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Palomas fiorentinas

 

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Foto: Bárbara

Estas palomas, en la plaza de Santa María Novella, en Florencia, se solazan, dichosas de estar donde están, de eso no me cabe la menor duda. Las palomas en todas partes del mundo gustan de pasear por los diversos monumentos, arrullando a los que ya no están; les da lo mismo de quien se trate, si son figuras yacentes o estatuas ecuestres de militares o caudillos triunfantes, ellas no hacen distingos, son absolutamente indiferentes o bien demócratas  desde el tiempo de los romanos. Hasta hace poco eran el símbolo de la paz  y hasta los pinceles más cotizados las pintaban con cariño y esmero, pero últimamente su halo de inocencia y bonhomía ha ido desapareciendo, y una idea perversa ha ido calando entre las gentes; ahora se les considera como ratas voladoras que con sus excrementos ensucian y corroen los edificios y todo lo que encuentran a su paso. Yo me resisto, vamos que me niego, y sigo pensando que son las amigas de los que ya no están y que con sus arrullos  les dan los buenos días y les acompañan en su soledad. ¡Romántica que es una!

En Nimes

 

 

 

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Gare de Nimes. Foto: Bárbara

A la salida de la gare de Nimes, una se encuentra con un paseo bordeado de árboles y justo a mano izquierda con un bar brasserie que nos llamó mucho la atención: Les Fleurs du Malt que nos hizo sonreír pensando en Baudelaire y su archifamosísima obra «Les fleurs du Mal» y nos acordamos inmediatamente de nuestro querido amigo el catedrático de la Universidad D. Francisco Torres Monreal, gran conocedor de la obra de Baudelaire. Pero en definitiva el asunto tenía que ver con con las flores de malta y la cerveza.

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Foto: Bárbara

Cuisinière Parisienne

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«Cuisinièr Parisienne». Éditions Stéphane Bachès, Lyon, 2007.

Precisamente mi parisina preferida, mi querida Elena, me regaló este delicioso libro de cocina comprado en los bouquinistes del Sena. Este libro de viejo está lleno de  las recetas tradicionales francesas como la que aquí reproduzco de la deliciosa y reparadora sopa de cebolla que se servía de madrugada en Les Halles a los trasnochadores, amantes de la noche parisina y a los trabajadores del mercado que terminaban su jornada.

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«La sopa gratinada de les Halles»

Ocho cebollas grandes partidas, medio litro de caldo de pollo, una nuez grande de mantequilla, veinticinco gr. de gruyère o de comté rallado, cuatro rebanadas de pan tostado y una cucharada sopera de Jerez.

Empezamos por rehogar la cebolla cortada en rodajas finas a fuego lento en una cacerola con la mantequilla, removiendo hasta que la cebolla quede translúcida, apenas dorada. Calentamos  el caldo de pollo, le añadimos el Jerez y la cebolla. Dejamos que borbotee unos doce minutos, el tiempo de preparar cuatro cuencos individuales de porcelana con los trozos gruesos de pan y la sopa de cebolla; espolvoreamos con el queso rallado. Metemos los cuencos en el horno precalentado hasta que la superficie quede gratinada y bien dorada. Esta sopa se servía en todos los bistrots bordeando Les Halles, para reponer a los trabajadores después de una larga noche de trabajo.

Hay que aclarar que Les Halles era el antiguo mercado central de París y que hoy día es un espacio moderno lleno de tiendas, restaurantes, boutiques… En la deliciosa película «Irma la dulce» protagonizada por Jack Lemon y Shirley MacLein, en la que ambos dan vida a un gendarme y a una prostituta, se refleja perfectamente ese ambiente del París canalla y nocturno, alrededor de les Halles. En definitiva un espacio lleno de vida que se ha perdido para siempre; una pena. La vida moderna arrasa con todo y cualquier lugar del mundo hoy se parece tanto a otro, que a veces viajar no cambia tanto el paisaje. Bon appetit!!!

