Las nubes.

Las nubes, esponjosas como algodón de azúcar, adquieren a veces formas caprichosas y jugar a «ver» figuras es divertido y entretenido. Este no era el caso, pero ellas flotaban sobre un azul limpio, casi velazqueño, que contrastaba con el verde de los árboles y el dorado de las moreras en otoño.

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