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Edgar Degas : más que bailarinas

Degas: "La tina", pastel sobre cartón, 1886. Museo d'Orsay, París.

Degas: «La tina», pastel sobre cartón, 1886. Museo d’Orsay, París.

Edgar Degas (París, 1834-1917) fue enterrado en el cementerio de Montmartre, en el panteón familiar, en la intimidad y alguien del pequeño cortejo, en el que se encontraba su buen amigo Manet,  dijo: «Le gustaba mucho dibujar…»; creo que fue su amigo Forain el que lo dijo, como si resumiera una labor marcada por la línea. Dibujó y dibujó, tal como le había aconsejado su admirado Ingres en 1825: «Dibuje líneas, muchas líneas, ya sea de memoria o del natural», Y así lo hizo. A Degas se le debe la más exacta y perfecta definición del arte : «El arte es el dominio del dolor por la belleza». Dedicado en cuerpo y alma a la pintura, tras varios años en Roma, Nápoles y Florencia, copiando y estudiando a los maestros Tiziano, Veronés, Tintoretto, los frescos de Giotto en Asís, Botticelli, Mantegna…, se instala en Montmartre. En aquel momento las tertulias allí se celebraban en el café Guerbois en la avenida Clichy, lugar de encuentro de los impresionistas, entre cuyos contertulios se encontraban Manet, Cézanne, Pissarro, Sisley y los poetas Mallarmé, Paul Valéry…; Degas, como el mismo Manet, mantuvo, no obstante, sus propios criterios, como su rechazo a pintar al aire libre; en ese sentido se les puede clasificar más como pintores de caballete, de estudio.

En 1863, Félix Nadar era el fotógrafo de moda en París; los pintores vanguardistas se dieron cuenta de que la fotografía cambiaría la estética de la pintura; Degas fue de los pocos pintores que así lo reconocieron y pretendió captar la figura en movimiento al darse cuenta de las posibilidades que ofrecía la fotografía, con la que podría investigar la relación entre la figura y el espacio desde otra perspectiva. Con esa mirada nueva abrió puertas a la modernidad, consiguiendo llevar el realismo plástico a su apogeo, siempre desde su particular concepción del impresionismo.  La serie de bailarinas tuvo tal éxito en un París dominado por el baile de la Opera, los cafés-concierto que su marchante, el gran Durand-Ruel, le vendía todo lo que salía de su taller de la calle Victor Massé. La alta burguesía que compraba esos cuadros tenían a las bailarinas como objetos eróticos. En ese sentido sus desnudos causaron escándalo en la crítica más conservadora.

En esta admirable obra, «La tina», el espectador observa a la muchacha desde arriba, captada en un momento íntimo. El pintor une en este cuadro dos géneros, la naturaleza muerta y el desnudo, con una disposición del espacio magistral, las curvas de la tina y de la mujer, las líneas verticales, la disposición de los objetos sobre esa mesa y el mango del cepillo que sobresale de la cómoda como nexo de unión de los dos espacios.

Manet: retrato de Berthe Morisot

Manet: "Berthe Morisot con sombrero negro"

Manet: «Berthe Morisot con sombrero negro». Colección privada, París.

Edouart Manet se sirvió de la belleza de su cuñada, la pintora impresionista Berthe Morisot, para realizar unos magníficos retratos dentro del estilo realista; quizás el más conocido de todos sea este de «Berthe Morisot con sombrero negro». La pintora se casó con el hermano pequeño de Édouart, Eugéne Manet.  Manet, considerado uno de los maestros del impresionismo, no se sentía dentro del movimiento. Fue su cuñada quién le instó a que saliera a pintar al aire libre al modo de estos. Entre ambos pintores se dio una gran complicidad y respeto mutuo. «Berthe  Morisot con sombrero negro» fue pintado en 1872; la pincelada suelta y la factura del retrato le debe a Velázquez parte de su delicado misterio.

Homenaje a Cézanne

La mesa de Cézane (I)

 

Tuve una época en la que, como muchos pintores, me pudo, en mi quehacer, la necesidad de expresar de alguna manera mi admiración por ciertos maestros; en estos trabajos,  una hace simplemente lo que puede. Este es uno de ellos.

