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Klimt, su «periodo de oro»

Gustav Klimt: "Judith y Holofernes"

Gustav Klimt: «Judith y Holofernes»

Terminar el año con esta obra magistral de Klimt perteneciente al llamado «periodo de oro» me parece muy adecuado. Un fin de año dorado eso es lo que nos merecemos todos ante un año tan convulso…,  aunque el tema sea dramático y poco feliz para Holofernes. En la parte superior del cuadro figura una leyenda que dice: Judith vnd / Holofernes. También se ha conocido esta obra como «Salomé». El cuadro lleva un marco de cobre repujado realizado por el hermano del pintor, Georg Klimt, siguiendo un diseño de Gustav. En el llamado «periodo dorado» utiliza láminas y papeles dorados con la técnica del collage. La utilización de un no color -como se considera al dorado- no se utilizaba desde el alto Renacimiento y después de él hasta la aparición de de William Blake y Philipp Otto Runge, pero nadie supo extraer su «expresividad» como él.

Y no olvidemos que los prodigiosos colores de Klimt en cualquiera de sus periodos derivan de influencias orientales, persas y chinas. ¡Quién como él que supo beber de esas fuentes!

Diez años antes de morir, Gustav Klimt escribía: «… hasta el objeto más humilde, cuando está perfectamente realizado, ayuda a mejorar la belleza de este mundo; y por último, creemos que el progreso de la cultura se basa únicamente en una compenetración cada vez mayor de los fines artísticos con todos los variados aspectos de la vida…»

En sus obras, a partir de 1900,  aparece por primera vez la ausencia completa de sombras que sera una de las tendencias de la pintura moderna que se verá más tarde con los constructivistas y con Matisse.

 

¡El fin del mundo…! Mañana no.

Coatlicue o "la de la falda de serpientes", diosa de la tierra y creadora de los hombres, patrona de la vida  de la muerte. Piedra. Postclásico tardío. Museo Nacional de Antropología de México.

Coatlicue o «la de la falda de serpientes», diosa de la tierra y creadora de los hombres, patrona de la vida de la muerte. Piedra. Postclásico tardío. Museo Nacional de Antropología de México.

Según algunos tremendos interpretes del calendario Maya, mañana es el fin del mundo. Yo no he tomado precaución alguna. Será porque no creo en los augures tremendistas ni catastrofistas, porque soy bastante incrédula o porque mi idea de la catástrofe está depositada desde hace años en los asuntos bancarios que gobiernan la vida de los ciudadanos desde que se inventó la usura. En fin, nada me da más pavor que una carta de la sucursal bancaria o del Ministerio de Hacienda. Largos años de hipoteca y de sobresaltos han terminado por curtirme la piel de manera que el miedo a que me parta un rayo me resulta, a estas alturas, algo banal e irrisorio. Terminar achicharrada de forma fulminante por un fenómeno atmosférico es algo que, bien mirado, tiene su aquel romántico y aleatorio. El gran Nostradamus también se equivocó al predecir el fin del mundo, pero sus profecías eran sugerentes, cargadas de poesía oscura y con ellas uno podía ir en varias direcciones. Siempre me digo que no hay que tomar según qué temas al pie de la letra.

Los Mayas, ese gran pueblo, nos legó a través de su cultura un sentimiento del tiempo circular. Según el calendario Maya, mañana se cierra un periodo, un ciclo y otro se inicia. Nuestra cultura tiene un cómputo del tiempo lineal. A mí me gusta decir que tengo un sentimiento plano del tiempo en donde el pasado, el presente y el futuro se dan en el mismo espacio temporal. Esto, que puede parecer una tontería, tiene la gran ventaja de querer a todos los que queremos y hemos querido sin tener que pasar página.

Tomadura de pelo

El Greco: "San Sebastían", Museo Catedralicio de Palencia.

El Greco: «San Sebastián», Museo Catedralicio de Palencia.

