El movimiento pictorialista nace como una reacción a la fotografía como mero instrumento para captar la realidad y cuya finalidad era la obtención de imágenes únicas en la realización de un arte semejante en cuando a calidad e intencionalidad a la pintura, a la escultura, en definitiva obras de arte similares a otras disciplinas artísticas. Los autores pictorialistas se definen como artistas y fotógrafos del Romanticismo del siglo XIX. Este movimiento comienza sobre 1880 y llega hasta el final de la primera guerra mundial. En ellos prima la sensibilidad frente a los conocimientos técnicos, aunque para conseguir sus fines coloquen filtros, plantillas y demás utensilios entre la cámara y el sujeto que retratar para conseguir el efecto «floue», la imagen borrosa y el desenfoque a fin de obtener efectos similares al impresionismo pictórico. Este paralelismo me resulta personalmente muy atractivo, ya que siempre he defendido que en el arte se dan estas vías paralelas en casi todos los movimientos y en las diferentes disciplinas, como en el caso del cubismo y la literatura, por ejemplo, y como muestra de ello Cortázar y su forma magistral de narrar desde todos los ángulos posibles un mismo hecho. El concepto de «impresiones nobles», obras así únicas, surgen de utilizar técnicas con goma bicromatada, carbón y bromóleo a fin de conseguir el objetivo de obras poéticas, con atmósfera, luminosidad… Entre los pictorialistas hay que destacar a Julia Margaret Cameron, Peter Henry Emerson, Robert Demachy o los españoles José María Ariet y Joaquim Pla Janini, Gertrude Käsebier, Steichen.

























