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Mary Cassatt

 

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“Mujer joven con sombrero negro y verde mirando hacia abajo”, c. 1890. Pastel sobre papel vitela. Princeton University Art Museum

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Retrato de Madame Sisley, 1873

Mary Cassatt es una pintora americana unida al círculo impresionista de París. Nacida en Pensilvania en 1844, estudió en la Academia de Bellas Artes de Filadelfia contra los deseos de su familia; su empeño la llevó a viajar a París donde continuó sus estudios y  por distintos países europeos para copiar las obras de los grandes maestros. En España, en Madrid, se alojó en un hotelito de la Puerta del Sol, registrándose como copista en el Museo del Prado; allí la pincelada suelta de Velazquez y la forma de contar la realidad de Goya influyen grandemente en su manera de tratar la pintura y cambia su formación clasicista por una técnica más libre y de fuertes contrastes tonales; su pincelada se vuelve ágil, con empastes gruesos y su estilo se vuelve directo. Después de su estancia en Madrid se instala en Sevilla donde monta su estudio en la Casa de Pilatos propiedad del duque de Medinaceli. Sevilla le va a permitir el estudio costumbrista de unos tipos que plasma en el cuadro “Torero y muchacha” que envió al Salón de París en 1873. En su viaje a Parma copia los frescos de Correggio; todas esas enseñanzas van construyendo su estilo que se acerca al quehacer de los impresionistas. Durante años Mary sufrió la oposición de su padre y la incomprensión de maestros dentro de la Academia, pero gracias a su tesón y a su decidida voluntad decide prescindir de todo y aprender directamente de los grandes maestros, de ahí sus viajes a Europa. De regreso a Estados Unidos su obra no recibe la atención ni el reconocimiento esperado; fue Degas el que la animó a exponer con los impresionistas y su apoyo fue decisivo. Desde entonces hasta 1886 su obra permanece ligada a los círculos impresionistas. Durante la última década del siglo XIX, Mary Cassatt expusó con éxito en París y en N.Y. Murió el 14 de junio de 1926 en el castillo francés de Beaufresne y fue enterrada en la Picardía francesa.

Diego Rivera cubista

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Marinero almorzando, 1914

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Paisaje zapatista (El guerrillero), 1915

La época cubista de Diego Rivera coincide con su estancia en Madrid y París. Gracias a una beca, el muralista mexicano viaja a Europa y se impregna de lo que allí se está fraguando. Y aunque él con posterioridad no da importancia a ese periodo que abarca desde 1907 a 1921, en realidad el conjunto cubista de su obra se centra entre 1913 y 1918, la crítica cada vez más tienen en consideración estas obras por su indudable calidad. La relación entre Picasso y Rivera tuvo sus altibajos debido a una posible “copia” por parte del malagueño de la forma en que el mexicano pintó las hojas de los árboles de su cuadro “Paisaje zapatista”, aunque después, pelillos a la mar, Rivera en su biografía se confiesa agradecido por tener a Picasso como amigo. El cubismo de Rivera posee la singularidad del color, apartándose de los colores apagados propios del movimiento y que defendían Picasso y Braque, y se acerca a las tonalidades encendidas que propondría Juan Gris en Nature morte et paysage, Place Ravignan, aunque son menos conocidas que las sombrías naturalezas muertas del autor. Se puede considerar que el cubismo de Rivera se aparta de lo establecido, es heterodoxo y en realidad una mezcla del cubismo sintético, analítico y del movimiento futurista. El pintor investiga sobre la cuarta dimensión, el eterno problema del tiempo en relación al espacio; pero su interés costumbrista subyace desde siempre. De esta etapa cubista con personalidad propia son “Terrasse du Café” y “Retrato de Martín Luis Guzmán”. Después, sobre 1915, Diego Rivera se confiesa desilusionado al considerar que el cubismo había perdido su carácter subversivo.

Gabriele Münter

 

