Modigliani, escultor

 

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Cabeza, 1910-12

Con seguridad, el pintor Amadeo Modigliani es más conocido que el Modigliani escultor, aunque fuera esta faceta artística la primera vocación del artista. Visitando su tumba, en el cementerio parisino de Le Père-Lachaise me encontré a una joven muy hermosa sentada sobre su lápida en una actitud de recogimiento que me impresionó; había algo en su actitud corporal que denotaba una profunda tristeza; en sus manos, una rosa amarilla; absorta, no me vio llegar y yo permanecí a distancia por no interrumpir algo que presentí tenía algún significado que se me escapaba y esperé a que se fuera. Su presencia, su forma de estar aún hoy me conmueve sin saber porqué, pero desde entonces no puedo dejar de asociar a Modigliani con esa rosa amarilla.

La primera vocación del artista fue, aun antes de su llegada a París, la escultura, de modo que ya en 1908 realiza sus primeros bocetos y dibujos sobre las cariátides. El arte africano es, sin duda, la gran influencia que le hace estilizar las figuras y los rostros de esa manera tan inconfundible. En Montparnasse, donde se instala, conoce a Brancusi, el escultor rumano que le anima a tallar la piedra directamente; primero utiliza materiales duros como el mármol y luego materiales más blandos como la arenisca. Durante cinco años se dedicó casi exclusivamente a la escultura. La reflexión, estudio y dedicación a la escultura que vierte posteriormente en la pintura, dota a su arte de una personalidad y originalidad únicos, un corpus sin fisuras que nos lleva a los orígenes mismos de la creación primigenia.

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Cabeza, 1911-12. Tate Gallery. Londres

 

 

José Luís Peixoto, «En tu vientre»

 

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José Luís Peixoto es una de las figuras más reconocidas de las letras portuguesas. Su obra ha sido traducida a más de quince países de todo el mundo. Quizás fue «Cementerios de pianos» la obra que lo lanzó definitivamente a nivel internacional. Alguien que se acerque a «En tu vientre» sin saber nada de este autor se dará cuenta de inmediato de que se trata de una obra magníficamente escrita y que el argumento o pretexto es un arma que le permite conjugar varias voces para indagar en la creación, en la relación que se establece entre el autor y la palabra, paralela a la que existe entre la madre y su hijo. Lo inteligible, el misterio de la creación, la fe depositada en lo intangible se sustancia a través de Lucía, la niña lusa que afirmó que se le aparecía la Virgen; pero no se trata de un libro estrictamente religioso o mariano, y tampoco se trata de afirmar o negar si los hechos se produjeron o no, se trata de narrar a través de la niña el citado misterio de la creación, incluida la voz de la madre del autor. La investigación  sobre el poder de las mujeres, que transmiten la vida, sus sentimientos, su papel en ese mundo rural, sus vidas a pesar de ellas. Un libro en definitiva para la reflexión, para una lectura sosegada, para degustar el sabor de las palabras bien encadenadas en una prosa poderosa, subyugante.

Publicado por Literatura Random House, 2017.

Flor de Pascua

 

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Foto: Bárbara

 

En esta época del año todo se viste de verde y rojo. A mí, curiosamente, la flor de Pascua me recuerda a otras latitudes donde se celebra la Pascua en mangas de camisa. Era cuando vivía en las Islas Canarias y cuando, para ir todos los días al Instituto, tenía que atravesar el parque de la ciudad de Tenerife; allí la flor de Pascua formaba hermosos  arbustos que contrastaban con los enormes bambúes que formaban un pasillo lateral tan espeso que parecía la nave de una catedral; se unían allá en lo alto y yo me sentía allí al abrigo de cualquier contingencia. Era un lugar realmente hermoso. Por estas fechas, compramos la flor de Pascua para adornar nuestras casas; personalmente es lo que más me habla, me dice que llega la Navidad, al margen de las creencias religiosas que cada uno pueda tener: es un tiempo de reencuentro familiar, de amistades, de celebración y, al fin, de regeneración, de promesas de que la vida sigue, aunque en el año que termina algunos seres queridos se hayan ido para siempre. Por esto último es, como la vida misma, una mezcla de sentimientos que nos deja un sabor agridulce.

Ensaladilla de huevas

 

 

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Fotografía y receta: Bárbara

 

Deliciosa ensaladilla cuya base principal es el arroz blanco. Una vez hecha la dejamos en la nevera hasta el momento de utilizarla. Las huevas vienen prensadas y se comercializan  como si fuera un embutido envueltas en una especie de «piel»; con una vinagreta simplemente están muy buenas.

Ingredientes: Arroz, lechuga, variantes, alcaparras,  salsa mahonesa, huevas.

