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Marlene Dumas

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“Por quién doblan las campanas”, 2008. Interpretación de Ingrid Bergman en una escena de la pelicula

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“Medir su propia tumba”, 2003

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“Blanco roto”, 2006

 

Marlene Dumas es una artista sudafricana nacida en Ciudad del Cabo en 1953; su vida se dasarrolla en África y en los Países Bajos donde se traslada becada por dos años. Su lengua materna es el afrikáans y la realidad del continente prevalece como una segunda piel: están ahí el apartheid y el colonialismo que se manifiestan en su obra de forma permanente. El cuerpo humano y la psicología penetran en la consideración del individuo en los límites extremos del ciclo de la vida; sus imágenes las toma directamente de fotografías y de periódicos y nada es superfluo. El individuo, despojado de cualquier referencia histórica, está solo ante su condición, la soledad, el sufrimiento y la muerte; por todo ello su arte no es complaciente ni busca la belleza, crea desasosiego y es un espejo ante el que nos miramos. Las obras producidas durante treinta años fueron objeto de una exposición retrospectiva entre 2007 y 2009 bajo el título de “Relaciones Intimas”. Su obra fue inicialmente reconocida en Japón. En 1998 recibió el Premio Sandberg, el Premio de Arte Contemporáneo Coutts y el Príncipe Bernhard. En 2010 la Universidad de Rhodes Grahammstown en Sudáfrica le otorga el doctorado honorario de la Facultad de Humanidades y en el 2011 el Premio Rof Choque. Sus creaciones están en los mejores museos del mundo y en las colecciones de instituciones internacionales como el Centro Pompidou en París o la Tate Gallery.  Sería demasiado prolijo enumerar todas las exposiciones internacionales en las que ha participado y en los Museos en los que su obra ha sido expuesta temporalmente. Después de la muerte de su madre, acaecida en 2007, utiliza la imagen de grandes actrices de la cinematografía del siglo XX, como Ingrid Bergman o Anna Magnani como autenticas “Pietas” para expresar el dolor de una pérdida.  En la actualidad reside en Ámsterdam donde continua su labor artística.  Desde su percepción, esta magnífica artista, con sus imágenes desdibujadas, de color primario, desenfocadas nos alerta sobre el sufrimiento y la nostalgia, la perdida irreparable que trasciende lo individual para llevarnos a lo universal. La representación del cuerpo femenino es también una obsesión como parte de la comercialización a que se ve sometido, así como cualquier otro aspecto de nuestras vidas en la sociedad actual.  Una grandísima artista, una gran mujer.

Las flores de Mondrian

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Piet Mondrian. “Dalia roja”

 

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Piet Mondrian. “Crisantemo”

 

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Piet Mondrian. “Crisantemo”

 

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Piet Mondrian. “Crisantemo”

Entre 1907 al 1910 Mondrian realiza sobre papel, con tintas y acuarelas, una serie de obras con el tema recurrente del crisantemo y alguna que otra dalia, como la primera aquí reproducida. Su  gran sensibilidad queda bien patente por la delicadeza, la limpieza de ejecución y el sutil manejo del color. Quien no conozca esta serie, posiblemente se sorprenda, pero siempre digo que, en la trayectoria de cualquier artista, la simple investigación, el recorrido profesional le lleva en diferentes direcciones hasta encontrar el camino propio: En cualquier caso, encontrarme con estas acuarelas me ha producido la misma satisfacción que cuando pude ver las hermosas acuarelas de Rodin en su Museo de París, porque Mondrian es conocido por sus abstracciones geométricas de los años 1919 a 1944, composiciones no figurativas de formas rectangulares y cuadradas en rojos, amarillos, azules y blancos separadas por lineas negras. Por ello, algunos ven en esos dibujos y estudios de flores, un posible antecedente en cuanto le interesa cada flor  como una unidad separada y por su forma geométrica particular, sin duda.

COMPOSICIÓN Nº V

Piet Mondrian.

En esta obra posterior ya es bien patente el cambio producido.

 

Judith Leyster

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“Joven tocando la flauta”, c. 1635. Óleo sobre lienzo. National Museum, Estocolmo.

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“Un niño y una niña con un gato y una anguila”. Óleo sobre tabla, 59 x 49. National Gallery, Londres

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“Joven con jarra”, 1633. Óleo sobre tabla, 31 x 21. Colección privada.