El Presidente del Gobierno de este país, con mucha guasa, felicita las fiestas con un mensaje de agradecimiento a los ciudadanos, funcionarios y jubilados por su sacrificio y esfuerzo en estos momentos tan delicados. ¡Hombre,  a nadie se le ha pedido permiso ni opinión!  Si así lo hubiera hecho el Gobierno, pongamos por caso, los más de cinco millones que sufren el paro, los jubilados que han visto mermado su poder adquisitivo y los funcionarios sin paga extra y con el sueldo reducido le hubieran dicho más de cuatro palabras. Palabras gruesas y malsonantes con corte de manga incluido. Que se sepa ningún miembro del gobierno se ha bajado el sueldo como medida solidaria.  Si la clase política de este país no se pone las pilas, a votar van a ir los leones del Congreso.

A los ciudadanos se les está quedando el careto de estupefacción como al pobre San Sebastián de El Greco. Precioso cuadro que no tiene culpa de nada. Más que dolor, su rostro muestra una expresión de asombro, como esperando lo que está por llegar; de hecho aún está poco castigado; unas o dos flechas de nada…

 No quiero ser pájaro de mal agüero, pero mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar.

Matisse escultor: su influencia en Picasso

Jeannette III

Jeannette III

Jeannette IV

Jeannette IV

Matisse, que no tenía una marcada vocación de escultor, necesitó ocasionalmente de la escultura para resolver problemas de forma y volumen que el modelado le proporcionaba. Desde 1908 hasta 1914, época muy fértil, aparte de su actividad pictórica desarrolla una serie de esculturas en bronce que, sin pretenderlo conceptualmente, le lleva a anticipar propuestas cubistas posteriores. Veinte años antes de que Picasso creara sus famosas cabezas de mujer en Boisgeloup, realiza Matisse los bronces de la serie Jeannette (1910-1914). La primera de ellas, son cinco, es una cabeza convencional que evoluciona en las siguientes anticipando cabezas de mujer que veremos en posteriores cuadros de Picasso y en las antes mencionadas cabezas realizadas en Boisgeloup. Después de este periodo, Matisse pudo estar una década sin volver a esculpir. Por el contrario Picasso esculpe de forma continua y hasta el final; su escultura responde a su concepto global, a sus continuas innovaciones; su escultura se corresponde a su pintura o a su cerámica de cada época. A Matisse y a Picasso les une una admiración de ida y vuelta aun estando en coordenadas diferentes. Curiosa es esa línea que les lleva en un momento, no coincidente en el tiempo, a posiciones concurrente.

Picasso, "Cabeza de mujer". Mougins, 1931.

Picasso, «Cabeza de mujer». Boisgeloup, 1931.

Aurelio Serrano Ortiz: dibujante y poeta

Aurelio Serrano Ortiz: «20-11-2012». Lápiz sobre papel. De la serie «Depuis l’Art Nouveau».

 

CARICIA

 

Sí, como azulblanco de manos,

como aire y luz

soñando eterno,

como dios aquí,

como silencio blanco.

Sí, como sonrisa

jugando.

Henri Matisse: «Lo oriental» y «Lo español»

Henri Matisse: «Figura decorativa sobre fondo ornamental». Paris, Centro George Pompidou.

Desde el Segundo Imperio, España estará de moda en muchas facetas de la vida parisina; a ello contribuye de forma decisiva la boda de Napoleón III con Eugenia de Montijo. La temática oriental cautivó a numerosos pintores por sus posibilidades sensuales, frente a la composición académica de influencia neoclásica. Delacroix e Ingres cultivaron esta temática desde sus respectivas visiones diferentes. Pintores franceses como Degas, Constant, Daux, visitaron España buscando tanto a los maestros del Museo del Prado como el tipismo de Andalucía, muchas veces de paso hacia el Norte de África. Esta hispanofilia continuó llegando hasta los impresionistas y un ejemplo es el conocido cuadro de Manet «Lola de Valencia». La publicación de los cuadernos de viajes de Delacroix -concretamente el de España- animó indudablemente a los literatos y pintores que recalaron en Córdoba, Sevilla, Granada en pos de las muestras del arte islámico. Derain y Bonnard también estuvieron en España, visitando este último también Madrid y Toledo. Van Dongen será otro gran cultivador del tema español.

