

En la fachada principal de la catedral de Astorga, esta figura encaramada con cara de sorna, guasa y divertimento pasa a formar parte de mi colección de primas hermanas o tocayas de la Estirga de Notre Dame de París; todas se caracterizan por tener ese punto de estar de vuelta de todas las cosas terrenas y de ser muy buenas observadoras del discurrir en la calle; desde sus privilegiadas atalayas nos observan con displicencia y estoy segura de que con un tanto de benevolencia también, sabedoras de nuestra condición de humanos imperfectos que se afanan por perseguir quimeras. Toda vez que descubro una nueva, tras hacerle la consabida foto, la mando al Parvis de Notre Dame, sin número, dirigida a La Estirga, cosa que agradece sin género de duda. Esta, cuyo cuerpo está cubierto con espesos y bien definidos rizos, parece además emparentada con el género bovino, pero nada que ver con el caprino, pues no luce cuernos y su actitud no es nada belicosa, sino más bien jocosa y divertida… En fin no puedo disimular que, cada vez que descubro una nueva, es como encontrar un pariente lejano… de ella claro.
Catedral de Astorga. Fotos: Bárbara