Acmeísmo

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Anna Ajmátova

El acmeísmo es una corriente literaria rusa que surge en 1911 durante el llamado Siglo de Plata, en contraposición al simbolismo. El nombre proviene del termino griego «acme» que significa florecimiento, grado sumo de algo.  En el otoño de 1912 un grupo de poetas jóvenes, huyendo del romanticismo místico de los simbolistas, se reunieron en casa de Gumilev con la idea de crear una nueva corriente que se basase en un mundo concreto y real, lejos de lo que significa la búsqueda de la esencia oculta de las cosas, de modo que rechazan de plano lo inconcreto y, por el contrario, buscan la claridad, la lógica y la concreción. Los acmeístas  se consideran unos artesanos de la palabra y por ello llaman a sus reuniones «Taller de los poetas». Los poetas rusos que se consideran a sí mismos acmeístas son: Ajmátova, Narbur, Gumilev, Gorodetsky, Zenkevich y Mandelshtam. Al año siguiente aparece el primer número de la revista «Apollón» con sendos artículos de Gumilev y de Gorodetsky, que son considerados como manifiestos del movimiento. En las reuniones del «Taller de los poetas», Gumilev dirigía de alguna forma los debates y analizaba largamente el porqué una obra se la podía considerar buena o mala. Los poetas acmeístas también se reunían en «El perro vagabundo», un bar testigo de lo que Anna Amátova expresó de la siguiente manera: «Todos estamos ebrios, perdidos» y afirmaba rotundamente: «Sí, yo amaba aquellos encuentros nocturnos»; y ciertamente aquellas reuniones se prolongaban hasta el amanecer. En aquel celebre café no solo iban los acmeístas, también los simbolistas, los futuristas alrededor de Maiakoski, así como los seguidores de Igor Sevirianin y de Jlébnikov. Todos los poetas de Petersburgo veían nacer un nuevo día en aquel mítico café.

Ensalada de lentejas con setas

 

Después de estos días de fiestas en las que todos nos reunimos alrededor de una mesa, esta receta, tan sencilla, nos puede venir muy bien para desengrasar un poco.

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Receta y foto: Bárbara

Ingredientes: setas portobello, lentejas, perejil, aceite, pimienta, sal y vinagre.

Limpiamos con un trapo húmedo las setas y las laminamos. En una sartén caliente con solo un chorrito de aceite de oliva virgen, las doramos ligeramente. Cocemos en una olla rápida las lentejas o bien utilizamos las que vienen ya cocidas; en este caso hay que ponerlas debajo del grifo y lavarlas muy bien a fin de quitar cualquier resto del líquido en el que se han conservado. En un cuenco ponemos las lentejas con las setas y simplemente lo aliñamos con aceite de oliva virgen extra (a ser posible), un poquito de vinagre, salpimentamos y añadimos un poco de perejil. Más rápido y simple, imposible. Bon profit!

En Nimes

 

 

 

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Gare de Nimes. Foto: Bárbara

A la salida de la gare de Nimes, una se encuentra con un paseo bordeado de árboles y justo a mano izquierda con un bar brasserie que nos llamó mucho la atención: Les Fleurs du Malt que nos hizo sonreír pensando en Baudelaire y su archifamosísima obra «Les fleurs du Mal» y nos acordamos inmediatamente de nuestro querido amigo el catedrático de la Universidad D. Francisco Torres Monreal, gran conocedor de la obra de Baudelaire. Pero en definitiva el asunto tenía que ver con con las flores de malta y la cerveza.

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Foto: Bárbara

Dalias

 

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Dalias. Foto: Bárbara

 

Son días de poda. Las lantanas, ahora, son solo troncos leñosos casi a ras de suelo. Parece mentira que en un espacio pequeño, como es este, quepan tantas hojas; tantas, que al abrir la puerta de la casa se cuelen un montón de ellas. Con el jardincillo pelado, aún se nota más el frío. Miro las dalias o mejor dicho, lo que queda de ellas y me sorprende ver que a pesar de tanta desolación están brotando tallos verdes y que incluso una gitanilla, a mis espaldas, luce brotes que explotarán en  flores rosas. Y me digo, para mis adentros: ¡que fuerza tiene la naturaleza! y que la vida se abre paso sin pedir permiso. Y me alegro de que eso sea así y de que todo siga su curso… Ya me imagino las dalias naranjas y amarillas junto con las de color de rosa, cuando en abril, con la primavera caminando hacia el verano, nos regale los mejores colores de una paleta tan difícil de imitar. Y yo sola me sonrío pensando en el esfuerzo inútil de los pintores… entre los que me encuentro.

