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Olga Della-Vos-Kardovskaya

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Retrato de Anna Ajmatova, 1914, State Tretyakov Gallery

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Retrato del artista Dimitry Kardovsky, 1913

Pintora y artista gráfica, Olga nació el 2 de septiembre de 1875. Hija de un funcionario, realizó estudios de arte en Karkov y posteriormente, en 1894, en San Petersburgo, en el Instituto de Arte de Superior de Pintura, Escultura y Arquitectura en la Academia Imperial de las Artes. Estudió con Savinsky y en el estudio de Repin donde conoció al que fue su marido, DN Kardosvky. En 1899 el matrimonio se fue a vivir a Munich y con posterioridad a Crimea y a Alupa. El mejor periodo de Olga como artista se produjo entre 1900 y 1910 cuando, bajo la influencia del Simbolismo y del Art Nouveau, su paleta se satura de verdes, rojos y azules, con contornos bien definidos y pinceladas decididas. En 1903 funda con otros colegas la Nueva Sociedad de Artistas y participa en todas las exposiciones hasta 1917 y en las exposiciones mundial de Roma, en la de la Unión de Artistas Rusos y en la de la Asociación de Artistas de Moscú. Realizó distintos viajes por Suiza, Florencia y Roma; fue propuesta como académica, pero los acontecimientos revolucionarios impidieron su realización. En 1923 participó en la exposición de la Asociación de artistas de la Rusia Revolucionaria. Expuso en Nueva York en 1925 en una colectiva de arte ruso. Vivió en Moscú, donde impartió clases de dibujo en los talleres de arte industrial; fue evacuada durante la guerra y finalmente vivió en Leningrado. Sus pinturas y dibujos se pueden considerar lo mejor de la llamada Edad de Plata. Sus obras se encuentran en muchos museos y colecciones privadas, en la Galería Estatal de Tretyakov, el Museo Estatal Ruso y el Museo Estatal de Bellas Artes.

Gustav Klimt, “El Beso”

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Detalle

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“El Beso”, Gustav Klimt

“El Beso” es sin duda el cuadro más conocido del pintor austriaco. Para muchos críticos de arte los personajes del cuadro son el propio pintor y la diseñadora de moda Emilie Flöge, para otros era Adele Bloch-Bauer, de la alta sociedad vienesa, y para algunos más se trataría de la que sirvió de modelo a su Danae. “El Beso” es realmente grande, mide 180 por 180 centímetros, un cuadrado perfecto, aunque a veces, para su reproducción, corten los lados. Este formidable cuadro es el inicio de su “Periodo dorado” y está inspirado en los mosaicos bizantinos; analizando la obra, se desprende que las formas de los mantos, esos diseños simples reiterativos, tienen mucho que ver con el movimiento Arts and Grafts y las espirales nos pueden remontar hasta la prehistoria. Curiosamente se compró cuando aún estaba inacabado; el Museo Belvedere pagó una cantidad inusual, 25.000 coronas -por entonces una obra de arte solía alcanzar a lo sumo unas 500 coronas-. Cuando Klimt pinta esta  conocidísima obra, había recibido feroces críticas por las pinturas en el techo de la Universidad de Viena, ridiculizadas por sus desnudos y calificadas como pornográficas; de modo que, cuando lo pinta, se encuentra en un estado de rabia y decepción. La inserción de pan de oro en sus pinturas al óleo le otorga al pintor su sello más característico, aunque también concitó críticas por utilizar lo que antes se reservaba exclusivamente a los recintos eclesiásticos. En el año 2003 se acuñó una moneda conmemorativa con un grabado de esta obra y un retrato del pintor trabajando. Comparándola con la “Mona Lisa”, el periodista A. Brijbassi dijo: “‘El Beso” de Gustav Klimt supera todas las expectativas, a diferencia de esa pequeña y decepcionante Mona Lisa”. Para gustos se hicieron los colores, como  se dice vulgarmente; creo que no son comparables…

 

Käthe Kollwitz (II)

 

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Autorretrato

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Piedad, 1903

 

Käthe Kollwitz recibió póstumamente el “Tráger des Pour le Mérite” (Friedensklasse -Premio al Mérito Civil-). En 1980 se creó el Premio Käthe Kollwitz. En Berlín tiene una plaza con su nombre así como la calle donde vivió y hay también, en Berlín y en Colonia, sendos museos con el nombre de esta artista extraordinaria. Personalmente sus grabados me parecen de una excelencia fuera de lo común, no solo por su técnica, sino por su tremenda humanidad.