Virginia Woolf: «Entre Actos», su última novela

Portada de la primera edición española. Barcelona 1976

Portada de la primera edición española. Barcelona 1976

Siempre me he preguntado hasta qué punto una obra póstuma, sin retocar, sin pulir, a veces solo un borrador tiene que ser dada a la imprenta. Las editoriales, cualquiera de ellas, que tuvieran la oportunidad de publicar una obra inédita de un autor consagrado no dudarían en hacerlo. Los herederos legales tienen ante sí un gran  dilema ; y yo me pregunto si la mayoría de las veces los guardianes del legado de una obra se cuestionan si el autor hubiese querido verla publicada; ¿se respeta la voluntad de los autores que sin duda nada pueden objetar o priman los resultados económicos? Y si me lo cuestiono es porque considero que nadie querría ver publicada una obra incompleta e inacabada, máxime si, en la trayectoria de un autor, la experimentación es una constante que impulsa los esfuerzos en una dirección que, como en el caso de Virginia Woolf, siguiera la «stream of consciousness» que iniciara Dorothy Richardson, igual camino que recorierron Faulkner y Joyce. Con todo ello no quiero decir que considere que «Entre Actos» sea una obra menor, pero sí cabe preguntarse qué habría añadido, borrado, soslayado…, porque hay algo nuevo en esta novela: ¿un sentimiento trágico o el fatalismo que la llevó al suicidio en el río Ouse?

Dicho todo lo cual confieso que esta obra póstuma siempre me ha gustado; la he leído y releído y, como todas las de la autora de «Orlando», me gusta mucho cómo está escrita. En sus últimas novelas: «Las olas» y «Los años» el tema del paso del tiempo está omnipresente, pero es en su obra capital, «Orlando» donde el tiempo se convierte en el sujeto, el verbo y el predicado. Si «Orlando» la hubiese firmado un hombre, estoy segura que hoy figuraría como uno de los grandes hitos de la literatura inglesa de todos los tiempos. Y lo es sin ningún género de duda, aunque todavía muchos intelectuales confiesen que no la han leído.

Virginia Woolf nació en 1882 y se suicidó en 1941.  Junto a su marido Leonard Woolf, con el que se casó en 1912, fundó la Hogarth Press, lo que permitió la publicación de obras vanguardistas de autores como Joyce. En 1915 Virginia publica su primera novela «The Voyage Out». Formó parte junto con Roger Fry, Lytton Strachey, J. M. Keynes, E. M. Forster, del grupo de Bloomsbury -nombre del barrio londinense algo bohemio donde residían-, círculo de intelectuales, pintores, escritores donde las emociones estéticas eran, además, el motor de las relaciones y afectos personales. Alrededor de las hermanas Stephen, Vanessa y Virginia se aglutinó el brillante círculo que tanto influyó en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX.

Paseando por el Louvre: un cántaro beocio muy curioso

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

El tiempo veraniego propicia el paseo y, paseando por el Museo del Louvre, nos encontramos con este curioso cántaro beocio del siglo VI. Una de las asas está reemplazada por el hocico de un jabalí y en la otra vemos, con sorpresa, un ojo -de quién o de qué especie, no lo sabemos-. Un dios con cuerpo de serpiente sujeta un pez con una mano y dos delfines colocados como al azar y una palmeta completan el conjunto; se puede decir que la decoración es debida a una tradición popular más que a un estilo definido.

Última hora: «la marca Picasso»

Pablo Picasso : Fragmento del "Guernica".

Pablo Picasso : Fragmento del «Guernica».

Cuando la fama de Picasso alcanzó cotas mundiales, se cuenta que una firma del pintor estampada en una servilleta servía para pagar una cena; un dibujo firmado, realizado sobre la marcha, unas vacaciones en lugares de moda de la Costa Azul, por poner un ejemplo, … Solo su presencia ya era un regalo que distinguía el lugar o el establecimiento. Sea como sea, su fama en vida fue enorme y aun ahora sus talleres son sitios a los que suelen acudir  los nostálgicos y los admiradores. El famoso Bateau-Lavoir en Montmartre, lugar de peregrinación, fue devorado por el fuego a principio de los años setenta y de él solo queda la puerta de entrada y una vitrina-recordatorio; cierto que queda la plaza, la fuente y unos bancos donde sentarse para disfrutar de la pendiente, la cual le confiere categoría de plaza «cubista».