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Autoretrato, 1909

El expresionismo alemán no contó con demasiadas mujeres en sus filas; Gabriele es una de las pocas artistas que se unió a dicho movimiento. Nació en Berlín en 1877 y fue primero alumna y después compañera sentimental de Wassily Kandinsky. Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial participó activamente en distintos movimientos artísticos como el Jinete Azul (Der Blaue Reiter). Estudió en la escuela de dibujo de Düsseldorf  y posteriormente, en 1901, en la escuela de Phalanx donde Kandinsky le dio clases convirtiéndose en su colaboradora. Juntos viajan por Italia, Austria, Bélgica, Túnez, volviendo a Múnich, donde se establecen. En el pueblo bávaro de Murnau se compró una casa, lugar de encuentro con el pintor, con Marianne Werefkin y Alexef von Jawlensky en los veranos siguientes a 1909. En 1909 y 1910 expone con la Neue Künstiervereinigung de Múnich. Y participa en las exposiciones y en el almanaque de Der Blaue Reiter. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial  se traslada con su pareja a Suiza y más tarde sola a Copenhague. Al poco tiempo su relación con Kandinsky terminaría y ella opta por regresar a Murnau una vez finalizada la guerra. Ya en 1927 su vida se une al historiador de arte y filósofo Johannes Eichner hasta la muerte de este. El arte de Münter evolucionó hacia la simplificación de las formas, como se percibe claramente sobre todo en sus paisajes. Tras la Segunda Guerra Mundial, una vez reivindicado el expresionismo alemán, es cuando se comienza a valorar el trabajo de esta artista que, como muchas otras, vivieron a la sombra de sus parejas durante demasiado tiempo y el tiempo es, precisamente lo que está haciendo que las cosas, por derecho, se pongan en su lugar.

Münter Gabriele, Der blaue See

El lago azul

Emilie Flöge, compañera de Gustav Klimt

 

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Retrato de Emilie Flöge 1902

Emilie Flöge estuvo presente, desde que ambos eran jóvenes, en la vida de Gustav Klimt y hasta el fin de la misma. Klimt, uno de los más importantes pintores de fin del XIX y de principios del XX, mantuvo con Emilie una relación que aún hoy está rodeada de cierto misterio;  amiga, compañera sentimental, amante… es una cuestión no aclarada del todo. Pero lo cierto es que ambos compartieron la vida durante al menos treinta años, siendo así que Gustav en su lecho de muerte pidió ver a Emilie. Todo se inició, al parecer, cuando una hermana de Emilie, Helene, se casó con un hermano del pintor; esto sucedió en 1891 y probablemente fue a raíz de esta boda cuando ellos se conocieron. Emilie Flöge nació el 30 de agosto de 1874 en Viena; junto con su hermana Helene, montó una tienda de moda que se convirtió en  el centro de la moda vienesa; la tienda, llamada Schwester Flöge (Hermanas Flöge), fue un rotundo éxito. Las hermanas se convirtieron en mujeres de negocios relacionadas con el mundo del arte y de la alta sociedad vienesa. El edificio fue construido por Josef Hoffman y se mantuvo abierto hasta 1938 con la llegada del Tercer Reich a Austria. Lo anecdótico es que Gustav contribuyó con el diseño de algunos trajes, nada de extrañar, pues el pintor en sus famosos retratos cuidó el modelo que lucían las damas retratadas, mostrando estampados y arabescos de la época. Y como no podía ser menos, el pintor la retrató en varias ocasiones y se dice que en su famosísimo cuadro “El beso” los dos amantes son Emilie y él mismo. Es bien conocido el retrato que le hizo en 1902 y que fue presentado en la Exposición del movimiento “Secesión” creado por Klimt; en él Emilie aparece vestida con un traje azul adornado con motivos modernistas. Durante los bombardeos aliados, su casa fue destruida y con ella modelos de Emilie y recuerdos y cuadros de Klimt. Finalizada la guerra, vuelve a Viena donde muere el 26 de mayo de 1952 a los setenta  y siete años.

Liubov Popova

 

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“Violín”, 1915.

Liubov Popova fue una se las mas fervientes defensoras del arte abstracto en Rusia, su país. Nacida en Ivanovsko en el seno de una familia acomodada, viaja por Rusia e Italia, tras finalizar sus estudios. Coincide con Vladimir Tatlin y con Grishcheno en Moscú. En París entra en contacto con el cubismo y se interesa posteriormente por el futurismo. Personalmente me entusiasman las obras cubistas de esta artista, de una calidad excepcional. A su regreso a Moscú se une a los suprematistas de Malevich. Entre 1918 y 1919 participa en varias exposiciones estatales. La labor de esta artista abarca desde la docencia en la Escuela de Arte y diversos centros de teatro, al diseño de cubiertas de libros, porcelanas, textiles, escenografía… son de destacar los diseños para las revolucionarias producciones “El cornudo magnánimo” y “La tierra en confusión”. Ella se consideraba una artista cuya condición femenina no afectaba a su práctica artística, y sus contemporáneos también, hecho nada desdeñable que el pensamiento socialista propiciaba al amparo de la independencia de la mujer; sin embargo la mujer aún en muchos casos sigue atrapada en el ámbito privado, doméstico. Su marido, el critico de arte Boris Von Eding, muere de tifus y ella muere de escarlatina a la temprana edad de treinta y cinco años, enfermedad que le contagia su hijo que fallece también. Una vida truncada prematuramente. Ella consideraba que uno de los pocos proyectos constructivistas, el diseño de telas y vestidos que ella realizara, habían llegado a un público verdaderamente popular.

