Archivos

El pictorialismo o la fotografía impresionista

Edward Eteichen:" The Pond Moonlight", 1905

Edward Steichen:» The Pond Moonlight», 1905

 

Gertrude Kasebier: "

Gertrude Käsebier: «La Edad de Oro», 1903

 

Gertrude Kasebier: " retrato de Alfred Steiglitz"

Gertrude Käsebier: «Retrato de Alfred Steiglitz», 1902

 

El movimiento pictorialista nace como una reacción a la fotografía como mero instrumento para captar la realidad y cuya finalidad era la obtención de imágenes únicas en la realización de un arte semejante en cuando a calidad e intencionalidad a la pintura, a la escultura, en definitiva obras de arte similares a otras disciplinas artísticas. Los autores pictorialistas se definen como artistas y fotógrafos del Romanticismo del siglo XIX. Este movimiento comienza sobre 1880 y llega hasta el final de la primera guerra mundial. En ellos prima la sensibilidad frente a los conocimientos técnicos, aunque para conseguir sus fines coloquen filtros, plantillas y demás utensilios entre la cámara y el sujeto que retratar para conseguir el efecto «floue», la imagen borrosa y el desenfoque a fin de obtener efectos similares al impresionismo pictórico. Este paralelismo me resulta personalmente muy atractivo, ya que siempre he defendido que en el arte se dan estas vías paralelas en casi todos los movimientos y en las diferentes disciplinas, como en el caso del cubismo y la literatura, por ejemplo, y como muestra de ello Cortázar y su forma magistral de narrar desde todos los ángulos posibles un mismo hecho. El concepto de «impresiones nobles», obras así únicas, surgen  de utilizar técnicas con goma bicromatada, carbón y bromóleo a fin de conseguir el objetivo de obras poéticas, con atmósfera, luminosidad… Entre los pictorialistas hay que destacar a Julia Margaret Cameron, Peter Henry Emerson, Robert Demachy o los españoles José María Ariet y Joaquim Pla Janini, Gertrude Käsebier, Steichen.

Demachy: "Monte Saint Michel"

Demachy: «Mont Saint Michel»

Annie Leibovitz y las quimeras. Retrato de Angelina Jolie.

Annie Leibovitz: " Angejine Jolie"

Annie Leibovitz: » Angelina Jolie».

 

Entre las quimeras, la bruma azulada de la noche pinta las piedras como si el lapislázuli se derramase por los tejados y por entre las torres de Notre Dame. París duerme y ellas, las quimeras de Violet Le Duc, son vigías de ese barco fantasma que es la isla y que navega sin rumbo ni destino posible; y esa visión de pesadilla se torna sueño placentero en el que ellas volaban planeando sobre los puentes hasta que las primeras luces del alba se reflejaran en el agua y formaran círculos concéntricos como si un clochard lanzara piedras sobre su superficie verde musgo. Pero mientras, París duerme…

Los surrealistas españoles y Buster Keaton

Buster Keaton posando como la Venus de Milo (retrato de promoción de 1938)

Buster Keaton posando como la Venus de Milo (retrato de promoción de 1938)

 

Buster Keaton en "El maquinista de La General"

Buster Keaton en «El maquinista de La General», 1927.

 

¡Irresistible e irrepetible esa imagen de Buster Keaton de Venus de Milo!

¿Se puede hablar de la influencia de Keaton en Dalí, Lorca y Buñuel? Algo tan aparentemente «poco serio» se puede tener en cuenta sin duda, ya que en sus respectivas biografías así se señala. Frente a lo chaplinianos que eran sobre todo los surrealistas franceses, habría que contraponer a los españoles; a estos tres mosqueteros del surrealismo español (y dado que como se sabe eran cuatro) habría que añadir a Alberti en su predilección por el americano; así, en palabras de Buñuel: «El que menos nos gustaba era Chaplin». Con estas palabras, define la apuesta por el aséptico Keaton. Durante su permanencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid les gustaba ir al cine para reírse. Buñuel lo cuenta así: «Nos gustaban las películas cómicas norteamericanas. García Lorca, Dalí, Alberti y yo íbamos mucho al cine para reírnos con Keaton, Ben Turpin, Ambrosio. Sobre todo con Keaton. No nos importaba si el cine era arte o no. Eso sí, nos gustaba el humor y la poesía que encontrábamos en él». Lorca y Alberti hicieron poemas a los cómicos del cine norteamericano. Keaton encarnaba el humor más disparatado, lo insólito y, lo más importante, la descontextualización del objeto. Dalí en un arrebato dijo:» Buster Keaton -¡he aquí la Poesía pura, Paul Valery!» El rostro impasible, deshumanizado del cómico les llevaba a la asepsia que fascinaba a Buñuel que dijo: «Asepsia. Desinfección. Liberadas de la tradición, nuestras miradas se rejuvenecen en el mundo juvenil y temperado de Buster Keaton, gran especialista contra toda desinfección sentimental». Lo putrefacto que anidaba- según ellos- en las representaciones artísticas sensibleras impregnadas de sentimentalismo con pretensiones trascendentales lo encarnaba Chaplin, mientras que Keaton era el valor anti-artístico, la modernidad. En un artículo en Cahiers d’Art, en 1927, Buñuel elogiaba a Buster Keaton en su película «College» como «gran especialista contra toda infección sentimental». La influencia de Keaton en la obra de Buñuel se nota en sus dos primeros filmes. Por otra parte «El paseo de Buster Keaton» de Lorca, escrito en 1928, según algunos refleja sus inquietudes personales sobre la homosexualidad. La ambigüedad del cómico hizo que el poeta se identificara con la imagen de Keaton; en esta obra Lorca combina diversos elementos teatrales, poéticos y cinematográficos

