Todo está dispuesto: las fuerzas estadounidenses en el Mediterráneo, Inglaterra y Francia, ahora sí, las turcas en sus fronteras, en alerta los demás países de la zona y el gobierno sirio amenazando con hacer arder todo Oriente Próximo. Hoy lunes, el gobierno sirio ha permitido que una delegación internacional investigue sobre el terreno, en la parte este de Damasco, la existencia de armas químicas. Todo está dispuesto para la puesta en escena; el gobierno del tirano está dispuesto, porque quiere demostrar que ha sido la oposición rebelde la que ha utilizado un gas parecido al sarín sobre la población. Un dato es cierto, según un informe independiente de Médicos sin Fronteras, más de tres mil personas fueron atendidas en los hospitales, trescientas de las cuales murieron a las pocas horas, médicos y personal sanitario fueron contaminados. El dato es que fue utilizado y las fotografías que hemos visto son insoportables. Un dato es cierto: se ha vulnerado el derecho internacional.
Siendo la situación de la zona sumamente crítica, pues países como Irán y Rusia se suman a la amenaza de Siria, la sombra de una guerra de grandes proporciones que afecte a todo Oriente Próximo alinea a las potencias en dos bloques perfectamente delimitados por sus propios intereses. Se supone que la idea se una intervención americana se ha visto postergada ante el recuerdo de lo que pasó en Irak; habría que estar seguros de la existencia de armas químicas, esta vez sí, pero a costa de cuántas vidas. Frente a esas muertes, ¿importa tanto saber quién las ha utilizado? ¿Y si han sido los dos bandos? La barbarie es la misma de un lado que del otro. Importan los civiles indefensos y los que están en los campos de refugiados, sin tierra, sin casas, sin recursos, sin futuro… Da asco, repugna, huele mal, hastía porque ya lo hemos visto antes tantas veces. Vergüenza y dolor, rabia, impotencia…



