos materiales con la finalidad de hacer obras cambiantes, en las que el espectador fuera parte activa en la exploración de la obra. En Rishon le-Zion, la ciudad palestina en donde nace bajo el dominio británico, vive la difícil situación de esos territorios siempre en guerra y cuya situación poco ha cambiado en el trascurso de los años. Los atentados y los distintos intereses geopolíticos  marcan sin duda su forma de entender el arte y el suyo está, sin duda, marcado por una carga profunda de espiritualidad. En su adolescencia, Van Gogh y los maestros del XIX le descubren el mundo del arte; estudia en La Academia de Artes y Diseño en Jerusalén, que estaba en esos momentos influida por la Bauhaus y el movimiento constructivista. Tras su paso por Zurich, su escala en París le retiene en esa ciudad, que convierte en su hogar definitivo. En la década de los 50 forma parte de la llamada Nouvelle Tendence y se acerca cada vez más al arte cinético; en 1955 tuvo lugar en la galería Denis René de París la primera muestra internacional de arte cinético. Después siguieron múltiples exposiciones, como la bienal de París y en la muestra El Movimiento en el Arte de Amsterdam. En 1963 obtuvo el primer premio en la Bienal de Sao Paulo, cuyo tribunal tuvo que crear una nueva categoría, el premio a la investigación artística, ya que no sabían si concederle el premio de pintura o el de escultura; magnífica anécdota que demuestra a las claras su enorme contribución al arte más actual. Agam añade una cuarta dimensión, el tiempo, que se manifiesta a través del movimiento. Esto define perfectamente su enorme labor de búsqueda incesante.

Lobo lunar

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Lobo estaba inquieto. La niebla de los últimos días había sido tan espesa que se había dado de bruces con los troncos que los leñadores había apilado cerca del cruce de Sanvián. Se sentía magullado y herido en su amor propio; esto último le dolía más. De una de su patas delanteras corría un hilo de sangre negra que se lamió a medida que fluía despacio, con pereza. Buscó un claro en el bosque y se sentó a esperar. La noche encendía las luciérnagas; rogó al santo patrón de los lobos para que el viento disipara las nubes espesas. Pasaban las horas y el día le amenazaba con paso apresurado; llegó a oír los latidos de su corazón en medio de aquel claro tan negro como sus pensamientos; el sueño le iba venciendo. De repente un viento racheado comenzó a desmigar las nubes que se iban deshilachando; desde las copas, algunos jirones colgaban con desgana, estirándose hasta deshacerse. Fue entonces cuando apareció la Luna, con alivio se desperezó estirando su cuerpo fibroso, alargó el cuello todo lo que pudo y emitió un largo y profundo aullido que estremeció el silencio. Ahora podría descansar.

Arte y reto en la escena: la obra de Nuria Espert

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Pocas portadas son tan elocuentes como esta. Cualquier amante del teatro se sentirá seducido por todo lo que el libro promete y cualquier amante del teatro universal se sentirá subyugado y sus expectativas colmadas al cerrarlo. Es no solo un hermoso libro, es el libro sobre el teatro que se ha hecho en nuestro país capaz de proyectarse al más alto nivel, gracias al extraordinario talento de personalidades que confluyeron en el espacio y en el tiempo oportuno. La autora, de fina sensibilidad, catedrática del departamento de Arte de la Universidad Complutense de Madrid, afronta la ingente labor, exponiendo al principio de este trabajo el panorama del teatro desde el fin de la guerra civil en adelante. De aquellos tristes años de la posguerra quedan textos de autores afines al régimen y, en un ambiente aún represivo, nace el 4 de abril de 1959 la Compañía de Nuria Espert e inicia su andadura en el Teatro Recoletos de Madrid con la obra de Colette “Gigi”. A pesar de la situación política, aún en los años 70 se decreta el estado de excepción en todo el país, la compañía  dirigida por Armando Moreno monta obras de Brecht, Sartre, O’Neill con el riesgo que ello suponía. La grandísima actriz catalana brilla ya con luz propia. El estreno de “Las criadas” de Genet es un éxito clamoroso allí donde se representa y, en el Festival Internacional de Arte Dramático de Belgrado, Nuria Espert conquistó el gran premio de interpretación junto a Julieta Serrano y Mayrata O’Wisiedo. Entonces los astros ya se había alineado, de forma que al binomio Espert- Moreno se une el talento de Víctor García. Los montajes dirigidos por él se suceden apoyados en una estética tan brillante como sorprendente, con soluciones técnicas tan complejas y sugestivas que, al contrario de lo que se podría suponer, apoyan los textos elevándolos al nivel donde la palabra debe reinar, desnuda, sin florituras. Y es la voz de la extraordinaria actriz catalana la que ofrenda el mejor ritual teatral. La simple enumeración de parte de las obras en las que ha actuado: “Yerma” de Lorca, “La violación de Lucrecia” de Shakespeare, “Medea” de Eurípides,”Divinas palabras” de Valle Inclan, “Dª Rosita la Soltera o el lenguaje de las flores” de Lorca, “La tempestad” de Shakespeare, “Salomé” de O. Wilde…, de las obras que ha dirigido, su labor en la dirección de óperas y recitales nos puede dar una idea aproximada de su pasión por la escena. Son además una delicia los figurines, las fotos de los montajes, los textos  de su correspondencia personal, que denotan su gran espíritu, su ansia innovadora, de donde nace su arte electrizante que nos conmueve como solo las grandes pueden hacerlo. Un libro excelente, erudito, extenso, exhaustivo que su autora, la catedrática Ana María Arias de Cossío, ha escrito con la pasión también de quien ama el verdadero teatro.

