Gustave Moreau, «Orfeo»

Gustave Moreau: "Orfeo". Museo del Louvre.

Gustave Moreau: «Orfeo». 1895.  Óleo sobre lienzo, 154 x 100. Museo d’Orsay (París)

 

Este «Orfeo» o «Joven tracia llevando la cabeza de Orfeo» de Gustave Moreau contiene todo el misterio y la emoción de la pintura simbolista. Moreau, pintor francés nacido en París en 1826 y fallecido en 1898, está considerado como el pintor prerrafaelita francés que como ellos vuelve sus ojos a las leyendas antiguas, a los temas bíblicos y mitológicos; de su paleta destacan los brillos dorados y su peculiar sentido del color, como buen conocedor de Miguel Ángel y Mantegna, con un acabado minucioso propio de un miniaturista.

Según el poeta Ovidio, Orfeo muere descuartizado a manos de las mujeres de Tracia, que no le perdonan que, tras su descenso a los infiernos en busca de su mujer Eurídice, pasara años sin querer trato con ellas. Se cuenta que, aun separada del cuerpo, la cabeza siguió cantando. En el cuadro, la cabeza reposa sobre la lira, de ahí la expresión de tristeza del rostro de la joven que la recoge. Esta hermosa obra de Moreau estuvo con anterioridad en el Museo del Louvre.

Ensalada de zanahoria

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

La ensalada de zanahoria con bastante perejil es una ensalada que encanta a los parisinos; aunque simple, es perfecta por la vitamina C del perejil y todas las bondades del caroteno.  Yo le añado unas pipas de calabaza y unas algas dulse (palmaria palmata) que contienen yodo, fósforo, magnesio calcio y zinc; en caso de no encontrar la dulse, la lechuga de mar también es fenomenal. En grandes superficies y en tiendas especializadas se venden los paquetes de algas deshidratadas. Es una ensalada genial para este tiempo y para todo el verano; más sana imposible.

Ingredientes: Zanahorias, un puñado de algas deshidratadas, un manojo de perejil, pipas de calabaza peladas, aceite de oliva, vinagre de manzana, sal y pimienta, un poco de zumo de limón.

Aunque venden la zanahoria ya cortada, prefiero cortarlas en cintas con un pelador; en un bol con agua ponemos el puñado de algas para que se hidraten (cinco minutos en este caso). Picamos  el perejil. Escurrimos las algas y en una ensaladera mezclamos todos los ingredientes y aliñamos. Suelo dejarla preparada en la nevera y la aliño en el momento.

En la Piazza della Signoria…

Foto: Bárbara

El rapto de las sabinas de Giambologna. Foto: Aurelio Serrano Ortiz

Foto: Bárbara

Hércules y Caco de Bandinelli. Foto: Bárbara

En la Piazza della Signoria de Florencia, la escultura de Bandinelli acoge siempre a las palomas.

En la Loggia dei Lanzi, que toma su nombre de los lanceros, guardia personal de Cosme I, diseñada por Orcagna, «El rapto de las sabinas» de Giambologna de 1583 nos admira por los pliegues de la tela, por la admirable disposición de los volúmenes y «el barroquismo» de las formas.

Giacometti, escultor II. La soledad del individuo

Giacometti: Mujer grande II. 1960. Kunsthaus, Zurich.

Giacometti: Mujer grande II. 1960. Kunsthaus, Zürich.

 

Giacometti:  "La Crairière". 1950. 59 x65 x 52 cm.

Giacometti: «La Crairière». 1950. 59 x65 x 52 cm.

 

El gran dibujante que busca el realismo de la figura y su relación con su entorno hicieron que Giacometti, a pesar de poseer todas las cualidades precisas, después de finalizar su aprendizaje con Bourdelle en París, abandonara la figuración por considerarse incapaz de expresar lo que quería. El arte de Giacometti es el resultado de esa obsesión a la que finalmente consiguió dar forma de manera magistral; cualquier proceso creativo lleva su tiempo y la decepción que sentía le hizo realizar incursiones en el cubismo, y dar forma a esculturas-objeto, en las cuales se puede ver la influencia de Arp. En los años 30, Breton y Dalí lo introducen en el círculo surrealista, que abandona cinco años más tarde cuando decide volver a la representación figurativa y tras cometer la «aberración» de realizar trabajos decorativos, actos ambos que los surrealistas no podían consentir. Su obsesión volvía con más fuerza, el dibujo, el modelado, la pintura del natural serían las vías que le llevarían al camino, esta vez definitivo, del realismo. Giacometti no busca el parecido; a través de la reducción y del esquematismo nos habla de la soledad del hombre contemporáneo, y establece un diálogo con los filósofos existencialistas; es un hombre de su tiempo que enraíza y siente también las angustias del individuo como ente social, en su acción creativa. Su amistad con Sartre y Simone de Beauvoir fue un intercambio  más que fructífero.

