Siempre me ha gustado tener laureles en casa; los he tenido con flores blancas, rojas, lilas… quizás las más bonitas, para mi, son estas últimas.
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Sobre un cielo azul.
Las flores de la bignonia.
Las nubes.
El sol de la tarde.
Dalias.
Desde siempre las dalias han sido mis flores preferidas y estas de color lila son especialmente bonitas. La primavera nos regala maravillas que por ser habituales no dejan de entusiasmarnos; de frente o ligeramente ladeada esta última ofrece a la vista sus pétalos casi tubulares como un ejercicio de anticipación al cierre que se adivina
Se le ha quedado pequeña.
Brotando la morera.
Raíces y aspidistras.
Brotes nuevos.
Con la primavera comienzan a verse los brotes nuevos y las plantas dan un estirón igual que lo hacen los niños al crecer. Da gusto salir al jardín y contemplar ese verde claro y brillante: hay mañanas en las que algunas plantas parece que tienen ganas y se esfuerzan en vestir sus mejores galas. La bignonia es de esas que parece que, con los primeros calores, esté tomando carrerilla. Estoy acechando la Glicinia o glicina por ver si este año me ofrece sus pompones de flores. ¡Ojalá! Y sentada a desayunar observo que el limonero siciliano tiene bastantes hojas nuevas; sus limones, que tanto me gustan, son menos ácidos que los demás limoneros de por aquí. En fin esto de la primavera es un buen invento y una gozada.
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