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Tortilla de patatas malagueña

Tortilla malagueña. Foto: Bárbara

Tortilla malagueña. Foto: Bárbara

 

En este país, la tortilla de patatas, junto con la paella, es un comodín, algo que gusta a casi todo el mundo; algunos a la clásica le añaden rodajas de chorizo, cosa que a mi parecer enmascara el auténtico sabor de la patata. La tortilla de patatas tiene que saber a patatas, luego vienen los matices. Desde niños saboreamos la buenísima de mamá o de la abuela, la una con cebolla o sin ella; o la de mi tía Jose, que la bordaba con cebolla dorándola hasta darle un brillante tono marrón. Esta variante de Málaga es mi preferida; hay que tomarla fría y mejor de un día para otro. Una advertencia: abstenerse los que no les guste el ajo, porque la gracia de esta tortilla radica en el ajo y el perejil.

Ingredientes: patatas, dos o tres dientes de ajo, sal,  aceite de oliva, un puñado de perejil y tres huevos (la cantidad depende del tamaño de la tortilla).

Pelamos y lavamos las patatas, las cortamos en rodajas más bien finas y, cuando el aceite de la sartén esté caliente, las introducimos manteniendo la temperatura unos cinco minutos; a continuación bajamos el fuego y las sacamos cuando estén blandas y hechas. Para que suelten el aceite sobrante, las ponemos en un escurridor de verduras. Mientras, picamos los dientes de ajo con cuchillo, si lo hacemos con el leonardo quedan demasiado pequeños los trozos -el ajo se debe notar-. Picamos el perejil. Ponemos en el bol donde batiremos los huevos, el ajo y el perejil. Batimos y agregamos las patatas bien escurridas de aceite. En una sarten ponemos unas gotas de aceite; cuando esté bien caliente añadimos el contenido del bol, dejamos que se cuaje por ese lado y le damos la vuelta, bajamos el fuego para que no se queme y vuelta y vuelta… Caliente está buena, pero lo suyo es dejarla enfriar en la nevera. Deliciosa. y sanísima con todas las bondades del ajo y del perejil.

De mi estancia en el País Vasco me traje el gusto de presentar las tortillas de patatas con los pimientos de Padrón o simplemente italianos verdes; la razón del porqué era compensar la falta de cítricos, pues los pimientos tienen también mucha vitamina C… ¡qué sabia la tradición culinaria!

Velázquez y la gastronomía

Velázquez:

Velázquez: «Vieja friendo huevos». National Gallery of Scottland, Edimburgo.

Velázquez, que pintó esta maravillosa obra que incluye uno de los mejores bodegones de todos los tiempos, con solo diecinueve años, muestra su maestría no solo en la técnica, además resume con pocos ingredientes el summun de todos los grandes cocineros, la quinta esencia, la cumbre de la gastronomía: los huevos fritos. Sin olvidarnos del principio de todas las cosas «el huevo cósmico», del de Colón y, bajando a los del gallinero, los más humildes de gallina, fritos con patatas, son para Ferrán Adriá, Arzac y el resto de los más ilustres chefs, el no va más de sus papilas gustativas. Lo mismo da que decostruyan lo que sea, hagan espumas. cocinen al vapor…, al final la joya son los huevos fritos. Pintado en 1618, este óleo sobre lienzo de 99 x 169, ha suscitado la siguiente polémica, para mí absurda: ¿los huevos, se están cociendo, escalfando o friendo? Los que opinan que se están escalfando o cociendo, ¿será porque los huevos no tienen puntillas?… eso dependerá del grado de calor que haya alcanzado el aceite en el momento de sumergirlos.. Para mí va a misa el título: «Vieja friendo huevos». Si lo dijo el maestro,  punto.

Liquidada la tonta polémica, cualquier blog sobre alta gastronomía debería tener este magistral bodegón como cabecera y fuente de inspiración para y sobre todo poner las cosas en su justo sitio.

El realismo y el populismo del cuadro es indudable, destacando la suciedad del velo que cubre la cabeza de la anciana, el aspecto del muchacho, los cacharros de cobre, la cebolla roja, el melón, la botella de vidrio… Las figuras destacan sobre un fondo neutro en pardos y negros, reinando los blancos soberbiamente matizados. Algunos doctos opinan además que esta obra se anticipa al impresionismo, al levantar el plano de la mesa y el hornillo utilizando así una doble perspectiva. La pincelada suelta del Velázquez maduro de las Meninas, por ejemplo, aquí es medida, pequeña y minuciosa. Soberbia obra del naturalismo tenebrista que no se puede calificar de juventud porque la maestría es evidente ya, y uno de los mejores bodegones españoles de todos los tiempos.