 

Henri Michaux

Henri Michaux:

Henri Michaux: Sin título, 1955. Acuarela y gouache sobre papel Arches, 37 x 56.

 

Henri Michaux:

Henri Michaux: «Composition», 1959. Tinta china sobre papel japonés, 42 x 58.

 

Henri Michaux es una figura controvertida de las letras francesas. Aunque nacido belga, obtuvo la nacionalidad francesa en 1954 y, diez años después, es galardonado con el Gran Premio Nacional de las Letras francesas. El mundo de Michaux, poblado de palabras e imágenes, está influido por El Bosco, Lautréamont, William Blake y Goya, además de los surrealistas y de Jarry. Realidad extrema y pesadilla, ironía, sarcasmo y desgarrado lamento son algunos de los ingredientes de su poética, del que ha sido considerado uno de los grandes poetas del siglo pasado. El mundo sensorial experimentado por Michaux en una busqueda interior sin fin se veía potenciado por las drogas, como la mescalina o el cannabis, volcando sus experiencias en libros como «Les grandes épreuves de l’esprit», «Misérable miracle» y «L’infinit turbulent». Viajero infatigable, su posición y relación con el mundo físico es igualmente registrado y analizado en una visión paralela. Artista independiente y sin adscripción a movimiento alguno es una nota suelta de absoluta libertad y soledad buscada. Enigma y secreto que él cultivó, presiden su vida, y su primer libro, «Qui je fus», publicado en 1927, ya desconcertó tanto a los lectores como a la crítica; tuvieron que pasar treinta años para que Gäetan Picon lo considerara uno de los cuatro grandes de la última poesía francesa junto a René Chard, Francis Ponge y Jacques Prevért. Pero Michaux no solo fue un poeta, sino que la pintura forma parte, desde mediados de los cuarenta, de su quehacer, creando un universo que tiene a Miró como inspiración y el automatismo surrealista como un medio para una ejecución rápida, concentrada de signos, manchas que derivarán en la abstracción. No es extraño que admirara la caligrafía japonesa y que inventara su propia caligrafía en un nuevo lenguaje. La poesía deliberadamente prosaica y su combinación con dibujos dieron un impulso renovador al panorama artístico en el que iba alternando sus exposiciones con sus breves «plaquettes» poéticas como esta:

Yo era una palabra que intentaba avanzar a la velocidad del pensamiento.

Las amigas del pensamiento estaban presentes. Ni una quiso apostar por mí, y

eran más de seiscientas mil que me miraban riéndose.

Guillermo Khalo, fotógrafo

Guillermo Khalo: "

Guillermo Khalo: «Frida cuando se casó en 1927»

 

Guillemo Khalo: "

Guillemo Khalo: «Frida con 18 años»

 

Guillermo Khalo

Guillermo Khalo: «Basílica de Oaxaca»

 

Frida Khalo

Frida Khalo: «Mi padre». 1951.

 

