La disputa entre Góngora y Quevedo

GÓNGORA Y QUEVEDO

Retratos de Góngora por Velázquez y Quevedo por Juan van der Hamen

Góngora me ha llevado hacia Quevedo, como no podía ser de otro modo. Cada uno de ellos representa lo contrario del otro; Góngora representa el culteranismo y Quevedo el conceptismo. El antagonista de Góngora fue Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645). El culteranismo pasaba por la vuelta a los clásicos, adornada la escritura con figuras retóricas como el hipérbaton y plagada de cultismos, al contrario que el conceptismo, que iba hacia el concepto, dotando a las palabras de diversos significados, y por tanto polisémico, al mismo tiempo que conciso,por lo que se podría resumir con el dicho: «Lo bueno si breve dos veces bueno»; y, resumiendo más: el conceptismo era lo orgánico mientras el culteranismo era lo espiritual. La disputa entre ambos ha traspasado los siglos. Góngora tachó a Quevedo de patán ignorante de los clásicos y catador de vinazo tabernario; por todas esas lindezas lo llamaba: Francisco de Quebebo. Quevedo por su parte llamaba a Góngora clérigo huraño y lo tachaba de jugador y de homosexual, pero sobre todo de judío; así, en su famoso soneto «A una nariz pegado», alude a su prominente nariz.

Polifemo y Galatea

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Portada

El mito de Polifemo es recogido por Góngora en este poema escrito en octavas reales que  pronto se hizo famoso en el Madrid de 1612. El mito de Polifemo aparece ya en los orígenes de la literatura desde la Odisea de Homero y otros poetas griegos y latinos. El argumento es bien sencillo: es una historia de amor no correspondido que termina en tragedia. Se trata de un triángulo amoroso en el que aparece la bella Galatea enamorada de Acis y el gigante Polifemo que encarna la fealdad física con un solo ojo en mitad de la frente. Polifemo, al sentirse rechazado por Galatea, se venga de una manera muy cruel: decide matar a Acis arrojándole una piedra enorme, pero Galatea le pide a los dioses que conviertan a su amado en arroyo, cosa que le conceden. Esta figura del cíclope, la atracción por personajes monstruosos, más adelante será también una constante en el Barroco y se puede decir que llega hasta nuestros días. El poema tiene una belleza descriptiva notabilísima.

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Facsimil de «El Polifemo de don Luis de Góngora comentado». Extramuros edición S. L. Sevilla 2008

Encogida de frío

 

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Después. Foto: Bárbara

Una dalia encogida de frío. De sobras sé que en general las flores no se encogen de frío, pero eso fue lo que pensé cuando vi a la pobre antes, tan hermosa, tiesa y estirada, mostrando toda su belleza, en todo su esplendor y ahora cerrándose sobre sí misma, como protegiéndose de las inclemencias del tiempo. Igual que los pobres gorriones que se paran en mi ventana que veo desde la cama, volando de rama en rama, piando algunos, protestando por que ni las hojas les resguardan ya. Cuando ayer amaneció lloviendo, vi a uno mojado como un pollito indefenso en el alféizar mientras yo intentaba volver al mundo de los vivos arropada, tapada con el edredón hasta los ojos. Y pensé en lo mal que está repartido el mundo…

 

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Antes. Foto: Bárbara

Palomas fiorentinas

 

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Foto: Bárbara

Estas palomas, en la plaza de Santa María Novella, en Florencia, se solazan, dichosas de estar donde están, de eso no me cabe la menor duda. Las palomas en todas partes del mundo gustan de pasear por los diversos monumentos, arrullando a los que ya no están; les da lo mismo de quien se trate, si son figuras yacentes o estatuas ecuestres de militares o caudillos triunfantes, ellas no hacen distingos, son absolutamente indiferentes o bien demócratas  desde el tiempo de los romanos. Hasta hace poco eran el símbolo de la paz  y hasta los pinceles más cotizados las pintaban con cariño y esmero, pero últimamente su halo de inocencia y bonhomía ha ido desapareciendo, y una idea perversa ha ido calando entre las gentes; ahora se les considera como ratas voladoras que con sus excrementos ensucian y corroen los edificios y todo lo que encuentran a su paso. Yo me resisto, vamos que me niego, y sigo pensando que son las amigas de los que ya no están y que con sus arrullos  les dan los buenos días y les acompañan en su soledad. ¡Romántica que es una!

Carta a Miguel Hernández

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Portada de la revista

 

A los diez años de la muerte de Miguel Hernández, en pleno franquismo, la revista Dau Al Set, publica esta separata escrita por Cesareo Rodriguez Aguilera en homenaje al poeta de Orihuela. El grupo artístico Dau Al Set fue un grupo vanguardista catalán formado por los pintores Antoni Tàpies, Joan Ponç, Joan Josep Tharrats,  Modest Cuixart, el filósofo Arnau Puig, el poeta Joan Brossa. El Museo de Arte Moderno de Nueva York clasificó esta revista como una de las veinte mejores revistas vanguardistas del siglo pasado. La revista fue fundada en septiembre de 1945 por Joan Josep Tarrats, dirigida por Joan Pons. En realidad Dau al Set fue la continuación de otra revista llamada Algol del mismo grupo. Los textos estaban escritos en catalán y en castellano y se continuó publicando hasta diciembre de 1951. Otra prueba de que en Cataluña nunca ha estado relegado el castellano como a muchos les gusta decir. La revista tenía ocho páginas con un formato de 250 x 175 mm. En sus comienzos la revista se podía considerar dadaísta, pero con el tiempo se decantó por el surrealismo y hacia el existencialismo ideológico. No hay más que ver la categoría de los colaboradores para hacerse una idea de la importancia que tuvo en su momento: Arnau Puig, Joan Brossa, Cocteau, Enrique Sordo, Ángel Ferrant, Eduardo Cirlot, Francis Picabia, Cuixart, Antoni Tapies…