Reunión de gárgolas y quimeras

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Catedral de Orleans. Foto: ARSO

Las rachas de viento de los días pasados me traen murmullos y susurros de la Estirga que al cabo del tiempo he logrado, no sin grandes esfuerzos, descifrar o eso me digo para animarme. Eso sí, me tengo que poner casi en trance auditivo, porque si no es casi imposible. Y, como el sonido racheado no es factible de subirlo o bajarlo a voluntad, la mitad del mensaje se me escapa y la mayoría de las veces el resultado es un puro disparate sin sentido. Ayer, cuando la mañana se abría paso y el viento aullaba sin descanso, creí entender algo así como: «Reuniónnnn de zoooo r… r..os… uuu… perdiooo… uuu…nn… Y, por más que agucé el oído, nada. Pero hoy, por suerte, he recibido esta postal de Orleans que lo explica todo. La remitía la Estirga y me daba cuenta de lo siguiente: «Reunión de zorros, perdición del gallinero», en clara alusión a este cónclave de gárgolas en la Catedral de Orleans.

Gracias de nuevo a ARSO.

 

 

Una gárgola diferente

 

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Catedral de la Santa Cruz de Orleans. Fotografía: ARSO

A estas alturas del blog los seguidores sabrán de mi debilidad confesada por la amplia familia de las gárgolas, quimeras… y que, de entre todas ellas, la Estirga de Notre Dame es con mucha diferencia la más mía. Mi preferencia viene de lejos, aunque debo confesar que en aquel verano lejano de 1972 no tuve el placer de conocerla; fue mucho después, en mis escapadas parisinas, cuando subí a las torres y cuando adopté su eterna visión del Parvis, del Sena y del pequeño jardín de Sant Julian le Pauvre, de los tejados que sobrevuela en noches inciertas. Esta gárgola frailuna es a todas luces sorprendente y aunque no sé si pertenece a su familia, si es un mero adorno o cumple su función de desaguar, la adjunto para que vea que esta de Orleans es cuanto menos curiosa. Gracias a ARSO por su aportación.

Flor de Lis

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Medallón con la flor de lis. Foto: Bárbara

 

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Flor de lis en el claustro de Santa María dei Fiore. Foto: Bárbara

 

Al turista poco prevenido, pero atento, le puede sorprender, cuando viaja a Florencia, encontrarse por todas partes con la flor de lis, porque la mayoría de las veces la asociamos con Francia, dado que hay una leyenda sobre la coronación del rey Clovis en cuya ceremonia, dicen. bajó un ángel portando una flor de lis; cuando en realidad la flor de lis, según otros, fue introducida en dicho país por Catalina de Medici cuando se casa con el rey de Francia o que los Medici la adoptan en su escudo de armas, en rojo, como símbolo de su poder en Florencia. Allí la encontramos en medallones de piedra adornando edificios, como ornamentación de muebles, en las tapas de las alcantarillas o en banderas que ondean en centros oficiales. En la Piazza della Signoria, en el hermoso Palazio Veccio, luce en uno de los balcones sobre fondo blanco junto con la bandera italiana y la europea. Y en piedra, como escudo, bajo la galería superior de dicho palacio. La flor de lis es, para otros, la estilización de la abeja relacionada con la diosa Isis. De modo que este símbolo nos retrotrae hasta Egipto.

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Banco renacentista con la flor de lis. Foto: Bárbara

Sea como sea, la flor de lis se asocia a la monarquía y al poder absoluto de los reyes, así como a las antiguas religiones.

Molino del Río Argos, casa rural

 

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Casa rural, Molino del Río Argos. Foto: Bárbara

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Casa rural, Molino del Río Argos. Foto: Bárbara

 

La «moda» de las casas rurales, algo sin duda saludable, nos permite disfrutar por unos días de algo sustancial que hemos perdido: el contacto directo con la naturaleza. Pagamos gustosos por sentirnos, de nuevo, vivos de otra manera. En el fondo muchos que hemos sido afortunados por haber tenido vivencias en los pueblos de nuestros abuelos, por ejemplo, o que hemos crecido en lugares pequeños, añoramos la vida sencilla, el contemplar cómo se desarrolla la vida de los animales o ver simplemente el amanecer, escuchar el canto del gallo o ver cómo la luz se retira lentamente. Vengo de uno de esos lugares, El Molino del Río Argos en Caravaca de la Cruz, donde se elaboran de forma artesanal lo que después degustamos; allí no hay radio, ni televisión, ni casi cobertura del móvil… deliciosamente aislados de toda prisa. Y más allá de esa moda, es sin duda toda una experiencia que nos renueva por dentro y por fuera.

