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¡No tiene desperdicio! Como la censura, entonces, era tan tremenda el subconciente les jugaba malas pasada a los publicistas de la época… ¡No le dé gusto al dedo!!! Brutal.

Puvis de Chavannes: «Jóvenes a la orilla del mar»

Puvis de Chavannes: "Jóvenes a la orilla del mar"

Puvis de Chavannes: «Jóvenes a la orilla del mar»

 

 

Puvis de Chavannes, nacido en Lyon en 1824, está considerado como uno de los más representativos de los pintores simbolistas franceses. Estudió en el taller de Thomas Couture casi al mismo tiempo que Manet. Abordó con entusiasmo un género que habían abandonado los impresionistas, la decoración mural, tarea que llevó a cabo pintando sobre grandes telas, labor que realizaba en su estudio y que pegaba sobre los muros previamente preparados para ello. Su dedicación al arte mural posiblemente fue debido al influjo de Chassérieu. Estos trabajos los alternaba con los cuadros de caballete, como «El pobre pescador» que tuvo una gran relevancia en el desarrollo del simbolismo. Esta tela fue copiada por Gauguin y Seurat y algunos lo consideran el inicio de estos dos pintores que la tenían como la representación de la «saintaise», palabra inventada por Gauguin que significa la síntesis y la santificación.

Puvis de Chavannes, llamado «artista del alma», en esta obra, que se puede contemplar en el Museo de El Louvre, se ciñe al clasicismo, a la tradiciön académica más pura, inspirándose en Rafael o en Poussin.  La cuidada composición, a la que el pintor otorgaba una gran importancia, en este caso sorprende por estar el eje central desviado hacia la derecha por esa figura de espaldas y por la serena quietud de la atmósfera intemporal del cuadro.  Puvis de Chavannes murió en París en 1898.

Gauguin: «Mujer con mango»

Paul Gauguin: "Mujer con Mango". Öleo sobre lino. Dthe Cone collection, Museo de Arte, Baltimore. 1892.

Paul Gauguin: «Mujer con Mango». Óleo sobre lino. The Cone collection, Museo de Arte, Baltimore. 1892.

 

Esta obra de considerable belleza pertenece a la producción de su primer viaje y estancia en Tahití, que abarca desde 1891 a 1893. «Mujer con mango» está fechada en 1892. Gauguin quería liberar la pintura de todo artificio, de la manera de hacer para los salones, despojarla de «lo decorativo» y aun así muchos teóricos del arte, aún hoy, lo califican a él de «demasiado decorativo», con un cierto desprecio. ¿Decorativo? Habría que preguntarse en qué consiste «lo decorativo» en el arte. ¿O todo arte es decorativo? Sería como afirmar que los frescos de Tahull, el Pantocrátor, por ejemplo, son decorativos; de igual manera, si viéramos hoy el Partenón con sus colores originales, ¿lo encontraríamos un pastiche…?

Gauguin aconseja a sus amigos impresionistas, con los que expuso al principio de su carrera como pintor, que no se fijen tanto en la naturaleza, que deben abstraer la realidad, no copiarla sino expresar ideas y sentimientos a través del color por medio de un lenguaje diferente. Gauguin encontró en Bretaña, en Pont-Aven, un lugar que mantenía sus raíces populares intactas, lo suficientemente fuertes para que se sintiera a gusto y fue allí donde se inició el «sintetismo» o la escuela de Pont-Aven, encabezada por él y por Émile Bernard. Allí encontró por primera vez lo salvaje, lo primitivo. Después buscó sus orígenes en un mundo casi intacto lejos de la civilización y encontró su verdad. En 1896 decidió abandonar Europa definitivamente; la Polinesia será, hasta su muerte en 1903, su paraíso.

«Mujer con mango» contiene ya todos los elementos, define el arte, plasma el nuevo lenguaje teórico y práctico de la restructuración que iniciara Cezanne. Las masas de color como tintas planas de expresiva fuerza y belleza son como la plasmación de sus sueños: «sueño con armonías violentas cuyos perfumes naturales me embriagan».