María Magdalena y la tradición provenzal

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Relicario con los restos de María Magdalena. Cripta de la Basílica

Carlos II, el conde de Provenza, en el año 1279 tuvo un sueño en el que Santa María Magdalena se le apareció. Instigado por el sueño dirigió unas excavaciones debajo de la cripta de la iglesia de St. Maximin en Francia, donde se encontró un sarcófago. Al abrirlo, un perfume delicioso se esparció por el aíre; el perfume que dicen esparcen los santos y que en este caso era el que María Magdalena derramó en los pies de Cristo. De los restos faltaban la mandíbula y la parte inferior de una pierna; junto a ellos se encontró un papiro y una tablilla de madera ambas con inscripciones en las cuales se decía que eran los restos de María Magdalena, que habían sido trasladados de su sarcófago de alabastro a uno de mármol por temor a los sarracenos. Se estimó que se hizo entre los siglos I y IV. Según la tradición provenzal, María Magdalena, junto con Marta, su hermano Lázaro y el Santo Grial (sangre de Cristo, su hijo) huyeron al sur de Francia para evitar la persecución en un bote sin remos ni velas. Milagrosamente llegaron a un pequeño pueblo costero de la Provenza llamado ahora Saintes Maries de la Mer. Allí continuaron predicando y Lázaro bautizando. Después, María Magdalena se retiró a una cueva donde vivió hasta su muerte. A este lugar se le conoce como la gruta o La  Baume de María Magdalena, lugar de peregrinaje desde el siglo V.

Carlos II, al descubrir su tumba, construyó una gran basílica, Saint-Maximin-la-Sainte-Baume en el lugar de la pequeña iglesia. El cráneo se completó con una mandíbula gracias al Papa Bonifacio VIII  y se muestra detrás de un cristal en un relicario. Cada año, el domingo más próximo al 22 de julio, se coloca una máscara de oro en el relicario y se saca en procesión.

Durante la Revolución francesa desaparecieron parte de los restos robados por Barras, según dicen. Uno de los dientes de María Magdalena se conserva en un relicario que se puede contemplar en la sala de arte medieval del Museo Metropolitano de Nueva York.

Los templarios y el culto a las Vírgenes Negras (III)

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“San Bernardo de Claraval y la Virgen” de Alonso Cano, c. 1645. Museo del Prado.

Los templarios, quizás buscando el conocimiento transcendental, llegan al templo de la diosa Isis en Egipto, la cual representa el conocimiento y la fertilidad. Según la leyenda, es a partir de entonces cuando se produce el culto a la Virgen Negra. A Isis se la representa amamantando a su hijo Horus y es a través de la leche  materna como se transmite el conocimiento esotérico. La diosa Isis representaría las tierras negras que el Nilo fertilizaba con los limos y sería la semilla de la vida. El largo tiempo pasado en Oriente en contacto con otras culturas y religiones como las hebreas, agnósticas y sufistas hacen pensar que los templarios se podrían haber alejado de la doctrina de la iglesia católica, pues parece que tuviesen la tentación de buscar un origen religioso único. El simbolismo iniciático de San Bernardo de Claraval está representado en los distintos retablos conocidos como “Lactación de San Bernardo”, donde se observa al santo de rodillas frente a una Madonna con un niño en brazos de cuyo seno brota un chorro de leche que va directamente a su boca. Esta imagen tan chocante, que se encuentra en las capillas del Temple, significaría su posición como un iniciado en la sabiduría esotérica.

