
Imágenes de peces, 1925

Los límites del intelecto, 1927

Jardín botánico, 1926
Paul Klee responde a la idea del artista completo; a los once años era un virtuoso del violín. La música jugó un papel importante en su vida de modo que, cuando tras un viaje a Túnez decide hacerse pintor, comienza por el dibujo, porque no entendía el color hasta que, y según sus palabras, dijo: «El color me posee, no tengo necesidad de perseguirlo, sé que me posee para siempre… el color y yo somos una sola cosa. Yo soy pintor». Sin embargo en sus obras está siempre presente la poesía, la música y lo onírico; incluyendo notas musicales o palabras. La frescura de sus obras hace que estas no se pasen, que estén siempre de actualidad. Suizo de nacimiento, estudió arte en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Terminados sus estudios, completó su formación visitando Roma, Florencia y Nápoles estudiando a los maestros del Renacimiento. Experimentó con distintas técnicas y sus viajes a París, cómo no, influyeron de manera que pudo encontrar «el estilo que conecta el dibujo y el reino del color». Él mismo reconoce la influencia de Van Gogh respecto al color, pero fue la luz de Túnez lo que le ayudó a combinar la abstracción al agregar el color a sus dibujos, como en su serie «pinturas operísticas». Siguió pintando durante la guerra y terminó enseñando en la Bauhaus desde el año 21 al 31; también formó parte de Die Blauer Vier (los cuatro azules) con Kandinsky, Feininger y Jawlensky, dando conferencias y exponiendo en Estados Unidos. Expuso también en París y enseñó en la Academia de Düsseldorf, pero los nazis le acusaron de hacer un arte degenerado, su casa fue registrada por la Gestapo y expulsado de su trabajo. Emigró con su familia a Suiza y después expuso en Londres y París, donde conoció a Picasso al que admiraba. Su producción es ingente. Enfermó de esclerodermia y falleció en Muralto (Suiza) a los sesenta años, siendo enterrado en Berna.