Virginia Woolf: “Entre Actos”, su última novela

Portada de la primera edición española. Barcelona 1976

Portada de la primera edición española. Barcelona 1976

Siempre me he preguntado hasta qué punto una obra póstuma, sin retocar, sin pulir, a veces solo un borrador tiene que ser dada a la imprenta. Las editoriales, cualquiera de ellas, que tuvieran la oportunidad de publicar una obra inédita de un autor consagrado no dudarían en hacerlo. Los herederos legales tienen ante sí un gran  dilema ; y yo me pregunto si la mayoría de las veces los guardianes del legado de una obra se cuestionan si el autor hubiese querido verla publicada; ¿se respeta la voluntad de los autores que sin duda nada pueden objetar o priman los resultados económicos? Y si me lo cuestiono es porque considero que nadie querría ver publicada una obra incompleta e inacabada, máxime si, en la trayectoria de un autor, la experimentación es una constante que impulsa los esfuerzos en una dirección que, como en el caso de Virginia Woolf, siguiera la “stream of consciousness” que iniciara Dorothy Richardson, igual camino que recorierron Faulkner y Joyce. Con todo ello no quiero decir que considere que “Entre Actos” sea una obra menor, pero sí cabe preguntarse qué habría añadido, borrado, soslayado…, porque hay algo nuevo en esta novela: ¿un sentimiento trágico o el fatalismo que la llevó al suicidio en el río Ouse?

Dicho todo lo cual confieso que esta obra póstuma siempre me ha gustado; la he leído y releído y, como todas las de la autora de “Orlando”, me gusta mucho cómo está escrita. En sus últimas novelas: “Las olas” y “Los años” el tema del paso del tiempo está omnipresente, pero es en su obra capital, “Orlando” donde el tiempo se convierte en el sujeto, el verbo y el predicado. Si “Orlando” la hubiese firmado un hombre, estoy segura que hoy figuraría como uno de los grandes hitos de la literatura inglesa de todos los tiempos. Y lo es sin ningún género de duda, aunque todavía muchos intelectuales confiesen que no la han leído.

Virginia Woolf nació en 1882 y se suicidó en 1941.  Junto a su marido Leonard Woolf, con el que se casó en 1912, fundó la Hogarth Press, lo que permitió la publicación de obras vanguardistas de autores como Joyce. En 1915 Virginia publica su primera novela “The Voyage Out”. Formó parte junto con Roger Fry, Lytton Strachey, J. M. Keynes, E. M. Forster, del grupo de Bloomsbury -nombre del barrio londinense algo bohemio donde residían-, círculo de intelectuales, pintores, escritores donde las emociones estéticas eran, además, el motor de las relaciones y afectos personales. Alrededor de las hermanas Stephen, Vanessa y Virginia se aglutinó el brillante círculo que tanto influyó en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX.

15 pensamientos en “Virginia Woolf: “Entre Actos”, su última novela

  1. Muchísimas gracias por la recomendación, Bárbara. Tus reseñas y datos biográficos hacen automáticamente atractiva la obra que comentas. Otro libro (y van…) para poner en la lista de lecturas pendientes. Un abrazo y buen fin de semana

    • ¡Si vieras la lista que tengo! A todos se nos amontonan los libros. De Virginia Woolf sobre todas sus obras, “Orlando” es una obra maestra; y te la recomiendo de veras, ¡Afortunado tú que la puedes leer en inglés!
      Feliz fin de semana
      Un abrazo.

      • Sí, pero con gran esfuerzo y con ayuda de un diccionario. No es lo mismo entender un correo electrónico o una página de Wikipedia, a leer un inglés culto.

  2. Estoy de acuerdo en todo lo que dices de Virginia Woolf, ya lo sabes, incluso en lo de que solamente el autor tiene derecho a decidir si se publica su obra o no -pocos habrá más celosos que yo de eso-, pero…, pero también pienso qué hubiese sido de la literatura contemporánea si Max Brod, el amigo y consejero literario de Kafka, le hubiera hecho caso y hubiese quemado todos sus manuscritos. ¡Qué desastre!

    • ¡Aun así, Aurelio! Es cierto que hubiéramos perdido todos pero por encima de eso creo que está la voluntad del autor. ¡Y anda que no nos gusta Kafka!
      Muchas gracias por tu opinión.

  3. Bárbara, no soy un intelectual, aunque sí me considero un curioso de la cultura y el arte, he leído Orlando recientemente -lamento no haberlo hecho antes- y he de reconocer que es una obra que se adelanta un siglo a su tiempo. Virginia Woolf realiza un ejercicio magistral de psicología masculina y femenina, poniendo a la mujer en el sitio que la sociedad por fin le está dando, ya en pleno siglo XXI.
    Una autora digna de lectura mucho antes que muchos actuales best seller…
    Un abrazo,
    Rafael

    • Bueno, Rafael, creo que eres un hombre de la cultura, actor principal de la labor artística que desarrollas en todo lo que realizas; eres un artista, por tanto sí diría que eres un intelectual en cuanto que toda esa labor conlleva una continua reflexión. Me alegra mucho que hayas disfrutado de “Orlando”; yo he aprendido mucho de su escritura y vuelvo a ella como uno vuelve a los clásicos. La verdad es que no soy partidaria de los best seller…
      Muchas gracias por tu comentario, como siempre interesante.
      Un abrazo.

      • Estoy de acuerdo con Bárbara. En una sociedad en la que se da el título de intelectual a cualquier actor de serie de TV o cantante pop (¡o político!), un artista lo merece mucho más.

  4. It’s hard to say either pro or contra – in question of make unfinished work completed – as a starting point so I think it is a shame if the deceased had’t asked for it… 🙂

    I think there have been too many bad examples and often the primary motive was economic and not so much art or respect for the spirit…

  5. Es cierto que a veces se encuentran verdaderas joyas que el autor no quiso publicar y que el tiempo demuestra que merecían serlo. Pero si escribiera obras de valor artístico, me entrarían temblores de que, a mi muerte, se publicaran cosas que me hubieran parecido en vida inacabadas o de no suficiente calidad para ver la luz. Aparte de que aquellos que “entran a saco” en las obras de los difuntos, no suelen ir animados de un interés puramente intelectual o artístico.

    • Hay artistas que tienen un criterio muy estricto respecto de sus obras y están en su derecho. Y aunque ese criterio quieran hacerlo prevalecer, incluso dejando testado su voluntad, vemos como pasa con muchos testamentos que estos se incumplen muchas veces por parte de los herederos… Es un asunto muy peliagudo.
      Tampoco es fácil tener la serenidad suficiente para destruir lo que no se quiera dejar atrás; es como organizar la partida con lucidez y eso nos atañe a todos; y ahí nos podríamos meter en otro jardín…

      • Es un acto de valor (o lucidez como tu dices) afrontar la propia muerte, tomando decisiones y haciendo esfuerzos para el día después. Por eso, hay tanta gente que fallece sin hacer testamento o son tan remisos a hacerse un seguro de vida. Parece que tememos que la “contemplatio” de la muerte se convierta en una vocatio (llamada) a la misma.

  6. creo que por desgracia, una vez que el artista fallece, ya nada le “pertenece”. Si los herederos sont un poco amantes del dinero… su memoria y deseos poco importan. Pero como dice Aurelio.. tendra sus lados buenos!
    un beso grande! 😛

    • ¡Y estos suelen ser amantes del dinero!!! Tienes toda la razón y también se la tengo que dar, en parte, a Aurelio cuando en esos casos lo “salvado” es una joya.
      Un beso grandísimo!!!

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