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Cubismo Órfico I

Jean Metzinger:" danzante en un café" 1912. Óleo sobre lienxo 146x 114

Jean Metzinger: «Danzante en un café», 1912. Óleo sobre lienzo, 146 x 114

 

Robert Delaunay.1911

Robert Delaunay: «La Torre Eiffel», 1911

 

Robert Delaunay: "Roeee Eyffel. 1911

Robert Delaunay: «Torre Eiffel. 1911

 

El poeta, crítico de arte y amigo de todas las vanguardias, Guillaume Apollinaire, asistía atento a todo lo que se movía en el terreno artístico de París y, por tanto, no es de extrañar que fuera el primero que empleara el termino de Órfico para denominar, en primer lugar, la pintura de Delaunay. Apollinaire optó por el nombre derivándolo de Orfeo, personaje de la mitología griega que representa la unión de la música y de la poesía. Esta nueva corriente, el cubismo órfico, dotó de color al cubismo analítico de Braque y de Picasso, cuyas obras consideraba exentas de vitalidad y en exceso formalistas. El cubismo órfico solamente duró dos años, de 1911 a  1912. La primera exposición colectiva cubista se celebró en El Salón de los Independientes en 1911. En la famosa Galería de la Boétie de París se expusieron, en 1912, las obras resultado de esta nueva corriente que agrupó a Delaunay, Metzinger, Albert Cleizes, André Loth, Calder, Marcel Duchamp, Leger, Robert de la Frenaye…; las obras se expusieron bajo el nombre de Sección de Oro. Todos estos artistas de distintas procedencias, unos venían de Jinete Azul, otros del futurismo italiano y  algunos del cubismo,  se amparan bajo esta nueva corriente, reacción al cubismo analítico. Las grandes figuras del cubismo órfico son: Delanay, Kupka y Matzinger. Con el tiempo el cubismo órfico se convierte en algo específicamente francés, representado sobre todo por Delaunay y su mujer Sonia Delaunay, quienes condujeron la nueva pintura a la abstracción, objetivo en un principio impensable.

 

 

Leonardo: «La Virgen de Las Rocas»

Leonardo da Vinci: "La Virgen de Las Rocas". Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), Museo del Louvre.

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las Rocas». Óleo sobre tabla (transferido a lienzo en 1806), 1497. Museo del Louvre, París.

Leonardo

Leonardo da Vinci: «La Virgen de Las rocas». Óleo sobre tabla, 189 x 120, 1506- 1508, Nationale Gallery. Londres.

 

Estas dos versiones de la Virgen de las Rocas y las vicisitudes de ambas rodean la obra de cierta aura de misterio. Leonardo, que entonces vivía en Milán, recibe el encargo de hacer el frontal de un retablo de parte de la Cofradía franciscana para la iglesia de San Francesco Grande. El caso es que la primera  (comenzada en 1843), realizada por Leonardo, nunca se llegó a entregar, bien por desavenencias dinerarias o por que la obra no gustó a dicha cofradía por desavenencias de contenido; la obra, hoy en el Louvre, parece ser que finalmente se vendió a Luis XII, rey de Francia. La segunda parece ser una réplica completada por los hermanos De Predis. La réplica de una obra se generalizó, en los distintos talleres, durante el siglo XVI, gracias a Tiziano. La réplica del original podía suponer variaciones, estar ejecutada por el autor o bien dirigida por él. Formalmente, la digamos original, es una obra que no se ciñe al contenido clásico cristiano; Leonardo obraba más de acuerdo con la naturaleza que con contenidos puramente de religión. La primera versión es más monumental que la segunda; en la primera predominan los colores oliva metalizados, en la segunda destacan los azules que idealizan el paisaje. Los rasgos delicados de la Virgen con la barbilla muy perfilada es el modelo renacentista ideal del pintor, un modelo juvenil de rasgos serenos que tiene en los cabellos bien definidos otra característica de la época. Por mediación de las manos de la Virgen, Leonardo equilibra el conjunto nada convencional y oscuro en su significado, y con ese gesto lleno de ternura humaniza lo que en principio era un encargo de la Virgen con el Niño y ángeles. La Virgen de rodillas tampoco se ceñía a la idea original. El paisaje rocoso es otra aportación brillante de Leonardo, que con la técnica del sfumato consigue difuminar los contornos para crear una atmósfera irreal o de sueño; el sfumato permite lo que siglos después Picasso repetía tozudamente: «Cada uno de los colores deben estar en todas partes a la vez»; en definitiva se trata de armonizar el conjunto. Finalmente reseñar que el dibujo del agua que fluye, que el gran Leonardo dibujara, según él se asemeja a los rizos en el cabello y las espirales del agua tienen semejanza con el crecimiento espiral de algunas plantas. Rocas, agua, plantas, naturaleza toda que Leonardo reverenciaba. Dominio total y absoluto de la luz y de la sombra.

