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Santorini, un «resto» muy mediterráneo

Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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He descubierto, con la edad, que no hay nada más placentero en un viaje que las paradas que se van haciendo por el camino y por ello no disfruto de los viajes en avión, porque en un abrir y cerrar de ojos ya has llegado a tu destino. El viaje en sí encierra todas las claves de aquello que queremos aprehender: el paisaje, las gentes y la gastronomía, esto último de suma importancia para los estómagos agradecidos como el mío. De camino a Huesca, una parada en Peñíscola, en un hotel de primera línea del mar, me permitió contemplar lo que más me gusta, una playa casi desierta en mayo y descubrir un restaurante, el Santorini, con una estupenda cocina griega e italiana. La decoración de la terraza del «resto» es de lo más mediterráneo, todo pintado en blancos y azules, con unas macetas de geranios sobre unos taburetes de estantes que me recordaban todo el tiempo unos cuadros de Matisse pintados en la Costa Azul sobre todo uno, «Jarrón de capuchinas y la danza». La merluza al cava con frutos del mar fue toda una experiencia deliciosa; la salsa casera, un acierto consecuencia de saber hacer las cosas bien. Si pasan por allí no se lo pierdan…

Ensalada de la casa

Foto: Bárbara

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Comer bien en los restaurantes de los pueblos de nuestra geografía no es difícil; en «El Lobo» de Alhama esta sencilla pero sabrosa ensalada compuesta por cogollos de lechuga aliñados con una salsa blanca es la prueba. Los cogollos de lechuga abiertos por la mitad son una constante en Murcia como también lo son en Navarra; el mayor aliciente son los trozos de bonito, deliciosos, que aportan un sabor denso y fuerte al plato.

 

Foto: Bárbara

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En primer término un trozo de bonito insuperable.

Los últimos años de Leonardo, palacio de Cloux

Leonardo da Vinci

Supuesto autorretrato de Leonardo anciano. Dibujo a la sanguina sobre papel, h. 1510-15. Biblioteca Real de Turín.

 

 

Amboise es un bellísimo enclave turístico de Francia donde se unen a las bondades paisajísticas de su enclave fluvial junto al Loire, su arquitectura, gastronomía y el palacio de Cloux (hoy llamados Clos Lucé), donde vivió el gran Leonardo sus últimos tres años. El genio del Renacimiento y de todos los tiempos nació el 15 de abril de 1452 en Vinci y murió el 2 de mayo de 1519 en el citado palacio, asistido por su amigo y protector el rey de Francia, Francisco I. Fue enterrado en la capilla de Saint-Hubert donde permanece. Amboise es, para los admiradores del genio de Leonardo, un lugar de obligado peregrinaje, donde recorrer las estancias del palacio es una aventura casi mística para sus devotos; la gran cama donde exhaló su último suspiro con el rey inclinado sobre el lecho está escenificado en una gran tela que nos habla de forma muy elocuente de la gran connivencia y complicidad que existió entre ambos. Hay que remontarse a tres años antes, cuando, tras la muerte de su gran protector Giuliano de Médicis, el pintor abandona Italia acompañado entre otros de su discípulo Melzi llevándose la Gioconda, el ambiguo S. Juan Bautista y Santa Ana, La Virgen y El Niño. A Amboise llega Leonardo más como amigo que como pintor, arquitecto y mecánico del Rey, que era como fue «contratado»; por ello en el palacio de Choux vivió más como un noble que como un empleado del rey. Curiosamente, a ambos les apasionaba la cocina y se cuenta que, entre el palacio del monarca y el de Cloux, un pasadizo secreto unía las dos residencias y que Francisco I lo recorría por las noches para disfrutar de  las recetas innovadoras del pintor, y que en esas noches gastronómicas ambos cocinaban con auténtico placer, aunque el servicio del palacio contara con cocinero propio. El comedor, con su amplia mesa, acogía a los invitados en jornadas «normales». Pronto la salud del genio se resintió y en 1517 su brazo derecho se le paralizó; no obstante siguió dibujando y haciendo bocetos para decorados de fiestas palaciegas, proyectos urbanísticos, drenaje de ríos…; dibujaba sobre temas bíblicos y apocalípticos y siguió trabajando sobre su Tratado sobre la Pintura, que quedó inacabado. A su discípulo le legó sus manuscritos, sus libros y dibujos, que este se llevó a Italia tras su muerte. Según su biógrafo Vasari, a su amigo el rey le vendió la Gioconda por 4000 piezas de oro. El recorrido por el palacio de Cloux se completa con una especie de museo al aire libre donde todos puede ver y manipular una serie de inventos que no hacen más que admirarnos de su visión precursora, de su enorme conocimiento de la ingeniería, de la mecánica, de la física y de todos los conocimientos portadores del Renacimiento; un lugar imprescindible para seguir su estela. Bellísimo autorretrato (supuesto) y uno de sus innumerables dibujos que me apasionan.

