
André Kertész: «Tulipán melancólico». 1939, N.Y.

André Kertész: «Chez Mondrian». 1926. París.
Dos muestras magníficas que no tienen nada que ver con la serie «Distorsiones», aunque la luz, la mirada y su maestría son patentes. La primera de ellas para mí es realmente impresionante, bellísima y bellísimo ese tulipán víctima del sentimiento; la sobriedad y perfección de «Chez Mondrian» es toda una lección que no habría que olvidar. Cuando llega a París se instala en Montparnasse y se dedica a retratar a escritores y artistas de su círculo de amigos, como Fujita, Mondrian, Chagall, Colette… Kertész fotografía escenas de la vida cotidiana, en ambientes naturales, pero a partir de 1928 su mirada se vuelve más sofisticada, con luces artificiales, perspectivas en diagonal e incluso aéreas, con encuadres esmeradamente construidos y sombras protagonistas. Su primera exposición individual la realizó en una pequeña galería de Montparnasse,»Le sacre du Printemps», en 1927. El artista, a lo largo de toda su vida, no cesa de experimentar, pero siempre siguiendo los dictados de su propio deseo; así, en los años sesenta, desde el piso 12 de su casa de N.Y., realiza unas tomas abstractas de Washington Square. En 1962 decide poner fin a su carrera. Este grande del arte de la fotografía dijo: Yo escribo con luz. Y yo añado: «y con poesía». Arte con mayúsculas y, aunque el azar a veces juega su partida, él no dejó nada al azar o casi nada.