En Matisse el tema español está presente en su pintura antes de su viaje a España.

Desde la época de Delacroix, muchos talleres parisinos estaban llenos de artesanía islámica: cerámicas, tapices, muebles, alfombras…; de igual manera el taller de Matisse estaba repleto de objetos orientales y de carácter español de gran colorido. Los tejidos con arabescos, de intensa policromía, eran elementos muy queridos por el pintor, que los incluye en sus composiciones al modo fauvista. Además Matisse conocía perfectamente el arte musulmán y los tapices persas del Museo del Louvre.

Es a principios de 1910 cuando Matisse visita Sevilla. Pero antes, en Madrid, conoce el Museo del Prado; ante los cuadros de Velázquez demuestra su frialdad, prefiriendo las obras de Goya y del Greco. Su estancia en Sevilla se prolonga por espacio de dos meses. Allí coincide con su buen amigo Iturrino, con el que comparte jornadas de trabajo; fruto de ello son los extraordinarios cuadros «Bodegón en España» y «Bodegón con geranios». En Tánger también pintó con Iturrino, al que le unía una gran amistad cimentada con anterioridad en Francia. Durante su estancia en Sevilla, visita Granada -el Sacromonte también- y Córdoba. Desde ambas ciudades manda postales a los Stein; desde Córdoba dice, » Splendide la mosquée suis très contente de mon / voyage / Amitiés à vous deux. / H. M». De vuelta a Madrid pasa por Toledo donde se admira de la obra del Greco.

Sus viajes por el norte de África, Argelia y Marruecos se concretan en los cuadros de odaliscas, en los cuales los fondos barrocos formados por telas coloristas y arabescos crean una atmósfera sensual que envuelve a las figuras femeninas. Con Matisse, el tema de las odaliscas que remiten al harén de las mil y una noches o a las fantasías orientales -tema, por otra parte, nada original pues había sido tratado antes por los maestros franceses precedentes- adquieren un tinte absolutamente «moderno» y transgresor por el tratamiento decorativo -sin el carácter peyorativo de lo decorativo- del fondo y de la forma. Esta unidad lograda es, a mi modo de ver, absolutamente genial. Ya lo decía Picasso. Para el genial malagueño, Matisse era el pintor del siglo XX que perduraría. Nos queda la duda si era después de él.

Salvador Dalí y Botticelli: Sueño de Venus

Dalí: Fachada del pabellón «Sueño de Venus», 1939. Exposición Universal de Nueva York.

En la Exposición Universal de Nueva York de 1939 se hizo un pabellón donde la fantasía y el mundo onírico de Salvador Dalí se plasmó en «El sueño de Venus». La idea de levantar una «Surrealist House» en la zona de diversión fue del galerista neoyorquino Julien Levy, introductor de Dalí en Nueva York.

El frente del «Sueño de Venus» era como una especie de elevación que amalgamaba una serie de apéndices, piernas, tentáculos, brazos, pinchos… En esa especie de montaña informe se abrían unas cavidades en donde aparecían dos enormes sirenas, una reprodución del «San Juan Bautista» de Leonardo da Vinci con la cabeza de la «Mona Lisa» y, en otra, la figura central de «El Nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli. Además, en la entrada y a modo de taquilla, se había colocado la cabeza de un monstruo marino y a cada lado dos piernas a modo de columnas. Este conjunto fue definido en la revista «Art Digest» como «La reconstrucción de un subconsciente muy freudiano a través de lo que en Broadway se denomina girl show».

No es nada extraño que Dalí utilizara las reproducciones de Leonardo y de Botticelli en esta composición, el «Sueño de Venus», sabiendo la admiración que el artista sentía por los pintores italianos del quatrocentto y por «el divino» Veermer. Iconos como «La Gioconda», por otra parte, han sido utilizados hasta la saciedad en la sociedad de consumo.