Al final la pillé

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Llevo dos días estornudando, con escalofríos, y con la mente espesa; barrunto que el yin y el yan no andan bien; observando el panorama me digo para mis adentros: Mon dieu, estamos a 26 grados mientras en León, es un decir, tiritan de frío rodeados de nieve que da gusto. Me encuentro en medio de terribles oscilaciones nocturnas y diurnas (típico clima desértico) y al final, claro, la pillé; iniciando el proceso en el que me hallo, aún no estoy segura si es trancazo, constipado o gripe, en fin, que más da si estoy hecha unos zorros. Para mí, que cuando te invaden los microbios, ellos no te preguntan si te viene bien o no, simplemente te invaden… Invadida pues, no me queda otra que resignarme y tomar infusiones de tomillo que aclaran la garganta y te dejan el estómago fané y «descangallao». Barrunto que esta invasión sin previo aviso se debe a que tenía el yin y el yan descompensados; debe ser eso. En fin, para restablecer las coordenadas de mente y espíritu he decidido pasar por el Oasis Zen Garden del Huerto del Cura, que es una maravilla. ¡Vean si no!

Tres años ya…

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara. Cartagena

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara. Cartagena

Ayer WordPress me felicitó por el tercer aniversario del blog… Mon dieu!, cómo pasa el tiempo. Si no es por ellos ni me entero. Tres años como tres soles y, a falta de eso, la farola con tres brazo que ilumina la calle principal de Cartagena, que desemboca en el puerto al que me asomo, como buena marinera que soy, al Mediterráneo, que tanto me hace soñar con travesías reales e imaginarias. Y ayer soñé que un barco me llevaba a otro puerto que adoro, al puerto de Mahón.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara. Cartagena

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara. Cartagena

Bacalao con costra de piñones

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Para el fin de semana una buena y sana apuesta es el bacalao; en las fotos «Bacalao con costra de piñones y aceitunas kalamata». Así lo hacen en el Hotel NH de Cartagena que situado en el lateral del Ayuntamiento tiene el puerto muy cerca tanto, que las gaviotas revolotean junto con las palomas de un tejado a otro, de una cornisa a otra… La receta, una esquisitez con el punto exacto de cocción, una cama de fideos chinos deliciosos y una salsa que redondea el plato.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

«El viejo París» de Jean Eugène Auguste Atget

Eugène Atget:

Eugène Atget: «Esquina de la rue des Nounais-d’Hyères y de la rue de l’Hôtel de Ville», 1899

 

Eugène Atget: "Rue Hautefeuille", 1898

Eugène Atget: «Rue Hautefeuille», 1898

 

Eugène Atget: "Notre Dame"

Eugène Atget: «Notre Dame»

 

Eugène Atget: "Esquina de la rue de Seine", 1924

Eugène Atget: «Esquina de la rue de Seine», 1924

 

