Última hora: Terrible tragedia en Galicia

Hoy todos somos Galicia. La palabra hoy es solidaridad. A todos los que nos hemos despertado con la noticia nos viene a la mente el 11 M y hoy, como en Madrid, los vecinos próximos a la tragedia se han volcado; una marea solidaria que ha estado haciendo cola para donar sangre; vecinos que  han sacado materialmente a la gente de los vagones, rompiendo con piedras las ventanillas…; este pueblo nuestro, y lo digo con orgullo, es un pueblo enormemente solidario. Hoy todos somos gallegos y nos duele esta terrible tragedia ante la cual nos sentimos impotentes, sin poder poner remedio a tanta angustia. Hoy llevamos a Galicia en el corazón.

Última hora: «la marca Picasso»

Pablo Picasso : Fragmento del "Guernica".

Pablo Picasso : Fragmento del «Guernica».

Cuando la fama de Picasso alcanzó cotas mundiales, se cuenta que una firma del pintor estampada en una servilleta servía para pagar una cena; un dibujo firmado, realizado sobre la marcha, unas vacaciones en lugares de moda de la Costa Azul, por poner un ejemplo, … Solo su presencia ya era un regalo que distinguía el lugar o el establecimiento. Sea como sea, su fama en vida fue enorme y aun ahora sus talleres son sitios a los que suelen acudir  los nostálgicos y los admiradores. El famoso Bateau-Lavoir en Montmartre, lugar de peregrinación, fue devorado por el fuego a principio de los años setenta y de él solo queda la puerta de entrada y una vitrina-recordatorio; cierto que queda la plaza, la fuente y unos bancos donde sentarse para disfrutar de la pendiente, la cual le confiere categoría de plaza «cubista».

El pasado lunes 22, el pariódico «El País» publicaba un artículo muy interesante, que traigo aquí, dado que durante el verano muchos nos relajamos y desconectamos, cosa saludable, pero que hace que algunas noticias curiosas se nos escapen. En dicho artículo, titulado «Tiembla el hogar del Guernica», firmado por Ana Teruel desde París, se comenta la situación en que se encuentra el taller sito en la avenida de los Grandes Agustinos en el que Picasso pintó el Guernica en 1937; en el número 2 de dicha calle hay una placa que pone: «Pablo Picasso vivió en este edificio de 1936  a 1955. Aquí pintó el Guernica en 1937». En este palacete, Balzac escribió su obra «La obra maestra desconocida», asunto este que influyó favorablemente en el pintor a la hora de decidir instalarse. Por este taller pasaron los intelectuales amigos, como Prévert,  Hemingway,  Barrault -que había sido su inquilino anterior-, etc. Ahora los dueños del estudio quieren remozar el palazete con idea de alquilarlo. A los curiosos que quieran más información les remito al artículo de Ana Teruel, realmente bueno.

La hora de la siesta

"La ventana". Foto: Bárbara

«La ventana». Foto: Bárbara

Si algo tenemos bueno en este país es la siesta. Claro que inventos como este han contribuido a engordar la fama de gandules y poco trabajadores que tenemos; a estos mal pensados les diría que, tras una buena paella y con temperaturas de 38 grados para arriba, dormir después es una necesidad propia de la supervivencia. Médicamente se ha demostrado que un sueñecito corto, de alrededor de veinte minutos, es saludable; no hace falta una siesta de dos horas, aunque hay gente que las hace y en la cama, de esas de las que gustaba el nobel Camilo José Cela, con pijama y orinal. Algunos sestean en el sofá mientras el televisor vomita esas cosas inenarrables del verano; otros juegan a las cartas en una sobremesa entretenida, tomando el café y una copita de Chinchón. Y otros, como esta perra, se asoma por la ventana…

¡Felicidades, Mandela!

Nelson Mandela.

Nelson Mandela.

Hace dos días que Mandela cumplió 95 años. Madiba, como le llaman los suyos, el hombre que nos enseñó que la reconciliación era factible, que el odio y los prejuicios raciales no hacían posible la convivencia; que había que dignificar al hombre, que había otro futuro realizable, que los sueños se podían cumplir por la voluntad de los pueblos, esa figura ya para la historia, con mayúsculas, acaba de cumplir 95 años. Todo un ejemplo, todo un héroe. todo un HOMBRE  ¡Felicidades Mandela!