Anna Ajmátova

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«Anna Ajmátova» dibujo de Amadeo Modigliani

Anna Ajmátova pertenece al movimiento acmeísta, el cual defiende la concisión de estilo, la economía del lenguaje, la exactitud del concepto y una preferencia por la imagen frente a la metáfora. Nacida en Kiev en 1889, Anna Andriéievna Gorenko vivió una época de hielo en la que la prosa vencía a la poesía o, mejor dicho, el prosaísmo sobre la poesía; su marido, el también poeta Gumiliov, fue fusilado acusado de conspiración y su hijo  varias veces encarcelado a pesar de las infructuosas gestiones de Gorki.  Anna vivió su drama personal, padeció el sitio de Leningrado, como el de muchas madres rusas, pero jamás renegó de su pueblo, cuyo destino abrazaba. Stalin y Zadanov la silenciaron y despreciaron, pero el pueblo ruso la compensó con creces: sus poemas corrían de mano en mano en los círculos literarios y las ediciones se agotaban enseguida. Una de sus obras más conocidas, «Requiem», la escribió a petición de una mujer del pueblo que la reconoce cuando hacían cola para ir a ver a sus hijos encarcelados.

Te llevaron al alba,

yo fui detrás, como a unos funerales,

niños lloraban en un cuarto oscuro,

goteaba un cirio ante una imagen.

En tus labios lo frío del icono.

No olvido de tu frente los sudores.

Mujer también, cual las de los Arqueros,

aullaré frente al Kremlim y sus torres.

Del libro de Anna Amátova » Requiem». 1935. Los arqueros, o Streltsi, eran la guardia personal de los Zares que, tras rebelarse contra Pedro El Grande, los mandó fusilar en  un número aproximado de dos mil.

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Edición de Barcelona 1967.

 

Modigliani y Anna Ajmátova

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«Anna Ajmátova (Retrato de mujer rosa)», 1915, Amadeo Modigliani

Una gran poeta y un gran pintor que se conocen en el París de 1910 y viven una corta pero apasionada relación amorosa. Así se podría resumir  el encuentro entre estos dos artistas y que, sin embargo, en el caso de Anna dejó una profunda huella que refleja en este poema:

En la oscura neblina de París

quizás otra vez Modigliani

camine imperceptible tras de mí.

Su triste naturaleza

incluso en el sueño me inquieta

de ser culpable de muchas desdichas

Pero para mí -su mujer egipcia- él es

la música que toca el viejo en el organillo.

Todo el rumor de París se esconde bajo esa música,

como el rumor de un mar subterráneo

que ha bebido del dolor

el mal y la vergüenza.

Anna Ajmátova, (variante de un  borrador de «Poema sin héroe»)

 

Fue en la primavera de 1910; se conocieron cuando ella llega a París con su marido, el también poeta acmeísta Nikolái Gumiliov. Y cuando ella regresa a Rusia él le escribe durante aquel invierno diciéndole cosas como estas: «Usted se quedó en mí como una obsesión».  Un año después, en 1911, Anna se escapa y vuelve a París para verlo. Paseaban por el Barrio Latino, por las orillas del Sena, por el Jardín de Luxemburgo y visitaban el Museo del Louvre, sobre todo el ala egipcia, pues él estaba fascinado por el arte del país de los faraones. Según cuenta la poeta, él debió de  hacerle unos dieciséis dibujos y que estos los hacía de memoria. Me los imagino paseando por París como una joven pareja de enamorados; él tenía veintiséis y ella veintiuno. Después de esa escapada, jamás volvieron a encontrarse.

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«Desnudo con gato», 1910.Carboncillo y lápiz sobre papel. Museo Sonmaya, México D. F.

Rape envuelto en hojaldre

 

 

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Receta: Aurelio Serrano García

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Receta: Aurelio Serrano García

Otra manera de hacer el rape para estos días de fiesta. En este caso va acompañado de unos tomates al horno con hierbas aromáticas y un puré de remolacha; el resultado es delicioso.