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Contraportada

Raíces y hojas

 

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Foto: Bárbara

 

 

Todavía las hojas que cayeron en otoño alfombran los caminos dejando ver en parte las raíces que se resisten a vivir bajo tierra. Ahora será la nieve la que termine por hacer el humus que fertilice nuestros pasos; aquellos que nos hacen volver, aunque sea solo con la imaginación, a los lugares tan queridos que todos llevamos dentro. Y no será la distancia el obstáculo para poder transitar por ellos, será de nuevo la nostalgia, la fértil memoria y los vientos gélidos del invierno, los que nos devuelvan los sentimientos de amor hacia la Ítaca perdida de cada cual. Ulises viaja con nosotros, también en estos días, refugiados ante el hogar, cuando contemplamos como fluyen las lenguas de fuego, oyendo  el crepitar de la madera como la música ancestral que nos conmueve…

 

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Foto:. Bárbara

Purrusalda

 

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Foto: Bárbara

 

Para estos días de frío, nada mejor que un guiso caliente. Esta receta la aprendí en el País Vasco y a mí, que me encanta el bacalao, me resulta deliciosa. Es sencilla y contundente, no nos complica la vida y ahora con el bacalao ya desalado que se encuentra en cualquier comercio no hay excusa que valga. Debo decir que a algunos de estos bacalaos desalados, para mi gusto demasiado desalados, les falta un punto de sal, para algo es bacalao, de modo que es mejor probar si no queremos que se nos quede insípido.

Ingredientes:

2 o 3 puerros hermosos, bacalao desalado, patatas, aceite de oliva, sal y una pizca de pimienta

En una cazuela rehogamos con aceite de oliva los puerros cortados en rodajas, añadimos las patatas troceadas, el bacalao en trozos no muy grandes y un chorrito de agua. Salpimentamos y dejamos cocer. Así de sencillo y de sabor impresionante. Me ha faltado decir que pongamos el bacalao una vez estén casi hechas las patatas porque no hay nada peor que el pescado muy hecho o pasado de cocción.

Nicanor Parra

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Nicanor Parra: «Antipoemas. Antología (1944-1969)». Seix Barral. Barcelona, 1972.

 

Ha muerto Nicanor Parra, el gran poeta chileno, el hacedor de los antipoemas. La fecunda ironía, la parodia, el prosaísmo, el nihilismo, la esencia de lo humano que Parra deposita en lo cercano, en lo cotidiano, es lo que le hace decir en uno de sus versos: «No creo ni en la Vía Láctea». La historia de la poesía chilena se nutre de cuatro grandísimos poetas, Mistral, Neruda, Parra y ciertamente Huidobro. Neruda es un cantor telúrico, la voz cósmica, la entraña de la tierra, mientras que Parra es la desmitificación, la fidelidad a la vida inmediata; tan diferentes y tan complementarios. Los jóvenes poetas se sienten atraídos por ese lenguaje directo de Parra. El mismo Parra define el antipoema así: «a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido con la savia surrealista -surrealismo criollo o como queráis llamarlo- … que «debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente al que pertenecemos, para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético». Personalmente me gustan estos versos del poema dedicados a su hermana, la grandísima, también, Violeta Parra:

DEFENSA DE VIOLETA PARRA

Dulce vecina de la verde selva

Huésped eterno del abril florido

Grande enemiga de la zarzamora

Violeta Parra

Jardinera

locera

costurera

Bailarina del agua transparente

Árbol lleno de pájaros cantores

Violeta Parra

 

O estos otros del poema: CARTAS DEL POETA QUE DUERME EN UNA SILLA

Jóvenes

Escriban lo que quieran

En el estilo que les parezca mejor

Han pasado demasiada sangre bajo los puentes

para seguir creyendo -creo yo

Que sólo se puede seguir un camino:

En poesía se permite todo.

 

Lobo lunar

 

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Por la boca de la lobera el frío entraba para quedarse. Lobo no dormía, sus ojos cerrados inútilmente seguían proyectando imágenes que su cerebro no podía procesar. Creyó que se moría, tenía la boca seca y pensó que tenía alucinaciones. Sus orejas tiesas oían sin querer todos los murmullos del bosque a muchos kilómetros de distancia; incluso el ligero vaivén de la hierba mecida por el viento o la caída de una simple bellota sobre el manto de las hojas. La oscuridad, la negrura de la noche no vino en su ayuda, seguía viendo imágenes que se producían a toda velocidad, tenía alucinaciones y no podía controlarlas. Quiso morir. Pero la muerte se incomoda si se la llama, la muerte es esquiva, caprichosa, terca y no hace favores a nadie. Lo supo esa terrible, larga noche. Al amanecer Lobo sintió como su cuerpo se arqueaba en convulsos espasmos; de pie, vomitó fatigosamente baba blanca y bayas rojas. Después, la muerte que había estado coqueteando por la lobera huyó como un fantasma pálido.