Nicolás Flamel, el alquimista parisino

"En el espacio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«En el espacio». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

París es una ciudad alquímica y no lo digo en sentido metafórico; en sus bibliotecas se encuentra el mayor número de volúmenes, tratados y ensayos que versan sobre la alquimia. París es egipcia, heredera de los ritos de Isis y del siglo de las luces. Pirámide de saberes y de coordenadas telúricamente poderosas que recibe las palabras, en la Edad Media, de los monjes alquimistas más célebres como Alberto Magno (El Doctor Universal), Tomás de Aquino (El Doctor Angélico), el médico Arnaldo de Vilanova, Roger Bacon… todos pasaron por la ciudad y la ciudad pasó por ellos.  En la persona de Nicolás Flamel, posterior cronológicamente a estos, nos encontramos con el primer adepto que podríamos llamar burgués. Se supone que nació en 1330, murió en 1417 y fue el primero que descubrió la piedra filosofal. Una máxima atribuida a Hermes Trismegistro dice así: «Si no descompones los cuerpos y no corporificas los incorporales, el resultado esperado será la nada». Según el autor de » Luces de la Alquimia», Arnold Waldstein: «La palabra alquimia viene del árabe al-kimiya, que procede del sustantivo egipcio khemi, negro, es decir, la materia original de la transmutación, el negro que se transforma en oro pasando por el blanco, lo que nos indica, de entrada, la relación de la alquimia con la espagiria y, por consiguiente, con la pintura». Y es muy curioso la distinción que se hace entre la alquimia como arte, como filosofía y como religión, pero de forma simultánea, no como etapas sucesivas, ya que eso va en contra del concepto de alquimia. Flamel fue un burgués en apariencia, que se enriqueció de tal forma que hasta el rey Carlos VI le hizo investigar. En el caso de Flamel la iniciación al arte hermético se hizo por iluminación en forma de visión que, de forma repentina, transformó al artesano bien instalado en adepto. Un libro de Abraham el Judío, que le fue revelado en sueños y que después compró por casualidad, fue el objeto de sus trabajos durante más de veinte años sin resultado. En un viaje a Santiago de Compostela como peregrino, se encuentra con el maestro Canches y este será quien le dará la llave de la materia primera. Tanto él como su mujer Pernelle se dedicaron a la Obra y a socorrer a los más desfavorecidos, creando 14 hospitales, tres capillas y restaurando cementerios, como el de Los Santos Inocentes de París.

En su libro Nicolás Flamel dice: «Habiendo construidos estas iglesias, cementerios y hospitales de esta ciudad, resolví hacer pintar en el cuarto arco del cementerio de los Inocentes (entrando por la puerta grande de la calle St. Denis, a mano derecha) las más auténticas y esenciales señales de arte aunque veladas con alusiones jeroglíficas a imitación del libro dorado del judío Abraham».

«Fue un lunes 17 de enero de 1382, hacia el mediodía, cuando en mi casa y con la sola presencia de Pernelle , lo hice. Al fin encontré lo que quería y lo conocí enseguida por el olor fuerte» Y dice que lo hizo otra vez el 25 de abril del mismo año; y luego, que lo hizo tres veces más con la ayuda de su mujer. Ambos, pareja de alquimistas, ofrecen una imagen de orden, de vida no ostentosa, sencilla, consagrada a los demás. ¿Era la suya una manera de ocultación del filósofo? La leyenda de Flamel , el mayor alquimista francés conocido, habla de que se le ha visto a él o a su reencarnación en distintas épocas y lugares, como relata Paul Lucas en el siglo XVII, quien afirmó haberlo visto en Asia Menor.

«Luces de Alquimia» de Arnold Waldstein de Espasa- Calpe S. A. Madrid, 1977.

«Libro de Nicolás Flamel que contiene la explicación de las figuras jeroglíficas que he mandado colocar en el cementerio de Los santos Inocentes de París».

Aviso a navegantes

 

Pont des Arts. Foto: Bárbara.

Pont des Arts. Foto: Bárbara.

Nuevo capítulo de la novela «Parisombra»  y  de cómo Niko Sureda y Michel tienen que deshacerse del cadáver del pintor mexicano y de su travesía por el Sena.

La función hace al órgano

Foto, Bárbara

Foto, Bárbara

Tenemos un dicho que afirma que «la función hace al órgano». En la foto vemos como una gran oreja perteneciente a esa enorme cabeza posada enfrente de la imponente iglesia de Saint Eustache parece haberse formado a fuerza de oír los insuperables y maravillosos sonidos salidos del órgano de dicha iglesia, uno de los de mayor calidad de Europa. Esta escultura, que encuentro fascinante es, además refugio y cobijo; esa mano te puede resguardar  de la  lluvia o de un sol implacable en un día en el que una se pierde andando alrededor de Les Halles.