Salchipulpo: menú para niños

Autor del plato y fotografía:  Arso

Autor del plato y fotografía: ARSO

 

La foto lo dice todo, una versión muy divertida e ingeniosa del arroz a la cubana, especial menú para que los pitufos de la casa se diviertan comiendo. Las patas del salchipulpo tienen el movimiento adecuado para dotarlo casi de vida; el corte de las ocho patas hay que trabajárselo, porque tienen su aquel; parece sencillo, pero hay que ensayar. A los papás y abuelos estos «deberes»  para el fin de semana; los niños se lo agradecerán. ¡Por mi parte, gracias a ARSO y a su buen hacer en la cocina!

Lubina rellena de lomo y gambones al horno

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Unas lubinas bien fresquitas rellenas al horno no dan mucho trabajo y solucionan la comida del sábado o del domingo. Y, si mientras las preparamos, nos tomamos una copa de Protos para abrir boca, tanto mejor, ya que el fin de semana se inventó para ir sin prisas y relajarnos.

Ingredientes:  Una lubina por comensal, cebolletas tiernas, zanahorias, 2 dientes de ajo, salsa de tomate frito, unas hojas de laurel, aceite de oliva virgen extra, pimienta negra, un poco de cúrcuma, una cucharada de postre de mostaza de Dijon, gambones, lomo embuchado, un poco de fumet de pescado y vino blanco.

Las lubinas, sin espina central y bien limpias, las rellenamos con rodajas de lomo embuchado (se puede sustituir por jamón serrano, pero queda demasiado salado para mi gusto) y trozos de gambón o de cualquier otro marisco. Laminamos los ajos, troceamos la parte blanca y la verde de las cebolletas y rehogamos en una sartén con un poco de aceite de oliva; agregamos las zanahorias cortadas en brunois y rehogamos; finalmente añadimos tres cucharadas de salsa de tomate, la cúrcuma, unas hojas de laurel y salpimentamos. Incorporamos finalmente el vino blanco y al poco el fumet y la mostaza. Dejamos unos cinco minutos al fuego. Colocamos, en una bandeja para el horno, las lubinas rellenas y vertemos por encima la salsa. Metemos en el horno precalentado a 220 grados y horneamos lo justo, unos 15 minutos.

El punto de la mostaza le da un nosequé buenísimo y el lomo, más suave que el jamón, un queseyó que recomiendo. Buen provecho!!!

Comer en Castellón: Hotel Luz, Restaurante aQua

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Cuando llega el viernes se nos pone el cuerpo de fiesta, con ganas de pasarlo bien y desconectar hasta el lunes. En el Restaurante aQua  de Castellón, con merecidos premios, nos obsequiaron con este postre tan delicioso como ligero, ideal para poner el broche de oro a cualquiera de sus menús. Si a la vista es refrescante, en la boca es una auténtica golosina.

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Sobre una hoja de parra, una base de higo fresco rematado con helado de coco; la combinación es realmente exquisita, dulce sin empalagar, como un sorbete refrescante.

Envuelto de merluza y beicon con salsa de queso Idiazabal de Aurelio Serrano García

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

De la comida de Navidad en Alicante, esta receta de Aurelio hijo que nos supo a gloria.

Ingredientes: lomos de merluza, 2 lonchas de beicon por comensal, leche evaporada, queso Idiazabal. Para la tapenade: anchoas, tápenas, aceitunas negras, 2 cucharaditas de concentrado de tomate, 1/2 ajo crudo y aceite de oliva, piñones, y zumo de limón.

Picamos la merluza con cuchillo. En un molde de acero, colocamos las dos lonchas de beicon, de forma que luego cierren el paquete que hacemos con parte de la merluza picada, por encima una capa de tapenade y otra de merluza, cerramos con el beicon y lo dejamos en la nevera para que el frío lo compacte. Hacemos la salsa calentando la leche evaporada, que contiene menos grasa que la nata, y fuera del fuego añadimos trocitos pequeños de queso y batimos con la batidora o, si preferimos la textura del queso, no hace falta. Después de que se hayan enfriado los paquetes, los hacemos en una sartén caliente y, cuando el beicon esté crujiente, los retiramos. Napamos finalmente con la salsa para emplatar.

Pollo a la moruna con pasas y almendras

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

He visto frecuentar, durante estos días, el apartado de gastronomía de este blog, y como se acerca la cena de fin de año ahí va una propuesta que como siempre busco que sea fácil, económica y de dejar con la boca abierta a la familia e invitados. Es uno de esos platos que se ha hecho toda la vida en casa y que proviene del Norte de África. Se tarda poco en prepararlo y si lo dejamos hecho el día anterior el resultado será espectacular, pues el dulzor de las pasas junto con el coñac harán su trabajo lentamente.

Ingredientes: 1 pollo troceado, un buen puñado o dos de pasas (no escatimar) y de almendras peladas (si están fritas y con sal también valen), 2 cebollas grandes, 1 copa de coñac, harina, sal y aceite de oliva.

