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Juan Gris, el cubismo más colorista

Juan Gris "Frutero, vaso y limón" Óleo sobre tela.

Juan Gris «Frutero, vaso y limón» Óleo sobre tela.

Hasta hace solo tres décadas en los museos y colecciones importantes de España no existía prácticamente obra alguna del pintor madrileño. En la actualidad, subsanado este despropósito, existen obras destacables en los Museos Reina Sofía y en el Thyssen, así como importante es la colección de la Telefónica, que se puede visitar en la Gran Vía madrileña.

Una vez que abrazó el cubismo en 1912 no lo abandonó;  por tanto de los tres, Picasso, Braque y él, el que continuó en la senda del movimiento fue Gris. Resulta sorprendente aún y, no me canso de decirlo, no ha recibido el reconocimiento por parte del público que su obra merece. Y si esta obra de enorme calidad está de alguna forma por descubrir, su labor como ilustrador, tanto en Madrid como en París, que le permitió subsistir en los primeros años, prácticamente no se conoce. Fue por muchos años uno de los españoles que habitaron el mítico Bateau-Lavoir. Mientras Picasso iba hacia un arte figurativo y Braque se decantaba por unos bodegones más realistas, Juan Gris avanzaba en el color dotando al cubismo no solo de una plasticidad más rica sino incorporando papeles de periódicos y cartones, y apostando por una gama de colores más viva e intensa. El primero, «Frutero, vaso y limón», que encuentro bellísimo,  de 1916, es muy sobrio en cuanto al color; el segundo responde a esa deriva rica en color, aunque el último sea anterior (1913); la búsqueda del color ya será inequívoca pues el germen está ahí desde el comienzo.

Juan Gris, "El Sifón". Óleo sobre tela.

Juan Gris, «El Sifón». Óleo sobre tela.

Friedrich Nietzsche, poeta

Retrato de Niezsch realizado por Munch

Retrato de Nietzsche realizado por Munch de 1906.

La realidad es la muerte del espíritu y el arte, su salvación. El filósofo Friedrich Nietzsche, creador de la idea del superhombre, afirmó que el ser humano, animal metafísico, debería perecer para dar origen a un mundo nuevo, a un hombre nuevo. Tras la muerte de Dios, había que crear un nuevo concepto del infinito; el artista debía tener una religión propia y la eternidad o el eterno retorno es del superhombre, que finalmente es una afirmación y un canto a la vida. Hay que crear nuevos valores, el mundo absurdo, sin sentido, debe dar paso a un «yo creo». En «Así habló Zaratustra» se pregunta cómo soportar el ser hombre, si el hombre no fuese poeta y adivinador de enigmas…

SILS-MARÍA

Aquí estuve sentado, esperando, esperando… nada

más allá del bien y del mal, gozando

a veces del sol, a veces de la sombra,

todo juego, todo mar, todo mediodía, todo tiempo sin meta.

 

Y de pronto, amiga mía, de uno se hizo dos

y  Zaratustra  pasó a mi lado.

 

Ediciones Hiperión. «Poemas» Friedrich Nietzsche.  Madrid. Primera edición 1979.

Negro sobre Blanco IV

Bárbara Carpi. Acrílico sobre tela.

Bárbara Carpi. Acrílico sobre tela. 140 x 70 cm.

Este cuadro apaisado forma parte también de la serie «Negro sobre Blanco». Al no utilizar retardador de secado, es el resultado de una acción gestual rápida, sin apenas correcciones. Pinchar en el centro de la imagen para ampliar esta que queda así de pequeña por el formato del blog.

El Rey Mono contra el Demonio de Hueso Blanco

Este libro editado en la República Popular China es una adaptación de la novela mitológica del siglo XVI «Peregrinación al oeste» de Wu Cheng-en. Su protagonista es el Rey Mono, personaje heroico de los más queridos de la tradición china. Fue enterrado por el Buda y quinientos años más tarde asumió el budismo y acompañó al monje Tang en su peregrinación en busca de las escrituras búdicas. En el largo peregrinar venció a demonios y monstruos, realizando innumerables hazanas. El más temible de ellos, el Demonio de Hueso Blanco, quiso comerse al monje Tang, el cual fue salvado por el Rey Mono; no obstante, finalmente logró embaucarlo de tal manera que el monje expulsó a su fiel amigo; el Rey Mono era fiel y voluntarioso, y al cabo de mil aventuras consigue salvar al monje que había caído en manos del malvado demonio. El Rey Mono era un simio, el demonio de Hueso Blanco es un cráneo, pero adopta, en esta versión, la forma de mujer, por ser esta astuta y taimada – en todas las culturas y religiones vemos que la mujer encarna el mal (¿Hasta cuándo?)-.

La moraleja de esta narración tradicional es que hay que distinguir entre lo verdadero de lo falso, lo correcto de lo erróneo y además que hay que luchar contra los demonios y exterminarlos.

Las ilustraciones de este libro, responden al estilo de dibujo tradicional chino y lo dotan de una belleza realmente nada sorprendente, porque la estética del arte chino es, de sobra lo sabemos, algo mágico y casi irreal por su perfección.

El libro es de Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1976. Adaptado por Wang Sing-pei, dibujos de  Chao Jung-pen y Chien Siao-tai.

Una de las ilustraciones.

Una de las ilustraciones maravillosas que aparecen en cada página

Epicuro: Exhortaciones

Matisse, "La danza" 1909. acuarela y tinta china sobre papel (22,1x 32 cm). Muse de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse, «La danza», 1909. Acuarela y tinta china sobre papel (22,1 x 32 cm). Museo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Me confieso admiradora de la filosofía epicúrea. De todas las recomendaciones de Epicuro para llevar una vida feliz, una de las exhortaciones que estos días recordaba dice así: La amistad danza alrededor de la tierra habitada anunciándonos  a todos que nos despertemos a la felicidad. 