Hervimos el arroz con agua salada. Escurrimos bien. En un cuenco ponemos el arroz, los variantes, las alcaparras y la salsa mahonesa (mejor si esta es casera). Quitamos la piel a las huevas y las cortamos en rodajas. Cortamos la lechuga en tiras y la aliñamos con aceite, vinagre y sal. Añadimos la lechuga y las rodajas de huevas y más salsa y mezclamos bien. A esta ensaladilla  se le puede agregar unas gambas cocidas. El resultado es sorprendentemente bueno.

 

Lobo Lunar

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Tras aquel profundo aullido, Lobo miró embelesado a la Luna. El aire se había aquietado, pero aún, las ramas de los árboles salpicaban el suelo con blancos copos de nieve; él buscó, olfateando el aire, el camino de vuelta a la lobera; el frío era polar. La sangre de la pata herida era negra, seca y aun así se lamió el pelo gris apelmazado; a lo lejos oyó los cascabeles de un trineo y creyó ver la silueta gruesa de un anciano que cabalgaba los sueños infantiles hacia caminos vedados para él. Su suerte estaba echada, maldita por su condición de predador; lo supo desde el momento en que aulló a la Luna por primera vez; inexorablemente soñaría con caperucitas.

Palatino de Vandalia

 

 

PORTADA

Este ejemplar, escrito por Manuel López Flores en 1947 y publicado en 1963, es un sorprendente y singular libro de caballerías que aparece en la primera mitad del siglo XX, como si el autor no fuera con los tiempos en los que le tocó vivir. Personalmente no tengo constancia de ningún otro autor contemporáneo que escribiera libros de caballeros andantes. Esto, ya de por si es un dato que dota al libro de una originalidad muy notable y más si vemos que está escrito en un lenguaje arcaico, remedando el de los libros de caballerías; valga el ejemplo siguiente: el título del capítulo 26, «Donde se relata por menudo el extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le acaeció a nuestro héroe, con ocasión de su primera salida como caballero andante» o el del XIII, «De los discretos coloquios que pasaron entre el escrupuloso doncel y su prosaico y ladino escudero». Por otro lado, es curioso que la mayoría de los personajes del libro lleven nombres relacionados con la Química, como el mismo Palatino (platino), Litio, Rutenio, Argón, Cuprum (cobre)… Este ejemplar está encuadernado en tela editorial con dorados y gofrados.

Son evidentes, como no podría ser de otra forma, los paralelismo con el «Quijote».

 

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Almejas al vino

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Almejas al vino. Foto y receta: Bárbara

Un entrante que se hace casi solo.

Ingredientes: 1 cebolla mediana, vino blanco, perejil, aceite de oliva, pimienta y sal.

Troceamos la cebolla en trozos pequeños y los ponemos a pochar  con dos cucharadas de aceite de oliva virgen, añadimos un poco de sal. Agregamos las almejas y dejamos que se vayan abriendo; rociamos con vino blanco y sazonamos con pimienta.

Paula Modersohn-Becker

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«Naturaleza muerta con cántaro amarillo», c. 1905.

Hoy en día se puede considerar a esta artista como una de las precursoras del expresionismo. En el norte de Alemania, en el siglo pasado, surge un movimiento lírico que se acerca a la naturaleza como reacción al arte académico, en un estilo muy próximo al naturalismo. Es en estas condiciones donde surgirá después el expresionismo. Paula nace en Dresde en 1876, se casa con el entonces ya conocido artista de Worpswede, Otto Modersohn quien, junto con el poeta Rainer Maria Rilke, pronto  reconocen su talento artístico. Gran admiradora de Gaugin y de los pintores autodidactas de Bretaña, su trabajo se va centrando cada ve más en la obra de Cézanne y, como consecuencia, en el estudio de las formas en planos y a remarcar los perfiles de forma expresa. Su paleta, no obstante, de colores suaves, comienzan no a describir sino a expresar. El primitivismo  en el que se inspira lo encuentra en la colonia artística de Worpswede, cerca de su casa. Paula se forma en la Escuela de Pintura de Berlín de la Asociación de Artistas Berlineses y en París, donde acude a L’École des Beaux Arts, visitando museos y galerías de arte; conoce la obra de Rodin y la de los postimpresionistas nabis… Todo ello no solo contribuye a su formación sino que fue fuente de inspiración. Posteriormente su vida bucólica con Otto en la colonia artística, donde es reconocido su trabajo, le va a permitir dar el salto y avanzar dejando atrás los cuadros de género, adentrándose en el simbolismo; de ahí surge «La vieja campesina» de 1903, que es un cuadro atemporal donde se refleja el cansancio y la dureza del trabajo en el campo. Se produce la ruptura con Otto y Paula vuelve a París donde el apoyo y reconocimiento del escultor Hoetger la anima a seguir trabajando; en realidad Paula trabajó solo una década y su muerte prematura, tras dar a luz a su primer hijo, nos privó de ver su evolución, aunque ya presagiaba su inmersión en el expresionismo del que fue precursora, una adelantada en solitario. Tanto su vida como su obra están marcadas por su condición de mujer, algo que, aún hoy, es en muchos casos una losa.

 

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«Otto durmiendo», 1906.