Salamos los trozos de pollo (que sea de buena calidad es importante) y lo enharinamos; en una  cazuela grande los doramos con un poco de aceite de oliva; los retiramos y reservamos. Retiramos de la cazuela el exceso de aceite y rehogamos las cebollas cortadas en palmera no muy grueso. Rehogamos dando vueltas y salamos. Cuando estén blanditas agregamos los trozos de pollo y ponemos el coñac, las pasas y las almendras enteras. Seguimos removiendo y al poco añadimos agua hasta cubrir. Dejamos a fuego medio hasta que el pollo esté hecho y la salsa  consistente.

¡Fácil y no hace falta comerse un pavo real!

El plato se puede acompañar de arroz blanco, aunque yo no lo hago por la sencilla razón de que en estas fechas comemos lo que no está escrito y luego vienen las «madres mías» y los kilos de más que nos amargan la cuesta de enero de por sí puñetera.

Foto: Bárbara.

Foto: Bárbara.

 

¡Buen provecho!

Sopa fría de remolacha

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

 

Este puede ser un entrante diferente para estos días de fiestas y comilonas. De aspecto muy navideño por su colorido y de sabor excelente tiene además la ventaja de ser ligero y lleno de vitaminas. A mí me gusta mucho hacerla en verano pues no deja de ser una especie de gazpacho de remolacha.

Ingredientes para cuatro comensales: 1 paquete de remolachas ya cocidas, 1 kilo de tomates más bien maduros, 1/2 cebolla,  nata, aceite, vinagre y sal, alguna hoja fresca para adornar, apio por ejemplo.

Escaldamos los tomates y los pelamos; troceamos las remolachas y batimos con la la batidora junto con los tomates y la cebolla; para aligerarla un poco podemos añadir algo de agua (1/2 vaso o menos). Aliñamos al gusto. Es suficiente un poquito de nata para adornar.

Tapa de cocido madrileño

Tapa de cocido madrileño. Foto: Bárbara

Tapa de cocido madrileño. Foto: Bárbara

A veces me pongo creativa y me sumo a la moda de la «tapa». Tapear es un deporte gastronómico que en este país se practica mucho y bien; es una manera de comer deliciosa y variada que tiene en San Sebastián y en la Rioja la cota más alta de calidad. Ese día me había sobrado cocido del día anterior y tuve que improvisar y yo, cuando improviso, me pongo estupenda, con la adrenalina a tope, de modo que me inventé «la tapa de cocido»; en estos casos pueden pasar dos cosas o que el resultado sea un asco o que se pueda comer y te lo piropeen, y una se sienta la reina de los fogones. Esta vez el invento salió bien.

El cocido madrileño, para todos los amigos de los distintos países del mundo que no lo conozcan, es el típico plato de invierno resultado de la cocción de carnes, embutidos, garbanzos, patatas y verduras; con el caldo se hace una sopa con fideos y después se emplatan las carnes y las verduras con los garbanzos. Maravilloso invento el del cocido madrileño, que tiene en «Casa Lucio», en la capital del reino, su más alta representación.

Tapa de cocido madrileño: 1 cebolleta, garbanzos, patatas, chorizo, morcillo (de ternera), aceite de oliva virgen extra. 

Lo único que tuve que hacer es picar una cebolleta tierna y ponerla en un bol con un chorrito de aceite de oliva, bastante vinagre de manzana y una pizca de sal. A continuación chafé con un tenedor los garbanzos con las patatas y lo mezclé con la cebolleta y su aliño; lo puse en un molde triangular y por encima el chorizo y la carne, troceados. Más fácil, imposible  et voilà …

Los huevos de Mari Pili

Mari  Pili. Foto: A. Albaladejo

Mari Pili. Foto: Julia Albaladejo

Mari Pili es una gallina ponedora que vive en el campo al aire libre. Una expresión tan radiante con esa cresta al viento es el resultado de su estado de ánimo: Mari Pili es feliz. Observen si no la mirada inteligente con que mira a la cámara, escrutando lo que sucede a su alrededor con una viveza que otras en cautividad no tienen. Mari Pili lleva una dieta equilibradísima, se alimenta de todo lo que pilla y de granos de maíz; la he visto correr con sus hermanas y da gozo verla. El cielo sobre el cual se recorta es como su aura de tan bonito, o bien el resultado de su enorme energía. Excuso decir que los huevos que pone Mari Pili son de muchas estrellas Michelin… esos que antes se disfrutaban solo con ver esa yema amarilla, amarilla, prieta,  y que con buen pan de pueblo para mojar nos hacía suspirar.  ¡Cómo ganaría nuestra calidad de vida si todas las Mari Pilis vivieran Felices en Libertad!

La estupenda foto es obra de la excelente periodista Julia Albaladejo.