Plateándose al atardecer

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Foto: Bárbara

Estar agazapada buscando un tono, según las horas, no es nada nuevo ni original pero es cuanto menos muy entretenido y el tiempo pasa volando.

Buda de la dinastía Gupta

Britihs Museum (Londres)

Britihs Museum (Londres)

 

La imagen del Buda de la dinastía Gupta -la edad de oro del arte indú-  intenta reflejar lo humano idealizando la figura de forma que se transmita la serenidad extrema, la paz y alegría interior propias del ideal budista. La máxima expresión de esta religiosidad llena de dulzura son las figuras del Buda creadas en Samath durante la época Gupta. Esta dinastía se fundó en el norte de la India hacia el año 320 cuándo la presión militar y política ejercida sobre los reyes Andhra hacen desparecer el arte de Amaravati, y reinó hasta el año 650 alcanzando las artes visuales y la literatura escrita en sánscrito su máximo apogeo, influyendo las fábulas en el mundo musulmán (Las mil y una noches) y en el mundo Occidental (Chaucer, Boccaccio, Lafontaine…). La famosa obra de Kalidasa, el mayor poeta y dramaturgo de la India, «Sakuntala» influyó en muchos escritores europeos, entre ellos Goethe.

Andy Warhol, el pop art

Andy Warhol:

Andy Warhol: «Mao». Pintura de polímero sintético y tinta de serigrafía sobre lienzo.448 x 346 cm. 1973.

¿Hay alguien más genuinamente americano que Andy Warhol, sus pompas y sus obras? ¿Quién no conoce sus latas de sopa Campbell y sus botellines de Coca-Cola? El rey del pop art, de origen eslovaco y nacido en Pittsburg, lleva en sus genes el espíritu aventurero de los primeros colonos; habiendo destacado desde joven en arte, es después de un viaje alrededor del globo cuando decide conquistar el nuevo mundo y el mundo entero. Andy lo consigue en todo lo que su genio toca, cine, publicidad, colaboraciones musicales, pintura… Y como nada surge de la nada, el pop art se inspira en el dadá y hunde sus raíces en el Marcel Duchamp que eleva a la categoría de arte la elección de un objeto de la vida cotidiana; el arte ya no reside en la realización manual. La elección puramente accidental o banal encierra una crítica irónica sobre el consumismo, el materialismo, el dinero, la fama… Sus latas de sopa y las botellas  de cola son los iconos de los nuevos tiempos, siendo presentados por primera vez en la exposición en el Paul Bianchinni bajo el nombre de «El supermercado estadounidense»; corría el año 1964.

La unión de arte y vida, esa es la idea. Warhol utiliza la fotografía y la serigrafía como antes no se había hecho. Las fotografías bien conocidas de estrellas de cine como Marilyn Monroe y Elizabeth Taylor, o de la música como Elvis Presley y Mick Jagger reiteradas en distintos colores, o  bien accidentes de tráfico, la silla eléctrica, animales, flores o sus retratos son el resultado de su trabajo incansable de las décadas de los sesenta y setenta; los ochenta fueron años más tranquilos en los que el artista juega también y proyecta su imagen andrógina, tanto o más importante que su obra, él es el icono del pop. Su estudio The Factory fue no solo un lugar de reunión de los artistas underground de N. Y., fue también un centro de creación, de intercambio de ideas. Warhol muere en N. Y. en 1987. Su excentricidad y su magnetismo crearon escuela, todos querían formar parte de su círculo, pero Warhol es único e irrepetible.

El retrato de Mao, soberbio, me inspira más que sus latas; es solo cuestión de gustos. El mayor icono de la China revolucionaria es su guiño más genial.

Andy Warhol:

Andy Warhol: «Mick Jagger». 1975

Max Ernst, jugando muy seriamente

Max Ernst con caballito mecedor. París 1938.

Max Ernst con caballito mecedor. París 1938.

El aire solemne del pintor choca con el caballito -objeto del deseo de cada niño-,  congelado por el fotógrafo y por ese gesto de Marx Ernst.