Ingredientes:

2 hojas de hojaldre, espinacas, lonchas de jamón serrano, colas de rape, tomates, hierbas aromáticas, remolachas, puré de patatas.

Extendemos sobre las hojas de hojaldre las espinacas, las lonchas de jamón y las colas de rape; enrollamos y pintamos con huevo batido por encima para que tome un bonito color dorado. Introducimos en el horno precalentado y  siempre, según la potencia del horno, lo tenemos entre 15 y 20 minutos porque no queremos que se haga demasiado el pescado a fin de que no quede seco; en función de la potencia lo ponemos a 170 o a 180 grados. Mientras, hacemos un puré al que añadimos una remolacha pasada por el pasapuré. Antes que nada haremos los tomates al horno, con sal y pimienta y las hierbas que más nos gusten. El resultado es un plato con una presentación preciosa y unos hechos inolvidables. Bon appetit!

Felices Fiestas

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Foto: Bárbara

Otro año que se nos va y otro que viene. El mundo no está precisamente para presumir de nada, siguen los conflictos en muchos países, hay hambre y miseria, plagas y enfermedades y, a pesar de todo, este es nuestro mundo, el nuestro y no tenemos otro. Cuidemos de él, que los políticos y responsables se arremanguen y se pongan a trabajar para que la utopía de paz algún día se haga realidad. Ese es mi deseo ingenuo, poco realista, lo sé, pero es mi sueño, que espero alguno de nuestros descendientes logren alcanzar. FELICES FIESTAS A TODOS DE TODO CORAZÓN.

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Foto: Bárbara

Cuisinière Parisienne

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«Cuisinièr Parisienne». Éditions Stéphane Bachès, Lyon, 2007.

Precisamente mi parisina preferida, mi querida Elena, me regaló este delicioso libro de cocina comprado en los bouquinistes del Sena. Este libro de viejo está lleno de  las recetas tradicionales francesas como la que aquí reproduzco de la deliciosa y reparadora sopa de cebolla que se servía de madrugada en Les Halles a los trasnochadores, amantes de la noche parisina y a los trabajadores del mercado que terminaban su jornada.

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«La sopa gratinada de les Halles»

Ocho cebollas grandes partidas, medio litro de caldo de pollo, una nuez grande de mantequilla, veinticinco gr. de gruyère o de comté rallado, cuatro rebanadas de pan tostado y una cucharada sopera de Jerez.

Empezamos por rehogar la cebolla cortada en rodajas finas a fuego lento en una cacerola con la mantequilla, removiendo hasta que la cebolla quede translúcida, apenas dorada. Calentamos  el caldo de pollo, le añadimos el Jerez y la cebolla. Dejamos que borbotee unos doce minutos, el tiempo de preparar cuatro cuencos individuales de porcelana con los trozos gruesos de pan y la sopa de cebolla; espolvoreamos con el queso rallado. Metemos los cuencos en el horno precalentado hasta que la superficie quede gratinada y bien dorada. Esta sopa se servía en todos los bistrots bordeando Les Halles, para reponer a los trabajadores después de una larga noche de trabajo.

Hay que aclarar que Les Halles era el antiguo mercado central de París y que hoy día es un espacio moderno lleno de tiendas, restaurantes, boutiques… En la deliciosa película «Irma la dulce» protagonizada por Jack Lemon y Shirley MacLein, en la que ambos dan vida a un gendarme y a una prostituta, se refleja perfectamente ese ambiente del París canalla y nocturno, alrededor de les Halles. En definitiva un espacio lleno de vida que se ha perdido para siempre; una pena. La vida moderna arrasa con todo y cualquier lugar del mundo hoy se parece tanto a otro, que a veces viajar no cambia tanto el paisaje. Bon appetit!!!

Volovanes

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Foto: Bárbara

Los volovanes pequeños, como estos, en estos días de comilonas y celebraciones alrededor de una mesa, nos vienen muy bien para rellenarlos de todo aquello que más nos gusta y, por su tamaño, es un bocado que nos permite degustar de todo un poco; estos los he rellenado de ensaladilla rusa y de chipirones en su tinta, pero se pueden hacer de salmón, de sucedáneo de caviar, etc., etc. Algunas veces he hecho los volovanes en casa porque son fáciles de hacer, pero estos tan pequeños es mejor comprarlos ya hechos, porque son más entretenidos y nos puede llevar mucho tiempo.

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