Las hojas de la bignonia sobre la sombrilla dejan ese «rastro», sombra chinesca, sutil en la tela. Me gusta mirarlas y las observo como el negativo de lo que son y esa percepción tan leve me recuerda lo oriental por su finura.
Un buen día, este cactus que crecía y se desarrollaba normalmente, se fue abriendo por la base, extendiéndose a lo ancho como si los líquidos interiores se desparramasen libremente y su dureza y consistencia se quedaran reducidos a nada. Se fue desinflando como un globo y su aspecto semejaba a una boina extraña con aspecto de platillo volante no identificado. ¡Sorpresas de la naturaleza!
Una de las flores más delicadas y más hermosas es la de los cactus, como si celebrara, por pocos días, el esplendor de la primavera sumándose así a la fiesta de las flores que por estas fechas conmemoran un nuevo futuro. Rodeadas de espinas, se ruborizan al atardecer cerrándose sobre sí mismas para no desgastar inútilmente tanta belleza…
Los miramos por la mañana; nos hemos enterado de que no hay que regarlos mucho, si queremos que los higuillos, proyecto de los higos, estén más dulces cuando en verano los podamos comer. Cuándo los veo, me acuerdo de la maravillosa serie inglesa para televisión «Yo, Claudio», basada en uno de los libros de la trilogía que Robert Graves dedicó al Imperio Romano, en la que el veneno era un instrumento eficacísimo para la alternancia en el poder. Un soberbio Augusto moría por comer higos envenenados que él mismo cogía de la higuera… Un simple higo y todo al garete…, pero estos, que no son coetáneos, dicen: ¡cómeme, y sin peligro alguno!
He plantado fresones este año sobre todo para que cuando venga Noa, las recoja ella. A los niños de las ciudades, que no están en contacto directo con las plantas ni con los árboles frutales, les hace ilusión y yo he vigilado para que las hormigas que son muy golosas no terminen comiéndoselas, porque las muy zangolotinas, en cuanto están en su punto y te descuidas ya han terminado con los más rojos. Había que verla cortando los largos tallos…llevándolos a la cocina y lavándolos con cuidado para comérselos con cara de gusto….
Acaba de caer un chaparrón primaveral de esos que ni los de la meteó saben adivinar y me he despertado de un sesteo ligero con la impresión de que íbamos a salir a nado, pero no, la primavera pone tal empeño e ímpetu en lo que hace que duró un suspiro, el tiempo suficiente, no obstante, para llenarlo todo de barro. Y me he quedado pensando en lo que han cambiado las cosas, antes la lluvia refrescaba, limpiaba.Y me he vuelto a dormir pensando en la primera rosa que en el jardín estrena temporada, qué poco tiempo de vida…
Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza cultivar setas; es tan sencillo que cualquiera que tenga un lugar con poca luz y sin corrientes de aire, puede hacerlo. Debe ser que los ciudadanos echamos de menos el contacto directo con la naturaleza, el poder contemplar cómo brotan y crecen los productos con los que no solo nos alimentamos sino con los que gozamos en la mesa; he tenido pimientos y tomates, y este año he plantado fresones; ahora tengo setas shiitake y de ostra, estas últimas van más lentas, a diferencia de las primeras, que han cogido una carrerilla increíble. Al segundo día aparecieron las primeras setas shiitake como botoncillos pequeños y al tercero están como aparecen en la foto: alucinante. Ahora busco recetas y ya casi voy salivando pensando en la primera cosecha.
Hacía años que llegada la primavera las hojas de las calas comenzaban a ponerse bonitas y bien tiesas, pero calas ni una. Esta vez, la cala con su blancura impoluta, a excepción de una hormiga que iba y venía sobre ese manto en forma de cucurucho, me sorprendió una mañana agradablemente y ahí está, entre los helechos, mirando como los peces suben a comer con ese aire altanero que no engaña a nadie.
Los geranios están ya en todo lo suyo. Recién estrenado abril y los pomos se abren como un estallido de carcajadas que inundan el jardín de color y de alegría. La primavera se acercará al verano de frente y con paso decidido; los geranios ya coquetean sin disimulo.