Quino y Mafalda: Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación

A las tiras de Quino le debemos unos ratos deliciosos de la mano de Mafalda, de su mundo infantil tremendamente lúcido, con un humor ácido y corrosivo al tiempo que lleno de ternura. ¡Enhorabuena a Quino por la concesión del Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación! Lo que viene del continente hermano nos nutre siempre con grandes legados culturales que nos enriquecen con su savia nueva y renovadora, de modo que felicidades, también, a todos los hispanoparlantes.

Ensalada de pepino con yogur griego

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Ensalada muy refrescante, que apetece en los días de verano. Fácil, barata y que se deja hecha en la nevera para tenerla a punto a la vuelta de la playa. El yogur griego le da una cremosidad deliciosa, pero si se hace con desnatado es estupenda para mantener el peso o nos puede ayudar en la operación biquini.

Ingredientes: Pepinos (prefiero holandeses porque son menos fuertes de sabor), 1 diente de ajo, zumo de limón, sal, eneldo, yogur natural.

Lavamos y pelamos los pepinos; los cortamos en rodajas finas. picamos el diente de ajo con una puntilla o mejor con un leonardo, si lo tenemos. En un bol ponemos el ajo, las rodajas de pepino y el yogour; mezclamos, añadimos un hilo de aceite de oliva si el yogur es desnatado -si es griego no hace ni falta-, un poco de zumo de limón, sal y sazonamos generosamente con eneldo. Y a la nevera para que esté fresca en el momento de consumirla. ¡Y a disfrutar!

Tiziano: «La Venus de Urbino»

Tiziano: "La Venus de Urbino". Óleo sobre lienzo. 119 X 165 cm. Galleria degli Uffizi, Florencia.

Tiziano: «La Venus de Urbino». Óleo sobre lienzo. 119 X 165 cm. 1538. Galleria degli Uffizi, Florencia.

 

Este cuadro de Tiziano es uno de los desnudos más famosos y conocidos del mundo de la pintura. Fue un encargo hecho por el duque de Urbino; se desconoce el nombre de la modelo, aunque se piensa que pudo ser una joven que vivía en el Biri Grandi veneciano, cerca de la casa del pintor que también posó en otras de sus obras, «Muchacha con pelliza» y «la Bella».

Tiziano Vecellio nació en Pieve di Cadore en los Alpes dolomíticos; siendo muy joven, su padre, notario del pueblo, viendo su aptitud para la pintura, lo envía a estudiar a Venecia con los hermanos Bellini y Giorgione. En Venecia se consagra como maestro con una obra para el Palacio Ducal y el retablo de «La asunción» para la iglesia de Santa María Gloriosa dei Frari. Trabaja para las cortes de Ferrara y Mantua.  El emperador Carlos V, al que pintó en un soberbio cuadro ecuestre, hoy en el Museo del Prado, le concedió los títulos de conde palatino y caballero de la Espuela de Oro. Es invitado por el Papa a Roma donde estudia el manierismo de Miguel Ángel. En la corte de los Augsburgo realiza retratos de la familia real. Felipe II se convierte en su mejor cliente. Muere en Venecia en agosto de 1576.

En esta obra Tiziano combina de forma magistral los tonos cálidos con los fríos, consiguiendo una atmósfera sensual donde las sombras y las luces producen contrastes con pinceladas cortas y ágiles en zonas importantes y largas, como en la figura de la criada, en segundo plano. El sutil pincel del maestro siempre se distingue por estar levemente cargado, lo cual le permite administrar la pintura para conseguir delicadas texturas, como el rosado maquillaje de las mejillas o el efecto sedoso del cabello, por poner unos ejemplos…

«La Venus de Urbino» tiene sin duda un marcado contenido erótico y sensual con una localizada luz dorada que se extiende por el cuerpo de la joven en actitud laxa y por las sábanas, donde además descansa un pequeño perro apenas esbozado. Así mismo su mirada, directa al espectador, es provocadora, nada recatada.

Picasso en Vauvenarges

Picasso y Jacqueline. Foto de D. Duncan

Picasso y Jacqueline. Foto de D. Duncan

 

Picasso y su última mujer Jacqueline en un salón de su residencia, el castillo de Vauvenarges, a donde se trasladaron a vivir en 1959.  A partir de entonces se acaba la vida social del pintor y la vida se torna solitaria, centrada casi exclusivamente en el trabajo: todo el castillo, situado en un lugar apartado, se convierte en estudio. Su labor se centra en su modelo: Jacqueline. Mas adelante se mudan a Notre Dame de Vie , su última morada; en 1962 Picasso pinta 70 veces a su mujer, al año siguiente 160 veces. La foto refleja una escena doméstica y cotidiana donde llaman la atención los pantalones a rayas de un Picasso anciano, que viste como un chaval.

