Lobo lunar

Fanaticón y receloso, Lobo lunar sostenía el peso de la noche. Una frase zumbaba sobre el paisaje; incómodo el modo de traspasarlo, si es que, carajo, hay modo. Los escarabajos peloteros, llenos de mierda, jugaban al ping-pong; monumental el desorden en el camino que, fluctuante, emergía entre los helechos eléctricos, galvanizados. Los dioses lares fueron propicios a Caperucita que, inconsolable ante la muestra simbólica de la magia, se despachó a gusto con el lobo. Carioca la luna de agosto lloraba mojitos, carioca la luna;  pendón el lobo, que con tanto desorden no hay modo.

Un bistro con encanto

Bistro Relais Odeon. Foto: Bárbara.

Bistro Relais Odeon. Foto: Bárbara.

En el corazón de Saint Germain se encuentra el bistro Relais Odeon, fundado en 1900. Comer a mediodía en el interior, por aquello de la canicule  del verano, está muy bien o cenar en la terraza casi mejor; en cualquier caso otra opción como es tomar el aperitivo  siempre es una delicia; los domingos se puede tomar un brunch, que para los dormilones está  más que bien. Este Restaurante-Brasserie está muy cerca del «Procope», del que ya hemos hablado en otras ocasiones. París ha conservado los establecimientos emblemáticos sabiendo que estos, lejos de envejecer con el paso del tiempo, se ennoblecen y nos hacen soñar con otras épocas en las que la ciudad era la inspiración del mundo.

Cita de Leonard Cohen

Leonard Cohen dijo: «Mi reputación de mujeriego fue un chiste que me hizo reír con amargura las diez mil noches que pasé solo».

Paseando por el Louvre: un cántaro beocio muy curioso

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

Cántaro de Beocia, Museo del Louvre

El tiempo veraniego propicia el paseo y, paseando por el Museo del Louvre, nos encontramos con este curioso cántaro beocio del siglo VI. Una de las asas está reemplazada por el hocico de un jabalí y en la otra vemos, con sorpresa, un ojo -de quién o de qué especie, no lo sabemos-. Un dios con cuerpo de serpiente sujeta un pez con una mano y dos delfines colocados como al azar y una palmeta completan el conjunto; se puede decir que la decoración es debida a una tradición popular más que a un estilo definido.

Vieiras con berenjenas a la crema

"Vieira". Foto: Bárbara.

«Vieira». Foto: Bárbara.

Ahi va un pequeño homenaje a Galicia, a sus gentes, a sus rías prodigiosas, a su excelente gastronomía. La receta es sencilla y deliciosa, donde se aúna el sabor de los frutos del mar. de la huerta y el jamón, que además, si es ibérico, le aporta toda la untuosidad de su grasa buena para el colesterol.

Vieiras con berenjenas a la crema.

Ingredientes: una vieira por comensal, una cebolla grande, gambas rojas, salsa bechamel (leche, harina, mantequilla, nuez moscada, pimienta), una berenjena grande o dos pequeñas, un poco de vino blanco, unas lonchas de jamón o tacos; perejil para adornar.

 Partimos las berenjenas y las ponemos en un bol grande con agua y sal para que vaya soltando su amargor, durante media hora antes como poco. Pasado ese tiempo las pelamos y ponemos a cocer en una cazuela con agua; las escurrimos bien y reservamos. Con una rasera las partimos y chafamos un tanto. Limpiamos y troceamos las vieiras. Picamos la cebolla y la rehogamos en aceite de oliva; cuando vaya tomando un poco de color, añadimos las gambas peladas y las vieiras; rehogamos un poco nada más y retiramos del fuego. Le agregamos el jamón. Añadimos un poco, menos de medio vaso de vino, y ponemos al fuego fuerte unos minutos y reservamos. Hacemos una bechamel, que añadimos y mezclamos bien. Con esa crema resultante rellenamos las conchas de las vieiras y adornamos con unas ramitas de perejil. El resultado es espectacular; se puede gratinar un poco o no, yo en verano no las gratino.  Este plato pide ser acompañado de un albariño o de cualquier vino blanco bueno.

Opcional pero interesante: si no queréis añadir vino no pasa nada, en vez de vino añadís una reducción de fumet hecho con el jugo de las cabezas de las gambas a la bechamel y de este modo se intensifica el sabor a mar; siempre que tengo tiempo prefiero esto último.

Paseando por el Louvre: una paella griega

Muchos estarán disfrutando de sus vacaciones; en nuestro país, junto a la playa, sentados en el chiringuito, algunos estarán esperando disfrutar de una sabrosa paella con un tinto de verano. Aquí llamamos paella al contenido del recipiente plano de dos asas; este es un error frecuente, pues lo correcto es llamar paella al recipiente, que así es como se llama. Paseando por el Museo del Louvre nos encontramos con esta copa jónica llamada «El pajarero» que, vista desde arriba, parece totalmente una paella.

Bromas aparte, la copa de mediados del siglo VI realizada con la técnica de las figuras negras todavía indecisa, representa la figura de un hombre que sujeta las ramas flexibles de dos árboles, entre las cuales se puede ver un pájaro y a la izquierda, lo que parece un saltamontes.

Cita de Camus

En el festival de Avignon Albert Camus dijo: «Date prisa en gozar, a la alegría hay que cogerla pronto, a su sombra crecen juntos el dolor y la muerte».