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“Construcción con figuras”, 1914-1915

Fouché, el genio tenebroso I

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Delacroix: La Liberté guidant le peuple

Todos los amantes de la historia deberían leer “Instruction de Lyon” de Joseph Fouché. En un texto magnífico, Stefan Zweig, bajo el titulo de “Fouché el genio tenebroso”, nos disecciona al enigmático personaje que tan decisivamente participó en la política francesa en los años de la Revolución, del Directorio y del Imperio, nacido en la Bretaña en 1759 y fallecido en el Imperio Austriaco, en Trieste, en 1820. Religioso y jacobino, se distinguió por su activismo revolucionario y fue uno de los encargados de implantar el Terror en las provincias; votó por la ejecución de Luis XVI y puso fin a la dictadura de Robespierre  y su Comité. Este político intrigante sumamente hábil, después de pasar por la cárcel, consigue el apoyo de Paul Barras, siendo amnistiado y nombrado agente diplomático del gobierno. Ministro de la Policía, propició el golpe de estado que llevó al poder a Napoleón Bonaparte. Durante las largas campañas napoleónicas, en ausencia del emperador, Fouché controlaba todo el poder creando el llamado gabinete negro, una oficina de censura de prensa. Astuto y maquiavélico conspiró para el retorno de los Borbones y ello no obstante, aceptó el ministerio del interior cuando Napoleón regresa de Elba. Superviviente nato, camaleónico, encabezó el gobierno provisional que se formó tras la derrota de Napoleón en Waterloo y contribuyó al retorno de Luis XVIII; no obstante tuvo que huir de la ley del mismo rey estableciéndose en Trieste donde fallece, multimillonario y siendo Duque de Otranto. De forma muy esquemática y sucinta, esta aproximación al personaje poliédrico de Joseph Fouché me interesa sobre todo por ser el primero que redactó un manifiesto comunista.

Henri Michaux

Henri Michaux:

Henri Michaux: Sin título, 1955. Acuarela y gouache sobre papel Arches, 37 x 56.

 

Henri Michaux:

Henri Michaux: “Composition”, 1959. Tinta china sobre papel japonés, 42 x 58.

 

Henri Michaux es una figura controvertida de las letras francesas. Aunque nacido belga, obtuvo la nacionalidad francesa en 1954 y, diez años después, es galardonado con el Gran Premio Nacional de las Letras francesas. El mundo de Michaux, poblado de palabras e imágenes, está influido por El Bosco, Lautréamont, William Blake y Goya, además de los surrealistas y de Jarry. Realidad extrema y pesadilla, ironía, sarcasmo y desgarrado lamento son algunos de los ingredientes de su poética, del que ha sido considerado uno de los grandes poetas del siglo pasado. El mundo sensorial experimentado por Michaux en una busqueda interior sin fin se veía potenciado por las drogas, como la mescalina o el cannabis, volcando sus experiencias en libros como “Les grandes épreuves de l’esprit”, “Misérable miracle” y “L’infinit turbulent”. Viajero infatigable, su posición y relación con el mundo físico es igualmente registrado y analizado en una visión paralela. Artista independiente y sin adscripción a movimiento alguno es una nota suelta de absoluta libertad y soledad buscada. Enigma y secreto que él cultivó, presiden su vida, y su primer libro, “Qui je fus”, publicado en 1927, ya desconcertó tanto a los lectores como a la crítica; tuvieron que pasar treinta años para que Gäetan Picon lo considerara uno de los cuatro grandes de la última poesía francesa junto a René Chard, Francis Ponge y Jacques Prevért. Pero Michaux no solo fue un poeta, sino que la pintura forma parte, desde mediados de los cuarenta, de su quehacer, creando un universo que tiene a Miró como inspiración y el automatismo surrealista como un medio para una ejecución rápida, concentrada de signos, manchas que derivarán en la abstracción. No es extraño que admirara la caligrafía japonesa y que inventara su propia caligrafía en un nuevo lenguaje. La poesía deliberadamente prosaica y su combinación con dibujos dieron un impulso renovador al panorama artístico en el que iba alternando sus exposiciones con sus breves “plaquettes” poéticas como esta:

Yo era una palabra que intentaba avanzar a la velocidad del pensamiento.

Las amigas del pensamiento estaban presentes. Ni una quiso apostar por mí, y

eran más de seiscientas mil que me miraban riéndose.