Las temperaturas extremas de este verano no permiten que bajemos la guardia.Las plantas, como seres vivos, sufren y, en cuanto nos descuidamos, las hojas de la higuera, por ejemplo, empiezan a secarse por los extremos. De modo que por las mañanas veo con disgusto que muchas hojas están caídas por el suelo; y eso que siempre es sabido lo duras que son las higueras. Lo mismo pasa con los helechos, que salvo el de la foto, la mayoría están quemados. Debo decir que he estado siempre muy orgullosa de ellos porque tener helechos en el Sudeste es casi un milagro.
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La higuera y los primeros higos verdales de este año.
Cada año la higuera cumple y muestra sus higos verdales como promesas que en agosto se hacen realidad. Y como una cosa me lleva a la otra, me acuerdo de la genial serie inglesa «Yo Claudio» sobre la vida del emperador romano y de como Livia, su abuela, la intrigante esposa del emperador Augusto, asesina a su marido envenenando los higos de la higuera de su jardín. ¡Hay que ser maquiavélica! ¡Menuda era!
Paraguayo o durazno japonés.
El paraguayo es una variedad del melocotón originaria de China, fruto de una mutación natural. El mio este año ha dado unos frutos muy dulces, pero después se llenó de pulgón. Los frutos son ricos en agua, vitamina A. C, E y fibra. Sus frutos achatados como discos tienen piel aterciopelada y su pulpa es muy dulce a diferencia del melocotón que es un poco más ácido y aún así su índice glucémico es bajo lo que supone que el azúcar se absorbe lentamente y es seguro para dietas controladas. Y antes del pulgón el árbol se llenó de pequeños frutos como los de las dos primeras fotos que veía crecer día adía. Pocas cosas son más increibles y hermosas que seguir el crecimiento de los frutos en el árbol.