Guillermo  Khalo, padre de Frida Khalo, fue un emigrante alemán al que su hija describió, bajo su retrato, de la siguiente manera y a modo de homenaje en 1951: «Pinté a mi padre Wilheim Khalo de origen húngaro-alemán, artista-fotógrafo de profesión, de carácter generoso, inteligente y bueno, valiente porque sufrió durante sesenta años de epilepsia pero nunca se rindió trabajando y luchó contra Hitler. Con adoración, su hija Frida Khalo» . El padre murió en 1941. La relación entre ambos fue de amor y comprensión; Guillermo cuidó a su hija en su rehabilitación tras padecer poliomielitis, ambos saben lo que es el sufrimiento físico y la lucha cotidiana. Su relación filial está marcada, pues, no solo por el interés común por el arte, como se refleja en los diarios de la hija, sino también por la supervivencia; la influencia de su padre en ella y en su obra es determinante. Y aunque el brillo de Frida pudo ensombrecer la obra del padre, hay que señalar que este era un afamado fotógrafo que hizo de la arquitectura el objeto de sus mejores obras. La arquitectura colonial y la transformación moderna de México en sus manifestaciones de progreso fueron constantes en su fotografía, donde la proporción y el equilibrio, sin olvidar la simetría, dieron como resultado unas espectaculares obras, testimonio de cómo eran los monumentos antes de las luchas revolucionarias, de todo su esplendor y por tanto de todo lo que se podía hacer para su recuperación.

Guillermo Khalo: " Retrato familiar en la Casa Azul de Coyoacan", 1926 (Frida, primera por la izda. vestida de hombre)

Guillermo Khalo: » Retrato familiar en la Casa Azul de Coyoacán», 1926 (Frida, primera por la izda. vestida de hombre)

El «salto» de Halsman que más me gusta

Philippe Halsman: Audrey Herpburn"

Philippe Halsman: «Audrey Herpburn» 

El «salto» que más me gusta de los que el fotógrafo Philippe Halsman hizo dar a los famosos; este es para mí el mejor, inmejorable; toda la frescura y la alegría de la gran actriz se muestra en esta toma tan vital y juvenil, tal como enamoró al público en «Vacaciones en Roma» o en «Sabrina». Cara de ángel eso es lo que nos viene a la cabeza, fotogenia, o flechazo a la cámara, Audrey era, es insuperable.

Vermeer y la cámara oscura

Vermeer: "La lechera" c. 1660. Óleo sobre lienzo, 45 X 41. Rijksmuseum, Amsterdam.

Vermeer: «La lechera», c. 1660. Óleo sobre lienzo, 45 x 41. Rijksmuseum, Amsterdam.

 

Vermeer: "Militar y muchacha riendo", c. 1657. Óleo sobre lienzo, 50 X 46. Frick Collection, N, Y.

Vermeer: «Militar y muchacha riendo», c. 1657. Óleo sobre lienzo, 50 x 46. Frick Collection, N, Y.

 

La cámara oscura es un instrumento óptico que permite obtener una imagen externa sobre la zona interior de su superficie. La predecesora de la cámara oscura fue la cámara oscura sin lente. La cámara oscura, fue el precedente de la cámara fotográfica actual y propició por tanto el desarrollo de la fotografía. Consiste en una caja cerrada dotada de un pequeño orificio por el que entra una mínima cantidad de luz, si se le agrega papel fotográfico se transforma en una cámara fotográfica estenopeica. Originariamente era una sala cerrada con un orificio en una de sus paredes; dicho orificio actuaba como una lente convergente que proyectaba, en la pared opuesta, la imagen del exterior invertida. Algunos opinan que fue inventada en Bagdad en el siglo X d. C., otros que fue un invento chino; sea como sea, la primera descripción completa aparece en los manuscritos de Leonardo da Vinci. Para él la cámara oscura era un medio válido para calcar una imagen con un lápiz. Y es en el siglo XVI cuando se construyen cámaras portátiles con un objetivo de mayor diámetro y con lentes, con lo que la imagen ganaba en luminosidad y definición. Los artistas de los siglos XVI y XVII como Vermeer y otros usaron cámaras oscuras como ayuda para la elaboración de sus obras. Sobre ello ha habido cierta polémica, pero tras la publicación del libro «Vermeer ‘s Camera»  del profesor Philip Steadman, en el que se analiza de forma exaustiva el tema, este llega a la conclusión de que efectivamente el artista utilizó la cámara oscura para la representación de su visión de la realidad. La evidencia se apoya en cinco puntos fundamentales: la ausencia de líneas de perspectivas y de dibujos preparatorios en la mayoría de las obras de Vermeer; el tratamiento de la reflexión de la luz en ciertas superficies; el tamaño de la mayoría de sus pinturas coincide con las dimensiones del visor de la cámara oscura; imagen óptica versus imagen perspectiva; contacto con el científico Leeunwenhoek.

La cámara oscura era utilizada por ciertos astrónomos como Kepler y Scheiner para el estudio de las manchas solares y libros como «Magia Naturalis» y «Ars Magna lucis et umbrae» describían las posibilidades de la cámara oscura para la pintura. De modo que en 1600 en Holanda se conocía a la perfección este instrumento óptico ya que además era  desde donde se manufacturaban los de mayor calidad de toda Europa.

Juan Rulfo fotógrafo

Juan Rulfo: "

Juan Rulfo.

