Cuando se están unificando las estaciones, el color del mundo vegetal sufre el mismo fenómeno. De manera que el otoño y el invierno, por estas latitudes, no varía demasiado. Mientras, en el valle del Guadalquivir el calor sigue siendo de 30 grados y estamos a final de octubre. Seguir la metereología se ha convertido en una ciencia apasionante, siempre anómala, desconcertante y necesaria para saber si ponernos las bermudas o el abrigo.