Crema catalana

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Crema catalana de la brasería «El Isidro» de Lerida. Foto: Bárbara

La gastronomía catalana, tan rica y variada, nos ofrece postres tan deliciosos como la crema catalana, cuya  dulce cremosidad  contrasta con el azúcar caramelizado; el final feliz de una comida deliciosa basada en los productos de la huerta como la escalibada y los sabrosos embutidos de la zona.

Ingredientes: 1 litro de leche 200 gr de azúcar, 8 yemas de huevo, 25 gr de harina de maíz, piel de 1 limón,  canela en rama, azúcar para quemar, un barquillo para adornar (opcional).

Ponemos en un bol un vaso de leche junto con la harina de maíz y removemos hasta disolver la maicena. Añadimos las 8 yemas de huevo y el azúcar. Batimos bien. Ponemos a calentar a fuego bajo y, en un cazo ancho, el resto de la leche y le añadimos las 2 ramas de canela y la piel de limón. Añadimos a la leche la mezcla de los huevos y el azúcar. Removemos. Encendemos el fuego y lo ponemos al mínimo. Continuamos batiendo la mezcla sin parar para que no se pegue, hasta que empiece a hervir de nuevo y vaya espesando. Cuando hierva, apagamos el fuego y ponemos la crema en recipientes individuales de barro o en una fuente Dejamos enfriar. En el momento de servir la crema catalana, pondremos azúcar por encima y la quemaremos con un quemador o una pala de quemar hasta que el azúcar quede caramelizada.

 

En Busca de Isis

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La pirámide del Louvre. Foto: Bárbara

Tengo en mis manos un libro fascinante: «En Busca de Isis» de Jurgis Baltrusaitis. Editado exquisitamente por Siruela, lleva como subtítulo: «Introducción a la egiptomanía».y pertenece a la biblioteca azul (serie mayor) de Siruela.  Para todo el que tenga interés en las antiguas religiones y sienta curiosidad por saber la influencia que Egipto ejerció en las diversas culturas de prácticamente todo el mundo, este es un libro imprescindible. Solo leyendo el índice uno se da cuenta de toda la sabiduría que el libro encierra; además, su extensa bibliografía, muy cómoda para el lector, que encuentra en cada página, nos abruma por su erudición. Baste citar el nombre de algunos capítulos: Teogonías egipcias de la Revolución, las Isis francesas, la Isis germánica, Egipto en la China, El Egipto de la Ópera y de los francmasones…¿Sabéis el porqué de las pirámides del Louvre?: pues porque en la isla de la Cité se construyó un templo dedicado a Isis y que la isla se asemeja a la barca en la que la diosa llegó… Ahí lo dejo, y repito que no es un cuento de hadas, que su exhaustiva bibliografía nos puede llevar a profundizar en el tema.

Edición original: Jurgis Baltrusaitis: «La Quête d’Isis. Essai sur la légende d’un mithe». Editorial Flammarion, 1985.

Mercado de la Paja (Florencia)

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Mercado de la Paja (Florencia). Foto: Bárbara

Hay dos mercados en Florencia que conviene visitar, al margen de que queramos comprar algo o no. Uno es el que se pone en las calles cercanas a la iglesia de los Medici, San Lorenzo, y este de la foto, llamado el de la Paja, porque antiguamente se ofrecían sobre todo cestería y todo tipo de objetos hechos con fibras naturales. En la actualidad en ambos se encuentra de todo, pero son de destacar los trabajos hechos en cuero. Pasear por estos mercadillos, sin prisa, es  una delicia y un buen lugar de observación, porque no solo lo visitan los turistas sino la gente del país.

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Mercado callejero de S. Lorenzo. Foto: Bárbara