Y viendo las distintas obras de Matisse sobre la danza, nada mejor que seguir danzando con el pensamiento de Epicuro.

Comenzar danzando con Matisse

Matisse: "Nasturtiums y La Danza", 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Matisse: «Nasturtiums y La Danza», 1912. Óleo sobre lienzo (190,5 x 114,5 cm.) Muaeo de Bellas Artes Pushkin, Moscú.

Empezar el año bailando no está del todo mal y, si lo hacemos con Matisse, mejor que mejor. A partir de 1912 Matisse se fue interesando de manera especial por la estructura, según dicen los estudiosos de su obra, como respuesta tardía al cubismo. En este año realiza dos obras estrechas y alargadas que llama «Nasturtiums y La Danza»; este es el primero de los dos con el mismo tema, un trípode que sostiene un jarrón con nasturtiums o capuchinas y una silla, teniendo como fondo un boceto sobre La Danza de 1908, pero no el definitivo. Es el juego del cuadro dentro del cuadro, que tanto gustara al pintor. Durante estos años Matisse y Picasso tuvieron encuentros frecuentes, incluyendo la práctica de la equitación, en los que se debía debatir sobre la vanguardia y el cubismo representado por Braque, Juan Gris y Picasso; lo realmente interesante es que Picasso consideraba a Matisse un magnífico colorista que buscaba el dibujo y a él mismo un dibujante magnífico que buscaba el color. En esos momentos en que él se preocupa por la estructura y modera el color, su amigo abandonaba el monocromático cubismo «analítico» para sumergirse en el «sintético», de paleta más colorista. Curioso e interesante. Lo más destacable de este cuadro es el «efecto fotográfico» que utiliza por primera vez como resultado de cortar parte de las cabezas y las extremidades de los danzantes; antes lo habían empleado los grabadores japoneses con gran acierto y el pintor francés Edgar Degas.

Blanco y negro: Aurelio, dibujante

  Aurelio: " 27-12- 2013". Lapiz sobre papel.


Aurelio: » 27-12- 2013″. Lapiz sobre papel.

El blanco y negro que nos entusiasma, sobre todo a los que hemos vivido el cine de los años cuarenta-cincuenta, esa estética de luces y sombras, de elegancia en un contexto fílmico con una narración  de guionistas de primer orden en películas en las que las imágenes prodigiosas se sumaban a unos diálogos de primera categoría… Bueno, Aurelio se apunta al blanc0 y negro, porque a lo mejor es de la quinta de los chicos de Liverpool…

Gustav Klimt : Paisajes

Gustav Klimt " El castillo kammer junto al Attersee". Óleo sobre lienzo, 110 x 110 cm

Gustav Klimt » El castillo Kammer junto al Attersee». Óleo sobre lienzo, 110 x 110 cm

La obra de Klimt, tan extensa y variada tanto en temática como en tratamiento, requiere quizás un agrupamiento, por ello he querido traer de forma casi consecutiva algunas que claramente tienen esa vinculación con Van Gogh. «El castillo Kammer junto al  Attersee»  presentado en noviembre-diciembre de 1910 en la Galerie Miethke de Viena, probablemente fue realizado en el verano del mismo año y donado a la Oesterreichische Galerie por la familia Bloch- Bauer. El cuadro de abajo está fechado en 1912.

Gustav Klimt, "Sendero en el pqrque del castillo Kammer", Óleo sobre lienzo, 110 x 110.

Gustav Klimt, «Sendero en el parque del castillo Kammer», Óleo sobre lienzo, 110 x 110.

Il Duomo

Il Duomo. Foto: Bárbara.

Il Duomo. Foto: Bárbara.

Il Duomo según la luz se envuelve en un color diferente, rosa, verde, incluso a veces una especie de neblina lechosa al atardecer la embellece en blanco. Es también, bajo la lluvia, un decorado inesperado que invade toda la plaza y nos aplasta contra el Battisterio.

Gustav Klimt: lo cotidiano II

gusta Klimt : "La casa del guardabosques". Öleo sobre lienzo, 110 x110. Colección privada EEUU.

Gustav Klimt : «La casa del guardabosques». Öleo sobre lienzo, 110 x110. Colección privada EEUU.

Esta obra de Klimt, un óleo de las mismas proporciones que el «Huerto con gallos», llamada «La casa del guardabosques», representa la casa en Weissenbach, junto al Atersee, en la que el pintor vivió un corto periodo de tiempo en 1912 y en los veranos de 1914 y 1916. Se expuso en Berlín en 1916; sobre su cronología los críticos no se ponen de acuerdo, sí sin embardo en la influencia de Van Gogh. Durante estos años pinta los retratos de Bárbara Flöge, Charlotte Pulitzer, Friederike María Beer… y será en ellos donde Matisse influirá en su nueva concepción del color cada vez más fauve como en el retrato de Johanna Staude, por ejemplo. Participa en la exposición del Bund Österreichischer Kaünstler en la Secesión de Berlín junto con Schiele, Kokoschka y Faistauer. En Alemania, desde 1914, se  había iniciado la crítica a la obra de Klimt bajo la influencia de las teorías expresionistas.  De estos años es también el «Sendero en el parque del castillo Kammer», donde así mismo se siente la influencia, sombra o espíritu vangoghiano; en cualquier caso es una obra con un indudable encanto paisajístico.