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Increíble pero cierto

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

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Foto: Bárbara

Aunque parezca mentira, son fotografías de hoy hechas en casa; para los que aún tengan dudas del cambio climático, ahí va esta prueba. Y, aunque las neuronas patinan a cierta edad, no recuerdo haber tenido rosas ni flores de la bignonia en diciembre. Personalmente no me disgusta en absoluto, al contrario, lo único que me planteo es que, si esto sigue así, no sabré cuándo tengo que podar, porque me dará pena prescindir de ellas.

A orillas del río Bernesga

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La orilla del río. Foto: Bárbara

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Una flor a la orilla del río. Foto: Bárbara

León es una ciudad monumental muy bella con rincones excepcionales; pasear a orillas del río Bernesga es, aparte de relajante, una ocasión para conocer el espacio donde los ciudadanos pasean y hacen deporte. El barrio húmedo, así llamado no por que este cerca del río, sino porque es un lugar fantástico para beber y tapear, abarca el casco antiguo que los leoneses cuidan con mimo; subiendo desde el río por la calle Ancha hacia la Catedral, callejear es una auténtica delicia y las casas restauradas, muy bonitas, son un ejemplo de buen hacer: parece como si todas estuvieran con la cara recién lavada. En ningún sitio he visto balcones tan hermosos, cuajados de flores. Volviendo a las tapas, aquí se tapea de forma increíble; por cada caña o vino te regalan una muestra de la excelsa gastronomía de la ciudad. ¡El auténtico paraíso de las tapas! León es una ciudad ideal para vivir, a la que no me importaría trasladarme si no tuviera aquí los lazos de cariño que hacen que una eche raíces.

Los frutos de la monstera

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

No creo en las meigas, pero haberlas haylas, como dicen los gallegos. Esto parecía un atasco por causas ignotas, de naturaleza extraña y en estos día la situación me ha llevado a pensar, en vista de que llevamos a nivel nacional un atasco político semejante, a un nudo gordiano sin visos de solución a corto plazo, que el blog se había contagiado -sensible como es- del ambiente circundante. Pero hete aquí que esta noche el lío se ha resuelto por sí solo. Hay cosas que, tal como vienen, se van y todo vuelve a su cauce y a su condición natural. Los años me han concedido el don de la paciencia -alguna ventaja tiene que tener el paso del tiempo- y la verdad es que me lo he tomado como un respiro y como un descanso para mis queridos amigos. Et voilà, ya estoy aquí para seguir dando guerra!

Os agradezco de todo corazón el interés y el seguimiento que he tenido en estos días.

En el jardín

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Ayer no pude, como todos los años, felicitarte; a veces el ordenador juega malas pasadas, pero no por ello siento menos la felicidad de saberte tan viva y alegre que haces de nuestras vidas algo nuevo como la savia necesaria para respirar día a día por el impulso que nos da saberte aún gozando en el paraíso de la infancia.¡Y que así sea por muchos años, mi niña!

Sombras en la sombrilla

Fotos: Bárbara

Fotos: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Las hojas de la bignonia sobre la sombrilla dejan ese «rastro», sombra chinesca, sutil en la tela. Me gusta mirarlas y las observo como el negativo de lo que son y esa percepción tan leve me recuerda lo oriental por su finura.

Desinflado

Fotos : Aurelio

Fotos : Aurelio

 

foto: Aurelio

Foto: Aurelio

 

Un buen día, este cactus que crecía y se desarrollaba normalmente, se fue abriendo por la base, extendiéndose a lo ancho como si los líquidos interiores se desparramasen libremente y su dureza  y consistencia se quedaran reducidos a nada. Se fue desinflando como un globo y su aspecto semejaba a una boina extraña con aspecto de platillo volante no identificado. ¡Sorpresas de la naturaleza!

Flor de Cactus

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Una de las flores más delicadas  y más hermosas es la de los cactus, como si celebrara, por pocos días, el esplendor de la primavera sumándose así a la fiesta de las flores que por estas fechas conmemoran un nuevo futuro. Rodeadas de espinas, se ruborizan al atardecer cerrándose sobre sí mismas para no desgastar inútilmente tanta belleza…

Los higuillos ya están aquí

Foto: Aurelio

Foto: Aurelio

 

Foto: Aurelio

Foto: Aurelio

 

Foto: Aurelio

Foto: Aurelio

 

Los miramos por la mañana; nos hemos enterado de que no hay que regarlos mucho, si queremos que los higuillos, proyecto de los higos, estén más dulces cuando en verano los podamos comer. Cuándo los veo, me acuerdo de la maravillosa serie inglesa para televisión «Yo, Claudio», basada en uno de los libros de la trilogía que Robert Graves dedicó al Imperio Romano, en la que el veneno era un instrumento eficacísimo para la alternancia en el poder. Un soberbio Augusto moría por comer higos envenenados que él mismo cogía de la higuera… Un simple higo y todo al garete…, pero estos, que no son coetáneos, dicen: ¡cómeme, y sin peligro alguno!

Los fresones

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He plantado fresones este año sobre todo para que cuando venga Noa, las recoja ella. A los niños de las ciudades, que no están en contacto directo con las plantas ni con los árboles frutales, les hace ilusión  y yo he vigilado para que las hormigas que son muy golosas no terminen comiéndoselas, porque las muy zangolotinas, en cuanto están en su punto y te descuidas ya han terminado con los más rojos. Había que verla cortando los largos tallos…llevándolos a la cocina y lavándolos con cuidado para comérselos con cara de gusto….

La primera rosa

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara.

 

Acaba de caer un chaparrón primaveral de esos que ni los de la meteó saben adivinar y me he despertado de un sesteo ligero con la impresión de que íbamos a salir a nado, pero no, la primavera pone tal empeño e ímpetu en lo que hace que duró un suspiro, el tiempo suficiente, no obstante, para llenarlo todo de barro. Y me he quedado pensando en lo que han cambiado las cosas, antes la lluvia refrescaba, limpiaba.Y me he vuelto a dormir pensando en la primera rosa que en el jardín estrena temporada, qué poco tiempo de vida…