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Por tierras manchegas II

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Casrillo de Belmonte (Cuenca). Foto: Aurelio)

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Castillo de Belmonte. Foto: Bárbara

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Paisaje manchego. Foto: Bárbara

El castillo de Belmonte es una fortaleza singular que se conserva como se construyó en el siglo XV por mandato del primer Marqués de Villena. El castillo se levanta sobre el cerro de San Cristóbal en las afueras de la villa de Belmonte. En el momento de su construcción, Castilla se hallaba inmersa en continuas luchas internas. Durante los siglos XVI y XVII se encuentra en estado de abandono, llegando así hasta el siglo XIX en el que la heredera de la Casa de Villena Eugenia de Montijo, que fue emperatriz de los franceses por su matrimonio con Napoleón III, ordenó su restauración de acuerdo con el proyecto inicial, pero llevando a su interior el gusto de la época. Con la caída del imperio francés cesa su restauración; la emperatriz se gastó más de millón y medio de pesetas de entonces. El castillo pasó por diversas vicisitudes y en la actualidad es propiedad de la Casa Ducal  de Peñaranda, descendientes de la Duquesa de Alba. Hoy está considerado Bien de Interés Cultural. Este valioso tesoro patrimonial está abierto al público desde 2010.

Por tierras manchegas

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Castillo de Belmonte. Foto: Bárbara

 

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Castillo de Belmonte. Foto: Bárbara

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Paisaje manchego desde el castillo de Belmonte. Foto: Bárbara

Hacia tierras leonesas, la parada en Belmonte para contemplar el castillo era obligada. Suaves colinas y ondulantes tierras manchegas con la belleza multicolor de sus tierras ocres y sienas rodean al caminante. El imponente castillo castalleno nos habla de gestas antiguas, de caballeros en lides y de una parte de nuestra historia que gestaron unas gentes sobrias y austeras.La Mancha hay que descubrirla despacio, para saborear sus colores y sabores, sus atardeceres rosados envueltos en el polvo que en el horizonte levantan los rebaños. La tierra de Don Quijote nos encanta a través de sus paisajes.

Museo Teatro Romano de Cartagena

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Foto: Bárbara

 

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Foto: Bárbara

 

El Museo del Teatro Romano de Cartagena es un espacio museístico sorprendente, que el arquitecto Rafael Moneo se ha encargado de ordenar y estructurar; mediante un corredor se explica la evolución urbana del solar del teatro desde el siglo I. En la parte baja del Museo se nos muestran los objetos cotidianos recuperados en las excavaciones  resultado del comercio del puerto estratégico de la ciudad en la antigüedad, como esta copa hecha con terra sigilata africana de los siglos VI-VII y las típicas lucernas decoradas con signos cristianos, así como las ánforas que contenían aceites y vinos. Este recorrido inicial se completa con audiovisuales, planos y fotografías que explican la doble función lúdica del Teatro y propagandística de Augusto. El corredor arquitectónico situado bajo la Iglesia de Santa María la vieja conecta el Museo con el Teatro Romano.

 

El verano se va

Fotos: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

El verano se va, despacio, pero parece que si. Atrás los días de mar y playa… Para mí comienza la estación más bonita del año. El otoño, con la caída de la hoja, no me produce nostalgia alguna; el cambio de estación me asegura que el ciclo se renueva y los árboles, a medida que se van despojando de todo, hacen un estriptis silencioso de lo más elegante, sin prisas, con la sabiduría de los años;  y los más añosos muestran  con arrogancia sus viejos troncos sin falso pudor; claro que saben que, en primavera, mostrarán un espléndido aspecto juvenil que para mí lo quisiera.

Unas largas vacaciones

El Sena; foto: Bárbara

El Sena, foto: Bárbara

 

La Estirga, encaramada a Notre Dame, me ha dado un ultimátum: después de cinco años de ininterrumpido trabajo, exige unas largas vacaciones; quizás definitivas…en fin no puedo negarle que tiene más razón que un santo. De modo que ella y yo hacemos mutis por el foro; hasta cuándo, no lo sé, depende de que nos pongamos de acuerdo o que la añoranza de los grandes amigos blogueros nos obligue a volver. Y por si no hay vuelta… un millón de gracias a todos los seguidores. Un abrazo grande.

La place Vandôme

La place Vandôme, París

La place Vandôme, París. Foto: Elena Colomina.

 

Un día gris, ese gris parisino que tanto añoro y más en estos días de «canicule» en que el termómetro se pone a cuarenta y dos grados como si nada. Ese bendito clima parisino que te permite andar y andar kilómetros sin cansarte y ponerte una gabardina y una boina, teniendo todo el día por delante para, poder saludar a Napoleón que subido en su columna de bronce, hecha con los cañones enemigos, celebra la victoria de la batalla de Austerlitz… en la place Vandôme tan bonita y recoleta. ¡Mil gracias, parisina, por la foto!

