Una extrordinaria excepción: Sofonisba Anguissola

Sofonisba Anguissola:

Sofonisba Anguissola: «La dama del armiño». Óleo sobre lienzo. 62 x 50. Pollok House, Glasgow.

Este extraordinario retrato de la infanta Catalina Micaela, la segunda hija de Felipe II e Isabel de Valois fue realizado en Italia alrededor de 1591 por la pintora italiana Sofonisba Anguissola. Durante mucho tiempo se atribuyó su autoría a el Greco. Gracias a los estudios e investigaciones llevadas a cabo desde comienzos del siglo XX, pero sobretodo en las tres últimas décadas en las que se comenzó a cuestionar que fuera del pintor cretense, fue la labor de María Kusche la que definitivamente dejó bien claro la autoría del cuadro; sería muy prolijo detallar punto por punto todos los datos que, en la conferencia en El Prado en 1999 «Felipe II, un Principe del Renacimiento», desmontan la falsa autoría. La magnífica obra ni es del Greco ni el armiño es armiño -que es lince- ni la dama lo es, sino infanta.

El hecho extraordinario es que una pintora del Renacimiento tuviera la oportunidad de llegar  a trabajar durante veinte años como retratista en la corte de Felipe II y que después desarrollara su trabajo en Italia. El arte ha relegado a un papel secundario durante siglos a las mujeres artistas y esta injusticia se debe ir corrigiendo, en los museos, mediante exposiciones monográficas. En el Museo de El Prado hay alrededor de 1.700 0bras expuestas y alrededor de 3.800 en los fondos.  En los últimos años muchas cosas han cambiado en la gran pinacoteca. Según Judith Ara, coordinadora general de conservación hay 52 mujeres representadas desde el siglo XVI hasta el XX, Pero se está corrigiendo el hecho de que de las 76 obras solo cuatro obras hayan estado expuestas, las de: Artemisia Gentileschi, Clara Peeters y Sofonisba Anguissola.  Sea bienvenida la nueva política de los museos, ya iba siendo hora.

La categoría de los pinceles de esta genial pintora no necesita comentarios, basta con que observemos con detenimiento el retrato, que es admirable. ¡Y esto es solo el aperitivo!

Los troncos secos

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Los nudos de la madera son como señales de tráfico, redondas ellas, para que las plantas se paren justo ahí o para seguir creciendo a su aíre según les venga en gana: son, la verdad, bastante anárquicas.

Bárbara Carpi, autorretrato

Bárbara Carpi:

Bárbara Carpi: «Autorretrato». 1996. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

Tenía entonces 22 años, todo hay que decirlo, y venía de vivir mi primera experiencia parisina, casi nada. Muy gauguiniano y con acentos vangoghianos, que era lo que entonces me apasionaba. Retratarse a uno mismo tiene la dificultad añadida de no caer en la tentación edonista de embellecer lo que la naturaleza nos ha dado. No era esa, pues, mi intención, pero en todo caso los colores de esos dos pintores, a los que todavía adoro, favorecen a cualquiera. En mi descargo, también, ¿quién no ha tenido unos bonitos 20 años?.

Ensalada de cous-cous y setas

Receta y foto: Bárbara

Receta y foto: Bárbara

 

 Tanto ir de acá para allá con  los venecianos me ha abierto el apetito. El cous-cous es un elemento que casa bien con casi todo. Esta receta veraniega es tan sencilla que no nos complica las vacaciones, y tanto recién hecha como del tiempo está buena y se hace en un santiamén.

Ingredientes: Setas de cardo, cous-cous (de ese tipo ya casi hecho), pimienta, aceite de oliva virgen extra, mantequilla, hierbabuena y vinagreta con vinagre de Módena y miel (la venden ya hecha)

Limpiamos las setas con un paño limpio, nunca debajo del grifo, que es un pelín  sacrilegio. Las cortamos en juliana y las salteamos en una sartén con sal y pimienta; las reservamos. Hacemos el cous-cous siguiendo las instrucciones del paquete, en unos 5 minutos estará listo. Mezclamos con las setas y agregamos las hojas de hierbabuena picadas o no (yo las prefiero enteras). Regamos, sin pasarse, con la vinagreta hecha con la miel y el vinagre de Módena. Esta tontería a mí me encanta. Si queremos aligerar la receta podemos sustituir la mantequilla por aceite de oliva; respecto de la miel es cuestión de no poner mucha cantidad, lo justo para que aporte ese punto dulce. Para los amantes del picante, se puede dar un toque a las setas con un poco de ajo y guindillas. ¡Buen provecho!

