Quizá lo menos conocido de Klimt sean sus paisajes, los jardines con gallinas, los huertos, los bosques de hayas y de abedules, los árboles frutales, los girasoles…; pero es en ellos en donde la naturaleza se viste de la marca klimt de una manera tal, que es como si la descubriéramos de nuevo; es su forma de describirla con la misma fuerza y personalidad que lo hiciera Van Gogh, de hecho muchos críticos de arte señalan su influencia. En esta obra, un óleo de formato grande, «Huerto con gallos», la forma compacta de los macizos de flores delimita el sendero que nos señala la perspectiva con los animales escalonados en diversos planos. La exuberante vegetación de los dos macizos, formada por flores y hojas apretadas sin espacio, sin aíre entre ellas conforma un abigarrado mosaico vegetal como dos robustas columnas. Y la forma de perfilar de Klimt no permite que perdamos ningún detalle de esas flores tan fuera de la naturaleza común, porque son «sus flores» que llenan toda la superficie del lienzo. El cuadro representa el huerto de la casa de Weissenbach junto al Attersee en la que el artista pasó el verano de 1916. El cuadro resultó destruido durante el incendio del castillo Immendorf en 1945.
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Claustro de S. Lorenzo
Como estamos ya a viernes muchos intentan desconectar de la rutina y del estrés, para ello la serenidad de las formas de un claustro con un canto gregoriano de música de fondo, la lectura sosegada o la simple contemplación de una ermita en mitad de campo pueden ser opciones para hacer algo distinto que nos permitan experimentar un relaxing (¡gracias, Ana Botella!) espiritual.
Picasso, el Bateau Lavoir y Madeleine
Cuando Picasso llegó a Montmartre y se instaló en 1904 en el Bateau Lavoire, y antes de conocer a Fernande Olivier, tuvo una amante llamada Madeleine de la que se sabe que era modelo. El Bateau Lavoire fue al principio una fábrica de pianos y después una cerrajería; con el tiempo el dueño decidió convertirlo en estudios. Parece ser que el de Picasso era amplio y luminoso, aunque el edificio estaba construido tan mal que propiciaba la humedad; carecían de luz y de gas, y en invierno se helaban las tuberías y el olor a moho impregnaba aquel laberinto de estructuras imposibles. Dado que Picasso prefería pintar de noche, se supone que lo haría como Goya, con velas, o bien con quinqués de gasóleo. Los alquileres eran bajos y se ocuparon enseguida; la miseria y las estrecheces económicas marcaban esos años, pero el pintor aprendió a vivir como un pícaro. Después de que unos anarquistas estuvieran alojados en el Bateau Lavoir con los consiguientes escarceos con la policía, el edificio se llenó de españoles con escasos recursos como Canals, Sunyer, Juan Gris, Max Jacobs, Andrés Salmón… Estos dos últimos bautizaron el edificio con el apodo con el que se le conoce, nombre con el que se designaba a los barcos lavandería del Sena. Madeleine, el nuevo amor de Picasso, era una bella modelo muy delgada que inspiró el cuadro «La planchadora» y «Comida frugal» entre otros trabajos de esos años. El escritor John Richardson, en la biografía sobre Picasso, sostiene que la estructura ósea de la modelo es responsable de esa estética de cuerpos anoréxicos, de miembros alargados, de dedos filiformes como en el cuadro en la que otra amiga, Margot, acaricia a un cuervo. Lo cierto es que con ambas avanza hacia los tonos pastel al tiempo que los cuerpos anoréxicos se mantienen incluso después de que conociera a Fernande Olivier, de formas rotundas del tipo que llamamos mujer-mujer. Pero eso para mí es solo una parte; la influencia del arte egipcio configura la estética que modela las obras de la llamadas época azul y rosa, como en el cuadro «Jovencita con el brazo levantado» de la colección Harriman de N.Y. Puede ser que esa influencia se realizara, se plasmara a través de ellas, pero no solo por ellas.
La cúpula de la basílica de San Lorenzo
El trazado de las grandes ciudades modernas con sus amplias avenidas, sin dejar de tener su encanto, nos impide el sobresalto infantil que nos deja con la boca abierta tal como sucede cuando se pasea por un entramado de callejuelas medievales en las que, de pronto, se nos viene encima una cúpula como esta de la basílica de San Lorenzo; la desproporción nos apabulla y nos empequeñece al tiempo que pensamos: ¡qué grandes los Medicis!
Hotel Paris
En el centro antiguo de Florencia hay un número importante de hoteles ubicados en antiguos palacetes con un encanto extraordinario. El hotel Paris situado en la via dei Banchi ocupa enteramente el Palacio Venturi, antiguamente palacio Doni, y una parte del palacio Mondragone. La vía se construyó para unir el barrio de San Giovanni (Duomo) y el de Santa Maria Novella, y se terminó en 1324. Desde el hotel se divisa la cúpula del Duomo, muy cerca se encuentran Santa María Magiore, La Basílica de San Lorenzo con su mercadillo popular en las calles adyacentes y la Capilla Medicea.
El hotel Paris cuenta con una bonita terraza para desayunar con buen tiempo y un comedor con unos techos abovedados con frescos muy interesantes.
Giotto
Hace días que estaba queriendo traer aquí la escultura de Giotto que nos mira con gesto adusto desde la galería exterior de los Uffizi. Su cuerpo robusto, asentado sobre piernas contundentes, lo anclan al mundo venidero para recordarnos que su pintura abrió y dotó el gesto, la expresión, al rostro humano; y que, además, en su mano sostiene los planos de la primera planta del Campanile del Duomo… Si alguien ama al Giotto esa soy yo, a pesar de esa minifalda con flores tan renacentista…
Palazzo Vecchio (patio interior)
La belleza de las columnas del patio interior me sorprendieron; no conocía el Palazzo Vecchio por dentro y es tan extraño llegar a sorprenderse de verdad, cuando toda Florencia está filmada, fotografíada, reproducida y la hemos visto tantas veces a través de todos los medios…
El Corredor de Vasari y el Ponte Vecchio
Las vistas desde las galerías de los Uffizi son magníficas: el Arno duplica los puentes y una se imagina figuras emboscadas pasando desde el Palacio Vecchio hasta el Oltrarno gracias al corredor de Vasari, sin pisar la calle. Esa genial idea de Cosme I del pasadizo aéreo para desplazarse hasta el palacio Pitti sin ser visto da alas a mi imaginación, que siempre identifica el esplendor de la Florencia de los Medici con las intrigas, los venenos, las dagas y las conspiraciones… Pero con esta luz, en este día radiante, es tonto no dejarse llevar por lo que la retina fija en la memoria para siempre.
El Perseo
El Perseo de B. Cellini me deja sin respiración ¿Cómo se puede dar vida, latido a los músculos, sangre a las venas, tensión a las arterias a un cuerpo sin músculos, sin flujos, sin tensión, sin arterias? Benvenuto Cellini lo hizo en este Perseo que exhibe triunfante la cabeza cortada de la Medusa. Es el bronce más bello y perfecto que nunca he visto, y aunque rodeado de esculturas, próximo incluso a la réplica del David de Miguel Ángel en la plaza de la Signoria, él hace que se eclipse todo lo demás,












