Archivos

Hammurabi

Le Louvre 9

Foto Bárbara. Código de Hammurabi, Museo del Louvre, París.

Hammurabi

Mientras tú girabas

en torno al código

yo me instalaba junto a uno

de los toros alados

empequeñecida, asombrada;

veía nuestros respectivos vuelos

¿porqué no? a través de

Mesopotamia.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi.

Cóctel Osiriano

001

Foto Bárbara

Cóctel Osiriano

En un buen cóctel osiriano

no debe faltar lo siguiente:

mitad de sentido ético,

mitad de magia, una pizca

a modo de angostura, de

reino de Poniente, un pelín

de justicia removiendo -que

no agitando- con la pluma

que la representa.

Del libro «Cantos del Arpista» de Bárbara Carpi

En la época de la dinastía Chen

307

Foto Bárbara

ASENTAMIENTO

En la época de la dinastía Chen,

a mitad del segundo milenio

antes de Jesucristo,

hubo una migración masiva

desde la gran llanura hacia el sur,

hacia las verdes riberas del Yang-Tse.

En los trigales del Wei

se combatía y se cultivaba,

era la sangre la que abonaba

los campos.

¡Qué necia repetición a través de la historia!

Cesare Pavese, poesía

De la tierra y la muerte

Tú no conoces las colinas donde se derramó la sangre.

Todos huimos,

todos arrojamos

el arma y el nombre. Una mujer

nos miraba al huir.

Solo uno de nosotros

se paró con el puño cerrado,

vio el cielo vacío,

inclinó la cabeza y murió

bajo el muro, callando.

Ahora no es más que un guiñapo de sangre

y su nombre. Una mujer

nos espera en las colinas.

Del libro «Poesías completas». Edición de Italo Calvino que fue el que ordenó cronológicamente los poemas. Colección Visor.

Modigliani

016

Foto, Bárbara

Los Incorporales

Sobre la tumba de Modigliani

una rosa amarilla y ese gesto

que la sostiene.

La joven atrapada, se levanta

cuando alguien corporal invade

su ternura, su homenaje…

Al rato vuelve a su sepultura.

Y sin embargo

no ve a los otros…

Y la rosa amarilla y ese gesto

que la sostiene.

Del Libro «Los poemas de Nina» de Bárbara Carpi.

Sylvia Plath

4

YO QUIERO. YO QUIERO

Abriendo la boca, el pequeño dios inmenso,

calvo a pesar de su cabeza infantil,

pidió a gritos el pecho de su madre.

Los dos volcanes secos se cuartearon y escupieron,

la arena abrasó los labios sedientos de leche.

El niño dios pidió entonces sangre a su padre,

que puso a trabajar a la avispa, al lobo y al tiburón,

Y luego ideó el pico del alcatraz.

Sin una lágrima en los ojos, el inveterado patriarca

creó a los hombres de carne y hueso,

púas en la corona de alambre enrojecido,

espinas en el tallo de la rosa encarnada.

«Poesía completa». Edición de Ted Hughes. Traducción de Xoán Abeleida. Bartleby Editores. Madrid 2008.

La prematura muerte de Sylvia Plath, a los 31 años, no ha impedido que sea considerada una de las grandes poetas del siglo pasado. Sylvia se suicidó metiendo la cabeza en el horno de gas mientras sus dos hijos jugaban en otra habitación. Es la primera obra póstuma a la que se le concedió el premio Pulitzer. Este volumen que recoge toda su poesía fue reunida en 1981 por su ex marido, el también poeta Ted Hughes.

Grises, 1917, Cavafis

5 NO

Dibujo a lápiz de Aurelio Serrano

GRISES

Mirando un ópalo casi gris

recordé unos hermosos ojos grises

que  vi hará unos veinte años…

Nos amamos un mes.

Marchó después a Esmirna, creo,

a trabajar allí y no nos vimos más.

Se habrán empañado  -si vive- aquellos ojos;

ajado estará aquel hermoso rostro.

 

Guárdalos tú, memoria mía, como eran.

Y cuando de mi amor puedas, memoria,

cuando puedas, tráemelo de nuevo esta noche.

Del libro C. P. Cavafis, Poesía completa de Alianza Literaria.