Un hermoso Tintoretto

Tintoretto: "Dama enseñando el pecho". Óleo sobre lienzo. 61 x 65. Museo del Prado , Madrid.

Tintoretto: «Dama enseñando el pecho». Óleo sobre lienzo. 61 x 65. Museo del Prado, Madrid. 

 

Este hermoso retrato de Tintoretto es mi preferido. Cuantas veces he visitado la pinacoteca de El Prado siempre he tenido que contemplarlo en una cita ineludible. Un cuadro se puede analizar de formas muy diversas: situándolo en la historia, formal, conceptual y analíticamente, viendo su estado de conservación, los pigmentos utilizados, las posibles arrepentimientos, los reentelados, craquelados… Mas ese análisis, uniendo, centrando, aclarando, definiendo, nada tiene que ver con el sentimiento que en nosotros provoca. Cuando lo veo, la emoción me clava en el suelo y es como si me dijese a mí misma: «Otra vez puedo disfrutar de toda su belleza», como si temiera que fuera la última vez.  Es de un clasicismo tan actual, que resulta arrebatador, su intemporalidad es sorprendente y la suavidad que trasmite el ropaje de la dama lo hace con la textura de la seda. La armonía de color se extiende desde el fondo hasta la carne en unos cálidos tonos rosados, conjugando los mismos pigmentos en una sinfonía tonal prodigiosa. Entonces puedo marcharme feliz.

Los «ingrávidos» de Tintoretto

Tintoretto: "El origen de la Vía Láctea". Circa 1575.

Tintoretto: «El origen de la Vía Láctea». Circa 1575. Óleo sobre lienzo. 149 x 168. National Gallery, Londres.

 

Tintoretto: Venus, Baco y Ariadna". 1578. Oleo sobre lienzo. Palacio Ducal, Venecia.

Tintoretto: «Venus, Baco y Ariadna». 1578. Óleo sobre lienzo. Palacio Ducal, Venecia.

 

Tintoretto debía tener complejo de Ícaro -es una licencia socarrona-, pues en sus composiciones en diagonal o en zig-zag gustaba de colocar cupidos, angelotes que volaban -eso es lo que se espera de ellos-, pero, y ahí viene lo curioso, es que se saltaba las leyes de la gravedad con personajes que, por muy dioses o diosas que fueran, volaban con una gracilidad asombrosa. Dos ejemplos: en el Nacimiento de la Vía Láctea todos, animales y personas, flotan en el éter, salvo la diosa Hera esposa de Zeus de cuyo pecho brota la leche (en la tradición cristiana la Virgen María), origen de la Vía Láctea; Hermes, el mensajero de los dioses le había colocado a Hércules cuando ella se encontraba dormida para que así obtuviera la inmortalidad ya que este era hijo bastardo de Zeus y la mortal Alcmena. La leche se derramó cuando retiro bruscamente de su pecho al niño. En el cuadro de abajo, Ariadna flota que da gusto, posando ligeramente su mano en la diosa Venus mientras sostiene una corona sobre la cabeza de la deidad. Dos magistrales obras donde destaca el hermoso color propio de la escuela veneciana.