 

Juan Rulfo

Juan Rulfo

 

Juan Rulfo

Juan Rulfo

 

Juan Rulfo

Juan Rulfo: «Autorretrato en el Nevado de Toluca», década de 1940.

 

La faceta de fotógrafo de Juan Rulfo quizá no sea muy conocida fuera de México; sí para los amantes de la fotografía y los profesionales que saben que el autor de «Pedro Páramo» y «El llano en llamas», dos libros fundamentales de la literatura universal, tenía dos pasiones que coincidieron cronológicamente, (1940-1958), la escritura y la fotografía. Las imágenes de Rulfo abarcan el paisaje de México, la arquitectura, el retrato, la vida, los grupos étnicos… Algunas de estas fotografías ilustraron una de las ediciones de «Caminos de México», una guía turística. La primera gran exposición de fotografía de Rulfo se hizo en 1980 en México en un merecido homenaje de carácter nacional. En el 2001, en el Palau de la Virreina de Barcelona, se celebró la exposición «México: Juan Rulfo fotógrafo» una muestra muy completa donde el mundo indígena, mítico y poético de Rulfo se manifiesta en toda su verdad, dignidad y belleza. Para todos los que admiramos la obra literaria de Juan Rulfo esta faceta de gran fotógrafo se suma a lo «literario» a la hora de conocer un poco más el mundo intemporal creado por él.

Edward Steichen-Rodin

Steichen:"Rodin ante El Pensador"

Steichen: «Rodin ante El Pensador». 1911.

 

Steichen: "El cielo abierto, 11 p.m.". revelado al carbón.1908

Steichen: «El cielo abierto, 11 p.m.». Revelado al carbón. 1908.

 

Durante su larga vida profesional Steichen tocó todos los géneros, el paisaje, los desnudos, los retratos, la moda, la publicidad, las flores, la danza…, setenta años de prolífica producción que no dejó de lado el arte y los artistas como son los retratos de Matisse o el de Rodin y sus fotografías a la luz de la luna del «Balzac»,  como esta, llamada «El cielo abierto, 11 p. m.», quizá la más sugerente de todas ellas, rodeada de misterio con esa atmósfera nocturna envolvente y posiblemente la más famosa. Steichen, meticuloso, anotaba las horas en que hacía sus tomas. Rodin dijo de ellas: «Sus fotografías harán comprender al mundo mi Balzac». Rodin se entusiasmó cuando vio los Balzac nocturnos, fue él el que sugirió al fotógrafo que los hiciera a la luz de la luna cuando la escultura estaba aún en yeso. Como buen pictorialista pasó horas buscando en el laboratorio el tono deseado y él mismo expresó que había «pintado» al Balzac como si fuera un cuadro, que en definitiva era lo que buscaban los fotógrafos llamados pictorialistas.

 

 

 

 

Gertrude Käsebier

Gertrude Kasebier: "El hombre rojo" 1903.

Gertrude Käsebier: «El hombre rojo» 1903.

 

Gertrude Kasebier: "Jefe indio" 1901(Jefe Wirling Horse)

Gertrude Käsebier: «Jefe indio», 1901 (Jefe Wirling Horse)

 

Gertrude Kasebier: " Amos two Bulls. Dakota Sioux, 1900

Gertrude Käsebier: » Amos Two Bulls». Dakota Sioux, 1900

 

Gertrude Käsebier  (1852 Iowa- 1934 N,Y.) está considerada la primera fotógrafa americana y la más influyente del pasado siglo. Su primera gran dedicación fue el dibujo y la pintura que abandona por la fotografía perfeccionando su aprendizaje en Europa. Abrió su primer estudio en Manhattan en 1897. Se relacionó profesionalmente con Alfred Stieglitz, quien la incluye como miembro fundador de Photo-Secession, grupo que promovió el pictorialismo y la promoción de la fotografía como expresión artística; publicó regularmente sus fotos en la revista Camera Work editada por Stieglitz y este, en 1906, organiza una gran exposición de ella y de Clarence H, White en su galería 291. El trabajo de esa famosa galería ayudó a elevar la fotografía en Estados Unidos al mismo nivel que la pintura o la escultura. A través de Buffalo Bill consigue poder retratar a los indios que formaban parte de su espectáculo; el resultado son unos retratos llenos de respeto, belleza y dignidad; retratos que se perpetúan durante una década en la que la artista mantiene una relación de amistad con el pueblo sioux. La relación especial de Gertrude con los indígenas se remonta, por otra parte, a su niñez en Colorado. Estos retratos se exhiben hoy y forman parte de la Colección del Museo Nacional de Historia Americana en el Instituto Smithsonian. A Gertude Käsebier se la considera la madre de la fotografía estadounidense.