Las marineras

"Marineras". Foto : Bárbara

«Marineras». Foto : Bárbara

 

Las marineras son un típico aperitivo que solo he visto y degustado en Murcia; ignoro quién las inventó, pero durante mucho tiempo las mejores las hacían en el bar «La tapa» ubicado en la plaza de las Flores. En la actualidad las hacen muy buenas en casi toda la ciudad. El secreto reside en la calidad de las anchoas y en la misma ensaladilla, que ha de ser buena y sabrosa. La feliz idea de poner sobre una rosquilla ensaladilla rematada por una anchoa parece una cosa que se le puede ocurrir a cualquiera, mas como todos los buenos inventos son el resultado del ingenio unido a la sencillez; como feliz fue la ocurrencia de poner un palito a los caramelos ¡et voilà, ya tenemos los Chupa-Chups! Tomarse una marinera en verano con una jarra de cerveza es una delicia que les recomiendo; cualquiera puede prepararlas en casa para los amigos. Pero les advierto de antemano que comerlas tiene su técnica; lo principal es que la rosquilla no se parta ni que la anchoa se nos vaya, al primer mordisco, entera a la boca: de modo que se tiene que coger con cuidado y partir con los dientes un trozo de la anchoa y de esta manera llegar hasta el final sin que sobre ni falte ninguno de los ingredientes.Algunos bares tienen la delicadeza de partir la anchoa en varios trozos, pero esto le quita  la gracia y solera de comerse una marinera como dios manda.  Advertencia: la clásica marinera no suele llevar aceituna y debe comenzar a comerse por el lado contrario a donde se unen los dos lados de la rosquilla.

Théophile Gautier

"La sonrisa del Buda". Foto: Bárbara.

«La sonrisa del Buda». Foto: Bárbara.

Poder leer a un autor en su propia lengua es un placer del que disfrutan los estudiosos de los idiomas o los que han tenido el privilegio de vivir en distintas culturas. Los países de habla derivada del latín tenemos una raíces comunes que facilitan la labor en varios países europeos, pero que en el caso de España está por demostrar, bien por vagancia congénita o por falta de interés; y esto teniendo ventaja; no obstante el caso se pone más peliagudo si nos adentramos en lenguas sajonas, ahí la cosa se complica; es sabido que del mismo modo que hay pueblos como los eslavos, que tienen una facilidad pasmosa para los distintos idiomas, otros como el nuestro carecen del llamémosle «estímulo» suficiente para adentrarnos en el mundo no latino. Aunque sé también que últimamente nuestros jóvenes más lanzados inmersionan en el japonés y el chino mandarín y quiero creer que no todos acuciados por la necesidad de volar como aves migratorias (la UE se está poniendo imposible), sino por el simple placer de leer a Confucio, por poner un ejemplo en su propia salsa. A mí, que me siento muy cerca de la filosofía budista, me supone una gran frustración no haber pasado del francés, que adoro, y del catalán, que encuentro que es la lengua más bonita para decir «palabras de amor» como dice Serrat.

Todo este largo preámbulo para decir que me sé de memoria trozos de «La muerta enamorada» de Théophile Gautier, relato que estudié en mis cursos de francés y que la he disfrutado y sigo disfrutando junto con otros relatos del mismo autor. El maestro Gautier, que nació en Tarbes (Francia) en 1811 y murió en París en 1872, fue además de narrador, poeta, fotógrafo, columnista y escritor de libros de viajes y fundador del Parnasianismo como reacción frente al Romanticismo. El parnasiano tiene por lema «el arte por el arte», aspirando a la belleza al margen de la moral. La altura literaria de Gautier es indiscutible; Baudelaire le dedicó su obra maestra «Las flores del mal» y Balzac y Victor Hugo fueron amigos y admiradores de su obra; este último escribió una sentida «Elegía a Théophile Gautier». Si quieren adentrarse en un auténtico relato de vampirismo, escrito con un estilo elegante, de gran belleza descriptiva con la hondura sicológica de un clásico, lean «La muerta enamorada» y, si pueden hacerlo en francés, mejor que mejor: un auténtico placer.

En el Henares

Rincón del Henares. Foto: Bárbara.

Rincón del Henares. Foto: Bárbara.

Envidio a todo ser viviente cuyo elemento natural es el agua. Dicen que la vida surgió en el mar y debe ser así cuando tantas veces lo añoro; me he sentido anfibio, pez, medusa, estrella de mar o una simple lapa agarrada a las rocas. Y cuando veo a los patos ( en general todos los palmípedos que se deslizan lo son por mi ignorancia) me entra un sentimiento grande de nostalgia y otra cosa que no dudo en calificar de pura envidia. Me paro a contemplar su ir y venir tan elegante, su condición de seres libres no sujetos a horarios ni a hipotecas que veranean todo el año sin pagar por ello. Los miro y me digo que el mundo está mal repartido.