Gertrude Stein a través de … otros ojos

Picasso: "Gertrude Stein"- Óleo sobre lienzo.

Picasso: «Gertrude Stein»- Óleo sobre lienzo, 1905-6. Museo Metropolitano de N.Y.

 

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

Gertrude Stein fotografiada por Coburn

 

Aunque en su momento ya subí el cuadro que Picasso hiciera a su amiga y mecenas norteamericana Gertrude Stein, ahora me encuentro con la fotografía que Coburn le hiciera en 1917. A Stein los pintores  que trabajaban en París a principios del siglo pasado le deben mucho; su labor a favor del arte de vanguardia ahí está. Sobre ella y Picasso se cuenta lo siguiente: una vez finalizado el retrato alguien le dijo a Picasso: «No se le parece», a lo que este contestó sin inmutarse: «Ya se le parecerá». Respuesta que puede sorprender, pero que tiene mucha enjundia. El retrato, una vez que la fotografía permite acercarse lo más fielmente a la realidad, se libra del lastre del «parecido» y son otros valores los que entran en juego, la captación de la personalidad, el cómo y los valores intrínsecos de la obra y, como consecuencia, el retrato se libra de embellecer al retratado. La dureza del retrato de Gertrude hay que encajarlo en el momento estilístico en que se hizo y ese rostro, casi máscara de ella, es sumamente elocuente en cuanto a su fuerte personalidad. Con la mirada limpia, ajena a los prejuicios es como mejor se puede acceder a cualquier obra. Ustedes juzgaran.

 

 

 

Retrato de George Bernard Shaw desnudo (Coburn)

Alvin Langdon Coburn : "El Pensador" (G. B. Shaw  posando desnudo)

Alvin Langdon Coburn : «El Pensador» (G. B. Shaw posando desnudo)

 

Alvin Langdon Coburn: "G.B. Shaw"

Alvin Langdon Coburn: «G.B. Shaw», 1908

 

Alvin Langdon Coburn: "Auguste Rodin", 1908

Alvin Langdon Coburn: «Auguste Rodin», 1908

 

Hemos visto las magníficas fotografías de Londres de Coburn, sus experimentos vorticistas y ahora parte de sus retratos. En la foto primera vemos a B. Shaw posando desnudo como si fuera el Pensador de Rodin, que tanta fama le diera al escultor, y que podemos admirar, en la actualidad, entre los rosales que brotan en los jardines del Museo muy cerca de Les invalides. La segunda es un expresivo retrato del dramaturgo y finalmente el retrato que hiciera a Rodin con un aspecto imponente de pope ruso. Las tres claramente pictorialistas.

Coburn: El vorticismo y las primeras fotografías abstractas

Alving  Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía»

 

Alving Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn:»Águila»

 

Alving Landon Coburg

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía»

 

Alvin Langdon Coburn

Alvin Langdon Coburn: «Vortografía», 1917

 

Coburn fijó su residencia en Londres en 1912, circunstancia que le permitió de modo directo implicarse en la vanguardia de la ciudad, uniéndose al movimiento vorticista británico que se caracterizaba por lo geométrico, la abstracción, la arquitectura y las referencias a las máquinas. El movimiento, que sólo duró tres años, tuvo en otro fotógrafo, Myndham Lewis, y en el escritor  Ezra Pound sus máximos defensores. Coburn diseñó el vortoscopio junto con este último. El vortoscopio estaba formado por tres espejos rectangulares unidos, que formaban un triángulo parecido a un caleidoscopio. Coburn experimentó con cualquier cosa que cayera en sus manos, cristal, madera,  marcos de ventana, fragmentos dispares que dieron origen a unas fotos que no fueron comprendidas ni apreciadas. Los espejos, que actuaban como un prisma, dividían en trozos la imagen formada por la luz. La falta de comprensión en su momento no ha impedido que las fotografías así logradas pasaran a la historia como las primeras fotografías abstractas. Fantásticas fotografías.