Nacida en Holanda (Haarlem, 1609) en el seno de una familia numerosa de comerciantes y productores de cerveza, destacó a edad muy temprana por sus dotes artísticas; de hecho es una de las pocas pintoras que con diecinueve años se ganaba la vida profesionalmente con la pintura, algo poco frecuente en el siglo XVII y como tal es mencionada en un libro del cronista oficial de Haarlem en 1628. No se sabe con certeza cuales fueron sus maestros ni que siquiera lo fuera Frans Hals del que, sin duda, tiene gran influencia, del mismo modo que de su hermano Dirck Hals; lo cierto es que de ser así debió de ser antes de 1629, que es cuando ella comienza a firmar y fechar sus obras y ya trabajaba como artista independiente. Sobre esas fechas más o menos la familia se traslada a Utrecht, donde probablemente recibió la influencia de Caravaggio. Todo lo anterior es para situar mejor la obra de esta artista independiente, de habilidad asombrosa para su juventud. Alrededor de 1633 Judith Leyster era ya miembro del gremio de pintores de Haarlem, siendo la primera mujer admitida como maestra. Durante los años siguientes alcanzó un gran éxito profesional. Su obra se centró sobre todo en obras de género, retratos y bodegones. Se casó con un pintor, alumno de Frans Hals, Jan Miense Milenaer, con menos talento que ella y que la fagocitó de alguna manera (el eterno problema), porque a partir de ahí, 1640, siguió pintando en colaboración con su marido, pero sin firmar las obras. ¡Qué mal llevan los maridos que sus mujeres sobresalgan y sean mejores que ellos!

La pareja simultaneaba su vida en Heemstede, cerca de Haarlem, y en Amsterdam, donde tenían otra casa. Tuvieron cinco hijos. Murió en 1660 y está enterrada en Heemstede. Con el tiempo su obra fue olvidada hasta que el Museo del Louvre, en 1893, descubrió una pintura con su firma, J L, sus iniciales, y una estrella de cinco puntas (siempre firmaba así) oculta bajo la firma falsa de Frans Hals. La historia está llena de esas manipulaciones, robos de autorías y el peor de los maltratos: silenciar el talento de las mujeres.

Su pincelada suelta, libre, espontánea, su composición y temas se asemejan a la pintura de los Hals, hecho que sin duda propició el robo y el expolio de su obra. En las escenas domésticas, la artista supo imprimir un estilo más personal que no aparecería en la pintura holandesa hasta mediados de siglo. En 1993  se restableció su merecido lugar en la historia del arte gracias a una retrospectiva que le dedicó el National Museum of Woman in the Arts de Washington.

 

 

 

 

Olga Della-Vos-Kardovskaya

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Retrato de Anna Ajmatova, 1914, State Tretyakov Gallery

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Retrato del artista Dimitry Kardovsky, 1913

Pintora y artista gráfica, Olga nació el 2 de septiembre de 1875. Hija de un funcionario, realizó estudios de arte en Karkov y posteriormente, en 1894, en San Petersburgo, en el Instituto de Arte de Superior de Pintura, Escultura y Arquitectura en la Academia Imperial de las Artes. Estudió con Savinsky y en el estudio de Repin donde conoció al que fue su marido, DN Kardosvky. En 1899 el matrimonio se fue a vivir a Munich y con posterioridad a Crimea y a Alupa. El mejor periodo de Olga como artista se produjo entre 1900 y 1910 cuando, bajo la influencia del Simbolismo y del Art Nouveau, su paleta se satura de verdes, rojos y azules, con contornos bien definidos y pinceladas decididas. En 1903 funda con otros colegas la Nueva Sociedad de Artistas y participa en todas las exposiciones hasta 1917 y en las exposiciones mundial de Roma, en la de la Unión de Artistas Rusos y en la de la Asociación de Artistas de Moscú. Realizó distintos viajes por Suiza, Florencia y Roma; fue propuesta como académica, pero los acontecimientos revolucionarios impidieron su realización. En 1923 participó en la exposición de la Asociación de artistas de la Rusia Revolucionaria. Expuso en Nueva York en 1925 en una colectiva de arte ruso. Vivió en Moscú, donde impartió clases de dibujo en los talleres de arte industrial; fue evacuada durante la guerra y finalmente vivió en Leningrado. Sus pinturas y dibujos se pueden considerar lo mejor de la llamada Edad de Plata. Sus obras se encuentran en muchos museos y colecciones privadas, en la Galería Estatal de Tretyakov, el Museo Estatal Ruso y el Museo Estatal de Bellas Artes.