Eugène Atget es sin duda el fotógrafo al que los enamorados de París más le debemos; sus fotos del «Vieux París», que hiciera por encargo del Consejo Municipal de París decidido a conservar la imagen de las viejas calles en el momento en que era previsible su desaparición, hizo posible este documento impagable. Eso ocurría en 1898. El desarrollo trae modernidad a las ciudades, pero la inmensa mayoría de las veces el viejo espíritu se desvanece y, no obstante eso, París ha conservado todo el encanto de su centro y de algunos barrios que, si se vive en ellos, una se da cuenta de que son como pequeños pueblos con todo lo  bueno que eso conlleva. Hasta llegar ahí, Atget ha fracasado en los diversos aspectos de su vida: intentó dedicarse a la pintura sin grandes éxitos, lo mismo que al teatro como actor y, hasta que la fotografía llega a su vida, Arget navega sin rumbo. A partir de 1900 la fotografía de detalles gana en importancia haciéndose series de puertas, aldabones, cornisas…; Atget crea su serie «Les petits métiers», retratos de los distintos oficios, artesanía y la venta ambulante por las calles de París. En 1906 trabaja por encargo de la Blibliotheque Historique de la Ville de París fotografiando el centro, cuyo resultado es la serie «Topografía del viejo París». Después de la Primera Guerra Mundial, reanuda su actividad, realizando por encargo del pintor André Dignimont una serie sobre prostitutas. En esta época conoce al artista Man Ray. Las fotografías de Atget  fascinaron a los surrealistas, pero eso es otro capítulo, porque da mucho de sí. Sus fantásticas fotografías reflejan lo cotidiano, la vida de París en tomas directas y, sin proponérselo, influyó sobre la estética surrealista, sobre todo en lo que se ha dado en llamar «l’objet trouvé».

Cartagena y el Modernismo

Foto: Bárbara. Casa Cervantes Cdetalle)

Foto: Bárbara. Casa Cervantes (detalle, vista nocturna)

 

Foto: Bárbara. Casa Cervantes, (fachada)

Foto: Bárbara. Casa Cervantes, (fachada, vista nocturna)

 

Como consecuencia de los bombardeos para sofocar la revolución cantonal de 1873, el centro histórico de Cartagena fue gravemente dañado y, a partir de entonces y coincidiendo con la explotación de las minas de la Unión que propicia el nacimiento de una pujante burguesía, se levantan casonas, palacetes, escuelas, un nuevo Ayuntamiento, una nueva estación, etc. de estilo Modernista, que otorgan a la ciudad un aspecto arquitectónico nuevo con obras como El Palacio Pedreño, la Casa Cervantes, el Palacio Consistorial, el Casino, el Palacio de Aguirre, el Gran Hotel, la Casa Maestre…, esta última sobre un proyecto de Marcelino Coquillat, realizado por Beltrí e inspirada en la Casa Calvet de Gaudí.

La Casa Cervantes fue la primera obra del arquitecto Víctor Beltrí. Esta obra destaca por sus dimensiones en relación a otros edificios modernistas de la misma calle. Realizada entre 1897 y 1900 como residencia para la familia Cervantes, cuya fachada se conserva integra y en cuyo interior bastante remodelado se ubica la biblioteca y el Aula de Cultura de una entidad bancaria. Hay que destacar la integración en los edificios de Beltrí de todas las artes aplicadas dentro de un espíritu claramente modernista inspiradas en el modernismo catalán.

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara. Casa Cervantes.

Popietas de lenguado

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Fotos: Bárbara.

Fotos: Bárbara.

 

Estas popietas o rollos de lenguado rellenas de espinacas y almendras con emulsión de erizos de mar es uno de mis platos favoritos; el lenguado simplemente a la plancha con mantequilla y zumo de limón ya me trasporta a no se sabe donde y estas popietas que hacen en la excelente cocina del hotel Huerto del Cura de Elche me hacen levitar…

Annie Leibovitz y las quimeras. Retrato de Angelina Jolie.

Annie Leibovitz: " Angejine Jolie"

Annie Leibovitz: » Angelina Jolie».

 

Entre las quimeras, la bruma azulada de la noche pinta las piedras como si el lapislázuli se derramase por los tejados y por entre las torres de Notre Dame. París duerme y ellas, las quimeras de Violet Le Duc, son vigías de ese barco fantasma que es la isla y que navega sin rumbo ni destino posible; y esa visión de pesadilla se torna sueño placentero en el que ellas volaban planeando sobre los puentes hasta que las primeras luces del alba se reflejaran en el agua y formaran círculos concéntricos como si un clochard lanzara piedras sobre su superficie verde musgo. Pero mientras, París duerme…