Mahón en lo alto.

La mano grande de papá me sujetaba del bañador; me cogía por la espalda y yo braceaba intentando aprender a nadar. Por aquellos años el agua del puerto estaba limpia. Recuerdo que el día anterior cruzamos el puerto en una barqueta; el cielo estaba gris, pero luego el sol se hizo presente con rayos-flechas que nos atravesaban. Detrás de nosotros, la casa blanca con el porche desde donde mamá nos miraba. Habíamos bajado la escalera con sus escalones también encalados que mantenía la casa arriba, arriba. Y el agua que me entraba en los ojos y papá. En el cielo patinaban las gaviotas que iban y venían desde la base americana. Cerraba la boca para no tragar agua. Veía todo Mahón en lo alto y el campanario de Santa María cómo se anegaba a medida que yo avanzaba; parpadeaba para limpiar aquel hermoso paisaje, para no perderme aquella visión que después siempre me ha acompañado. Teníamos todo el verano por delante y toda la paciencia de papá, que auyentó mi miedo al agua; y ella fue desde ese verano mi mayor pasión, mi elemento, mi patria allí donde estuviera: Papá y Mahón en lo alto.¡Ah, y los mejillones en las bateas!

4 pensamientos en “Mahón en lo alto.

  1. Un recuerdo de la infancia, donde son patentes: el cariño, la naturaleza, el aprendizaje… Existen esos momentos que nunca se olvidan porque los traemos a la memoria cuando alguno de sus elementos emergen para reafirmar los sentimientos de aquellos días, muy palpables en tu sensacional relato.

    Un abrazo, entrañablemente afable, querida amiga.

    • Papá nos regaló una infancia muy feliz en esa isla prodigiosa del Mediterráneo.Un día, antes de que muriera, sentí la necesidad de decirselo y le escribí una nota la vispera de Reyes. Me miró con sus ojillos bondadosos y se fue para siempre a las pocas horas. Sin saberlo me pude despedir agradeciéndole todo lo que nos dió.

      Otro abrazo enormemente entrañable y marinero, querido amigo. ¡Mil gracias!!!

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