El pasado lunes 22, el pariódico «El País» publicaba un artículo muy interesante, que traigo aquí, dado que durante el verano muchos nos relajamos y desconectamos, cosa saludable, pero que hace que algunas noticias curiosas se nos escapen. En dicho artículo, titulado «Tiembla el hogar del Guernica», firmado por Ana Teruel desde París, se comenta la situación en que se encuentra el taller sito en la avenida de los Grandes Agustinos en el que Picasso pintó el Guernica en 1937; en el número 2 de dicha calle hay una placa que pone: «Pablo Picasso vivió en este edificio de 1936  a 1955. Aquí pintó el Guernica en 1937». En este palacete, Balzac escribió su obra «La obra maestra desconocida», asunto este que influyó favorablemente en el pintor a la hora de decidir instalarse. Por este taller pasaron los intelectuales amigos, como Prévert,  Hemingway,  Barrault -que había sido su inquilino anterior-, etc. Ahora los dueños del estudio quieren remozar el palazete con idea de alquilarlo. A los curiosos que quieran más información les remito al artículo de Ana Teruel, realmente bueno.

¡Salvemos Alepo! : Bernard-Henri Lévy

Ciudadela de Alepo

Alepo, en el imaginario universal, evoca las grandes caravanas que hacían la Ruta de la Seda, las aventuras de hombres arriesgados, el sueño de espíritus aventureros en busca de lo desconocido…, lugar de encuentro, encrucijada de caminos donde desde siempre han convivido distintas lenguas, culturas y religiones. Alepo, que forma parte declarada del Patrimonio de la Humanidad, inspiración de poetas, Alepo leyenda y realidad, Alepo, pasado y presente.  Y un  presente desgarrador…

El filósofo francés Bernard-Henri Lévy, colaborador del periódico «El País», publicaba el domingo 23 de junio un magnífico artículo sobre la situación en Siria bajo el título arriba mencionado. La operación anunciada de Bachar el Asad para la reconquista de Alepo, en manos de los rebeldes, supone una batalla sin tregua y se duele y teme que eso conlleve la aniquilación de la ciudad. Al margen de la inoperancia de los estados que podrían dar un giro al estatu quo, su falta de intención resolutiva, su inmovilidad provocan que las fuerzas del gobierno se enroquen fortaleciendo y reubicando las tropas a fin de prepararse para la «recuperación» de Alepo. Bernard-Henri Lévy hace una encendida defensa de la ciudad; Alepo es de todos viene a decir: ¡Salvemos Alepo!

El filósofo francés nos recuerda que «…fue de los hititas y de Alejandro Magno, de los romanos y de los califas, de los omeyas y de los fatimíes, de Saladino y de los mongoles…; han convivido en ella árabes, turcos, kurdos, judíos, venecianos, armenios, maronitas, griegos ortodoxos, cristianos siríacos…

¿Es que las «naciones civilizadas», a través de sus organismos internacionales, son incapaces de detener la posible destrucción de un lugar de cultura y convivencia como es Alepo? Me formulo preguntas con respuestas agoreras en vista de los terribles antecedentes; Bernard-Henri Lévy se lamenta de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, de los también destruidos Budas de Bamiyán, de los manuscritos sagrados de Tombuctú. La destrucción de todos estos tesoros es un dolor, una pérdida irrecuperable para el Patrimonio de todos, pero lo es más la de miles, millares de víctimas inocentes. Fotografía de la Ciudadela de Alepo, declarada Patrimonio de la Humanidad.

Por todo: !Salvemos Alepo!

 

Marguerite Duras y Francis Bacon

F.Bacon: "Estudio de corrida ", 1969.

F.Bacon: «Estudio de corrida «, 1969.

La recopilación de los artículos de prensa de los escritores se publican en libros que suelen tener el interés añadido de su calidad literaria, amén de ser el reflejo de una época concreta. Bajo el título de «Outside» se publicó la recopilación de cincuenta y nueve artículos de la autora francesa escritos entre los años 1957 y 1979. La temática es diversa y difícil de unificar, pues se refieren lo mismo a seres anónimos que a personajes del mundo de las artes o conversaciones en torno al racismo, la marginación, la injusticia… En realidad son relatos breves, donde la calidad poética contribuye a enmarcar los temas tratados contribuyendo a la lectura sosegada. María Callas, Sartre, Aki Kuroda, Bataille, B. Bardot  respiran, girando en el mismo tiempo con unos obreros argelinos, por ejemplo,  contraponiendo sus distintas realidades; una realidad de hemeroteca realmente interesante.