 

 

Inundación en París

El Sena crecido- Foto: Elena Colomina

El Sena crecido. Foto: Elena Colomina

 

El Sena crecido. Foto: Elena Colomina

El Sena crecido. Foto: Elena Colomina

 

Diez días lloviendo sin parar ha tenido como consecuencia que el caudal de Sena haya aumentado como hacía muchos años no se recordaba. Los ojos de los puentes casi ciegos, el barco más marinero que nunca, los quais inundados y los parisinos y turistas dejando constancias del hecho. Al fondo de las fotografías se ve la noria, el bello puente de Alejandro III y el lateral del Grand Palais. ¡Cómo me hubiera gustado estar allí! Nada extraño en mi que siento morriña perpetua de París. Mil gracias a mi querida Elena por sus fotos.

Santorini, un «resto» muy mediterráneo

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He descubierto, con la edad, que no hay nada más placentero en un viaje que las paradas que se van haciendo por el camino y por ello no disfruto de los viajes en avión, porque en un abrir y cerrar de ojos ya has llegado a tu destino. El viaje en sí encierra todas las claves de aquello que queremos aprehender: el paisaje, las gentes y la gastronomía, esto último de suma importancia para los estómagos agradecidos como el mío. De camino a Huesca, una parada en Peñíscola, en un hotel de primera línea del mar, me permitió contemplar lo que más me gusta, una playa casi desierta en mayo y descubrir un restaurante, el Santorini, con una estupenda cocina griega e italiana. La decoración de la terraza del «resto» es de lo más mediterráneo, todo pintado en blancos y azules, con unas macetas de geranios sobre unos taburetes de estantes que me recordaban todo el tiempo unos cuadros de Matisse pintados en la Costa Azul sobre todo uno, «Jarrón de capuchinas y la danza». La merluza al cava con frutos del mar fue toda una experiencia deliciosa; la salsa casera, un acierto consecuencia de saber hacer las cosas bien. Si pasan por allí no se lo pierdan…

Ensalada de la casa

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Comer bien en los restaurantes de los pueblos de nuestra geografía no es difícil; en «El Lobo» de Alhama esta sencilla pero sabrosa ensalada compuesta por cogollos de lechuga aliñados con una salsa blanca es la prueba. Los cogollos de lechuga abiertos por la mitad son una constante en Murcia como también lo son en Navarra; el mayor aliciente son los trozos de bonito, deliciosos, que aportan un sabor denso y fuerte al plato.

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

En primer término un trozo de bonito insuperable.

Los últimos años de Leonardo, palacio de Cloux

Leonardo da Vinci

Supuesto autorretrato de Leonardo anciano. Dibujo a la sanguina sobre papel, h. 1510-15. Biblioteca Real de Turín.

 

 

Amboise es un bellísimo enclave turístico de Francia donde se unen a las bondades paisajísticas de su enclave fluvial junto al Loire, su arquitectura, gastronomía y el palacio de Cloux (hoy llamados Clos Lucé), donde vivió el gran Leonardo sus últimos tres años. El genio del Renacimiento y de todos los tiempos nació el 15 de abril de 1452 en Vinci y murió el 2 de mayo de 1519 en el citado palacio, asistido por su amigo y protector el rey de Francia, Francisco I. Fue enterrado en la capilla de Saint-Hubert donde permanece. Amboise es, para los admiradores del genio de Leonardo, un lugar de obligado peregrinaje, donde recorrer las estancias del palacio es una aventura casi mística para sus devotos; la gran cama donde exhaló su último suspiro con el rey inclinado sobre el lecho está escenificado en una gran tela que nos habla de forma muy elocuente de la gran connivencia y complicidad que existió entre ambos. Hay que remontarse a tres años antes, cuando, tras la muerte de su gran protector Giuliano de Médicis, el pintor abandona Italia acompañado entre otros de su discípulo Melzi llevándose la Gioconda, el ambiguo S. Juan Bautista y Santa Ana, La Virgen y El Niño. A Amboise llega Leonardo más como amigo que como pintor, arquitecto y mecánico del Rey, que era como fue «contratado»; por ello en el palacio de Choux vivió más como un noble que como un empleado del rey. Curiosamente, a ambos les apasionaba la cocina y se cuenta que, entre el palacio del monarca y el de Cloux, un pasadizo secreto unía las dos residencias y que Francisco I lo recorría por las noches para disfrutar de  las recetas innovadoras del pintor, y que en esas noches gastronómicas ambos cocinaban con auténtico placer, aunque el servicio del palacio contara con cocinero propio. El comedor, con su amplia mesa, acogía a los invitados en jornadas «normales». Pronto la salud del genio se resintió y en 1517 su brazo derecho se le paralizó; no obstante siguió dibujando y haciendo bocetos para decorados de fiestas palaciegas, proyectos urbanísticos, drenaje de ríos…; dibujaba sobre temas bíblicos y apocalípticos y siguió trabajando sobre su Tratado sobre la Pintura, que quedó inacabado. A su discípulo le legó sus manuscritos, sus libros y dibujos, que este se llevó a Italia tras su muerte. Según su biógrafo Vasari, a su amigo el rey le vendió la Gioconda por 4000 piezas de oro. El recorrido por el palacio de Cloux se completa con una especie de museo al aire libre donde todos puede ver y manipular una serie de inventos que no hacen más que admirarnos de su visión precursora, de su enorme conocimiento de la ingeniería, de la mecánica, de la física y de todos los conocimientos portadores del Renacimiento; un lugar imprescindible para seguir su estela. Bellísimo autorretrato (supuesto) y uno de sus innumerables dibujos que me apasionan.