Lavinia Fontana, excelsa pintora barroca

 

 

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“Retrato de una mujer” de Lavinia Fontana

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“Retrato de una dama con un perro” de Lavinia Fontana

Lavinia Fontana es uno de los pocos casos de mujer pintora reconocida en su tiempo. Tuvo la enorme suerte de nacer en Bolonia. Hija del pintor Próspero Fontana, aprendió  el oficio en el taller de su padre, perteneciente a la escuela de Bolonia dentro del manierismo. La excelencia de su arte se distingue por el cuidado trabajo de las joyas y los detalles, así como el posado natural de los retratados. Hay que reseñar la circunstancia de que en Bolonia ejercían distintas pintoras, como la también excelente Elisabetta Sirani, dado que el acceso a la cultura en la ciudad era más fácil para las mujeres, las cuales tenían ya por entonces entrada en la Universidad. Otra historia es que después el tiempo y su condición de mujeres las hayan intentado postergar.  En el Museo del Prado se exibe un “Cristo con los símbolos de la pasión”, en los Uffizi una “María Magdalena iluminada” con ropajes contemporáneos y es de destacar “La familia Gozzadini” (1584) y “Noli me Tangere” de 1581. El caso de Lavinia es la excepción que confirma la regla; se casó con un discípulo de su padre que, conocedor de la valía de su mujer, se dedicó al cuidado de la casa y de los once hijos que tuvieron. Un hurra por el señor Gian Paolo Zappi, que además solía pintar los fondos de los cuadros de Lavinia. Hizo pinturas por encargo para El Escorial entre ellos su “Sagrada familia con San Juan Bautista”. Ingresó en la Academia Romana y pintó al papa Borghese. Su estilo evolucionó recibiendo influencias de los Carracci, de Correggio y de Pulzone. Además de sus magistrales retratos y temas religiosos, pintó desnudos femeninos y masculinos, cosa nada frecuente entonces en una mujer, destacando su “Minerva vistiéndose”. El colorido de la escuela veneciana que asume dota a sus obras de una rica calidez. En los Uffizi se conserva un extraordinario autorretrato de Lavinia así como el que se encuentra en la academia San Lucas de Roma. Falleció en Roma el 11 de agosto de 1614. Esta destacada pintora barroca es una de las mejores pintoras de la historia. Su descubrimiento me ha resultado fascinante.

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“Minerva vistiéndose” de Lavinia Fontana

Louise Bourgeois (II)

 

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“Maman”. 1992 (réplica en bronce). Museo Gugghenheim, Bilbao

La vida y el arte de Louis Bourgeois gira en torno al psicoanálisis y ella encuentra en los materiales plásticos el equivalente a los estados de la ambivalencia, la culpa, la compulsión, la agresión… El proceso creativo es una especie de exorcismo, un medio para llegar al autoconocimiento. En N. Y. comienza su carrera con dos exposiciones de pintura en los años 1945 y 1947; a partir de 1949, 1950 y 1953 muestra sus esculturas e instalaciones. Después y hasta los años 60 hay un periodo de reflexión que se rompe con la exposición en la Stable Gallery de N. Y. donde presenta una serie de esculturas abstractas en yeso, látex, y goma, donde se ve la inspiración de la artista basada en su propia experiencia psicoanalista. Louis se hizo psicoanalizar con el doctor Leonard Cammer en 1951 y después con un discípulo de Freud hasta los años ochenta. Por su parte se instruyó con la vasta lectura de diversos textos psicoanalíticos. Su condición de artista, esposa y madre, el cómo conjugar estas distintas facetas y los sentimientos contradictorios, pensamientos y proceso creativo se refleja en sus escritos hasta hace poco inéditos; la importancia de esos textos se equiparan a los escritos de Delacroix y las cartas de Vincent van Gogh. Sus sueños, sus emociones, su angustia, nada escapa a su análisis y todo queda registrado en una crítica a las teorías sobre la sexualidad femenina propias del psicoanálisis. “Maman”, una de sus más ambiciosas esculturas, de 9 metros, inspirada en la araña, ocupa un lugar preeminente en su obra durante los años 90. La madre como tejedora, pero también como depredadora; esa duplicidad al mismo tiempo es conmovedora por la fragilidad de esas patas como arcos góticos… Una de sus arañas está situada en el exterior del Gugghenheim de Bilbao.

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“Cell XXVI”, 2003 (detalle). Acero, tela, aluminio, acero inoxidable y madera. Collection Gemeentemuseum Den Haage La Haya.

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“A Girl”, 1968