Samuel Beckett y Buster Keaton

Buster Keaton , fotograma de la película "Film"

Buster Keaton, fotograma de la película «Film»

 

samuel Beckett  revisando parte del decorado de la película

Samuel Beckett revisando parte del decorado de la película

 

Samuel Beckett y Buster keaton durante el rodaje

Samuel Beckett y Buster Keaton durante el rodaje

 

Por lo visto Buster Keaton no solo encandiló a Buñuel, Lorca, Alberti y  Dalí sino que el premio Nobel de literatura Samuel Beckett lo quería para el único personaje de su única película, llamada curiosamente «Film». Samuel Beckett siempre había deseado rodar, pero según dicen, pudo más la influencia que sobre él ejercía Joyce y se decantó finalmente por la literatura. Beckett, que fue durante muchos años secretario personal de Joyce, llegó a N.Y. con un breve guión bajo el brazo y solo permaneció en la Gran Manzana dos semanas, el tiempo que duró el rodaje. Keaton, arruinado y alcoholizado, aceptó de mala gana el papel de O (objeto). El guión comienza con una frase del filósofo irlandés George Berkeley: «Ser es ser percibido». La frustración del personaje es que no puede evitar ser percibido, en definitiva: no se puede huir de uno mismo. El personaje de O, que está en continua huida, es vigilado por E (eye), el ojo que todo lo ve y le persigue. Un guión disparatado que ni el mismo Bekett, según confesó unos años después, entendía. El Film, dura unos veinte minutos y carece de diálogo, pues debía expresar conceptos abstractos a fin de convertirse solo en pensamientos sin apoyo alguno en la narrativa.Un dato curioso es que años atrás el actor rechazó interpretar «Esperando a Godot» en un teatro de Greenwich Village por encontrar que la obra era ininteligible. Keaton no era precisamente muy sociable y se comunicaba por monosílabos; de él dijo Beckett:»Tenía cara de póquer y también mente de póquer». Beckett y Keaton, una extraña pareja en una disparatada película; en cualquier caso todo un documento para la historia del cine.

 

 

Pintura Vorticista (1915-1917)

 Edward Wadsworth: "Composición Abstracta", 1915

Edward Wadsworth: «Composición Abstracta», 1915

 

Helen Saunders:" Composición monocroma  abstracta", 1915.

Helen Saunders:» Composición monocroma abstracta», 1915.

 

Wyndham Lewis:" Planners: Happy Day", 1912-13

Wyndham Lewis:» Planners: Happy Day», 1912-13

 

El movimiento vorticista, aunque de corta duración en el tiempo, tres años, tuvo su importancia en cuanto que es el primer movimiento vanguardista inglés hacia la abstracción y cuya influencia se dejó notar en el arte moderno posterior británico. Ya hemos comentado, en el post anterior que, en fotografía, Alvin Langdon Coburn en sus experimentos vanguardistas se deja seducir por este movimiento, que lo mismo produce obras pictóricas que escultóricas. El nombre del movimiento se debe a Ezra Pound y tiene en la vorágine emocional -vortex- la máxima expresión y cuyo desarrollo como «arte intensivo» se contrapone al futurismo que era un «arte expansivo». La máxima figura del movimiento es Wyndham Lewis, editor de la revista «Blast». Este movimiento estaba influido claramente por el cubismo  y por el futurismo, si bien las propuestas estructurales del cubismo les dotaba de una vitalidad del que el mero futurismo carecía; por su parte el futurismo llevaba implícita una cierta critica al belicismo y a la tecnología que deshumanizaban al hombre en contraposición al futurismo de Marinetti. El movimiento se funda en 1915 y finaliza en 1917, después de la primera exposición en la Dore Gallery de Londres y en el Penguin Club de N.Y.

Alvin Langdon Coburn, pionero de la fotografía abstracta

Alvin Langdon Coburn: "Broadway de noche", 1910.

Alvin Langdon Coburn: «Broadway de noche», 1910.

 

Alvin Langdon Coburn: "Canal de Regent". 1909

Alvin Langdon Coburn: «Canal de Regent», 1909.

 

Alvin Langdon Coburn:"Edificios del Parlamento",1909.

Alvin Langdon Coburn:»Edificios del Parlamento»,1909.

 

 Alvin Langdon Coburn: "Plaza

Alvin Langdon Coburn: «Plaza Leicester», 1909

 

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Alvin Langdon Coburn: «Puente de la Torre», Londres

 

El fotógrafo bostoniano Alvin Langdon Coburn (1882-1966) es una figura clave en la renovación del lenguaje fotográfico; aunque poco conocido, su ingente obra (más de 15.ooo negativos) pronto rompió con los cánones y se instaló en las vanguardias. George Bernard Shaw, el premio Nobel de literatura al que retrató, lo definió como el mejor fotógrafo del mundo. Otros famosos artistas y personalidades como Gertrude Stein, Matisse, Henry James Mark Twain, Rodin… fueron retratados por él buscando la psicología de los personajes, pero su afán renovador, después de una etapa inicial claramente pictorialista, se decantó por los paisajes industriales con encuadres agresivos, planos inclinados y cenitales; su punto de vista novedoso lo hace ser original intencionadamente o no, sus experiencias artísticas entrañan un sentido simbólico de las estructuras urbanas. Afincado en Londres desde 1912, se vinculó al movimiento vorticista británico, a la cabeza del cual se hallaban el artista Wyndham Lewis y el escritor Ezra Pound, caracterizado por lo geométrico y semiabstracto. Sus fotografías con exposiciones múltiples, causaron estupor, incomprensión y desconcierto en la época, como pasa casi siempre, pero han pasado a la historia como las primeras abstractas. Las de arriba son todas de su etapa pictorialista, sumamente bellas.

