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Dragones y paraguas

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Pasear por las Ramblas de Barcelona siempre es una delicia; ese eje principal de la ciudad está llena de gentes que van y vienen en su hacer cotidiano y en el discurrir indolente de los visitantes que se toman su tiempo en degustar una de las ciudades más cosmopolitas de Europa. En uno de esos paseos me llamó la atención esa curiosa simbiosis en esa fachada entre los paraguas y el dragón que justo en la esquina domina, desde su posición privilegiada, esa marea humana, tan variopinta, que discurre hacia el mar.Reconozco mi ignorancia ante ese edificio tan singular e imaginé que podía ser una tienda de paraguas o algo similar. No sé nada referente a ese edificio ni a su actividad pero en el fondo es igual, lo que sea permanece en mi retina y en el recuerdo.

Fotos: Bárbara

Vidrieras de la Sagrada Familia

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Vidrieras de La Sagrada Familia. Foto: Bárbara

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Vidrieras de La Sagrada Familia. Foto: Bárbara

Las vidrieras de La Sagrada Familia, como las de las catedrales góticas o las de sencillas iglesias como las que hiciera Matisse en Saint-Paul-de-Vence, en la capilla del Rosario, juegan con la luz de una manera tal que nos sobrecoge y emociona. La luz, elemento fundamental para los pintores de todos los tiempos, se vuelve obsesión para los pintores impresionistas como Renoir, que buscan en la Provence la claridad del Mediterráneo. Pero no solo los impresionistas, Picasso, Cézanne, Matisse y un largo etc. de artistas, como Cocteau, abandonan París para instalarse en la Costa Azul (Antibes, Aix-en-Provence, Mugins, Niza…) que los acoge y los seduce con esa luz y esos colores bañados por el mar.

El apóstol Santiago y el camino

 

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Talla del apóstol Santiago (detalle). Foto: Bárbara

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Talla del apóstol Santiago. Foto: Bárbara

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Talla del apóstol Santiago (detalle). Foto. Bárbara

Dentro del Palacio Episcopal de Astorga, que ya vimos realizara Gaudí, y dentro de una de las salas de la planta baja se encuentran varias tallas del apóstol Santiago, algunas tan curiosas como esa en la que está a lomos de un burro, talla policromada en la que el santo viajero muestra en su rostro unas mejillas encendidas de rojo carmín. La posterior, en piedra, parece más seria y sobria, más en concordancia con el personaje. Astorga es un lugar importante en el camino de Santiago y su belleza se merece una parada sosegada, sin prisas, para dar respiro al cuerpo y a la mente. De lo que no hay duda es de que el apóstol era un personaje popular, andariego y viajero al que los buenos aires del camino le proporcionaban un aspecto tan juvenil y sano y tan apetitoso como la manzana de Blancanieves.

En la catedral de Astorga

 

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En la fachada principal de la catedral de Astorga, esta figura encaramada con cara de sorna, guasa y divertimento pasa a formar parte de mi colección de primas hermanas o tocayas de la Estirga de Notre Dame de París; todas se caracterizan por tener ese punto de estar de vuelta de todas las cosas terrenas y de ser muy buenas observadoras del discurrir en la calle; desde sus privilegiadas atalayas nos observan con displicencia y estoy segura de que con un tanto de benevolencia también, sabedoras de nuestra condición de humanos imperfectos que se afanan por perseguir quimeras. Toda vez que descubro una nueva, tras hacerle la consabida foto, la mando al Parvis de Notre Dame, sin número, dirigida a La Estirga, cosa que agradece sin género de duda.  Esta, cuyo cuerpo está cubierto con espesos y bien definidos rizos, parece además emparentada con el género bovino, pero nada que ver con el caprino, pues no luce cuernos y su actitud no es nada belicosa, sino más bien jocosa y divertida… En fin no puedo disimular que, cada vez que descubro una nueva, es como encontrar un pariente lejano… de ella claro.

Catedral de Astorga. Fotos: Bárbara

Interior del Palacio Episcopal de Astorga (Gaudí)

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Si sorprendente es la fachada del palacio Episcopal de Astorga, situado a espaldas de la Catedral, el interior es de una gran belleza. Astorga es una ciudad de paso situada estratégicamente en el camino de Santiago, de la cual, desde muy pronto, alrededor de siglo X, se tienen noticias de tener una sede episcopal. Tras el incendio de 1886 del antiguo palacio, la construcción de la nueva sede es adjudicada a Gaudí tras muchas vicisitudes. Según Cesar Martinell los tres arcos abocinados del porche exterior junto con las columnas inclinadas constituyen «El mejor avance de la arquitectura en piedra desde la época ojival hasta la actualidad». Una imagen vale más que mil palabras: estas lo dicen todo sobre la versatilidad y genio del catalán.