La cocina de los pintores IV

"Estudio". Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

«Estudio». Foto: Aurelio Serrano Ortiz.

La experimentación con los distintos materiales constituye la parte más interesante del trabajo de un pintor; los soportes sobre los que se ha realizar dicha experimentación contribuyen de forma notable al resultado final. Al principio de mi trayectoria pictórica, un galerista me comentó con mucho desparpajo, a la vista de unos trabajos que había realizado aplicando óleo sobre papel, sorprendido quizá por su calidad, que «es que el papel es muy agradecido», restando mérito a mi trabajo.  Poco tiempo después, un gran crítico de arte me comentó que no sabía cómo había conseguido esas «calidades», «que él, pintor frustrado, lo llevaba intentando durante años sin conseguirlo, utilizando unas esponjas»; como es natural, le agradecí sus elogios, pero no le revelé mi técnica. Mi juventud de entonces me impidió ser generosa y humilde; hoy con gusto habría compartido mis «secretos de cocina». La experiencia es el resultado de horas y horas de trabajo; el estudio de un pintor es un laboratorio donde se vuelca la pasión y el amor por lo que se hace. Hay una regla que no falla: trabajo, trabajo, trabajo y no tener miedo al fracaso; investigar y experimentar por disparatado que sea a priori. Y, si me apuran, cuando más ilógico pueda parecer el «invento», mejor. En una conferencia que di en unas jornadas organizadas por la Universidad de Murcia sobre «Técnicas al agua», los alumnos de arte me hicieron muchas preguntas precisamente sobre la cocina de la acuarela.  Por entonces preparaba una exposición en Cuenca en torno a la obra de Fernando Zóbel, uno de los fundadores del Museo de dicha ciudad. Sus acuarelas son de una belleza y perfección técnica insuperables; para ello había estudiado a conciencia su trabajo y me puse a experimentar. Una cosa que descubrí intentando llegar a unos tonos tostados con unas notas doradas fue la utilización de un tipo de café torrefacto portugués que me proporcionó muchas alegrías; después me he enterado que otros lo han hecho: no hay nada nuevo bajo el sol; pero esto es solo un ejemplo de lo bien que se lo puede pasar uno recorriendo caminos que desconoce… A los alumnos que asistieron a aquella conferencia esa tontería del café portugués les encantó.

Picasso, que fue un gran investigador, utilizaba los pigmentos del pastel mezclados con óleo y la acuarela con pastel. Todo vale, si el resultado es bueno.

Ramsés II y su visita a París

Obelisco, Place de la Cordorde. Foto: Bárbara.

Obelisco, Place de la Condorde. Foto: Bárbara.

En tono jocoso podríamos decir que Ramsés II le devolvió la visita a Napoleón, aunque esta no fuera propiamente de cortesía. Pocos faraones tuvieron la grandeza de Ramsés II, cuyo reinado superó los sesenta años y una vida tan longeva más allá de los noventa. Hijo del también grande Seti I se destacó en sus primeros años de reinado por sus dotes militares y las sucesivas campañas contra los hebreos y los hititas; famosa es la batalla de Qadesh contra estos últimos, aunque los cronistas no se ponen de acuerdo sobre el final de la misma. A la vez que controlaba y pacificaba los territorios fronterizos, dedica parte de su longevo reinado a la construcciones de grandes obras monumentales para mayor gloria de su imperio. En 1881, por casualidad, se encuentra en el Valle de los Reyes un auténtico tesoro arqueológico: más de cuarenta momias de los faraones de la XVIII Y XIX dinastía, que habían sido depositadas en una gruta de Deir-el-Bahri por los sacerdotes de la dinastía XXI para evitar los saqueos de las tumbas. Entre todas las momias se encontraba la de Ramsés II. Gaston Maspero, artífice del hallazgo, fue el primero en ir separando las vendas de este faraón con fama de cruel, mujeriego y altanero; el momento debió ser impactante: la cara era la de un anciano de nariz prominente y su estatura, de alrededor de un metro ochenta.  La momia, hasta entonces perfectamente conservada, se fue deteriorando tras ser expuesta el público. Para los arqueólogos, conservadores y restauradores de todo el mundo este hallazgo fue tan importante y concitó tanta curiosidad como el de la de Tutankamón.  Una conservadora del Museo del Louvre, Cristianne Desroches fue requerida por el gobierno Egipcio para que analizara el estado del faraón. Valéry Giscard d’Estaign vio la oportunidad política de exponer la momia en el Museo del Hombre de París o en el Grand Palais y convenció al presidente egipcio Anwar el-Sadat, que comprendió así mismo la rentabilidad política de semejante viaje -cómo son los políticos-.

Dicho y hecho, el 26 de septiembre de 1976 llega a París la momia del faraón al aeropuerto de Le Bourget. ¡Si Napoleón levantara la cabeza, le tendría que rendir cuentas de todo lo que se llevó en sus campañas de Egipto!, todo hay que decirlo, y que no fue poco.Y se le rinden honores militares y protocolarios de un jefe de Estado. Y para mayor inri, al furgón de Ramsés se le da una vuelta por la Place de la Concorde, alrededor del obelisco del templo de Luxor. ¡La historia es implacable e impecable, al menos en este caso!

El caso es que la momia fue curada en Francia, fue radiada en Grenoble con rayos gamma de cobalto 60 que no la dañaron. Todos los hongos que la estaban destruyendo fueron eliminados. En la actualidad está expuesta en una urna de cristal en el Museo de El Cairo.