Eugène Atget y el surrealismo

 

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Eugène Atget: «Escaparate»

 

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Eugène Atget: «Cabaret Au Tambour», 1908.

Eugène Atget fue sin proponérselo inspiración para los surrealistas. La libertad de acción del fotógrafo, directa, sin manipulación, sobre los objetos de la calle confiere a los objetos encontrados, en cuanto que descubrimientos inesperados, un carácter inusual que los surrealistas reconocieron de gran valor para la estética surrealista de entreguerras. El objeto liberado, que no tiene una función «artística» al uso, aislado de su contexto, cobra otra dimensión. No obstante Atget, con sus tomas directas, no participa de los experimentos vanguardistas, pero su capacidad intuitiva para los «objetos encontrados» en la calle, familiares y cotidianos les confiere, al descontextualizarlos, un nuevo significado que fascinó a los surrealistas. Las imágenes reflejadas en las vidrieras, como en la foto primera, por ejemplo, eran para los surrealistas algo fantasmagórico, onírico y que potenciaba el inconsciente para que aflore a través de los sentidos. Dentro de lo que podemos llamar fotografía surrealista, se da la fotografía manipulada o surrealismo técnico, al servicio del automatismo y la libre asociación de ideas, y la fotografía no manipulada o surrealismo encontrado. Y es en este segundo apartado donde la fotografía de Atget es precursora y donde el azar también juega ; sin embargo fueron muchos los que no utilizaron la fotografía manipulada,  como Brassaï donde el elemento documental, de registro de la realidad cuenta y es porque, según algunos, existen figuras ocultas en cada imagen mental o ¿no?.

«El viejo París» de Jean Eugène Auguste Atget

Eugène Atget:

Eugène Atget: «Esquina de la rue des Nounais-d’Hyères y de la rue de l’Hôtel de Ville», 1899

 

Eugène Atget: "Rue Hautefeuille", 1898

Eugène Atget: «Rue Hautefeuille», 1898

 

Eugène Atget: "Notre Dame"

Eugène Atget: «Notre Dame»

 

Eugène Atget: "Esquina de la rue de Seine", 1924

Eugène Atget: «Esquina de la rue de Seine», 1924

 

Eugène Atget es sin duda el fotógrafo al que los enamorados de París más le debemos; sus fotos del «Vieux París», que hiciera por encargo del Consejo Municipal de París decidido a conservar la imagen de las viejas calles en el momento en que era previsible su desaparición, hizo posible este documento impagable. Eso ocurría en 1898. El desarrollo trae modernidad a las ciudades, pero la inmensa mayoría de las veces el viejo espíritu se desvanece y, no obstante eso, París ha conservado todo el encanto de su centro y de algunos barrios que, si se vive en ellos, una se da cuenta de que son como pequeños pueblos con todo lo  bueno que eso conlleva. Hasta llegar ahí, Atget ha fracasado en los diversos aspectos de su vida: intentó dedicarse a la pintura sin grandes éxitos, lo mismo que al teatro como actor y, hasta que la fotografía llega a su vida, Arget navega sin rumbo. A partir de 1900 la fotografía de detalles gana en importancia haciéndose series de puertas, aldabones, cornisas…; Atget crea su serie «Les petits métiers», retratos de los distintos oficios, artesanía y la venta ambulante por las calles de París. En 1906 trabaja por encargo de la Blibliotheque Historique de la Ville de París fotografiando el centro, cuyo resultado es la serie «Topografía del viejo París». Después de la Primera Guerra Mundial, reanuda su actividad, realizando por encargo del pintor André Dignimont una serie sobre prostitutas. En esta época conoce al artista Man Ray. Las fotografías de Atget  fascinaron a los surrealistas, pero eso es otro capítulo, porque da mucho de sí. Sus fantásticas fotografías reflejan lo cotidiano, la vida de París en tomas directas y, sin proponérselo, influyó sobre la estética surrealista, sobre todo en lo que se ha dado en llamar «l’objet trouvé».