Jacopo Comin, «Tintoretto»

Tintoretto: "la última cena". 1592-94. Óleo sobre lienzo, 365 x 568 cm, San Giorggio Maiore. Venecia

Tintoretto: «La última cena». 1592-94. Óleo sobre lienzo, 365 x 568 cm, San Giorgio Maggiore. Venecia

 

Singular y peculiar composición en diagonal donde la figura de Jesús no ocupa el centro; de ambiente abigarrado, esta Última Cena, con un exceso de personajes no habituales en la mayoría de las representaciones al uso, parece más un acto social refinado; no hay más que apreciar los detalles de los ropajes y de la  mesa bien surtida, que chocan por su opulencia con la mayoría de versiones, al tiempo que en la parte superior del cuadro unos seres casi transparentes, a modo de espíritus celestiales, sobrevuelan la escena. La ingravidez es una cualidad que encontramos, representada en carne y hueso, en más de una obra de este gran artista de la escuela veneciana, aun no siendo estas de carácter religioso, y esta licencia etérea es realmente sorprendente y encantadora. En su estética se aprecia la influencia de Miguel Ángel y se anuncian las formas manieristas.  Posiblemente fue Tintoretto el último gran pintor del  Renacimiento italiano.

Hasta 2007 a Tintoretto se le apodaba Jacopo Robusti por su padre, que defendió con vigor las puertas de Padua frente a las tropas imperiales. Su verdadero apellido, «Comin», fue descubierto por el jefe del departamento de Pintura Italiana del Museo del Prado de Madrid y se hizo público en la retrospectiva que le dedicó el Museo en 2007.

La higuera

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Me han regalado esta higuera verdal, esa que da higos y no brevas, y desde que llegó no paro de mirar los higos, que se asoman por la ventana del comedor; por la noche, con la fresca -es un decir-, desde la tumbona la observo y me siento como una niña con zapatos nuevos. Los árboles, esos seres vivos que nos acompañan, son el mejor regalo que una puede recibir.

Tiziano Vecellio

Tiziano: "Sísifo".1543. Óleo sobre tela, 234 x 216. Museo del Prado.

Tiziano: «Sísifo». 1549. Óleo sobre tela, 237  x 216. Museo del Prado.

 

Tiziano, junto con el Veronés y Tintoretto, forman parte fundamental de la llamada Escuela Veneciana. Desde muy joven entró a aprender el oficio de pintor en distintos talleres de la ciudad de los canales; decantándose, según Vasari, por el maestro Giorgione y por el nuevo estilo del Cinquecento. En esta obra, hoy en el Museo del Prado, Tiziano, admirador de la «Metamorfosis» de Ovidio, nos describe el sufrimiento de Sísifo obligado eternamente por haber engañado a los dioses, a subir una gran roca hasta la cima de una montaña, objetivo nunca logrado por rodar esta siempre antes de llegar a la cima. Aunque el cuerpo de Sísifo netamente musculado, nos recuerda el influjo de Miguel Ángel, el tratamiento del color mediante fuertes pinceladas rojas y amarillas de las lenguas de fuego y lava que caen desde la montaña, nos dice que el efecto que pretende es otro. La luz magistral que rodea al personaje mitológico de frente y por detrás de la roca, nos hablan de una atmósfera dramática que se irá perdiendo, en la pintura  posterior del maestro, donde se van difuminando los contornos, con líneas menos definidas, para dar paso a un predominio del color, es decir, un nuevo paso hacia adelante que llegará hasta los impresionistas.

María de Hungría, hermana de Carlos V,  le encargó esta obra junto a las tres otras «Furias» destinadas al Palacio de Binche. En 1558 esta las legó a su sobrino Felipe II, que las destinó al Alcázar de Madrid; después se colgaron en el Buen Retiro, pasando con posterioridad por el Palacio Real antes de finalizar en el Museo del Prado.

Tiziano: "El hombre del guante".1523. Óleo sobre lienzo,  100 x 89. Museo del Louvre.

Tiziano: «El hombre del guante». 1523. Óleo sobre lienzo, 100 x 89. Museo del Louvre.

Magnifico guante y soberbio retrato anterior al de Sísifo, que podemos admirar en el Louvre.

Epitafio de Julio Cortázar

Julio Cortázar

Julio Cortázar

 

Lo cuenta el mismo Julio Cortázar en «Cartas a los Jonquières». Un día, estando en un bar de la Place Pigalle, se le ocurrió su epitafio, que rezaba así: «Julio Cortázar, cualquier ranita le ganaba». Este epitafio críptico, -ignoro su significado- no se llegó a utilizar, pero ahí queda como curiosidad.