Salas del Palacio Episcopal de Astorga. Fotos:  Bárbara.

Claustro de S. Marcos de León

 

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Bóveda del claustro de San Marcos

 

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Bóveda del claustro de San Marcos

 

 

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Claustro de San Marcos

 

La iglesia situada en el lateral de la fachada de S. Marcos, hoy un fantástico parador, es de estilo gótico. En la portada de la iglesia se representan dos relieves de la crucifixión y el descendimiento. Comenzó a construirse en 1531, consagrándose 10 años después. Al claustro se accede por sendas galerías que lo circundan con estrelladas bóvedas de crucería. En el crucero de la iglesia se abren las puertas que dan acceso al claustro y la sacristía con hermosas esculturas, obra maestra de Juan de Badajoz.

 

 

Comer en Belmonte

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Verduras a la plancha

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Presa ibérica al vino tinto

La cocina del Hotel Infante Juan Manuel en Belmonte hace honor a las bondades del establecimiento. La ensalada de verduritas con jamón en su punto de plancha, crujientes y deliciosas y la presa al vino con berenjenas de Almagro y mostaza a la antigua dejan un buen sabor de boca. El establecimiento, un lugar de absoluto sosiego, tiene todo lo necesario para que la estancia sea muy agradable; un lugar para descansar y cargar pilas a lo que contribuyen las instalaciones de sauna y piscina. La música clásica pone la guinda a este pastel tan recomendable.

La iglesia románica de Ávila

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La iglesia de S. Vicente, vista desde la muralla. Foto: Bárbara

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Campanario al atardecer. Foto: Bárbara

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S. Vicente. Foto: Bárbara

La iglesia románica de S. Vicente se encuentra extramuros, frente a las murallas de Ávila Desde lo alto de ella se perfila tan cerca y tan hermosa, que instintivamente se podría alargar la mano en un gesto inútil. Se comenzó en el siglo XII, aunque por motivos que se desconocen a mitad de siglo las obras se paralizaron para ser finalizada en el siglo XIV. Parece ser que el maestro Fruchel intervino en las obras. Aunque de estilo románico, contiene algunos elementos que apuntan ya al gótico, como el pórtico  de columnas góticas muy altas que sustituyó, posiblemente en el siglo XIII, a otro románico. Los ábsides que miran al este constituyen la parte de románico más puro y la parte más bella de la obra. La torre fue posiblemente torre vigía y su bellísima portada se la compara con el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela.

Paseando por El Barrio Húmedo

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Las tiendas de barrio antiguas tienen el encanto de haber parado el tiempo. Parecen intemporales, con artículos inimaginables como son las tripas para embutir, el mejor pimentón para adobar y animalitos jocosos como cerdos y corderos sonrientes ajenos al destino que les espera. Paseando por el Barrio Húmedo de León, por sus deliciosas callejuelas, una se encuentra con esos escaparates ante los que hay que detenerse para sentir los ecos de otro tiempo; los sacos ordenadamente alineados con legumbres a granel me transportan a la infancia.

Capilla Sixtina del arte románico

 

 

 

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San Isidoro de León. Panteón Real

 

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La anunciación de los pastores.

 

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San Isidoro de León. Panteón Real.

 

 

El Panteón, situado a los pies de la iglesia, es un espacio cerrado. Este espacio funerario se cubre con seis bóvedas que en el siglo XII se decoraron con unos murales realizadas al temple, constituyendo unos de los conjuntos más importantes del románico español, bajo el auspicio de Doña Urraca. El Panteón se apoya sobre las murallas de la ciudad; la parte central es cuadrangular y está dividida en tres naves separados por dos columnas; el espacio está cubierto por seis bóvedas de arista. Las extraordinarias pinturas murales que decoran el Panteón se iniciaron posiblemente en la primera mitad del siglo XII. Sobre una base de estuco se pintaron al temple comenzando con las escenas de la Anunciación y terminando con la crucifixión; son de destacar el Pantocrátor y las escenas destinadas a los meses del año. Extraordinario conjunto magníficamente conservado.