Calabacines rellenos a mi manera

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Receta y foto: Bárbara

En Menorca, donde me crié, se hacían mucho al horno y rellenos de carne, así como las berenjenas. Esta es una receta mía que me inventé ayer; me levanté así de creativa.  Es muy sencilla, que es lo que pretendo siempre, pero que esté para chuparse los dedos, (es un decir).

Ingredientes: según el número de comensales, de 2 a 4 calabacines grandes, bechamel, nata, queso en polvo, 1 cebolla, mantequilla salada, sal, pimienta, aceite de oliva virgen extra, lonchas de jamón serrano.

Lavados los calabacines, los cortamos en trozos y los ponemos en una olla con agua caliente durante no mucho tiempo; que estén firmes, pero que no hiervan demasiado. Los escurrimos y dejamos que se enfríen para poder manipularlos. Con una cuchara vaciamos la pulpa y la reservamos. Pochamos la cebolla con un poco de aceite de oliva virgen extra (en esto soy inflexible, el aceite tiene que ser bueno) y le añadimos la pulpa de los calabacines y seguimos friendo el conjunto; salpimentamos. En una bandeja, que forramos con papel para horno, vamos colocando las mitades de los calabacines, que son como barquitas, y las salamos un poco, ya que llevarán jamón; dentro de cada trozo de calabacín ponemos una nuez de mantequilla salada. Por último las rellenamos con la cebolla y la pulpa, y por encima ponemos unos trocitos de jamón. Cubrimos con una bechamel que habremos hecho con nata o bien la compramos ya hecha, que las hay buenísimas. Terminamos cubriendo todo con el queso y metiendo la bandeja en el horno ya caliente, y dejamos que se hagan durante diez minutos a 180 grados. A los diez minutos abrimos el horno y los pinchamos con una puntilla y, según estén, los pongo, si es necesario algunos minutos más hasta que la barquita de calabacín esté tierna. El resultado es espectacular por lo suaves y ricos que salen.

 

Caballitos de mar o hippocampus

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Como los camaleones, los caballitos de mar cambian de color

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Un caballo de mar pariendo

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Como una parejita dando un paseo

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Por la forma del abdomen parece un macho, el de la hembra es puntiagudo. El colorido es fabuloso.

Ahora que la palabra de moda es “fluir” y que se utiliza para todo, pues yo también fluyo y me dejo ir por el tema de los océanos. Y es aquí donde se encuentran estas otras criaturas maravillosas y bellas hasta lo impensable. En lagunas grandes de agua salada como el Mar Menor había caballitos y tuvimos uno en casa precioso disecado, que olía a pescado y a mar y que un día, ante nuestro horror, se comió la perra que entonces teníamos.

La mitología contribuye a convertir al hipocampo en uno de los más curiosos animales que existen. Su alimentación se basa en plancton y en pequeños crustáceos que ingieren enteros, ya que carecen de dientes, aspirándolos y tragándolos enteros. Su cola es prensil lo que les permite aferrarse a la vegetación marina, enroscándola a ella. Otra singularidad es que poseen en sus cabezas unos relieves llamados coronas y que son únicas en cada ejemplar. Pero lo más curioso y sorprendente es que son los machos los que se quedan preñados y paren. Tras la danza ritual de apareamiento, los hipocampos cambian de color para poder ocultarse buscando la intimidad. Y es entonces cuando la hembra deposita los huevos en el torso del macho, donde tiene una bolsa incubadora, tras haberse ambos enroscado.

Plinio el Viejo  les atribuía propiedades curativas en su Historia Natural y los chinos afrodisíacas.

 

Medusas, ese milagro

 

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Maravillosas criaturas que desde pequeña me han entusiasmado. Las hay tantas, de tantas clases, tamaños y colores que sus transparencias y movimientos sugieren todo un mundo aparte como si fueran de otro planeta, sin darnos cuenta de que realmente desconocemos parte importante de nuestros océanos. Debo decir que, si hubiera nacido en otra época, mi vida se hubiera orientado hacia la oceanografía o cualquier otra actividad que tenga que ver con el mar. El mar lo llevo en los genes, porque tuve un tío marino mercante y un abuelo gallego farero, cuando los faros no estaban automatizados casi en su totalidad. Y por suerte, de pequeña y jovencita, siempre viví a orillas del Mediterráneo y después en el Cantábrico. Sin embargo, la madurez me privó de lo que más amo, aunque ahora, sin nada que me ate a esta tierra, quisiera plantearme volver al mar al que tanto añoro. A veces pienso que, a falta de él, se me están secando las escamas del alma… y eso no me gusta un pelo.

Moreras teñidas de otoño

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Fotos: Bárbara

Este año, por fin, el Ayuntamiento nos ha dejado disfrutar a los vecinos el ver día a día como las moreras se vestían de amarillo a medida que avanzaba el otoño; otros años las podaban antes, cuando las hojas aún no había cambiado de color. Abrir la puerta de casa y ver como la nueva estación se instala despacito es todo un acontecimiento para alguien como yo que pinto la vida de colores o eso intento.

Matisse y el velador rosa

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Matisse, “La mesa de mármol rosa”.

Es un Matisse muy curioso e incluso extraño, pero tiene ese punto que el maestro daba a sus  composiciones. Afuera llueve y  me viene a la memoria  esa canción francesa de la que no recuerdo el título y que cantaba Pascal Danel que dice así:” Il pleut dans la rue , il pleut dans ma vie”… Así me siento.

Otros Joan Miró y su Fundación

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La necesidad de crear la  fundación Joan Miró de Barcelona nace tras la primera gran exposición del pintor en la ciudad en 1968 en el antiguo Hospital de la Santa Creu. La fundación está situada en el barrio del Poble-Sec en el Parque de Montjuïc (av. Miramar, 1) y su diseño y construcción son obra de su gran amigo Josep Lluis Sert, concebida como un espacio con terrazas exteriores e interiores para facilitar la circulación de los visitantes. Fue el primer gran espacio de arte contemporáneo de Barcelona, que no solo alberga la obra del mallorquín, sino también cualquier expresión de arte vanguardista. Recomiendo vivamente la visita porque solo el edificio de Sert merece una atención especial