Miró y Kandinsky

Miró:

Miró :»Caracol, mujer, flor, estrella», óleo sobre tela (195 x 172). 1934. Fundación Joan Miró, Barcelona.

A Miró y Kandinsky les unió una gran amistad y reconocimiento mutuo. Miró manifestó su admiración dedicándole uno de sus cuadros, «Este es el color de mis sueños», fechado en 1925, en azul, el color preferido del ruso, pero no fue hasta 1933 cuando se conocieron y trabaron amistad. A pesar de sus discrepancias con el automatismo pictórico del surrealismo, Kandinsky, no pudo sustraerse a la influencia de alguno de sus pintores como Miró. En 1935 el ruso y su mujer Nina visitaron Mallorca invitados por los Miró.

En 1940, el mallorquín estaba inmerso en un mundo de formas orgánicas, las «Costelaciones» y trabajaba su mundo poético en Varengeville (Normandia); Kandinsky le hizo una visita y pudo contemplar el mundo mironiano poblado de figuras fantásticas. En su última etapa el pintor ruso compuso su obra en eso que los críticos han llamado «Abstracción biomórfica» para la que son vitales el brillante colorido de la pintura eslava popular y su interés por los temas científicos. Desde los tiempos de la Bauhaus, en la que impartió clases como profesor, se sintió fascinado por la botánica, la zoología y la embriología…; los seres microscópicos, la búsqueda de lo invisible,  es un universo que generó no solo en él la fascinación: Leger, Arp, Miró atienden a la necesidad de una búsqueda distinta. Kandinsky, en su última etapa, llena su obra de formas orgánicas que invaden su quehacer en detrimento de las formas geométricas anteriores en la Bauhaus dando rienda suelta a un mundo onírico, fantástico, lejos de los avatares que la ocupación nazi imponía. Refugiado en Nuilly-sur-Seine su creatividad se reflejó en más de un centenar de acuarelas, dibujos, litografías y 44 lienzos de alegre ironía.

Kandinsky

Kandinsky: fragmento de «Cielo azul», óleo sobre lienzo (100 x 73 cm.) Centro  G.Pompidou, París. 1940.

Fideuá con chirlas o almejas

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

 

Los fideos, como el arroz, admiten casi todo; un día se me ocurrió hacerlos con trozos pequeños de magra de cerdo y alcachofas, y el resultado fue bastante bueno, pues se lo comieron y esa es la mejor prueba del algodón. Esta fideuá la hago con almejas, pero como ese día no encontré las suplí con chirlas y salió también muy sabrosa y marinera. Lo que cuenta es el resultado y en cocina la imaginación es un grado y cuando no hay de algo se pone otra cosa y aquí no ha pasado nada… Me gusta mucho trabajar con pasta, porque es fácil cogerle el punto. Ahí va la receta:

Ingredientes: Fideos (el grosor depende del gusto de cada cual) 2 puñados por persona, cebolla, 2 dientes de ajo, pimientos verdes y rojos,  2 cucharadas de salsa de tomate, caldo de pescado o de marisco, almejas o chirlas, 1 bote de bonito o 2 latas de atún en aceite, azafrán o colorante alimentario, un poco de cúrcuma y otro poco de pimentón dulce.

Hacemos un sofrito con los ajos enteros, la cebolla y la salsa de tomate; agregamos los fideos y removemos para que se impregnen del sabor del sofrito y se tuesten ligeramente. Añadimos los pimientos fritos previamente y el caldo de pescado caliente. A continuación el pimentón, la cúrcuma y el azafrán en hebras (mejor que el colorante, aunque los tiempos no están para tonterías). El bonito o el atún casi al final igual que las almejas. Muchas veces le doy un golpe de horno para que queden tostados los fideos, pero si voy con prisas, tal cual están de rechupete. Otra opción consiste en sustituir las almejas por mejillones o hacerlos con amb0s a la vez y gambitas.