Max Jacob, poeta en su época

1

2

3

4

En la biblioteca de mis padres, antes del confinamiento, me encontré esta joya que tampoco sé de quien era pues venia con una firma desconocida por mi y editada en España en 1924. Esta obra,  «Le cornet à dés», «El cubilete de dados», poemas en prosa, es posiblemente la más influyente de toda su producción, que abarca, además de cuentos y textos diversos, una novela autobiográfica. Su corta producción, no obstante, no impide que Max Jacob, solo por el  prólogo-manifiesto de esta obra, se haya convertido en un escritor de culto y que este sea el prólogo más conocido y lúcido de los escritos en el siglo pasado sobre la creación. Este poeta surrealista, oriundo de la Bretaña (Quimper, !876-Drancy, 1944) trabó amistad  en París con Pablo Picasso y Apollinaire, quienes le aconsejaron que dejase su empleo en un almacén y se dedicase a vivir como un artista, cosa que hizo en Montparnasse y que suponía las consabidas penalidades. Pintó, escribió, ayunó y malvivió aunque apoyado por su fe, que le hizo convertirse al catolicismo, siendo Picaso su padrino en 1915. En 1917 escribió esta obra y «Le laboratoire central», en 1921, «Visions Infernales», en 1924, y «Les penitents en maillot rose», en 1925. Bajo el titulo de «Meditaciones de un judío converso» publicó diversos textos, cuentos y novelas en tres volúmenes que dedicó al monje Matorel. Se retiró a vivir a Saint-Benoit del Loire desde donde realizó varias salidas al extranjero, pero donde fijó su residencia definitiva hasta que los nazis le detuvieron y lo deportaron al campo de Drancy, donde murió de una pulmonía.

«El cubilete de dados», con poemas en prosa, contiene en sus páginas una mezcla de misticismo y de humor fantástico; fue una obra de total inspiración para los poetas posteriores, sobre todos para los surrealistas. Algunas parecen greguerías al modo de Gómez de la Serna. No puedo resistirme a poner una de las joyas que contiene las páginas de este libro:

«Sucede que cuando tú roncas el mundo material despierta al otro» o este «Saltad a la comba al bajar la escalera y no pondréis en ella los pies»…

Para muchos Max Jacob está considerado un poeta cubista quizás por su forma de vertebrar o examinar la realidad desde distintos ángulos o planos y por que además se relacionó sobre todo con dadaístas y cubistas aunque esto último no quiere decir nada a la hora de analizar su obra.

Juana J. Marín Saura, poeta

031

Foto: Bárbara

La obra poética de Juana J. Marín Saura es de una sensibilidad, grandeza y delicadeza que a estas alturas no voy a descubrir. Ante una gran persona y artista lo mejor es, porque yo me veo incapaz de analizar o desmenuzar su obra como lo haría un crítico, oír, leer la musicalidad de sus versos y penetrar en su mundo lleno de sutiles percepciones. Hoy más que nunca necesitamos de la poesía, alimentarnos de ella para encontrar un poco de paz en estos tiempos de zozobra. Estos dos poemas inéditos, además, son un regalo que debo agradecerle a su generosidad. Y vienen encabezados con una cita  de Cesare Pavesse que dice así:

«La poesía es una defensa contra las ofensas de la vida»

COMO ALAS transparentes

de múltiples insectos…

en vuestro pensamiento instalo

                                 mi pequeño hogar

Avanzo… giro… retrocedo…

 

Y este otro poema:

DE la bóveda celeste

                          cuelgo mil besos

Tomad del cielo vuestra parte.

 

Nicanor Parra

1

Nicanor Parra: «Antipoemas. Antología (1944-1969)». Seix Barral. Barcelona, 1972.

 

Ha muerto Nicanor Parra, el gran poeta chileno, el hacedor de los antipoemas. La fecunda ironía, la parodia, el prosaísmo, el nihilismo, la esencia de lo humano que Parra deposita en lo cercano, en lo cotidiano, es lo que le hace decir en uno de sus versos: «No creo ni en la Vía Láctea». La historia de la poesía chilena se nutre de cuatro grandísimos poetas, Mistral, Neruda, Parra y ciertamente Huidobro. Neruda es un cantor telúrico, la voz cósmica, la entraña de la tierra, mientras que Parra es la desmitificación, la fidelidad a la vida inmediata; tan diferentes y tan complementarios. Los jóvenes poetas se sienten atraídos por ese lenguaje directo de Parra. El mismo Parra define el antipoema así: «a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo- … que «debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente al que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético». Personalmente me gustan estos versos del poema dedicados a su hermana, la grandísima, también, Violeta Parra:

DEFENSA DE VIOLETA PARRA

Dulce vecina de la verde selva

Huésped eterno del abril florido

Grande enemiga de la zarzamora

Violeta Parra

Jardinera

locera

costurera

Bailarina del agua transparente

Árbol lleno de pájaros cantores

Violeta Parra

 

O estos otros del poema: CARTAS DEL POETA QUE DUERME EN UNA SILLA

Jóvenes

Escriban lo que quieran

En el estilo que les parezca mejor

Han pasado demasiada sangre bajo los puentes

para seguir creyendo -creo yo

Que sólo se puede seguir un camino:

En poesía se permite todo.