
Foto: Aurelio

Foto: Aurelio

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Los miramos por la mañana; nos hemos enterado de que no hay que regarlos mucho, si queremos que los higuillos, proyecto de los higos, estén más dulces cuando en verano los podamos comer. Cuándo los veo, me acuerdo de la maravillosa serie inglesa para televisión «Yo, Claudio», basada en uno de los libros de la trilogía que Robert Graves dedicó al Imperio Romano, en la que el veneno era un instrumento eficacísimo para la alternancia en el poder. Un soberbio Augusto moría por comer higos envenenados que él mismo cogía de la higuera… Un simple higo y todo al garete…, pero estos, que no son coetáneos, dicen: ¡cómeme, y sin peligro alguno!