En una muy inteligente entrevista que M. Duras hace a Francis Bacon la autora le pregunta:

-«La noción de progreso en la pintura, ¿Es una falsa noción?

-Es una falsa noción. Tome la pintura paleolítica del norte de España -no me acuerdo del nombre de la gruta-. Ahí se encuentran, en las figuras, movimientos que nunca han sido mejor captados. El futurismo está «completamente» allí. Es la escenografía perfecta del movimiento».

Estoy completamente de acuerdo con esta afirmación. Bacon trató la temática del movimiento en una serie de obras magníficas como «Figura en movimiento», «Surtidor de agua» , «Estudio de corrida I» y «Segunda versión de Estudio de corrida I».

Publicado en la Quinzaine littéraire, 1971.

Francis Bacon: el sentido trágico

Francis Bacon: Segunda versión de "Pintura 46", 1971. Óleo sobre lienzo,198 x 147cm. Colonia. Museum Ludwig.

Francis Bacon: Segunda versión de «Pintura 46», 1971. Óleo sobre lienzo,198 x 147cm. Colonia. Museum Ludwig.

Francis Bacon (1909, Dublín-1992, Madrid) es uno de los grandes de la pintura del pasado siglo. Él se consideraba un creador de imágenes y sin ellas no se podría entender, posiblemente. el conflicto interior, el desgarro y la angustia del hombre moderno. Como nadie, explora el subconsciente y transmite a través de los múltiples iconos que le sirven de inspiración el desamparo del ser. Se sirve de los grandes maestros que admira, como Rembrandt, Picasso, Miguel Ángel, Van Gogh, Degas…  y de la fotografía, de libros de ciencia y de radiografías para, desde el caos, la superposición, la saturación, encontrar un lenguaje propio donde no se escamotea ni lo brutal ni lo descarnado; es el suyo un lenguaje tan expresivo como hermoso, en el que no sobra nada y nada se oculta. Es un arte vivo. Bacon utiliza el círculo y el cubo, formas geométricas donde es encerrado y limitado el ser consiguiendo crear una atmósfera de aislamiento desasosegante. En sus paisajes incardina a la figura de forma que esta se funda en él; es el caso de «Estudio de figura en un paisaje» de 1952, en el «Hombre arrodillado sobre la hierba» del mismo año, en «Figuras en un paisaje» de 1956-7, cuadros de una gran belleza.

Bacon consideraba su inicio pictórico desde «Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión» de 1944, aunque llevara una década pintando. Entonces utilizaba una técnica mixta de óleo y pastel; la obra consta de tres elementos coordinados entre sí a modo de tríptico, que el pintor utilizaría posteriormente con frecuencia, como por ejemplo en el «Tríptico inspirado en la Orestiada de Esquilo» de 1981, donde ya aparecen las figuras encerradas en formas geométricas.

Los «Estudios  del retrato del papa Inocencio X de Velázquez», de 1953, y el «Estudio de Velázquez» de 1950 estremecen por su brutal expresividad.

El icono que toma prestado de Rembrantd es el buey abierto en canal que formará parte en la segunda versión de «Pintura 1946», en «Figura con trozo de carne» y en «Pintura 1946». En relación a sus retratos y autorretratos es indudable la influencia de Picasso cuya obra conoce en la galería de Paul Rosenberg en París y queda profundamente impresionado, era en el año 1927. Pero la descomposición del rostro en Bacon no se produce en planos, es una masa de carne decostruida a jirones deformes, trozos descarnados que forman el todo: impresionantes los «Tres estudios de Muriel Belcher», solo por poner un ejemplo. El universo de Francis Bacon es el del hombre del siglo XX en adelante. Creo que es innecesario enumerar los premios internacionales, los museos donde están sus obras y el reconocimiento unánime del mundo del arte. Particularmente su obra me apasiona, es la obra inimitable de un genio.