“Arte y Reto de la Escena: La Obra de Nuria Espert”. Autora: Ana María Arias de Cossío. Ediciones Cumbres. 2015. Madrid. Cubierta: Nuria Espert. Medea (2001).

Una caída muy tonta

Se me ha ido el mes de junio sin hacer nada de provecho. He estado con el pie derecho y parte de la pierna escayolada e inutilizado también el brazo derecho con un vendaje. Como soy por naturaleza optimista pensé: bueno, estaré tumbada leyendo, pero como el brazo derecho  y la mano no la podía mover: pues mi gozo en un pozo. Miraba con desconsuelo un hermoso libro que una querida amiga había publicado sobre el teatro español y que antes de mi tonta caída había empezado a leer. Lo miraba como la niña que mira unos pasteles tras el cristal de una pastelería, mientras los días pasaban tediosos e iguales. Ahora, libre ya de impedimentos, retomaré ese libro hoy imprescindible si se quiere conocer el devenir del teatro español y la enorme contribución que la compañía de la gran y universal Nuria Espert ha hecho y hace. Espero terminarlo pronto y poder hacer una reseña de el, les adelanto que es una joya que todos los amantes del teatro agradecerán.

Flor de Lis

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Medallón con la flor de lis. Foto: Bárbara

 

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Flor de lis en el claustro de Santa María dei Fiore. Foto: Bárbara

 

Al turista poco prevenido, pero atento, le puede sorprender, cuando viaja a Florencia, encontrarse por todas partes con la flor de lis, porque la mayoría de las veces la asociamos con Francia, dado que hay una leyenda sobre la coronación del rey Clovis en cuya ceremonia, dicen. bajó un ángel portando una flor de lis; cuando en realidad la flor de lis, según otros, fue introducida en dicho país por Catalina de Medici cuando se casa con el rey de Francia o que los Medici la adoptan en su escudo de armas, en rojo, como símbolo de su poder en Florencia. Allí la encontramos en medallones de piedra adornando edificios, como ornamentación de muebles, en las tapas de las alcantarillas o en banderas que ondean en centros oficiales. En la Piazza della Signoria, en el hermoso Palazio Veccio, luce en uno de los balcones sobre fondo blanco junto con la bandera italiana y la europea. Y en piedra, como escudo, bajo la galería superior de dicho palacio. La flor de lis es, para otros, la estilización de la abeja relacionada con la diosa Isis. De modo que este símbolo nos retrotrae hasta Egipto.

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Banco renacentista con la flor de lis. Foto: Bárbara

Sea como sea, la flor de lis se asocia a la monarquía y al poder absoluto de los reyes, así como a las antiguas religiones.

Peces cometa

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Ahora, con el buen tiempo, salgo al exterior y me siento en una tumbona, me quedo quieta y observo a los peces cometas. Al principio de tenerlos, y mientras se hacían con su nuevo habitáculo, se mostraban muy huidizos; con el paso de los días ya no salen a la estampida cuando me acerco y les echo la comida. Se han acostumbrado a que esa sombra que yo soy va unida a su alimento. Observándolos me doy cuenta de que son, como opinan los japoneses, muy relajantes; esa manera que tienen de deslizarse tan elegante me fascina, parecen tan ingrávidos, tan tranquilos en su mundo, que hay días que me cambiaría por uno de ellos.