Gustav Klimt, “El Beso”

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Detalle

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“El Beso”, Gustav Klimt

“El Beso” es sin duda el cuadro más conocido del pintor austriaco. Para muchos críticos de arte los personajes del cuadro son el propio pintor y la diseñadora de moda Emilie Flöge, para otros era Adele Bloch-Bauer, de la alta sociedad vienesa, y para algunos más se trataría de la que sirvió de modelo a su Danae. “El Beso” es realmente grande, mide 180 por 180 centímetros, un cuadrado perfecto, aunque a veces, para su reproducción, corten los lados. Este formidable cuadro es el inicio de su “Periodo dorado” y está inspirado en los mosaicos bizantinos; analizando la obra, se desprende que las formas de los mantos, esos diseños simples reiterativos, tienen mucho que ver con el movimiento Arts and Grafts y las espirales nos pueden remontar hasta la prehistoria. Curiosamente se compró cuando aún estaba inacabado; el Museo Belvedere pagó una cantidad inusual, 25.000 coronas -por entonces una obra de arte solía alcanzar a lo sumo unas 500 coronas-. Cuando Klimt pinta esta  conocidísima obra, había recibido feroces críticas por las pinturas en el techo de la Universidad de Viena, ridiculizadas por sus desnudos y calificadas como pornográficas; de modo que, cuando lo pinta, se encuentra en un estado de rabia y decepción. La inserción de pan de oro en sus pinturas al óleo le otorga al pintor su sello más característico, aunque también concitó críticas por utilizar lo que antes se reservaba exclusivamente a los recintos eclesiásticos. En el año 2003 se acuñó una moneda conmemorativa con un grabado de esta obra y un retrato del pintor trabajando. Comparándola con la “Mona Lisa”, el periodista A. Brijbassi dijo: “‘El Beso” de Gustav Klimt supera todas las expectativas, a diferencia de esa pequeña y decepcionante Mona Lisa”. Para gustos se hicieron los colores, como  se dice vulgarmente; creo que no son comparables…

 

Käthe Kollwitz (II)

 

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Autorretrato

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Piedad, 1903

 

Käthe Kollwitz recibió póstumamente el “Tráger des Pour le Mérite” (Friedensklasse -Premio al Mérito Civil-). En 1980 se creó el Premio Käthe Kollwitz. En Berlín tiene una plaza con su nombre así como la calle donde vivió y hay también, en Berlín y en Colonia, sendos museos con el nombre de esta artista extraordinaria. Personalmente sus grabados me parecen de una excelencia fuera de lo común, no solo por su técnica, sino por su tremenda humanidad.

María Magdalena y la tradición provenzal

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Relicario con los restos de María Magdalena. Cripta de la Basílica

Carlos II, el conde de Provenza, en el año 1279 tuvo un sueño en el que Santa María Magdalena se le apareció. Instigado por el sueño dirigió unas excavaciones debajo de la cripta de la iglesia de St. Maximin en Francia, donde se encontró un sarcófago. Al abrirlo, un perfume delicioso se esparció por el aíre; el perfume que dicen esparcen los santos y que en este caso era el que María Magdalena derramó en los pies de Cristo. De los restos faltaban la mandíbula y la parte inferior de una pierna; junto a ellos se encontró un papiro y una tablilla de madera ambas con inscripciones en las cuales se decía que eran los restos de María Magdalena, que habían sido trasladados de su sarcófago de alabastro a uno de mármol por temor a los sarracenos. Se estimó que se hizo entre los siglos I y IV. Según la tradición provenzal, María Magdalena, junto con Marta, su hermano Lázaro y el Santo Grial (sangre de Cristo, su hijo) huyeron al sur de Francia para evitar la persecución en un bote sin remos ni velas. Milagrosamente llegaron a un pequeño pueblo costero de la Provenza llamado ahora Saintes Maries de la Mer. Allí continuaron predicando y Lázaro bautizando. Después, María Magdalena se retiró a una cueva donde vivió hasta su muerte. A este lugar se le conoce como la gruta o La  Baume de María Magdalena, lugar de peregrinaje desde el siglo V.

Carlos II, al descubrir su tumba, construyó una gran basílica, Saint-Maximin-la-Sainte-Baume en el lugar de la pequeña iglesia. El cráneo se completó con una mandíbula gracias al Papa Bonifacio VIII  y se muestra detrás de un cristal en un relicario. Cada año, el domingo más próximo al 22 de julio, se coloca una máscara de oro en el relicario y se saca en procesión.

Durante la Revolución francesa desaparecieron parte de los restos robados por Barras, según dicen. Uno de los dientes de María Magdalena se conserva en un relicario que se puede contemplar en la sala de arte medieval del Museo Metropolitano de Nueva York.