«El nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli

Fragmento de «El nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli, Galería de los Uffizi. Florencia.

Sandro Filipepi ha pasado a la historia como Botticelli apodo con el que se conocía a su hermano mayor Giovanni por ser este -según decían las malas lenguas- como un botijo, bajito y rechoncho. Botticelli, el genial pintor del «quatrocentto», nació en 1445 en el barrio de Santa María Novella, en Florencia. En el mismo barrio vivía la familia  de los Vespucci, amigos y protectores de los Botticelli. Sandro fue alumno del taller de Fra Filippo Lippi hasta que marchó a Spoleto. Más tarde en el taller de Verrocchio -de gran prestigio- entabla gran amistad con Leonardo da Vinci. En esa época coincidió también con Perugino.  Junto con Leonardo, se embarca en una aventura gastronómica -montaron un restaurante- que no tuvo éxito. En 1470 instala su propio taller en Florencia. Tuvo la protección de los Médicis. En la extensa producción de Botticelli destaca como obra de madurez la «Adoración de los Magos»  (Uffizi, Florencia) en donde aparece Juliano de Médicis  y un autoretrato del artista; la «Alegoría de la primavera», pintada para la Villa di Castello  (hoy en los Uffizi), que se supone es la representación del amor entre Juliano de Médicis y Simonetta Cattaneo Vespucci; en ella las «Tres Gracias», grupo de tres figuras femeninas, tradicionales en el arte griego y romano, tiene el virtuosismo de los velos que las envuelven logrado por ese linearismo leve que marca toda su obra; asombrosa es la composición de la «Madona del Magnificat» de los Uffuzi siguiendo el contorno del «tondo»; «Venus y Marte», en la National Gallery de Londres, es otra de las obras más notables del genio.

Por último «El nacimiento de Venus» es para muchos la gran obra del pintor. Su modelo, Simonetta Vespucci -la neurótica fiorentina-, de gran belleza, tiene toda la fuerza viril que sus coetáneos reconocían al maestro en la ejecución de sus obras, virtud que curiosamente en el mundo contemporáneo se ha tildado de demasiado «femenina». El elemento dinámico está presente en el viento a través de una pareja de Céfiros en vuelo, que agita el cabello de Venus, las ondas del agua y el manto de la Hora. El cuadro posee una belleza indecible: el trazado de la concha y la inestabilidad que aporta a la figura de Venus resultan portentosos. Solo «El nacimiento de Venus» justificaría una visita a los Uffizi.

Homenaje a Braque

Bárbara. Carpi, «Homenaje a Braque». Óleo sobre táblex., 50×40 cm.

Quienes siguen este blog desde sus comienzos hace menos de un año saben de mi especial gusto por el Cubismo por simple admiración ante lo que supuso de apertura, nuevas vías y visión renovadora del objeto. Su específica disección de la naturaleza en planos y la relación con la geometría que iniciara tímidamente Cézanne nos permitió disfrutar de obras de singular belleza. Picasso, Braque y Juan Gris crearon y ahondaron en sus dos vertientes, el «Cubismo Analítico» y el «Cubismo Sintético»; a ellos pertenecen las obras fundamentales de este periodo fecundo del arte. Del estudio del cubismo viene mi admiración hacia Braque. En su última etapa, abandonada ya la investigación en esa dirección, crea una serie de bodegones «libres» de cualquier deuda anterior, que tienen un carácter muy personal y que me gustan de forma especial. El cuadro que llamo «Homenaje a Braque» es una recreación de uno de esos bodegones que pinté con el mismo formato ovalado.

Paseando por el Museo Picasso

Picasso, «Cabeza de mujer». Mougins, 1931. Foto: Bárbara.

El Museo Picasso de París, ubicado en un precioso palacete situado en el barrio del Marais, es un lugar tranquilo donde pasar una mañana o una tarde disfrutando de la colección que el pintor legara al Estado francés. Del polifacético Picasso se encuentran,  en la parte baja del edificio, una serie de esculturas de cabezas de mujer fechadas en 1931 en Mougins.